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viernes, 19 de mayo de 2017

Amnesia

Cada vez me ocurre más. Acabamos de visitar uno de los bonitos pueblos de El Bierzo, donde admiramos la arquitectura tradicional con las casas hechas de adobe y piedras, los techos de pizarra y los balcones de madera. Tal vez anduvimos un poco por los alrededores y tomamos algo en el bar o picamos algo en el restaurante. Estamos saliendo del pueblo con coche y quiero expresar mi admiración por toda la experiencia, cuando noto que he olvidado el nombre del pueblo. Más o menos recuerdo como suena, y, hablando muy rápidamente, utilizando muchas consonantes fuertes y escondiendo las vocales, pruebo pronunciarlo como un español: ‘¡Karrebrderero es de veras precioso!’ Desgraciadamente, esto no suele convencer a mis compañeros de viaje. ‘¿¡Qué!?’ es la reacción normal, seguido por una carcajada en la cual asombro e ironía parecen luchar por prioridad. A veces, cuando mis compañeros ya me han oído decir tales barbaridades más veces, solamente reaccionan con una corrección impaciente: ‘¡¡Carrecedelo!!’

Lentamente empezaba a dudar el estado de mi memoria. ¿Sería esta amnesia el precio que pago por mi estilo de vida anterior? Por cierto, 50 años en Ámsterdam pueden dejar sus rastros físicos y mentales. ¿Debería dejar las copas de vino con la comida o las pintas de cervezas con mis amigos guiris en Ponferrada? ¿Sería de veras que me pondría viejo? Pero lentamente empezaba a ver la luz. Es que hay algo extraño en los nombres de los pueblos Bercianos. Te confunden. A veces, sospecho que se trata de una conspiración para hacer creer a un guiri de cierta edad que tiene problemas de memoria. Tal vez la industria farmacéutica está detrás de todo. Porque si de veras quieres que la gente recuerden los nombres de los pueblos, puedes utilizar nombres fáciles como en Holanda: ‘s Gravenhage, Geertruidenberg o Schiermonnikoog.

Un ejemplo. En los veranos a nosotros nos gusta nadar en la playa fluvial en el pueblo La Ribera de Folgoso. No estoy seguro de este nombre. Porque más arriba del Río Boeza, o abajo, no estoy seguro, se encuentra el pueblo Folgoso de La Ribera. ¿Es una broma o un intento consciente de mantener guiris a distancia de esta playa fluvial tan atractiva? Además, estoy convencido de que cada año se intercambian los nombres de los dos pueblos. Más arriba de este río está el pueblo Boeza, un nombre que a veces confundo con Bouzas, que es otro pueblo Berciano. El último pueblo del valle del Río Boeza, ya en la Cordillera Cantábrica, se llama Colinas de Campo de Santiago de Martín Moro Toledano, tampoco el nombre más fácil de recordar.
Pero hay más ejemplos. Cerca de Carracedo de Compludo se encuentra la cascada más alta de El Bierzo, mientras en Carracedo se puede visitar un monasterio impresionante. Carracedo (del monasterio) no está lejos del pueblo Carracedelo. No es difícil llegar a Carracedo; desde Ponferrada vas a Camponaraya, dónde en la bodega de Viñas del Bierzo se puede comprar el mejor vino espumoso de El Bierzo, y después a Cacabelos y allí a la izquierda. Otra atracción en El Bierzo es el lago cerca del pueblo Carucedo. Allí el agua es menos fría, pues más agradable, que el agua en la playa de La Ribera de Folgoso o Folgoso de La Ribera, depende del año, o de Colinas de Campo de Santiago de Martín Moro Toledano.

Desafío a cualquier guiri del mundo de estudiar el párrafo anterior por no más de diez minutos, ponerse en contacto conmigo por Skype y responder algunas preguntas sencillas como: cerca de qué pueblo está la cascada más alta de El Bierzo, en qué pueblo se puede visitar un monasterio impresionante, dónde hay un lago que es muy agradable para nadar, dónde se puede comprar el vino espumoso más rico de El Bierzo y qué es el maldito nombre del pueblo completamente arriba del río Boeza. Quien responde sin errores recibe como premio una caminata gratuita de Folgoso de La Ribera hacia La Ribera de Folgoso. O al revés.
Lago de Carucedo


miércoles, 17 de abril de 2013

Tres restaurantes bercianos


1. Restaurante El Castro en Carucedo
Estamos sentados en una gran mesa redonda, mis amigos catalanes y yo. Acabamos de hacer una caminata alrededor de Las Médulas, sin duda uno de los monumentos más espectaculares del Bierzo. Empezamos con lluvia, pero al final el sol se asomó. Discutimos lo que vamos a pedir. De todo, decidimos. Varios primeros platos, varios segundos platos. Todo para compartir, hasta el caldo berciano y el botillo, cómo conviene entre amigos de toda la vida. Mientras tomamos como aperitivo un vinito con jamón serrano hablamos sobre las diferencias entre los restaurantes en Holanda y España. De los restaurantes holandeses mis amigos no tienen una opinión muy alta, claramente. Quizás porque en Ámsterdam siempre buscamos los restaurantes más baratos con patatas fritas, mucha mayonesa, ensalada y un trocito de carne o filete de pescado. Y también llevamos nuestros amigos a los restaurantes chinos o las pizzerías. Sin embargo, me siento obligado a defender la comida holandesa. Pues, de vez en cuando echo de menos los platos de chucrut, sopa de guisantes, arengues, o espárragos frescos. ‘Los holandeses comemos en restaurantes platos diferentes que en casa,’ digo. ‘Patatas machacadas podemos hacer fácilmente nosotros mismos; cuando vamos a un restaurante queremos algo diferente; comemos chino, thai, greco, etíope; buscamos la aventura. ¡Pero os juro: comida holandesa puede ser deliciosa!’ En este momento la hija del propietario del restaurante pone los primeros platos sobre la mesa. Esto me hace callar.

2.  Restaurante El Lagar de Montejos en San Andrés de Montejos.
Hace calor. Quizás ya unos treinta grados. Anduvimos desde Ponferrada hacia San Andrés de Montejos. Una horita, si no haces fotos o quieres determinar pajaritos, como nosotros. Vi un mosquitero ibérico. No una observación excepcional, quizás, pero nunca antes lo había visto. San Andrés de Montejos es un pueblo extremadamente caótico, como tantos otros pueblos bercianos. Casas modernas, ruinas, casas señoriales restauradas, huertas descuidadas, una iglesia, una ermita completamente inclinada, todo en un conjunto poco coherente. Muchas veces pasé el pueblo con mi MTB, pero nunca había visto el mesón. Después de preguntar un paisano lo encontramos. Una sorpresa agradable. En el interior del lagar todavía la viga de castaño ocupa un lugar prominente. Nos sentamos al lado de una ventanita. El calor de afuera no puede entrar por los gruesos muros. El camarero viene a nosotros para decirnos lo que hay. Elegimos revuelto con erizos, una ensalada y carrilleras de ternera para compartir. ‘Fueron las mejores carrilleras de mi vida’, digo al camarero después de la comida, cuando estamos a punto de salir. El hace un gesto a su esposa que está recogiendo las mesas. ‘Allí está la cocinera,’ dice orgullosamente.

3. Bar-restaurante El Pinar en Ponferrada
Andamos con todos los actores y sus acompañantes desde la universidad en la dirección del centro de Ponferrada. El ambiente es eufórico. Acabamos de hacer una lectura dramatizada de la obra Farsa de Xohana de Avignon (peli). Todo salió bastante bien, al menos para nosotros. Y el público parecía compartir esta opinión. Después de la obra muchos nos felicitaban y nos agradecieron. Mi papel era de un peregrino inglés cachondo. Un buen casting, se puede decir. ‘Vamos a aquel bar con los pinchos de setas,’ propone Miquel, el iniciador del proyecto. Todos entramos en un bar en el cual una televisión esta puesta a todo volumen. Tomamos cañas acompañadas de un potaje de varias setas. Delicioso, es la opinión general. Después nos despedimos. Ya son casi las diez, la hora de la cena. Ana y yo nos quedamos para hablar con el tabernero sobre las setas. Las busca él mismo en la montaña, nos cuenta orgullosamente. Sin ir con coche, siempre andando, añade. Movemos las cabezas afirmativamente. Anda a un poster en la pared e indica las diferentes setas que hay en El Bierzo en esta temporada. ‘Entonces, ¿ahora tienes setas silvestres?’ preguntamos. ‘¡Efectivamente!’ Nos miramos Ana y yo. Unos instantes más tarde estamos sentados en el comedor pequeño disfrutando dos platos exclusivos de setas silvestres, mientras en el bar la televisión todavía emita un concurso ruidoso a todo volumen. ‘Esto solamente es posible en El Bierzo,’ digo a Ana.

El lagar de Montejos