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domingo, 17 de octubre de 2021

Llamamiento a las dueñas y los dueños de los bares de Ponferrada

Siempre era tan agradable. Salir a cierto momento de la mañana de la casa para ir a uno de los muchos bares que hay en Ponferrada para hojear allí el periódico, de vez en cuando leer un artículo, todo mientras disfrutas de un café con leche a un precio que es, por criterios holandeses, increíblemente bajo y casi siempre viene acompañado por bizcocho, un churro o un trocito de tortilla con pan. Ya antes de la pandemia se hundió un poco la costumbre. El País, el periódico que más me gusta leer, ya había desaparecido de la mayoría de los bares. Pero todavía podía elegir entre los refunfuños al gobierno de El Mundo, las noticias locales de El Diario de León y las omnipresentes revistas de fútbol.

Cuando después del confinamiento todos podíamos volver a salir de nuestras casas e incluso sentarnos en las terrazas, todos los periódicos de los cafés habían desaparecido. La teoría era que los contagios podrían ser transmitidos por los periódicos compartidos. Más tarde aprendimos que el virus no viajaba tanto a través de las superficies y las manos sino principalmente por el aire. Aun así, los periódicos volvían solamente escasamente. Creo que la mayoría de los dueños de los bares no querían volver a la situación anterior. Habían perdido ingresos en ese periodo difícil y las suscripciones a los periódicos cuestan dinero, por supuesto. Pero mi comportamiento cambió. ¿No periódico? Pues, tampoco voy a tomar un café afuera cuando estoy solito. No voy a mirar mi teléfono para leer las noticias mientras tomo mi café. Ya estoy todo el día mirando pantallas cuando doy mis clases online, escribo o me expongo a los algoritmos perniciosos en las redes sociales. Prefiero comprarme un periódico en uno de los escasos kioscos que todavía existen y hacerme un café en casa.

En este momento conozco, para ser exacto, dos bares con periódicos de papel. No voy a revelar cuales son, para evitar que todo el mundo vaya allí; ya ahora resulta bastante difícil conseguir un periódico libre. Queridos dueños y dueñas de los bares, por favor, pongan una pila de periódicos en la ventana. En ese caso, este guiri está dispuesto a pagar nada menos que 10 centavos más por una taza de café con un pincho.

Uno de los pocos bares con periódicos

 

martes, 22 de diciembre de 2020

El tiempo pasado de pepino

Faltan unos días para Navidad. Esta mañana Ponferrada está envuelta en la niebla, como suele ser el caso en esta época del año. Esta vez no iré muy lejos para las compras. La Plaza, el supermercado, aquí mismo en la calle. Allí tienen de todo y también un gran personal que te hará sentir como en casa. La cajera Eva me saluda en voz alta tan pronto como entro. ‘¡Hola Rolán!’ ‘¡Hola Eva!’, respondo, pronunciando la letra v con una f fuerte, para mantener mi imagen del guiri del barrio.

Me pongo los guantes y los desinfecto con el gel que cuelga de la pared. Después, me pongo las gafas que hoy en día no llevo afuera porque se empañan en combinación con la mascarilla, especialmente con este tiempo neblinoso. Con un carrito de compras pequeño camino hacia el departamento de las verduras. ‘Pepino holandés’, leo. 

¡Qué extraño! Nadie aquí los come, ¿verdad? ¿Fueron colocados aquí especialmente para mí? Leo el origen en la etiqueta. España. La verdad es que me gusta más el tipo de pepinos que comemos en Holanda que los pepinos secos del variante español. La ensalada de pepino que solíamos comer en la casa de mis padres, con cebolla picada y un poco de vinagre, aceite y pimienta, es deliciosa. Por motivos nostálgicos pongo el pepino en el carrito.

Una vez en casa decido buscar algo más de información sobre los pepinos holandeses del suelo español.  En Google las palabras pepinos holandeses me llevan a varios artículos sobre las protestas de los agricultores andaluces contra los bajos precios de, entre otras productos, los pepinos holandeses cultivados en España. Una foto muestra a los agricultores furiosos que arrojan los pepinos a la calle.

Una de las causas de los bajos precios son los invernaderos ultramodernos de los Países Bajos. Hoy día, allí se producen pepinos durante todo el año, contra lo cual los agricultores andaluces, con sus invernaderos menos sofisticados de plástico, no pueden competir. Las exportaciones hacia los Países Bajos y Alemania se han estancado. Esto, por supuesto, explica por qué los pepinos aparecen de repente en un supermercado del barrio en Ponferrada.

Lentamente se me ocurre por qué puede haber aparecido el artículo tan extenso en El País titulado: 'Los Países Bajos: hacia el liderazgo y la difusión mundial de la agricultura circular', que es sobre todo un elogio de los métodos de producción agrícola en los invernaderos holandeses , donde se están llevando a cabo una agricultura completamente circular. (AQUÍ se puede leer el artículo)



Encima del artículo estaba escrito: Publicidad. ¿Será que el gobierno holandés financia una campaña para dar a conocer esta iniciativa en España? ¿Y por qué será eso? ¿Quizás para pulir la imagen de Holanda, que ya ha recibido bastantes mordiscos en los últimos años y ahora sufre de las protestas de los agricultores contra los productores holandeses? Pero en este caso no deberían usar la palabra liderazgo, que no muestra mucha modestia.

Decido buscar en google el escritor español del artículo publicitario. Lo encuentro en Facebook y le hago esta pregunta a través del chat: ‘¿Por qué el gobierno holandés quiere que los lectores de El País sepan que Holanda jugará un papel de liderazgo en la innovación de la agricultura?’ Para mi sorpresa, responde casi de inmediato. ‘Se trata de un ejemplo de cómo se pueden hacer cosas bien hechas en esta materia y colaborar entre países. Ese es el objetivo.’ Todavía sin saber mucho, le agradezco por su rápida respuesta. Entro en la cocina y empiezo a preparar una ensalada de pepino holandés. Justo como antes. Y no puedo evitar pensar en aquel divertido acertijo de mi infancia: ¿Cuál es el tiempo pasado de pepino? ¡Pues, pepiné!*


*En holandés el juego de palabras es diferente, desde luego. La palabra para pepino es komkommer, que se parece al verbo komen (venir). El tiempo pasado de komkommer (vengovenedor), es kwamkwammer, vinovinodor. Vale, se pierde algo en la traducción.


domingo, 10 de febrero de 2019

¡No menciona la guerra!

En una de mis clases de conversación inglés mi estudiante me preguntó si había leído en El Mundo el artículo sobre la exposición de La Guerra de Ochenta Años en el Museo Nacional en Amsterdam. Cuando lo negé, continuó con: ‘Parece una exposición bastante controvertida con propaganda contra España; pues bien, cada país necesita sus mitos nacionales, ¿verdad?’ Sus palabras me asombraron. En diciembre había hablado sobre esta guerra, que estalló hace 450 años, en la radio Bierzo SER, dónde a veces me invitan para explicar mis opiniones de un guiri. Había recomendado una visita a la exposición, lo que era atrevido, lo admito, porque no la había visitado yo mismo. Por lo que había oído y leído (por ejemplo en ESTE artículo en El País) me parecía interesante tanto para los holandeses como para los españoles, porque se trataba de la sublevación en los Países Bajos contra el imperio de Felipe II. Además, había visto en el internet los documentales que acompañaban la exposición, en los cuales mostraban los diversos aspectos del conflicto y ponían los acontecimientos en un contexto histórico muy amplio.

Al día siguiente, mi estudiante me envió el enlace hacia el artículo en El Mundo. ‘La guerra de los 80 años y el mito fundacional de Holanda’, era el titular, y efectivamente, el artículo era muy negativo sobre la exposición, que sería parte de la Leyenda Negra que los españoles ya sufren por siglos. La autora del artículo era María Elvira Roca Barea. Escriba también a veces en El País y casi siempre sobre los mismos temas: todo el mundo está en contra de España por culpa de La Leyenda Negra, la inquisición no era tan represiva como la gente piensa y el colonialismo español era menos exclusivo que el de los otros países. Por ejemplo, cuando Puigdemont huyó a Bélgica escribió que este país (tan católico) sería uno de los corazones de la hipanofobia  (ya escribí sobre este artículo en mi entrada Noticias Falsas).
Con motivo de las protestas contra una estatua de Colón en los EE.UU. como símbolo del colonialismo de las Américas, escribió un artículo con el titular El indio Gerónimo hablaba español, en el cual dice, entre otras cosas, que las protestas eran fruto de ‘una maniobra de distracción WASP (blanco, anglosajón, protestante, por sus siglas en inglés).’
Por cierto, se trata de una historiadora con una misión, quien a veces exagera un poco en su noble tarea de contradecir la propaganda de la Leyenda Negra. Ya desde 1981 visito regularmente España y desde 2009 vivo en El Bierzo, pero en toda esta periodo nunca he notado que La Guerra de Ochenta Años o La Leyenda Negra desempeñaban un papel en las relaciones entre los holandeses y los españoles. Nunca pensé: no mencione la guerra. Pues bien, ahora que las identidades nacionales están de moda esta guerra se ha vuelto controvertida.

En la página web del Museo Nacional de Amsterdam encontré la dirección de correo electrónico del comisario de la exposición y le escribí para indicarle la existencia del artículo tan negativo. Para mi sorpresa respondió inmediatamente. Ya había leído la traducción en inglés y no entendió nada de la crítica tan feroz. La exposición tenía justamente la intención opuesta a la que la autora le acusaba. La idea era cambiar la imagen predispuesta de la guerra que todavía existía en Holanda y mostrar las diferentes perspectivas. Le aconsejé enviar una carta a El Mundo para contradecir las insinuaciones. No creo que lo haya hecho; tampoco en Holanda se hace mucho caso a las opiniones de este guiri y además, la exposición ya se terminó.

En mi opinión, la ciencia histórica debe estar basada en la voluntad de querer saber sin agenda nacionalista o ideológica. Sobre todo los errores y crímenes del propio país, pueblo, religión o ideología deben ser investigados y explicados. Desde luego había mucha propaganda protestante contra España y la iglesia católica, pero la inquisición era muy represiva y eficiente en eliminar todas las religiones no católicas de España. El colonialismo español no era tan cruel como la expansión violenta de los EE.UU., pero imponía con la fuerza de armas su religión, cultura y lengua a casi un continente entero. Y Holanda tiene que reconocer las páginas negras de su historia, como la trata de esclavos, el colonialismo, la guerra en Indonesia y, efectivamente, las atrocidades de las tropas protestantes en la Guerra de Ochenta Años. El Museo Nacional en Amsterdam va a programar exposiciones sobre la trata de esclavos en 2020 y después sobre el colonialismo holandés en África del Sur. ¡Ya las recomiendo!

P.S. Estoy muy de acuerdo con ESTE ARTÏCULO de Javier Moreno Luzón en El País de 16 de marzo de 2019.


lunes, 23 de abril de 2018

Noticias falsas

Un domingo por la mañana, ya hace unos meses, fui primero al kiosco para comprar El País y después a la panadería para unos croissants. Mientras ponía los croissants en una bolsa de papel el panadero dijo: ‘Y ahora un cafetín, un croissant y el periódico ......pero solamente escriben mentiras, ¿sabes?’ Le miré con asombro. Confío bastante en el periodismo español. Tanto El Mundo como El País hacen periodismo de investigación, sobre todo hacia casos de corrupción. Por cierto, a veces me gustaría ver que separen un poco más las opiniones de las noticias, sobre todo cuando escriben sobre los acontecimientos nacionales. Mientras andaba con los croissants calientes y el periódico a casa, me propuse averiguar si de veras hay tantas mentiras en los periódicos españoles por leer artículos sobre el asunto de lo cual soy, relativamente, un especialista: Holanda.

Decidí limitar esta pequeña investigación a los tres periódicos que leo regularmente: El País, El Mundo y El Diario de León. Sobre El Diario de León puedo ser breve: casi no hay artículos sobre Holanda. Es un periódico que se lee para las noticias locales. La verdad es que los artículos en El País y El Mundo eran bastante buenos. Los dos periódicos tienen corresponsales en Holanda que son bien informados. Si compares los artículos con la información que circula por Facebook, Twitter o Whatsapp, los periódicos son un oasís de noticias fiables. Pues bien, aquí los tres artículos que tienen que ver con Holanda con los peores errores o mentiras que encontré.
En número 3: Líderes contra partidos en El País
Muchos errores se hacen con los apellidos holandeses, aunque sean tan sencillos como por ejemplo Dijsselbloem. Lo entiendo perfectamente, porque hago lo mismo con apellidos españoles. Hace poco escribí una entrada sobre el cine en lo cual mencioné Amenábar y Almódovar, apellidos complicados para un guiri. Cuando leí la primera versión del texto en voz alta a mi mujer, como suelo hacer, se rió y me corrigió . El error de este tipo que más me llamó la atención está en ésta columna en El País. El
político holandés no se llama Jesse Kleber sino Jesse Klaver, menuda diferencia. Quizás la columnista había escuchado las noticias en inglés, una lengua en la cual la letra ‘a’ se pronuncia a menudo como ‘e’. Mi aviso a la escritora es: lee el primer borrador en voz alta a tu pareja, si esta sabe algo del asunto, desde luego.

En número 2: Holanda se rebela contra la legislación que hace obligatoria la donación de órganos en El Mundo.
Este ‘error ‘ en El Mundo es peor. En el titular hay dos faltas o, más bien, mentiras. No había ninguna rebelión en Holanda, que yo sepa, y en la nueva ley de donación de órganos nadie te obliga a donar. Si no quieres donar tus órganos después de la muerte, tienes que registrarlo. La rara cosa es que en internet no podía encontrar el artículo con el mismo titular. Allí es: Holanda se rebela contra la donación por ley. Una mentira menos. Por cierto, el artículo mismo (AQUI) explica bastante bien como funciona la ley y que 30.000 holandeses se registraron porque no querían donar sus órganos. Quizás la persona responsable de los titulares pensó que 30.000 personas en un pequeño país como Holanda es una multitud. Más probable es que en la cabecera se trasluce una opinión personal.

¡¡Número UNO!! Alicia en la Bélgica de las maravillas en El País
El artículo que más me fastidió, viene de El País, aunque no fue escrito por un periodista; se trata de una opinión enviada por una eurodiputada del PP y una historiadora (AQUI). Sobre todo el subtituló: Puigdemont ha escogido para buscar apoyo uno de los corazones, junto a Reino Unido, de la hispanofobia tradicional, me hacía leer el texto, para saber porque justamente Bélgica sería tan hispanófobo. El artículo menciona La Rendición de Breda, que es oficialmente una ciudad holandesa, aunque cerca de Bélgica. No tiene importancia, porque entonces, en 1625, las fronteras no eran claras. Pero leyendo el artículo se fortaleció mi impresión de que las dos autoras estaban confundiendo los dos países. Que yo sepa nunca existió hispanofobia en Bélgica que siempre había sido un país muy católico. Casi todos los protestantes que había en Flandes huyeron ya en los siglos 16 y 17 a Holanda. Entonces, si hay algún rencor contra España por las guerras religiosas de hace 400 años, sería en Holanda, aunque allí tampoco noté mucha hispanofobia. Por cierto, 400 años es bastante tiempo y depués había otras guerras, como las guerras mundiales.
Pasa a menudo que se confunde Holanda con Bélgica. Pero este artículo fue escrito por una eurodiputada que probablemente vive en Bélgica y una historiadora especializada en hispanofobia. Sobre todo esta última debería estar mejor informada. ¿De veras ha hecho una investigación científica sobre la hispanofobia en Europa en la cual Bélgica resultaba ser más hispanófobo que otros países? No me lo puedo imaginar. En mi opinión, el artículo utiliza pseudo ciencia para dar a España el papel de la víctima, confundiendo Bélgica con Holanda, y merece ser el número uno de esta pequeña lista.


sábado, 25 de marzo de 2017

Copas y mujeres

El jueves pasado tomé mi café de la mañana en mi bar favorito del barrio: café Gijón. Busqué sobre la barra un periódico, El Mundo esta vez, y me senté en una mesa. Me llevaron el café con leche sin que tuviera que pedirlo; soy un fiel cliente.

Mis ojos se dirigieron hacia el titular del editorial: ‘Dijsselbloem debe dejar la presidencia del Eurogrupo’ Intuí malas noticias para un guiri holandés, a quien se pide a veces explicaciones por el comportamiento de sus compatriotas. Justamente parecía que Holanda por fin recuperaba un poco su buen nombre por no votar masivamente al populismo de la extrema derecha. En Facebook circulaba una petición de firmas para agradecer a los holandeses. Los españoles ya casi habían olvidado la patada de karate de Nigel de Jong en el mundial de 2010. Pero Jeroen Dijsselbloem, con su nombre impronunciable, lo estropeaba todo. Gracias Jeroen.

Seguí leyendo la opinión del editor de El Mundo, que se había enfadada tanto que letreaba mal el nombre de Dijsselbloem:
 
Casi no pude creer que Dijsselbloem había dicho eso. No estoy siempre de acuerdo con él; en mi opinión Europa debería haber estimulado la economía para combatir la crisis en vez de propagar recortes, pero no conozco a Dijsselbloem como un populista. Decir que los del sur gastan todo su dinero en copas me parece por dos razones erróneo: se bebe aquí menos alcohol (creo) y las copas son bastante más baratas. De las mujeres a quienes se puede gastar mucho dinero no sé mucho; soy un hombre felizmente casado.

Volví a casa para leer en el Internet lo que había dicho Dijsselbloem literalmente en el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Era esto: ‘No puedo gastar todo mi dinero a copas y mujeres y después pedir a ayuda a usted. Este principio vale al nivel personal, local, nacional y europeo.’ (Ich kann nicht mein ganzes Geld für Schnaps und Frauen ausgeben und anschließend Sie um Ihre Unterstützung bitten. Dieses Prinzip gilt auf persönlicher, lokaler, nationaler und eben auch auf europäischer Ebene.)

Bastante diferente de lo que escribió El Mundo. Sus palabras me recordaban a lo que contestó el famoso futbolista inglés George Best cuando le preguntaban que había hecho con su fortuna: ‘Gasté mucho en copas, mujeres y coches rápidos, y lo demás malgasté.’ Efectivamente, George Best no es un hombre para prestarle tu dinero. Dijsselbloem si parece confiable con dinero. Seguramente no refería a sí mismo, cuando utilizaba la palabra ‘ich’ (yo). No me parece un juerguista. Utilizaba el yo para hablar de cualquier persona, aunque en el contexto se puede pensar que hablaba del sur, sobre todo cuando ya se odia a Dijsselbloem. Lo que El Mundo al menos pudiera haber puesto era una cita literal en vez de cambiar el contenido de sus palabras.

Por curiosidad miré lo que escribió El País, el gran competidor de El Mundo. En la sección Economía encontré una cita bastante adecuada:
 
Pero en otro artículo cambiaron de tono:
 Creo que nadie duda que se deba exigir que las ayudas europeas sean utilizadas de manera adecuada. Todos sabemos lo que pasó en Andalucía con los fondos de formación. Aquí en El Bierzo recibió el sector del carbón muchos fondos europeos, pero nadie sabe dónde este dinero ha ido. Seguramente hay en cada país ejemplos de proyectos absurdos financiado por la UE por falta de control y seguimiento. Se debe garantizar que el dinero público se invierte en infraestructura, educación, energía limpia y sanidad y que el dinero no desaparezca en cuentos bancarios en Suiza o en Panamá.

En estos tiempos difíciles necesitamos más que nunca una Europa unida para mantener el bienestar para todos y luchar contra el cambio climático, lo que en un solo pequeño país es casi imposible. No nos podemos permitir una fricción entre los del sur y los del norte.

Pues bien, suficiente política por ahora, es fin de semana: voy a invertir dinero en unas copas para mí y mi mujer.

viernes, 29 de agosto de 2014

Calcetines

Es un sábado caluroso de agosto. Estamos a punto de ir con el barco desde Cangas de Morrazo a Las Islas Cíes. Para matar el tiempo cojo el suplemento de El País: Moda, una revista que normalmente no toco. Hojeando se me ocurre una idea maravillosa, aunque difícil de ejecutar. ‘Ah, mira, un artículo sobre la moda de este verano,’ digo. Mi pareja es todo oídos. Ya le extrañó que leyera Moda, pero que ahora también vaya a citar un artículo es absolutamente el colmo. Ahora viene la parte difícil. Tengo que improvisar un texto en el estilo de la revista. Empiezo: ‘Lo que es la nueva tendencia este verano es llevar calcetines, tan visiblemente como posible. Dónde hasta ahora estaban escondidos en los zapatos, hoy día se ve a los celebrities llevar altos calcetines en combinación de un pantalón corto y playeras, tacones e incluso sandalias. Si, se puede decir que la calcetín ha vuelto.’ Miro a mi pareja para ver su reacción. Lanza un suspiro cansado,  dice: ‘Es él calcetín, y no creo que haya vuelto’ y continua leyendo las noticias internacionales. Un momento estoy decepcionado pero me doy cuenta que una batalla perdida no es una guerra perdida.

La primera vez que noté algo de la desgracia en la cual el calcetín caería era también en España ya hace mucho, en un camping en Catalunya, para ser exacto. Indiqué mi amigo de viaje a unas adolescentes que parecían llevar playeras sin calcetines, lo que, en mi opinión, podía causar mal olor en los zapatos y en los pies. Mi amigo me explicó que si las chicas llevaban calcetines pero que evitaron mostrarlos. Los adolescentes habían declarado tabú el mostrar calcetines. Por eso llevaban blancos calcetincitos pequeñitos que llegaban justamente hasta el borde de sus playeras. Para mi asombro constaté que mi amigo tenía razón. Pues bien, a adolescentes muchas veces les ocurren opiniones fuertes, sobre todo cuando se trata de ropa. Declaran algo tabú o de moda, normalmente dependiendo de lo que llevan sus favoritos artistas de música pop.

Por desgracia he debido constatar que lo de esconder los calcetines no fue una moda pasajera, sino algo que se desarrolló hacia un comportamiento general, tanto aquí en España como en Holanda. Hoy día se puede ver adultos que esconden los calcetines como si fueran anomalías físicas. Además de los blancos calcetincitos también circulan calcetines transparentes. Se puede ver ciclistas que no parecen llevar calcetines. Se hace footing sin visibles calcetines. Los montañeros no llevan calcetines. ¡Hasta los turistas no llevan calcetines!  

Y aquí en España los calcetines están inseparablemente vinculados con el concepto ‘turista’. Por cierto, mi apodo de orgullo es ‘el guiri’: un personaje con la cara quemada por el sol, huesudas rodillas debajo de un pantalón corto, una cámara colgando de su cuello, una mochilita y, desde luego, altos calcetines preferiblemente en combinación de unas sandalias. La verdad es que esto último solía llevar. En mis años revueltos, cuando todavía no me vestía tan impecablemente como hoy día, compraba calcetines de color rojo encendido que llevé en mis sandalias. Como pasa el tiempo. Aprendí de conformarme. Hoy en día llevo mis calcetines solamente en zapatos cerrados. Nunca con sandalias, desde luego.

Pero más allá no quiero ir. Hay límites a la adaptación. Este verano compré en las rebajas diversas parejas de calcetines en los colores más vivos. Estos voy a llevar visiblemente; también en combinación de un pantalón corto. ¡Que nadie me toque los calcetines!


jueves, 9 de febrero de 2012

Parecidos y prejuicios


En 1992 trabajé un verano en el camping Can Banal en los pirineos de Catalunya. Era (y todavía es) un camping en el que tanto la plantilla como la clientela eran completamente holandesas. En julio y agosto venían las familias holandesas para disfrutar las vacaciones de verano en este camping tan hermoso, verde y espacioso. Durante los otros meses apenas había gente; para frustración de los dueños los españoles (catalanes en este caso) preferían ir a los campings rebosantes de sus compatriotas en la región. En el último fin de semana de agosto venía un grupo de españoles a acampar. Ponían sus tiendas y después se sentaban en la terraza para pedir bebidas y algunas bolsas de patatas fritas y pipas. Consumieron todo hablando con voces muy altas y después se fueron a dar un paseo. Dejaban la terraza cambiada. Las bolsas vacías estaban en el suelo, por todos lados había las cascaras de las pipas, las mesas estaban sucias de coca cola y los restos de las patatas fritas. Nosotros de la plantilla estaban mirando el desastre un rato con asombro y después nos poníamos a limpiar todo. ‘¡Espere un momento!’, nos rogó un turista holandés. Corrió a su tienda y volvió armado de una camera. ´Un recuerdo para casa’, nos explicó mientras hacía fotos de la terraza tan maltratada.

¿Por qué vengo ahora con esta anécdota? Este domingo leí una columna de Rosa Montero en El País Semanal en que escribió: ‘Somos el país que más piratea del mundo occidental, un récord penoso que creo que tiene su origen, al menos, en la falta de cultura social y colectiva de nuestro país, en la nula valoración de lo común, en nuestra dificultad para respetar al prójimo y nuestro individualismo exacerbado.’ Si todo esto fuera verdad, debería llamar la atención a un guiri viviendo en España. Desde luego hay diferencias. Pero también hay muchos prejuicios. La verdad es que las diferencias en España misma entre las diferentes capas de la sociedad son más grandes que las diferencias entre españoles y holandeses de la misma capa social. Se trataba en el camping de un grupo de jóvenes, y no me gustaría asumir la responsabilidad de los joven holandeses en las costas españolas. Pero en este blog lo veo como mi tarea de describir las cosas que me sorprenden en El Bierzo y esto son sobre todo las diferencias, aunque de vez en cuando exagero un poco (esto del turista con la camera, vale, lo admito, lo inventé para añadir un efecto dramático, pero esto entre paréntesis).

Para ver algunas diferencias entre la cultural social y colectiva en Holanda y España vamos al espacio público por excelencia: un bar. En España es normal tirar cosas al suelo en los cafés, aunque ya está desapareciendo esta costumbre. Estoy en favor de que los suelos de los bares españoles tradicionales sean reconocidos como patrimonio mundial por el UNESCO. Veo una diferencia en la tolerancia a los móviles. Utilizar el móvil en compañía parece ser totalmente aceptado. Hasta en las mesas de un restaurante se puede ver personas hablando en voz alta con el pariente o amigo que por mala suerte justamente tenía que llamar cuando servían la comida. Creo que en Holanda es más costumbre de ir afuera para contestar una llamada. Vale, en Holanda también se habla mucho con móvil, en el transporte público por ejemplo. Por esto hay en los trenes algunos Stiltecoupés (vagones de silencio) para gente que quiere leer, estudiar o dormir durante el viaje. Seguramente que en un futuro lejano el Vagón de Silencio va a ser parte del patrimonio mundial del UNESCO. Una gran diferencia veo con la aceptación de la ley antitabaco. En España está respetada completamente. En Holanda cada vez hay más bares dónde se fuma, sobre todo por la noche. Entonces, en este caso se ve en Holanda más falta de cultura social, digo yo. Además veo sobre todo semejanzas. La gente bebe algo, lee el periódico, habla, ríe y quiere ser feliz. ¡Que aburrido! La próxima vez voy a buscar más diferencias y exagerarlas un poquetín, ¿vale?

Ahora a pagar. Me levanto de mi mesa con el vaso vacío en mi mano que pongo en la barra, como suelo hacer en Holanda. La camarera me mira como si quiera robarla el puesto de trabajo.