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jueves, 8 de septiembre de 2022

El ejemplo alemán 1: Transporte público

El sol brillaba. Mirábamos por la ventana el paisaje que pasábamos, lleno de hermosos bosques y campos verdes. Y eso en el área del Ruhr que es tan densamente poblada, y donde la minería y la industria pesada habían causado previamente el sufrimiento natural. Volví a consultar google.maps en mi teléfono móvil. “Podemos hacer transbordo a otro tren en la próxima estación, pero también seguir a una después para hacer transbordo a un autobús que nos lleve más cerca de nuestra casa de huéspedes.” Ana me miró con una sonrisa. “¡Esto es libertad!” suspiré en voz alta. Ahora Ana se reía exuberantemente. Sabía exactamente lo que quería decir. Después de todo, lo había dicho muchas veces en estas vacaciones.

Este verano todo el mundo podría utilizar en Alemania todos los transportes públicos regionales por nueve euritos al mes. Tenía todo que ver con la guerra en Ucrania. La idea fue que así menos gente usaría el coche y por tanto gastaría menos energía y, además, era una compensación para los hogares que económicamente sufrían la inflación. Y eso dio una sensación de libertad: no esa molestia de comprar billetes; no tener que preocuparte por el precio. Fantástico.

Una medida similar se ha tomado recientemente en España. El gobierno ofrece grandes descuentos en abonos a trenes, autobuses y metros regionales. Me parece un buen plan.
Pero hay un problema para las regiones que aquí llaman la España Vacía y a las que también pertenece El Bierzo. ¡Casi no hay transporte público!

Como ciudadano de Ámsterdam conscientemente sin carnet de conducir, me impactó bastante cuando venía a vivir a El Bierzo y me di cuenta de que en Ponferrada no circula ni un solo autobús a las principales atracciones turísticas. Incluso Las Médulas, la principal atracción de El Bierzo, solo es accesible en coche y lo mismo ocurre con Peñalba de Santiago (uno de los pueblos más bonitos de España), la estación de esquí de Leitariegos y todas esas hermosas rutas de senderismo en el Alto Sil. Existe un plan para hacer circular un tren de vapor turístico por el valle del río El Sil por el norte. ¿Qué tiene de malo un tren normal?
Por cierto, el transporte público tampoco se usa mucho para viajar al trabajo. Yo mismo tuve una vez que rechazar un trabajo en León, la ciudad principal más cercana, porque era muy complicado y tomaba mucho tiempo viajar de ida y vuelta.

Bueno, es lo que pasa cuando emigras. A veces ganas algo, a veces pierdes algo. El transporte público puede ser mejor en los Países Bajos y Alemania que aquí en España, pero cuando teníamos nuestra primera comida española en un restaurante de camino a casa, inmediatamente estuvimos de acuerdo. En España se come mucho mejor.

Wuppertal



viernes, 8 de julio de 2022

El interrailer positivo

Lentamente veo aparecer dos líneas rojas en el dispositivo de lectura. Positivo. Eso ya pensaba. Esa tos cosquilleante aún podría ser solo un resfriado, pero ese dolor en los músculos indicaba una gripe o covid. ¿Dónde habría contraído el virus? En el tren, probablemente.

¡Fue estupendo! Bueno, es un largo viaje en tren de Ponferrada a Ámsterdam, dos días de ida y dos de regreso, dos veces con una noche en una pensión. Pero al menos te das cuenta de que estás en camino. Además, evita todos esos aeropuertos demasiado concurridos y, por supuesto, tiene menos impacto al medio ambiente. Al igual que en los años 80, viajé con Interrail. ¡Pura nostalgia! Pero muchas cosas han cambiado. Por ejemplo, la tarjeta de Interrail ahora es digital. Así que no más sellos en un librito que se puede conservar. Y hoy en día, ya no se puede así llegar a un lugar para buscar tranquilamente una pensión. Para evitar problemas hay que reservar con antelación, que suele ser lo más cómodo a través de esa odiosa booking.com. Lo que ha quedado: buena lectura en el tren, dormitar de vez en cuando, mirar por la ventana y caminar hasta el vagón restaurante para tomar algo.

Para mi sorpresa, las mascarillas en el transporte público no eran obligatorias en Francia y Bélgica. Al principio me sentía casi desnudo, pero todavía me dolía detrás de las orejas por el largo viaje desde Ponferrada hasta la frontera del día anterior y además: ¿Quién soy yo para comportarme de manera diferente a la mayoría de los compañeros de viaje franceses? La mascarilla se desprendió. Como mucho me lo ponía cuando alguien cerca de mí estaba tosiendo demasiado fuerte y en el metro de París tan abarrotado. Sí, ese también se ha quedado, el cambio en París de un gare a otro si viajas entre el norte y el sur de Europa.
Gare du Montparnasse en París  

De todos modos, después de una estancia muy agradable en Ámsterdam y sus alrededores, volví, a menudo en trenes llenos de compañeros de viaje con tos y estornudos. Empecé a enfadarme un poco. ¿Por qué esas personas viajaron cuando claramente no estaban sanas? Eso no es responsable. ¡La mayoría de ellos solo para un viaje de vacaciones! Que sí, mi propio viaje era, desde luego, de una importancia esencial. Después de todo, tenía una fiesta de cumpleaños de amigos para celebrar, un torneo de fútbol para jugar, una sesión de música con Flanders Fields (mi grupo de música en Ámsterdam) para tocar y tantos amigos y familiares para visitar.

Y ahora pago el precio de tanto viajar. Por la primera vez tengo covid. Decido compartir una foto del resultado de la prueba en las redes sociales. Un poco más tarde recibo un mensaje de la familia en Ámsterdam. Algunos de ellos tienen corona o lo han tenido, probablemente desde aquel fin de semana que pasamos juntos. Pues, puede ser que ya estaba infectado antes del viaje de regreso. Así que tal vez los compañeros de viaje no fueran un peligro para mí, sino yo para ellos. Trazo una línea de Ámsterdam a Ponferrada en un mapa imaginario de Europa y trato de estimar cuántos virus he sembrado allí. Luego trazo líneas desde esta línea principal a lugares donde mis compañeros de viaje pueden haber viajado y, a su vez, propagado el virus. El mapa de Europa occidental se está volviendo negro lentamente. Estoy empezando a sudar. Pero eso parece ser bastante común si tienes corona.





martes, 21 de enero de 2020

No tan Greta

En el tren de Ponferrada a Irún
Es el miércoles 11 de diciembre de 2019. Estoy en el tren de Ponferrada a Irún. La idea es que dormiré en Irún en una pequeña pensión baratísima y viajaré mañana con el TGV (el tren de alta velocidad) a París y después con otro tren de alta velocidad a Ámsterdam. Un viaje largo, tal vez, pero lleno de romanticismo y con pocas emisiones de CO2. De todos los holandeses mayores de 60 que vive en El Bierzo, soy sin ninguna duda el más Greta.

En si mismo me gusta viajar en tren. Se puede leer, mirar por la ventana, echar un sueñito y de vez en cuando pasear en el tren y mientras tanto pedir en el bar una cervecita. De momento miro por la ventana. El terreno montañoso de El Bierzo ha hecho sitio a la meseta con una luz casi holandesa. Hay muchas rapaces aquí. Ya vi varios milanos y busardos.

Ya desde muy joven el tren desempañaba un papel importante en mi vida. Porque mis padres no tenían coche, íbamos en los veranos con tren a la costa en el oeste o a los bosques en el este de Holanda. Después venían las vacaciones de Interrail con los amigos del instituto. Viajamos por Yugoslavia desde Ámsterdam a Atenas y de vuelta por Italia. También íbamos varias veces por Francia hacia España. En uno de eses viajes encontré en Galicia a una chica joven de El Bierzo, que unos 30 años más tarde sería mi esposa.

En Holanda solía viajar en tren al trabajo. Como profesor de economía resultó ser bastante eficiente trabajar para un business school con departamentos en varias ciudades holandeses. Así podía dar exactamente las mismas clases con exactamente las mismas bromas a estudiantes en Ámsterdam, Róterdam, Utrecht y Arnhem. Aunque en Holanda quejarse de los trenes es un deporte nacional, casi nunca llegué demasiado tarde para mis clases. Solamente de vez en cuando tuve que cancelar clases, por ejemplo por una tormenta o una huelga.

La palabra huelga en este curso de pensamientos me hace coger mi móvil. A ver si hay noticias sobre la huelga de los trenes en Francia. Nada. Todo parece normal.

En Irún
Estoy en Irún en mi habitación. Cuando llegué, la lluvia caía con estrépito del cielo. Rápidamente corrí por las calles mojadas en busca de la pequeña pensión baratísima. Gracias a Google maps en el móvil casi nunca se puede perder, lo que es quizás menos romántico pero mucho más práctica. La pequeña pensión baratísima resultaba ser estupenda. Una cama, una habitación fea pero limpia y una ducha. En un bar cercano comí un plato de pasta mientras veía un partido de fútbol en la inevitable televisión. Me voy a acostar pronto.

En el tren de Irún a Ponferrada
Es el jueves, 12 de diciembre. Estoy otra vez en el tren, pero en la dirección opuesta. El día empezó tan bien, a pesar de la lluvia. Tuve un desayuno en Irún con tostadas con aceite, cogí un tren regional para pasar la frontera hacia Hendaya, seguido por una caminata corta para ir a la estación de los trenes de larga distancia. Allí casi no había nadie. Una pancarta grande colgaba en una pared con un texto lleno de palabras como huelga, pensiones y solidaridad. Desde luego sabía que podría haber problemas, pero para hoy no habían anunciado nada. Llamé a la compañía ferrocarril holandésa, dónde había comprado mi billete. Tampoco tenían una solución, pero me ofrecieron de volverme el dinero. Busqué alternativos. Con autobús, por ejemplo. Casi imposible. Busqué vuelos, por si acaso. Había uno muy barato desde Santiago de Compostela el lunes. Y este solamente por 45 euros, la mitad del precio de mi billete de Irún a Ámsterdam.

Y ahora estoy en el tren de vuelta a Ponferrada. Voy a pasar un fin de semana en casa. El lunes a volar. Tal vez no sea tan Greta como pensaba.
Irún, el 12 de diciembre muy pronto por la mañana