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sábado, 12 de noviembre de 2022

Pinchazos

Mientras escribo estas palabras, me empiezan a doler ambos brazos. Es un efecto secundario conocido. Hoy recibí mi cuarta vacuna contra el covid y, porque ya estaba en el punto de la vacunación, también una vacuna contra la gripe.

Por casualidad me enteré hace unos días que podría vacunarme hoy. Se le dio poca publicidad a esta campaña. Debido a que escuché que en los Países Bajos ya podían recibir la cuarta inyección, eché un vistazo a la aplicación de atención médica aquí. Y ahí estaba, personas entre 60 y 64 podían hacer la autocita para la vacunación de la gripe y la dosis de recuerdo COVID-19 el jueves 10 de noviembre de 8 a 13 hors . El lugar era una carpa cerca del hospital de El Bierzo. Programé la cita a través de la aplicación entre las 10 y las 11 am.

Ayer vi con alegría que hoy haría buen tiempo, lo que significaba que podría ir al hospital en bicicleta, que sería considerablemente más rápido que tomar el autobús o caminar. Cuando le conté a Ana que tenía la cita, inmediatamente se ponía entusiasmada.
"Entonces te llevaré en coche."
"Eso no es necesario, voy en bicicleta."
"No seas tonto, te paso a buscar a las diez y luego nos tomamos un buen café".

Y así nos dirigimos al hospital esta mañana. Los aparcamientos del hospital estaban muy llenos. Estaban los coches estacionados por todas partes. Pasamos por delante del hospital en dirección al lugar del punto de vacunas. Alguien estaba dirigiendo el tráfico. “¿Covid?”, preguntamos a través de la ventana. Quitó una cinta y nos indicó que entrabamos en ella. Zigzagueamos con el coche entre dos largas cintas, como hay para las largas colas en un aeropuerto. Era un punto de vacunas drive-in. Una pequeña fila de coches ya estaba esperando. Por supuesto hicimos fotos. Esto fue único. El fenómeno del 'drive-in' se me había escapado hasta ahora.
No era necesario salir. Los pinchazos ocurrieron a través de la ventana. 
Para el brazo izquierdo tuve que hacer un movimiento extraño hacia la ventana, así que creo que me dolerá un poco más ese lado.

Mientras tomábamos un café en un bar, le dije a Ana que tal vez la próxima vez iría en bicicleta.
'¿Por qué? "Esto es divertido, ¿no?"
"Claro que sí, pero es para la foto. Un guiri holandés en bicicleta en una fila de coches, esa sería perfecta para mis blogs.'
“Pero entonces nadie podría tomar esa foto tuya”.
'Eso es cierto.'
Mientras tomábamos nuestro café, continuamos hablando sobre dónde iríamos a caminar y comer este fin de semana.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Niebla y Sol

En una mañana fría de un lunes en diciembre decidí subir una montaña para llegar encima de la niebla. Esta niebla tan persistente que no parecía desaparecer nunca. Allí arriba esperaba tener una vista amplia sobre la manta lanosa que cubría Ponferrada, con en la distancia los picos nevados de las montañas que rodean El Bierzo. Pero no funcionó. También encima de la montaña la niebla reinaba. Como máximo el sol lograba acariciar las copas de los pinos.

Un poco aterido por el sudor frío en mi espalda empecé el descenso. Mis pensamientos volvieron a los acontecimientos del año pasado. 

Ser sombrío no está en mi naturaleza, me atrevo a decir. Incluso de la pandemia veía, además de los inconvenientes obvios, también los beneficios. A mí me parecía extraordinario que tantas autoridades y personas estuvieran dispuestas a parar la vida económica para salvar a los vulnerables. ¿Quién hubiera imaginado eso? Pero todo duró tanto tiempo. Nuestros anticuerpos naturales o inyectados resultaban tener una validez limitada debida a la evolución tan rápida de los virus. Un número cada vez mayor de gente parecía incapaz de aceptar la realidad y abrazaba las explicaciones dudosas que circulaban por el internet. Y encima había acontecimientos dramáticos a nivel personal. Mis dos hermanos fallecieron en un periodo muy corto. En ambos casos la despedida fue cálida y hermosa, pero lo que queda es el vacío. No, este año no fue nada agradable. 

Llegué al puente sobre el río Sil. Sobre el cemento a la entrada del puente alguien había escrito muy grande: VACUNA = VENENO

Esto me recordó que ya habían pasado más de tres meses desde que recibí mi segunda vacuna AstraZeneca. Tal vez podría tener mi tercera antes de las fiestas. Esto tendría que averiguar. Con paso acelerado, caminé a lo largo del río hacia casa. 

Y así ocurrió que una semana después estuve esperando en una larga cola en frente del edificio de las piscinas climatizadas, que de nuevo era habilitado como punto de vacunación. Nadie se quejó. Nadie se coló. Todos mantuvimos distancia y llevamos las mascarillas. Los asistentes iban y venían con sillas de ruedas para la gente mayor. Aquí y allá surgieron conversaciones amables, sobre todo sobre el tiempo tan templado. De vez en cuando incluso brillaba el sol. Y eso sucedió unos días antes de navidad.