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sábado, 18 de enero de 2014

¡Qué España sea diferente!

Uno de los pocos problemas de ser un holandés en Ponferrada es que a veces la gente piensa que todo lo que hago es típico holandés. Cuando por ejemplo ando media hora hacia alguna cita, siempre hay un Berciano que comenta: ‘Si, desde luego, sois un pueblo muy deportivo y activo’, como si no hubiera muchos holandeses que exclusivamente se mueven con coche. Situaciones iguales hay cuando hablamos de política, economía o la vida social; muchas veces piensan que mi opinión es típica holandesa, como si en Holanda las opiniones no son al menos tan variadas como las en España. Algo semejante pasa cuando hablamos de la comida. No soy exactamente gordo. Más bien delgado es lo que soy y siempre seré. Ya había algunas ocasiones en las cuales tenía que explicar los horarios de la comida en Holanda, que son como los horarios en la mayoría de los países del norte: una desayuna buena, un ‘lunch’ entre las doce y la una, y la cena alrededor de las siete de la tarde. Explicar esto en El Bierzo resulta a veces en que la gente mira a mi vientre, se mueve la cabeza compasivamente y dicen: ‘Coméis muy poco, eh’, después de lo cual tengo que explicar que en Holanda comemos más que suficiente, que allí también el sobrepeso es un problema más gordo que la flaqueza y que no todos los holandeses son como yo.

La discusión sobre los horarios de comer es en este momento actual. Hay voces que quieren que España se adapte a los horarios de Europa. Esto significaría el fin de las comidas amplias a las dos, las cenas tan tardes y los desayunos de galletas mojadas en café con leche. Me considero a mí mismo de ser una persona bastante flexible con las horas de comida. En Holanda, donde estuve todo el mes de diciembre, comí con mucho gusto en el ritmo holandés mientras ahora, de vuelta en España, me adapto al ritmo español. El viaje de Ámsterdam a Ponferrada dura al menos 12 horas, por lo cual el cuerpo en todo caso se desajusta, lo que hace la adopción a otro ritmo bastante fácil. Pero bien. ¿Qué sería mejor para España? ¿Guardar su propio ritmo, o adaptarse al ritmo del resto de Europa?

Cuando tenía un trabajo para una empresa berciana por lo cual tuve que llamar a empresas alemanes, noté que no es nada práctico tener tanta diferencia. Se debe llamar por la mañana, antes de las doce. Entre las doce y la una los alemanes van a tener su lunch. Después de las dos los Españoles van a comer y descansar para no volver hasta las cinco, que es justamente la hora en la cual los alemanes ya están pensando en irse a casa. Además, hay la cuestión de la productividad laboral. No creo que después de una comida amplia la concentración sea como debe ser. Comer cansa. Una siesta puede ayudar, pero no siempre es posible, por ejemplo cuando el viaje entre trabajo y casa es demasiado largo. Los que sí pueden irse a casa para comer, generan más movimientos de tráfico. El mismo problema existe en las escuelas. Muchos alumnos tienen su comida principal allí, en vez de en su entorno familiar.

Pero lo que temo que pasará cuando España cambie las comidas, es que sería el fin de una manera de vivir. Una manera de vivir en la cual comer (y cenar) afuera es muy normal. El fin de la existencia de mis restaurantes favoritos, con los menús baratos sin que la cualidad sufra demasiado. Lo echaría de menos, cómo tantos de mis colegas guiris que justamente vienen a España de vacaciones para disfrutar de esta cultura culinaria tan atractiva. La vida cotidiana en los países occidentales ya es tan parecida, gracias a la televisión, los móviles e internet. Todos estamos viendo los mismos programas, haciendo las mismas cosas, comiendo las mismas pizzas y hamburgueses. Por favor, que España, al menos en este terreno, siga siendo diferente.

miércoles, 17 de abril de 2013

Tres restaurantes bercianos


1. Restaurante El Castro en Carucedo
Estamos sentados en una gran mesa redonda, mis amigos catalanes y yo. Acabamos de hacer una caminata alrededor de Las Médulas, sin duda uno de los monumentos más espectaculares del Bierzo. Empezamos con lluvia, pero al final el sol se asomó. Discutimos lo que vamos a pedir. De todo, decidimos. Varios primeros platos, varios segundos platos. Todo para compartir, hasta el caldo berciano y el botillo, cómo conviene entre amigos de toda la vida. Mientras tomamos como aperitivo un vinito con jamón serrano hablamos sobre las diferencias entre los restaurantes en Holanda y España. De los restaurantes holandeses mis amigos no tienen una opinión muy alta, claramente. Quizás porque en Ámsterdam siempre buscamos los restaurantes más baratos con patatas fritas, mucha mayonesa, ensalada y un trocito de carne o filete de pescado. Y también llevamos nuestros amigos a los restaurantes chinos o las pizzerías. Sin embargo, me siento obligado a defender la comida holandesa. Pues, de vez en cuando echo de menos los platos de chucrut, sopa de guisantes, arengues, o espárragos frescos. ‘Los holandeses comemos en restaurantes platos diferentes que en casa,’ digo. ‘Patatas machacadas podemos hacer fácilmente nosotros mismos; cuando vamos a un restaurante queremos algo diferente; comemos chino, thai, greco, etíope; buscamos la aventura. ¡Pero os juro: comida holandesa puede ser deliciosa!’ En este momento la hija del propietario del restaurante pone los primeros platos sobre la mesa. Esto me hace callar.

2.  Restaurante El Lagar de Montejos en San Andrés de Montejos.
Hace calor. Quizás ya unos treinta grados. Anduvimos desde Ponferrada hacia San Andrés de Montejos. Una horita, si no haces fotos o quieres determinar pajaritos, como nosotros. Vi un mosquitero ibérico. No una observación excepcional, quizás, pero nunca antes lo había visto. San Andrés de Montejos es un pueblo extremadamente caótico, como tantos otros pueblos bercianos. Casas modernas, ruinas, casas señoriales restauradas, huertas descuidadas, una iglesia, una ermita completamente inclinada, todo en un conjunto poco coherente. Muchas veces pasé el pueblo con mi MTB, pero nunca había visto el mesón. Después de preguntar un paisano lo encontramos. Una sorpresa agradable. En el interior del lagar todavía la viga de castaño ocupa un lugar prominente. Nos sentamos al lado de una ventanita. El calor de afuera no puede entrar por los gruesos muros. El camarero viene a nosotros para decirnos lo que hay. Elegimos revuelto con erizos, una ensalada y carrilleras de ternera para compartir. ‘Fueron las mejores carrilleras de mi vida’, digo al camarero después de la comida, cuando estamos a punto de salir. El hace un gesto a su esposa que está recogiendo las mesas. ‘Allí está la cocinera,’ dice orgullosamente.

3. Bar-restaurante El Pinar en Ponferrada
Andamos con todos los actores y sus acompañantes desde la universidad en la dirección del centro de Ponferrada. El ambiente es eufórico. Acabamos de hacer una lectura dramatizada de la obra Farsa de Xohana de Avignon (peli). Todo salió bastante bien, al menos para nosotros. Y el público parecía compartir esta opinión. Después de la obra muchos nos felicitaban y nos agradecieron. Mi papel era de un peregrino inglés cachondo. Un buen casting, se puede decir. ‘Vamos a aquel bar con los pinchos de setas,’ propone Miquel, el iniciador del proyecto. Todos entramos en un bar en el cual una televisión esta puesta a todo volumen. Tomamos cañas acompañadas de un potaje de varias setas. Delicioso, es la opinión general. Después nos despedimos. Ya son casi las diez, la hora de la cena. Ana y yo nos quedamos para hablar con el tabernero sobre las setas. Las busca él mismo en la montaña, nos cuenta orgullosamente. Sin ir con coche, siempre andando, añade. Movemos las cabezas afirmativamente. Anda a un poster en la pared e indica las diferentes setas que hay en El Bierzo en esta temporada. ‘Entonces, ¿ahora tienes setas silvestres?’ preguntamos. ‘¡Efectivamente!’ Nos miramos Ana y yo. Unos instantes más tarde estamos sentados en el comedor pequeño disfrutando dos platos exclusivos de setas silvestres, mientras en el bar la televisión todavía emita un concurso ruidoso a todo volumen. ‘Esto solamente es posible en El Bierzo,’ digo a Ana.

El lagar de Montejos