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martes, 6 de noviembre de 2018

Mi carrera deportiva

Probablemente el único deporte para el cual tuve algo de talento era correr largas distancias. Nunca hice nada con este talento. En mi juventud jugué béisbol, lo que es más o menos lo contrario de un deporte de resistencia. Y después, a pesar de unas incursiones hacia baloncesto, ping-pong y voleibal, dediqué mi carrera deportiva al fútbol. Muchos éxitos no alcancé en este deporte. Pues bien, en 1995 mi equipo TABA 5 ganó el campeonato de la división 7a B de la subregión 2 de Ámsterdam. Por cierto, también en el campo de fútbol mi contribución principal al juego era correr mucho para crear espacio para los mejores jugadores de mi equipo que daban los pases decisivos o marcaban los goles.

Tal vez fuera sensato que nunca me dediqué completamente a un deporte de resistencia. Así siempre mantuve algo para decir cuando me criticaban: ‘Si, lo admito, por mi falta perdimos el partido cuando marqué un gol en nuestra propia portería, pero sabes que si yo hubiera entrenado seriamente para correr el maratón, seguarmente que en los Juegos Olímpicos podría .......’
A veces participé en un medio maratón de Ámsterdam o de Haarlem, todo sin deseo de superación. La verdad es que prefería jugar al fútbol, aunque sea en la división más baja (o la segunda más baja después de nuestro campeonato), porque no hay nada mejor que analizar el juego y la vida con los amigos con una cervecita en la mano después de un partido.

Cuando emigré a El Bierzo el fútbol en mi club TABA era una de las cosas que echaba de menos. Por suerte hay aquí montaña, que es otra afición mía. En mis vacaciones solía organizar recorridos por Los Pirineos, que a veces eran bastante duros. ‘Reserva y blasfema’ inventó un amigo mío como eslogan para mi agencia de viajes imaginaria: Guiri Viajes.
Era mi colega inglés Simon quien me introdujo al trailrunning. La primera vez que subimos corriendo El Pajariel me llamó un escalador nato (a natural born climber), lo que me llenó de orgullo. Por un momento estuve considerando de cambiar el nombre de este blog en Opiniones de un Escalador Nato. Pero después, cuando bajamos por un sendero muy pendiente, me dijo que parecí en este momento un poco a Bambi, probablemente pensando en la escena en la cual el ciervito da sus primeros pasos con las piernas temblororas. Opiniones de un Bambi, ya suena un poco peor.

Simon me convenció de participar en algunas de las carreras que se organizan en los pueblos bercianos. Entré en un mundo completamente nuevo y especial. Me gustó mucho el ambiente alrededor de las carrreras, pero resultó que no tuve tanto talento como pensaba. En la carrera Pajariel Vertical acabé como penúltimo. En la famosa carrera Dragoman de Villafranca a Dragonte llegué como número 146, creo, mientras el recorrido ascendente tendría que ser ideal para mí. Una clasificación semejante logré en el recorrido de la Tebaida, sin ninguna duda la carrera más hermosa y más dura de mi vida. Después empezaba a notar un dolor en mi rodilla. En internet leí que esta lesión se llama una rodilla del corredor. A pesar de la molestia, este nombre me daba algún orgullo; es que a mi edad no se necesita mucho.

Después de mi recuperación noté que me resultó más difícil correr. Sobre todo subir me costaba mucho. Ya pensé que mi carrera deportiva se había acabado. A instigación del grupo de WhatsApp Old Men Running me inscribí para la carrera de 10 km de Ponferrada. Eran diez kilómetros sin ascenso, pero tuve que entrenar de veras para poder hacer esto. Y así gané por la primera vez en mi vida una medalla como corredor. No porque iba tan rápido. Es que la carrera era dos semanitas después del día en el que cumplí 60 años. En la categoría 60+ había solamente cuatro participantes; ni idea quien era este pobre hombre o mujer que llegó después de mi como número cuatro.

El próximo desafío será Dragoman al finales de noviembre. Hace unos años llegué como 143. Pero he visto que otra vez hay una categoría 60+. Espero que no haya más que cuatro corredores en esta categoría, para que pueda ganar un chorizo, que puede ser el premio para el tercer puesto (muchas veces empresas locales son las patrocinadoras). Por fin empieza mi carrera profesional como corredor de largas distancias.
La salida de la carrera de la Tebaida en
Peñalba de Santiago en 2016

martes, 18 de noviembre de 2014

Deportista

Uno de los errores que se puede hacer viviendo en otro país es pensar que la gente que te rodea es típica para su país. Un prejuicio nace fácilmente. Cuando vine a vivir aquí, hace cinco y medio años ahora, ya había viajado varias veces por España, por lo cual sabía que no valían los tópicos comunes: España como un país de flamenco, paella, mañana mañana y siempre felicidad.

Aunque sea así, llegué con algunos prejuicios y seguramente todavía me quedan algunos, pero uno que perdí recientemente es este: los holandeses somos de media más deportistas que los españoles. Seguramente muchos españoles ahora empiezan a reírse. ‘¿Los holandeses más deportistas que los españoles? ¿No saben estos holandeses arrogantes que España reinaba en el fútbol por una década, y que tenemos quizás el mejor equipo de baloncesto de Europa?’

Por cierto, mi prejuicio se basó en la gente en mi alrededor aquí en El Bierzo y, desde luego, en la gente con quien me relacionaba en Holanda. La mayoría de mis amigos holandeses son bastante deportistas. Pasábamos las vacaciones en la montaña para hacer tracking o para esquiar. Con gran parte de mis amigos jugábamos en el famoso club de fútbol Taba. Jugar fútbol cada sábado de la temporada suena bastante deportista pero la verdad es que quizás no siempre era una actividad tan exagerada sana. Cada victoria celebramos con muchas cervezas. Porque victorias no eran tan frecuentes decidimos celebrar los empates como victorias. La mayoría de los sábados, sin embargo, terminaban con muchas cervezas como consuelo de la enésima derrota. Cuando venía a vivir a España, mi vida tomó un ritmo más tranquilo. Encontré sobre todo gente cuya principal actividad deportiva parecía ser ir con coche a algún lugar para después andar tan lento como posible hacia el bar o restaurante.

La primera grieta en mi opinión sobre la deportividad de los españoles surgió durante una cena con algunos amigos bercianos. Me preguntaron si a mí me gustaba andar. Lo afirmé con un fuerte sí, lo que mi querida Ana confirmaba con tono orgulloso: ‘Es muy deportista.’ ‘Pues bien,’ continuaron, ‘en junio habrá La Travesía de los Montes Aquilianos con una distancia de unos sesenta kilómetros.’ ‘¿Sesenta kilómetros en la montaña en un solo día?’ pregunté asustado. ‘Vale, también se puede coger la ruta corta que es solo unos cuarenta y cinco kilómetros,’ explicaron. Por causalidad unas semanas antes ya había hecho más o menos la misma ruta con un amigo holandés. Lo hicimos en tres días, durmiendo en los pueblos Espinoso de Compludo y Peñalba de Santiago y esto ya nos había parecido bastante un esfuerzo. ‘Lo pensaré,’ contesté un poco hipócrita.

A veces hacía jogging en las orillas del río Sil o en el monte al lado de Ponferrada, El Pajariel. Sobre todo los domingos había otros con la misma idea, y a veces corrían bastante más rápido que yo. Pero prejuicios se resisten. ‘Debe ser un profesional,’ pensé o ‘Mira qué joven es.’ El final de mi prejuicio llegó este verano cuando me había inscrito para El Pajariel Vertical, una carrera desde la orilla del río Sil hacia la cumbre del Pajariel. Aquel domingo en junio, cuando subía el estrecho caminito y uno tras otro los bercianos me pasaban, la mayoría saludándome muy amablemente, me di cuenta que mi opinión sobre la deportividad de los españoles estaba basado sobre una muestra de la población demasiado limitada y muy, muy selectiva.

Llegando