domingo, 17 de octubre de 2021
Llamamiento a las dueñas y los dueños de los bares de Ponferrada
martes, 22 de diciembre de 2020
El tiempo pasado de pepino
Faltan unos días para Navidad. Esta mañana Ponferrada está envuelta en la niebla, como suele ser el caso en esta época del año. Esta vez no iré muy lejos para las compras. La Plaza, el supermercado, aquí mismo en la calle. Allí tienen de todo y también un gran personal que te hará sentir como en casa. La cajera Eva me saluda en voz alta tan pronto como entro. ‘¡Hola Rolán!’ ‘¡Hola Eva!’, respondo, pronunciando la letra v con una f fuerte, para mantener mi imagen del guiri del barrio.
Me pongo los guantes y los desinfecto con el gel que cuelga de la pared. Después, me pongo las gafas que hoy en día no llevo afuera porque se empañan en combinación con la mascarilla, especialmente con este tiempo neblinoso. Con un carrito de compras pequeño camino hacia el departamento de las verduras. ‘Pepino holandés’, leo.
¡Qué extraño! Nadie aquí los come, ¿verdad? ¿Fueron colocados aquí especialmente para mí? Leo el origen en la etiqueta. España. La verdad es que me gusta más el tipo de pepinos que comemos en Holanda que los pepinos secos del variante español. La ensalada de pepino que solíamos comer en la casa de mis padres, con cebolla picada y un poco de vinagre, aceite y pimienta, es deliciosa. Por motivos nostálgicos pongo el pepino en el carrito.
Una vez en casa decido buscar algo más de información sobre los pepinos holandeses del suelo español. En Google las palabras pepinos holandeses me llevan a varios artículos sobre las protestas de los agricultores andaluces contra los bajos precios de, entre otras productos, los pepinos holandeses cultivados en España. Una foto muestra a los agricultores furiosos que arrojan los pepinos a la calle.
Una de las causas de los bajos precios son los invernaderos ultramodernos de los Países Bajos. Hoy día, allí se producen pepinos durante todo el año, contra lo cual los agricultores andaluces, con sus invernaderos menos sofisticados de plástico, no pueden competir. Las exportaciones hacia los Países Bajos y Alemania se han estancado. Esto, por supuesto, explica por qué los pepinos aparecen de repente en un supermercado del barrio en Ponferrada.
Lentamente se me ocurre por qué puede haber aparecido el artículo tan extenso en El País titulado: 'Los Países Bajos: hacia el liderazgo y la difusión mundial de la agricultura circular', que es sobre todo un elogio de los métodos de producción agrícola en los invernaderos holandeses , donde se están llevando a cabo una agricultura completamente circular. (AQUÍ se puede leer el artículo)
Encima del artículo estaba escrito: Publicidad. ¿Será que el gobierno holandés financia una campaña para dar a conocer esta iniciativa en España? ¿Y por qué será eso? ¿Quizás para pulir la imagen de Holanda, que ya ha recibido bastantes mordiscos en los últimos años y ahora sufre de las protestas de los agricultores contra los productores holandeses? Pero en este caso no deberían usar la palabra liderazgo, que no muestra mucha modestia.
Decido buscar en google el escritor español del artículo publicitario. Lo encuentro en Facebook y le hago esta pregunta a través del chat: ‘¿Por qué el gobierno holandés quiere que los lectores de El País sepan que Holanda jugará un papel de liderazgo en la innovación de la agricultura?’ Para mi sorpresa, responde casi de inmediato. ‘Se trata de un ejemplo de cómo se pueden hacer cosas bien hechas en esta materia y colaborar entre países. Ese es el objetivo.’ Todavía sin saber mucho, le agradezco por su rápida respuesta. Entro en la cocina y empiezo a preparar una ensalada de pepino holandés. Justo como antes. Y no puedo evitar pensar en aquel divertido acertijo de mi infancia: ¿Cuál es el tiempo pasado de pepino? ¡Pues, pepiné!*
*En holandés el juego de palabras es diferente, desde luego. La palabra para pepino es komkommer, que se parece al verbo komen (venir). El tiempo pasado de komkommer (vengovenedor), es kwamkwammer, vinovinodor. Vale, se pierde algo en la traducción.
domingo, 10 de febrero de 2019
¡No menciona la guerra!
Al día siguiente, mi estudiante me envió el enlace hacia el artículo en El Mundo. ‘La guerra de los 80 años y el mito fundacional de Holanda’, era el titular, y efectivamente, el artículo era muy negativo sobre la exposición, que sería parte de la Leyenda Negra que los españoles ya sufren por siglos. La autora del artículo era María Elvira Roca Barea. Escriba también a veces en El País y casi siempre sobre los mismos temas: todo el mundo está en contra de España por culpa de La Leyenda Negra, la inquisición no era tan represiva como la gente piensa y el colonialismo español era menos exclusivo que el de los otros países. Por ejemplo, cuando Puigdemont huyó a Bélgica escribió que este país (tan católico) sería uno de los corazones de la hipanofobia (ya escribí sobre este artículo en mi entrada Noticias Falsas).
Con motivo de las protestas contra una estatua de Colón en los EE.UU. como símbolo del colonialismo de las Américas, escribió un artículo con el titular El indio Gerónimo hablaba español, en el cual dice, entre otras cosas, que las protestas eran fruto de ‘una maniobra de distracción WASP (blanco, anglosajón, protestante, por sus siglas en inglés).’
Por cierto, se trata de una historiadora con una misión, quien a veces exagera un poco en su noble tarea de contradecir la propaganda de la Leyenda Negra. Ya desde 1981 visito regularmente España y desde 2009 vivo en El Bierzo, pero en toda esta periodo nunca he notado que La Guerra de Ochenta Años o La Leyenda Negra desempeñaban un papel en las relaciones entre los holandeses y los españoles. Nunca pensé: no mencione la guerra. Pues bien, ahora que las identidades nacionales están de moda esta guerra se ha vuelto controvertida.
En la página web del Museo Nacional de Amsterdam encontré la dirección de correo electrónico del comisario de la exposición y le escribí para indicarle la existencia del artículo tan negativo. Para mi sorpresa respondió inmediatamente. Ya había leído la traducción en inglés y no entendió nada de la crítica tan feroz. La exposición tenía justamente la intención opuesta a la que la autora le acusaba. La idea era cambiar la imagen predispuesta de la guerra que todavía existía en Holanda y mostrar las diferentes perspectivas. Le aconsejé enviar una carta a El Mundo para contradecir las insinuaciones. No creo que lo haya hecho; tampoco en Holanda se hace mucho caso a las opiniones de este guiri y además, la exposición ya se terminó.
En mi opinión, la ciencia histórica debe estar basada en la voluntad de querer saber sin agenda nacionalista o ideológica. Sobre todo los errores y crímenes del propio país, pueblo, religión o ideología deben ser investigados y explicados. Desde luego había mucha propaganda protestante contra España y la iglesia católica, pero la inquisición era muy represiva y eficiente en eliminar todas las religiones no católicas de España. El colonialismo español no era tan cruel como la expansión violenta de los EE.UU., pero imponía con la fuerza de armas su religión, cultura y lengua a casi un continente entero. Y Holanda tiene que reconocer las páginas negras de su historia, como la trata de esclavos, el colonialismo, la guerra en Indonesia y, efectivamente, las atrocidades de las tropas protestantes en la Guerra de Ochenta Años. El Museo Nacional en Amsterdam va a programar exposiciones sobre la trata de esclavos en 2020 y después sobre el colonialismo holandés en África del Sur. ¡Ya las recomiendo!
P.S. Estoy muy de acuerdo con ESTE ARTÏCULO de Javier Moreno Luzón en El País de 16 de marzo de 2019.
lunes, 23 de abril de 2018
Noticias falsas
Decidí limitar esta pequeña investigación a los tres periódicos que leo regularmente: El País, El Mundo y El Diario de León. Sobre El Diario de León puedo ser breve: casi no hay artículos sobre Holanda. Es un periódico que se lee para las noticias locales. La verdad es que los artículos en El País y El Mundo eran bastante buenos. Los dos periódicos tienen corresponsales en Holanda que son bien informados. Si compares los artículos con la información que circula por Facebook, Twitter o Whatsapp, los periódicos son un oasís de noticias fiables. Pues bien, aquí los tres artículos que tienen que ver con Holanda con los peores errores o mentiras que encontré.
En número 3: Líderes contra partidos en El País
Muchos errores se hacen con los apellidos holandeses, aunque sean tan sencillos como por ejemplo Dijsselbloem. Lo entiendo perfectamente, porque hago lo mismo con apellidos españoles. Hace poco escribí una entrada sobre el cine en lo cual mencioné Amenábar y Almódovar, apellidos complicados para un guiri. Cuando leí la primera versión del texto en voz alta a mi mujer, como suelo hacer, se rió y me corrigió . El error de este tipo que más me llamó la atención está en ésta columna en El País. El 
político holandés no se llama Jesse Kleber sino Jesse Klaver, menuda diferencia. Quizás la columnista había escuchado las noticias en inglés, una lengua en la cual la letra ‘a’ se pronuncia a menudo como ‘e’. Mi aviso a la escritora es: lee el primer borrador en voz alta a tu pareja, si esta sabe algo del asunto, desde luego.
En número 2: Holanda se rebela contra la legislación que hace obligatoria la donación de órganos en El Mundo.
Este ‘error ‘ en El Mundo es peor. En el titular hay dos faltas o, más bien, mentiras. No había ninguna rebelión en Holanda, que yo sepa, y en la nueva ley de donación de órganos nadie te obliga a donar. Si no quieres donar tus órganos después de la muerte, tienes que registrarlo. La rara cosa es que en internet no podía encontrar el artículo con el mismo titular. Allí es: Holanda se rebela contra la donación por ley. Una mentira menos. Por cierto, el artículo mismo (AQUI) explica bastante bien como funciona la ley y que 30.000 holandeses se registraron porque no querían donar sus órganos. Quizás la persona responsable de los titulares pensó que 30.000 personas en un pequeño país como Holanda es una multitud. Más probable es que en la cabecera se trasluce una opinión personal.
¡¡Número UNO!! Alicia en la Bélgica de las maravillas en El PaísEl artículo que más me fastidió, viene de El País, aunque no fue escrito por un periodista; se trata de una opinión enviada por una eurodiputada del PP y una historiadora (AQUI). Sobre todo el subtituló: Puigdemont ha escogido para buscar apoyo uno de los corazones, junto a Reino Unido, de la hispanofobia tradicional, me hacía leer el texto, para saber porque justamente Bélgica sería tan hispanófobo. El artículo menciona La Rendición de Breda, que es oficialmente una ciudad holandesa, aunque cerca de Bélgica. No tiene importancia, porque entonces, en 1625, las fronteras no eran claras. Pero leyendo el artículo se fortaleció mi impresión de que las dos autoras estaban confundiendo los dos países. Que yo sepa nunca existió hispanofobia en Bélgica que siempre había sido un país muy católico. Casi todos los protestantes que había en Flandes huyeron ya en los siglos 16 y 17 a Holanda. Entonces, si hay algún rencor contra España por las guerras religiosas de hace 400 años, sería en Holanda, aunque allí tampoco noté mucha hispanofobia. Por cierto, 400 años es bastante tiempo y depués había otras guerras, como las guerras mundiales.
Pasa a menudo que se confunde Holanda con Bélgica. Pero este artículo fue escrito por una eurodiputada que probablemente vive en Bélgica y una historiadora especializada en hispanofobia. Sobre todo esta última debería estar mejor informada. ¿De veras ha hecho una investigación científica sobre la hispanofobia en Europa en la cual Bélgica resultaba ser más hispanófobo que otros países? No me lo puedo imaginar. En mi opinión, el artículo utiliza pseudo ciencia para dar a España el papel de la víctima, confundiendo Bélgica con Holanda, y merece ser el número uno de esta pequeña lista.
sábado, 25 de marzo de 2017
Copas y mujeres
Mis ojos se dirigieron hacia el titular del editorial: ‘Dijsselbloem debe dejar la presidencia del Eurogrupo’ Intuí malas noticias para un guiri holandés, a quien se pide a veces explicaciones por el comportamiento de sus compatriotas. Justamente parecía que Holanda por fin recuperaba un poco su buen nombre por no votar masivamente al populismo de la extrema derecha. En Facebook circulaba una petición de firmas para agradecer a los holandeses. Los españoles ya casi habían olvidado la patada de karate de Nigel de Jong en el mundial de 2010. Pero Jeroen Dijsselbloem, con su nombre impronunciable, lo estropeaba todo. Gracias Jeroen.
Seguí leyendo la opinión del editor de El Mundo, que se había enfadada tanto que letreaba mal el nombre de Dijsselbloem:
Casi no pude creer que Dijsselbloem había dicho eso. No estoy siempre de acuerdo con él; en mi opinión Europa debería haber estimulado la economía para combatir la crisis en vez de propagar recortes, pero no conozco a Dijsselbloem como un populista. Decir que los del sur gastan todo su dinero en copas me parece por dos razones erróneo: se bebe aquí menos alcohol (creo) y las copas son bastante más baratas. De las mujeres a quienes se puede gastar mucho dinero no sé mucho; soy un hombre felizmente casado.
Volví a casa para leer en el Internet lo que había dicho Dijsselbloem literalmente en el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Era esto: ‘No puedo gastar todo mi dinero a copas y mujeres y después pedir a ayuda a usted. Este principio vale al nivel personal, local, nacional y europeo.’ (Ich kann nicht mein ganzes Geld für Schnaps und Frauen ausgeben und anschließend Sie um Ihre Unterstützung bitten. Dieses Prinzip gilt auf persönlicher, lokaler, nationaler und eben auch auf europäischer Ebene.)
Bastante diferente de lo que escribió El Mundo. Sus palabras me recordaban a lo que contestó el famoso futbolista inglés George Best cuando le preguntaban que había hecho con su fortuna: ‘Gasté mucho en copas, mujeres y coches rápidos, y lo demás malgasté.’ Efectivamente, George Best no es un hombre para prestarle tu dinero. Dijsselbloem si parece confiable con dinero. Seguramente no refería a sí mismo, cuando utilizaba la palabra ‘ich’ (yo). No me parece un juerguista. Utilizaba el yo para hablar de cualquier persona, aunque en el contexto se puede pensar que hablaba del sur, sobre todo cuando ya se odia a Dijsselbloem. Lo que El Mundo al menos pudiera haber puesto era una cita literal en vez de cambiar el contenido de sus palabras.
Por curiosidad miré lo que escribió El País, el gran competidor de El Mundo. En la sección Economía encontré una cita bastante adecuada:
En estos tiempos difíciles necesitamos más que nunca una Europa unida para mantener el bienestar para todos y luchar contra el cambio climático, lo que en un solo pequeño país es casi imposible. No nos podemos permitir una fricción entre los del sur y los del norte.
Pues bien, suficiente política por ahora, es fin de semana: voy a invertir dinero en unas copas para mí y mi mujer.
viernes, 29 de agosto de 2014
Calcetines
La primera vez que noté algo de la desgracia en la cual el calcetín caería era también en España ya hace mucho, en un camping en Catalunya, para ser exacto. Indiqué mi amigo de viaje a unas adolescentes que parecían llevar playeras sin calcetines, lo que, en mi opinión, podía causar mal olor en los zapatos y en los pies. Mi amigo me explicó que si las chicas llevaban calcetines pero que evitaron mostrarlos. Los adolescentes habían declarado tabú el mostrar calcetines. Por eso llevaban blancos calcetincitos pequeñitos que llegaban justamente hasta el borde de sus playeras. Para mi asombro constaté que mi amigo tenía razón. Pues bien, a adolescentes muchas veces les ocurren opiniones fuertes, sobre todo cuando se trata de ropa. Declaran algo tabú o de moda, normalmente dependiendo de lo que llevan sus favoritos artistas de música pop.
Por desgracia he debido constatar que lo de esconder los calcetines no fue una moda pasajera, sino algo que se desarrolló hacia un comportamiento general, tanto aquí en España como en Holanda. Hoy día se puede ver adultos que esconden los calcetines como si fueran anomalías físicas. Además de los blancos calcetincitos también circulan calcetines transparentes. Se puede ver ciclistas que no parecen llevar calcetines. Se hace footing sin visibles calcetines. Los montañeros no llevan calcetines. ¡Hasta los turistas no llevan calcetines!
Y aquí en España los calcetines están inseparablemente vinculados con el concepto ‘turista’. Por cierto, mi apodo de orgullo es ‘el guiri’: un personaje con la cara quemada por el sol, huesudas rodillas debajo de un pantalón corto, una cámara colgando de su cuello, una mochilita y, desde luego, altos calcetines preferiblemente en combinación de unas sandalias. La verdad es que esto último solía llevar. En mis años revueltos, cuando todavía no me vestía tan impecablemente como hoy día, compraba calcetines de color rojo encendido que llevé en mis sandalias. Como pasa el tiempo. Aprendí de conformarme. Hoy en día llevo mis calcetines solamente en zapatos cerrados. Nunca con sandalias, desde luego.
Pero más allá no quiero ir. Hay límites a la adaptación. Este verano compré en las rebajas diversas parejas de calcetines en los colores más vivos. Estos voy a llevar visiblemente; también en combinación de un pantalón corto. ¡Que nadie me toque los calcetines!








