Mostrando entradas con la etiqueta Amsterdam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amsterdam. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de octubre de 2024

El poder creativo del aburrimiento

Estoy cenando con Ana. Lo hacemos temprano para los estándares españoles; cenar antes de las nueve de la noche es para guiris.

Empezamos a hablar de la serie que seguimos a través de Filmin. 
En la serie, la policía está en contacto por Skype con unos secuestradores cuando suena una explosión en algún lugar. Miden cuánta diferencia hay entre el sonido que escuchan directamente y a través de la conexión de Skype y así localizan el sitio donde están los secuestradores.

‘Es un poco improbable, ¿no crees?’ dice Ana.
‘Un poco si, pero mi padre me enseñó a calcular la distancia de un rayo utilizando la velocidad del sonido.’
‘¿De veras?’
‘Sí, el sonido viaja aproximadamente a 1 kilómetro cada 3 segundos, así que cuando veíamos un rayo siempre contábamos: "eenentwintig, tweeëntwintig, drieëntwintig" hasta que oíamos el sonido del trueno.’
‘¿Por qué con veinte y uno, veinte y dos veinte y tres?’
‘Si cuentas "één, twee, drie", es demasiado rápido. A menudo también contaba así cuando estaba jugando wiphonkbal.’
Incluso después de traducir esta palabra en beisbol de balancín, Ana sigue mirándome sin entender nada. Así que una vez más tengo que explicar algo sobre mi juventud.

‘Cuando era niño quería jugar al futbolín, pero en casa no lo teníamos. 
Entonces corté dos porterías de una vieja caja de zapatos. También corté algunos trozos de cartón alargados y los doblé por la mitad en un ángulo de aproximadamente 90 grados. Esos eran los jugadores. La pelota era un trozo redondo de cartón con cinta adhesiva alrededor.
Puse dos equipos sobre la mesa y dos porterías en lados opuestos. Al jugador más cercano al balón se le permitió disparar o pasar. Lo llamé fútbol de balancín.

Pero en aquel tiempo prefería jugar béisbol. Le dije a mi hermano Willem que era una pena que eso no fuera posible porque los jugadores de cartón no podían correr de una base a otra.
“Entonces hay que contar”, sugirió mi hermano. 
"Por ejemplo, después un bateo, el equipo que defiende debe meter la pelota en la portería de la primera base dentro de los diez segundos; de lo contrario, el bateador va a la primera base".
Así que a menudo jugaba béisbol al balancín contando “eenentwintig, tweeëntwintig, drieéntwintig…”’
 
‘¿Solías jugar solo?’, pregunta Ana.
‘A menudo. Recuerdo que una vecina que estaba de visita me observó un rato mientras estaba ocupado con los trozos de cartón, murmurando todo el tiempo “eenentwintig, tweeëntwintig, drieëntwintig”. Y eso mientras no había ninguna tormenta cerca. Le parecí un niño bastante extraño, estoy seguro.
Pero a veces un amigo del barrio, Henny, venía a visitarme para jugar. Había creado su propio equipo.

Lo extraño fue que con el tiempo mis jugadores adquirieron una especie de carácter. Sentía cariño por ellos. Se convirtieron en mis amigos de cartón.’

‘Qué historia más interesante’, dice Ana. ‘Si hubieran existido videojuegos como Playstation en aquel entonces, nunca habríais creado ese juego.’
‘Efectivamente. Y si el tiempo en Holanda siempre hubiera sido agradable, habríamos jugado afuera. Beisbol de balancín fue el fruto del poder creativo del aburrimiento.’

El video de esta entrada se puede ver AQUÍ



viernes, 2 de junio de 2023

Deseo sin desesperación




Hoy, El Pajariel está envuelto en niebla. ¡Cómo me gustaría estar allí! La niebla que amortigua todos los sonidos. La visibilidad limitada que hace que el bosque sea aún más misterioso. No hay nada más hermoso que un corzo vadeando lentamente a través de las nieblas bajas porque se cree no observado. Pero no puede ser. Una vez más maldigo mi lesión. El partido de fútbol con mis antiguos compañeros durante mi visita a Ámsterdam me dejó, además de un hueso roto en la mano, con una rodilla dolorida. Ya va un poco mejor. Pero bajar y subir sigue siendo difícil, incluso aquí en la escalera del edificio. Significa el final definitivo de mi carrera futbolística, me temo. Pero en cuanto pueda, intentaré de nuevo subir una montaña. La primavera es demasiado hermosa para pasar desapercibida.

miércoles, 28 de julio de 2021

Adiós a mi hermano mayor

Todo sucedió tan rápido. Nos habíamos visto en abril en el funeral de nuestro hermano Willem. Entonces no parecía que le pasara mucho. Quizás un poco pálido y flojo, pero eso no fue tan extraño en un evento tan dramático como la muerte de un hermano y eso además en medio de una pandemia.

Pero en junio recibimos el primer mensaje inquietante de WhatsApp. ‘Hola Ana y Roland, ¿cómo estáis? Yo, no tan bien. Puede que tenga un tumor en el páncreas.’  Eso era efectivamente lo que tenía y maligno además.

Mi hermano estaba decidido. No quería la larga agonía con la radiación, las hospitalizaciones, el dolor y otras molestias físicas sólo para prolongar la vida un poco. Durante una conversación por Skype, ya nos dijo: ‘Si la cirugía no es posible, quiero la eutanasia.’ Ya lo había hablado con su médica de cabecera. Después de muchas investigaciones, la cirugía resultó imposible. También encontraron un gran tumor en su esófago. Ya no podía comer alimentos sólidos.

Cuando llegamos a los Países Bajos, todavía le quedaban tres días de vida. Fueron los días más intensos de mi vida. Ana y yo estábamos allí a menudo junto con Anton, sus dos hijos Marcel y Linda y su esposa Leen en la sala de estar. Todavía no tenía ningún dolor. Estaba cansado pero también muy conversador. Contó muchos recuerdos. Bromeó para tranquilizarnos y continuó asegurándonos que no le tenía miedo a la muerte. En gran parte organizó su propio funeral. Eligió la música y el texto para la tarjeta del funeral. Su hijo Marcel incluso grabó un video de él, que se iba a reproducir en el funeral, con la apertura: 'Bienvenidos amigos, vecinos, familiares y conocidos, les doy la bienvenida a todos. Qué especial es dar tu propio discurso en tu propio funeral.’

El viernes 2 de julio, a la hora acordada, a la una y media, las dos médicas llegaron a la casa. Le preguntaron si todavía estaba convencido de su decisión. Lo estaba. Luego se le administró sedación. Todos estuvimos presentes en el fallecimiento de Anton: Lenie, Linda, Marcel, Ana y yo. Cuando el sedante comenzó a hacer efecto, Anton dijo: ‘Ahí voy’ y se quedó profundamente dormido. Luego, la médica le administró el relajante muscular que detendría el corazón. Más tarde hablé con la médica por un tiempo. Me pareció muy natural tener una conversación amistosa con la mujer que acababa de ayudar a mi hermano a morir. Ella me dijo que estaba de acuerdo con Anton en su decisión. Era asombroso que todavía no tuviera dolor, pero el gran sufrimiento seguramente habría llegado pronto.

De todas las muertes que he presenciado de cerca, esta fue sin duda la más dramática, pero al mismo tiempo la más serena. Murió tranquilamente en casa, rodeado de sus seres queridos, con tiempo de sobra para despedirse y tranquilizarnos a todos. Estaba tan orgulloso de mi hermano mayor como cuando era pequeño. Aprendí mucho de él hasta el último momento.

Los tres hermanos en 1959
En orden de edad: Anton, Willem y Roland




domingo, 29 de noviembre de 2020

Todo va tan rápido

Hoy en día mucha gente parece ser adicta a su móvil. Yo mismo puedo decir que lo uso con moderación; sólo como un teléfono, remitente y receptor de textos, agenda, calendario, libreta de notas, despertador, reloj, cámara de fotos, cámara de película, grabadora, periódico, mapa de carreteras, diccionario, enciclopedia, pantalla de vídeo, radio, archivo de documentos, álbum de fotos, linterna, espejo, afinador para mi guitarra, dinero digital, identificador del canto de los pájaros, mapa de la ciudad, mapa de montaña, covid-radar, escáner de menús y calculadora.

Durante los primeros 45 años de mi vida, solamente tenía un teléfono fijo normal. Siempre tenía una agenda de bolsillo conmigo, donde guardé todas mis citas y números de teléfono en caso de que quisiera llamar a alguien en el trabajo o en un pub. No fue hasta que ya no era posible explicar a mis estudiantes por qué no llamaba cuando iba a llegar tarde a la escuela debido a un retraso del  tren, que decidí comprar el teléfono móvil, en aquel momento sólo adecuado para llamar y enviar mensajes de texto. Ya tenía un ordenador en ese momento. A finales de la década de 1990 no pude evitar tenerlo. Y ahora, la forma de comunicarnos, trabajar y relajarnos ha cambiado para siempre por los medios sociales. 

A veces me pregunto si para mi generación los cambios sociales y tecnológicos habían sido mayores que para la generación de mis padres. En las décadas posteriores a esos miserables años de guerra la sociedad se desarrollaba rápidamente. En nuestra familia de posguerra en este barrio nuevo en el oeste de Amsterdam hicieron su entrada la televisión, la estufa de gas, la nevera y la lavadora. La calles se llenaban de coches, la gente viajaba cada vez más al extranjero, más tarde también en avión. La manera de vivir y pensar cambiaba; hubo la revolución sexual, así como la emancipación de las mujeres y, por supuesto, la creciente laicización y la protección del estado de bienestar. Amsterdam se volvió multicultural rápidamente. Al final de sus vidas, mis padres se mudaron a esa ciudad completamente nueva llamada Almère, construida donde antes había el mar por el cual mi abuelo había navegado con su barco de velas. A veces mi madre decía, moviendo la cabeza, "Creo que el mundo entero se ha vuelto loco estos días". Esto en sí mismo fue sorprendente, porque si hubo un período en el cual el mundo entero, o al menos Europa, parecía haberse vuelto loco, fue en su juventud en los años 1930 y 1940.

Ahora hay otra ola de cambio en el camino, acelerado por el virus. Antes de abril daba casi todas mis clases de idiomas aquí en Ponferrada a los estudiantes que estaban físicamente presentes, pero ahora me he convertido en un cien por ciento online profesor de idiomas, y esto a mi edad. Creo que después de este período difícil nuestra sociedad habrá cambiado estructuralmente. Trabajaremos más desde casa, haremos aún más contacto a través de la pantalla, tal vez viajaremos menos, y daremos menos besos a desconocidos a los que te presentan (aunque este último es principalmente una cosita española). Pronto se llevará a cabo un experimento importante. Las Fiestas online con la familia. Empezamos con Sinterklaas (San Nicolás), la fiesta holandesa de 5 de ciciembre con los regalos para los niños y regalitos con poemas para los mayores. Los paquetes serán entregados por las empresas de pedidos por correo. Los poemas los leeremos por Zoom. Sinterklaas mismo, que vive en Madrid según la tradición, se puede quedar en su palacio.  

Un poema adecuado que describe los sentimientos que podemos tener frente a los cambios, ya cantábamos con el grupo de música ‘t Weiland (El Pasto) en los años ochenta. Escúchalo haciendo click en la foto. Tiene subtítulos en castellano. 



domingo, 30 de agosto de 2020

Un hogar de Jan Steen

No tengo pruebas estadísticas. Quizás mi presunción está basada en una cantidad de observaciones demasiado pequeña. Una muestra debe ser suficientemente grande, solía explicar a mis estudiantes de estadísticas empresariales en Holanda. Y también estoy comparando dos entidades muy diferentes: una ciudad mediana en una región en el noroeste de España y la capital de Holanda. Además me basa en mis contactos personales, lo que no se puede llamar una muestra representativa. Puede ser que conozco sobre todo españoles ordenados, hasta un poco pijos, y holandeses que son estudiantiles o de la cultura popular. Tampoco puedo descartar que mis prejuicios desempeñaban un papel. Pero tengo la impresión que los españoles tienen los hogares más ordenados que los holandeses.

¿Por qué pienso esto? Pues, durante mis primeros años de mi permanencia en Ponferrada daba clases de inglés a domicilio, por lo cual visité bastantes hogares. A veces se trataba de solteros, a veces de familias con uno o más niños de una pareja o una sola persona. Lo que me llamaba la atención era que muchos, no todos, llevaban un hogar absolutamente perfecto. Todo estaba exactamente en su sitio. Ni un rastro de polvo se veía. Sería posible comer en el suelo. A veces casi no me atrevía entrar en la casa, tan limpio era todo. Cuando por fin estaba sentado en la mesa tenía miedo de moverme y destrozar el orden absoluto que reinaba en la casa. 

No es que yo mismo soy en mis tareas caseras muy representativo para los holandeses. Mi hogar de soltero en Amsterdam tenía, como decirlo, una cierta reputación. La verdad es que solamente limpiaba cuando había la amenaza de una visita de familia. Esta situación duró hasta que empecé a tener relaciones con mi hoy esposa. Ya había visto su vivienda en Ponferrada cuando venía a quedarse por unos días en mi casa y algo me decía que no compartía todas mis teorías del hogar como: el polvo aumenta la resistencia física y la ducha se mantiene limpia a sí misma. El día antes de su llegada pasé no menos que dos horas enteras limpiando, la ducha sobre todo, que no había hecho mucho caso a mi teoría. 

Pero también si miro a los hogares de mis amigos o familia de Amsterdam veo una diferencia notable con los de Ponferrada. Allí siempre hay periódicos sobre el sofá, las sillas están en desorden, si tienen hijos hay juguetes que cubren todo el suelo, a veces hay una botella de vino medio vacía y unos platos sucios sobre la mesa. Aquí en Ponferrada lo veo mucho menos. Las mesas siempre están recogidas y limpias, muchas veces con unas revistas o libros elegidos con cuidado, preferiblemente sobre diseño y arquitectura de interiores, y hasta las habitaciones de los niños parecen a las de las fotos de estas revistas.

¿Y dónde me siento más cómodo yo mismo, ahora que ya vivo más de once años en Ponferrada? Lo siento, Bercianos, pero hay una teoría mía que todavía vale para mi: una casa no muy recogida es una casa acogedora. No hace falta que sea un hogar de Jan Steen*, como se dice en Holanda. Pero os ruego que cuando venga de visita, que al menos dejáis algunos periódicos sueltos en el sofá o en la mesa del salón, al lado de una taza sucia de café y un platillo con unas migas. Lo agradecería mucho. Y yo, cuando venís de visita a nuestra casa, efectivamente quitaré el polvo y pondré unas revistas con fotos de hogares ideales sobre la mesa del salón.

 *Jan Steen: pintor del siglo 17, famoso por sus hogares desordenados.



martes, 5 de mayo de 2020

La conmemoración de los muertos

Hoy es el cuatro de mayo. Todavía no he decidido lo que voy a hacer esta tarde a las ocho. Dos tradiciones chocan. Como suele pasar en la vida de un inmigrante.

¿Aplaudiré en la terraza? Lo estamos haciendo cada tarde durante las últimas siete semanas. Ya es una tradición. Es mostrar gratitud a toda la gente que sigue trabajando en estos tiempos revueltos. Pero también es un ritual para estar juntos con los vecinos. Nos saludamos con la mano y a veces tenemos cortas conversaciones encima de los aplausos y la música amplificada de las canciones de esta crisis: Resistiré, I will survive e Y Viva España. Desde hace poco podemos salir un poco más, pero esta tradición se mantiene unas semanas más, creo.

¿O voy a respetar los dos minutos de silencio? Es algo que ya he hecho toda mi vida. El cuatro de mayo a las ocho hay en Los Países Bajos dos minutos de silencio para conmemorar los caídos de la segunda guerra mundial, seguido el 5 de mayo por el día de la liberación. Algunas veces fui a las conmemoraciones oficiales. En la Plaza Dam en Amsterdam, por ejemplo. Es impresionante cuando una multitud de personas mantiene un silencio absoluto. De pronto se oye en medio de la ciudad a los mirlos cantar. También fui de vez en cuando a la conmemoración de mi barrio, De Jordaan, en un sitio donde fue proclamada la huelga de los trenes en 1941 contra las deportaciones. Allí las conmemoraciones solían ser más íntimas pero al menos tan emotivas. La mayoría de las veces conmemoré con unos minutos de silencio en casa o en el lugar donde por casualidad estuviera. Este año la Plaza Dam estará casi vacía; la conmemoración será sobre todo virtual. Espero que la tradición de dos minutos de silencio se mantenga, aunque la generación que vivía durante la guerra está desapareciendo, y también la segunda generación, a la cual pertenezco, ya se pone bastante mayor.

Muchas veces me había preguntado porque en España nunca se celebra una conmemoración de los caídos de la Guerra Civil. Pero desde que vivo aquí, conozco la respuesta. Una conmemoración de la guerra civil sería imposible, porque inmediatamente habría discusiones, reproches y acusaciones entre los de la izquierda y los de la derecha. En este sentido la guerra nunca fue superada. Hasta en las sesiones en el Congreso sobre la coronacrisis la guerra civil desempeña un papel importante.

La crispación ya era visible en las conmemoraciones separadas para las víctimas del atentado de 11-M. Y transcurrió mucho tiempo hasta que el estado español tomó una medida contra el monumento del franquismo en El Valle de los Caídos. Había muchas protestas desde el lado de la derecha. Para un guiri esto es increíble. No se puede imaginar a Merkel defendiendo un monumento para Hitler, por ejemplo. En mi opinión tendría que haber sido el gobierno de Rajoy que quitara la tumba de Franco de El Valle de los Caídos. Así Rajoy hubiera mostrado que el PP es un partido conservador que ya no tiene nada que ver con el franquismo y hubiera evitado protestas tanto de la derecha como de la izquierda. Pero todavía no era el momento adecuado.

En esta crisis la falta de unidad es más embarazosa que nunca. En la mayoría de los países casi todos los partidos apoyan las medidas de su gobierno. Aquí nada de eso. Muchos políticos parecen pensar que la coronacrisis es una campaña electoral.

Mientras tanto ya casi son las ocho.¿Sabes qué? A las ocho voy a la terraza para mis dos minutos de silencio. Después aplaudiré como un loco para compensar. En el punto medio, eso es donde quiero estar.

Plaza Dam, 4 de mayo 2020 

domingo, 11 de agosto de 2019

El viaje de Ponferrada a Amsterdam

Fragmentos de un diario de viaje (6 y 7 de junio)

14:20 el tren de Ponferrada a Vitoria

Estoy en el tren de Ponferrada a Vitoria después de la despedida de mi mujer Ana en la estación. Siempre un momento emocional aunque ya no es como antes, cuando viví en Amsterdam. Ahora es solamente para dos semanas. Hasta ahora el viaje es muy agradable. Leer, a veces escribir, a veces una mirada por la ventana. La meseta ya está seca. Una rapaz vuela encima del campo de rastrojo. Un aguilucho cenizo, creo.

15:30 el tren de Ponferrada a Vitoria
A ver si me va a gustar esta manera de viajar. Ya hace tanto tiempo que fui con tren o autocar a Holanda. Es que estoy harto de tanto volar. Vergüenza de volar, se llama hoy día. Ya no lo podemos negar. El comportamiento humano, y sobre todo de los occidentales, ha provocado un cambio climático global. Yo mismo, sobre todo desde mi emigración a España y mi necesidad de volver a Holanda al menos dos veces al año, he contribuido bastante. Además, no me gusta volar. Los aeropuertos son lugares desagradables. Y volar siempre da un poco de miedo, sobre todo el despegar y el aterrizar.

19:00 Vitoria
Vitoria es una ciudad agradable. Muchos carriles de bicis, parques verdes y espacio para peatones. Este último me convenía, porque la estación de los trenes está bastante lejos de la estación de los autobuses. Pero después de la caminata estoy aquí tranquilamente sentado en una terraza con una caña, esperando hasta el momento de coger el autobús a San Sebastián. Muy agradable tener tanto tiempo para cambiar de medio de transporte. A Vitoria tengo que volver.

22:00 San Sebastián
También en San Sebastián estoy sentado en una terraza. Y casi cae la noche. Estoy tomando un Txakoli y, desde luego, un pintxo. Así estoy todo preparado para la etapa más larga de este viaje. El autocar desde San Sebastián a Bruselas. Qué lástima que los trenes de largo trayecto son tan caros. Viajar con tren es tanto más confortable que con autobús. En el tren se sienta más cómodamente, se puede leer, de vez en cuando andar un poco. Pero el autobús era barato; tal vez me daba una reducción por tener sesenta años.

02:00 el autocar de San Sebastián a Bruselas
¡Qué comienzo más intranquilo del viaje con autobús. Un empleado de Alsa, la compañía de autobuses, hacía un rollo tremendo. A cada uno que entraba en el bus dijo en un tono de enfadado que no se podía llevar tanto equipaje de mano, incluso cuando, como in mi caso, se trataba solamente de una pequeña mochila con un libro y un neceser. Algunos pasajeros se ponían enfadados, pero me quedé estoico. Me parecía estupendo que Alsa había contratado como asistente de viaje a este hombre con problemas mentales. Tuve un susto enorme cuando el mismo hombre se sentaba detrás del volante. Aunque no conducía mal, sentí alivio cuando bajó ya antes de Burdeos. Su colega que le sustituye como chófer parece más estable, pero tiene en contra que acaba de leer sus mensajes en su móvil.

07:35 el autocar de San Sebastián a Bruselas
La parada anterior era puro romanticismo de viaje. Un restaurante feo al lado de una gasolinera en algún sitio entre Tours y Orleans. Los pasajeros que andan atontados por el restaurante vacío y ya cerrado y al final compran una botella de agua y unas nueces en una máquina. A pesar de la hora tan tarde hacía calor. Afuera, en la terraza del restaurante, los pasajeros empiezan conversaciones. Una chica me cuenta que va a trabajar como voluntaria en un campo de refugiados en Calais. ¡Una heroína! Ahora vamos a parar para un desayuno.

11:30 el autocar de Ponferrada a Bruselas
!París! Son las once de la mañana. Me gustaría hacer una foto de uno de los edificios característicos, la Torre de Eiffel si es posible, pero no pasamos por el centro. Es una foto fea de una estación de los trenes al lado de la Sena que envío a Ana.
Hubiera sido estupendo coger el Thalys, el tren de alta velocidad, desde París a Amsterdam, pero esto es impagable si no reservas con mucha antelación. Me espera otro largo trayecto en autocar hasta la llegada en Bruselas. Pues bien, leer y dormir.

17:30 el tren de Bruselas a Amsterdam
Por suerte el bus paró muy cerca de la estación Du Midi en Bruselas. Compré mi billete en la taquilla. Ya era familiar cuando pude hacerlo hablando holandés. Busqué un rato en aquella estación tan grande un sitio para sentarme a comer, pero al final me compré unos sándwiches que comí afuera en el andén. Ahora la última etapa a Amsterdam.

19:00 el tren de Bruselas a Amsterdam
Casi estoy. Afuera el paisaje de praderas que conozco tan bien. En la estación tengo que cambiar a un bus urbano y después andar a la casa de mi hermano. El viaje era largo, fatigoso tal vez, pero también bonito. No será la última vez.

Detalles técnicos del viaje
Compañía
desde
a
precio
Renfe
11: 28 Ponferrada
16:25 Vitoria
€   12,20
Alsa Bus
20:10 Vitoria
21:25 San Sebastián
€     7,00
Alsa Bus internacional
22:30 San Sebastián
14:40 Bruselas (pero por retraso a las 16:00)
€   75,00
NS (compañia de trenes holandesa)
16:50 Bruselas du Midi
19:38 Amsterdam
€   36,60


Total
€ 130,80
Desventajas
Mucho tiempo
Dormir en una silla
Cansancio
Ventajas
Leer libro y prensa internacional
Comer y beber en varios países
¡Esto es viajar!








viernes, 8 de marzo de 2019

¡Discriminación!

Ha tardado mucho pero ahora ha llegado el momento. Pertenezco a una minoría discriminada y excluida.

En Holanda a veces alardeaba de mi descendencia humilde. Por cierto, crecí en le barrio alrededor de la iglesia De Kolenkit en Amsterdam Oeste que en cierto momento fue declarado como uno de los barrios más problemáticos de Holanda. Pues bien, esto era después  de la temporada que viví allí como uno de los últimos representantes de la generación de baby boom que crecía en este barrio después de la secunda guerra mundial. Aunque no pertenecíamos a los más pobres de Holanda, éramos parte de la clase media baja.  Holanda era entonces ya un país próspero y una beca me permitía estudiar. Entonces, nunca pude utilizar mi descendencia humilde como explicación para mi no siempre tan exitosa carrera laboral, sobre todo cuando los descendentes de los inmigrantes marroquíes y turcos, que después venían a vivir en los barrios como el de mi juventud, encontraban problemas más serios que mi generación en el mundo educativo y laboral por atrasos de lengua, diferencias de cultura y discriminación.

Cuando venía a vivir en El Bierzo, ya casi hace diez años, pensé que tal vez pertenecería a una minoría excluida por ser un inmigrante, un extranjero que pronuncia el castellano con un fuerte acento de Amsterdam y sigue confundiendo las palabras femeninas y masculinas. Pero nada de esto; en general me recibieron muy amablemente. Como mucho consideraban mi acento gracioso o incluso encantador. Y muchos Bercianos estaban convencidos de que mi conocimiento de lenguas me daría oportunidades en el mercado laboral; al menos podría dar clases de inglés, alemán u holandés. Y así fue.

Pero ahora es oficial. Me discriminan. Es que cumplí en octubre 60 añitos. Aunque por las tardes doy clases particulares, todavía busco activamente un trabajo fijo en Ponferrada. Un vecino, guiri como yo, me habló de la posibilidad de trabajar como auxiliar de conversación para clases en inglés en escuelas secundarias. Por vía de la página web del ministerio de educación me inscribí.
Una funcionaria amable de la embajada española en Holanda, que parece tener la responsabilidad de la selección de auxiliares holandeses, me escribió un email en que me explicaba que no podría obtener el puesto por tener más de 60 años. La respondí que eso me extrañaba, porque todavía faltaban al menos 5 años hasta llegar a la jubilación y que eso me parecía un caso de discriminación por edad. Le pedí revisar la decisión.  No es una decisión personal, respondió, e hizo referencia a los requisitos que me enviaba como anexo. Respondí que entonces fue un caso de discriminación oficial y que iba a reclamar ante la inspección de trabajo o ante la UE. Unos días después recibí esta desestimación oficial.


Llamé al ministerio de educación en Madrid, pero allí me contestó una telefonista bastante menos amable que me explicó no era asunto del ministerio. Contesté que esto me parecía raro, porque claramente ponía el ministerio como remitente de la desestimación. La telefonista opinaba que hablara con un sesentón testarudo y se negó a pasarme con el funcionario responsable. Logró quitarme las ganas de reclamar la decisión. No me apetece nada luchar como un Don Quijote contra los molinos de viento burocráticos.

Pues bien, ahora sabéis, queridos ponferradinos, si me veis por la mañana en una terraza tomando un café con leche y leyendo el periódico, o si me veis disfrutando una caminata por El Pajariel escuchando los sonidos de los pájaros, no es que tenga tanto tiempo de ocio por falta de iniciativo o ambición. ¡Es que me discriminan!

De Kolenkit

sábado, 13 de octubre de 2018

De viaje con la pequeña maleta negra

Cuando estábamos en la estación de autobuses de Ponferrada esperando el bus a Madrid, mi mirada se fijó en nuestra pequeña maleta negra. La pequeña maleta negra que ya nos había acompañado tantas veces en nuestros viajes, a menudo como equipaje de mano porque cumplió a todos los requisitos, pero a veces como equipaje para facturar en el aeropuerto cuando queríamos traer dos mochilas, como era el caso esta vez. Nuestra gran maleta gris era fácil de reconocer, un lazo verde y además una etiqueta con nuestra dirección. La pequeña maleta negra llevaba un lazo amarillo como signo distintivo. ‘Vamos a quitar el lazo,’ propuse. Mi mujer Ana me miró con asombro. ‘Quiero evitar que alguien del manejo del equipaje en Barajas envíe nuestro equipaje a algún lejano destino exótico por pensar que somos independentistas,’expliqué. ‘¿Pero no es muy probable que pase eso, verdad?’ dijo ella. ‘Solamente se necesita un solo loco,’ respondí, mientras ya estaba desatando el lazo.

Así se ve como una lucha sobre la identidad nacional en Cataluña, con un fanatismo que asombra a un guiri, afecta la vida cotidiana de dos habitantes pacíficos de una ciudad de tamaño medio en el noroeste de España. Este lazo ya había estado allí por años y no molestaba a absolutamente nadie. Pero ahora los lazos amarillos de pronto son los símbolos de la lucha entre los separatistas catalanes, que los atan a cualquier cosa, y los en contra de la independencia, que a su vez los quitan.

En mi opinión el nacionalismo en general, no importa si sea español, catalán o holandés, no es un sentimento muy productivo. Para utilizar un eufemismo, nunca ha contribuido mucho a solucionar los problemas grandes de este tiempo como el cambio climático, las guerras o la distribución desigual de la riqueza y de las oportunidades. Pues bién, para hacer un mundial de fútbol aburrido más soportable un poco de nacionalismo puede ayudar, aunque hasta en el final de 2010 simplemente no era capaz de animar a un jugador como el holandés Mark van Bommel o abuchear a mi jugador preferido: Xavi Hernández.

La verdad es que los lazos amarillos no son tanto un símbolo a favor de la independencia sino una protesta contra el encarcelamiento de los políticos que organizaron el referéndum ilegal de hace un año. Por mi, estos políticos deberían poder esperar su proceso judicial en libertad. No utilizaban violencia y tampoco se enriquecieron. Pues bien, mi solidaridad no llega tan lejos que quiero poner en peligro la pequeña maleta negra.

Por casualidad la semana después de nuestras vacaciones, que pasaba en Holanda, Puigdemont vino a Ámsterdam, para dar un discurso y una entrevista. Consideré comprarme una entrada para este evento, porque me gustaría saber como en Holanda la prensa y el público tratan el asunto Catalán. Al final no lo hice por tener mi agenda ya tan lleno. Mi hermano Willem estaba presente, y no le gustó mucho. ‘El discurso y la entrevista eran en catalán,’ dijo, ‘por lo cual deberían ser traducidos. Un rollo.’ (AQUÍ se puede ver toda la noche temática, pero todo es en holandés y catalán)

El día después del discurso de Puigdemont compré en el aeropuerto de Holanda un periódico para leer sobre el evento durante el vuelo a Madrid. No había ningún artículo que mencionaba a Puigdemont. Parece que en Holanda no se presta mucha atención al asunto. Entonces leí el reportaje sobre el partido de Ajax contra Bayern München que ese mismo martes noche había terminado en empate.


viernes, 3 de agosto de 2018

La caminata de Ponferrada a Villar de los Barrios

Muestro en el mapa de El Bierzo a mi amigo Henny los planes para la tarde. ‘Mira, empezamos aquí en casa, cruzamos el centro histórico, vamos un rato en contra de la dirección del Camino de Santiago, pero aquí vamos a la derecha hacia Villar de los Barrios, que es absolutamente una joya. Después vamos por Salas de los Barrios a Lombillo, donde está una de las terrazas más bellas de El Bierzo. Allí tomamos una cerveza mientras esperamos hasta que Ana venga con el coche, porque transporte público no hay allí.’ ¿Y qué pájaros vamos a ver?,’ me pregunta.

Henny es mi amigo de toda la vida. Como niños de 4 años ya jugábamos juntos en la calle donde vivíamos. Juntos empezamos esta afición de los animales y pájaros en particular. Identificamos los pájaros que volaron en los jardines y parques de Ámsterdam Oeste. Y seguimos compartiendo nuestras observaciones hasta hoy día, cuando ya los dos estamos a punto de cumplir 60 años. Los últimos años nos enviamos mensajes de WhatsApp cada vez que vemos algún pájaro especial.

‘No vamos a ver oropéndolas,’ respondo, ‘porque allí no hay río ni chopos. El paisaje va a ser una mezcla de huertas, viñas y terrenos salvajes con mata. Ideal para abejarucos, la verdad.’ Ayer seguíamos el río Sil en dirección de Toral de Merayo en busca de oropéndolas. Solamente oíamos a una; ya se está acabando la temporada de su canto, parece. En cierto momento oímos otro sonido viniendo desde arriba: abejarucos. Pero no los vimos.

Estamos andando en el camino rural hacia Villar de los Barrios. Sudamos. Desde luego. Son las seis de la tarde mientras hoy es, oficialmente, el primer día de la ola de calor. Pero un guiri como Henny considera hacer una siesta a esta hora como ‘perder el día.’ Un hombre sale con la cara preocupada de su jardín y nos pregunta con fuerte acento berciano: ‘¿Os perdisteis?’ ‘No, estamos andando hacia Villar,’ respondo. Me mira con incredulidad. ‘Vivo en Ponferrada,’ continuo, como para tranquilizarle.

Vemos unos pájaros volando hacia un árbol dónde se posan. Los dos cogemos nuestros prismáticos. En silencio miramos. Los pájaros están demasiado lejos para ver los colores, pero por las siluetas parecen ser abejarucos. En cierto momento oímos el sonido tan típico. Para Henny son los primeros abejarucos de su vida. Siempre un momento especial. También para mí. Los he visto en Castilla, Andalucía, Francia e Italia, pero nunca antes en El Bierzo. Y no son pocos, además.

Estamos en Villar de los Barrios. Ya no hay bar. ‘Cerraron hace unos años,’ nos explica un hombre mayor. Una lástima. Por suerte hay una fuente en la plaza para calmar nuestra sed. Nos saluda Nicolás. Nicolás es bastante famoso en El Bierzo, como organizador del Festival del Villar de los Mundos. Ana y yo ya estuvimos varias veces en el festival, pero no me reconoce. ‘Vivo en Ponferrada,’ digo otra vez, ‘y me gusta el festival; conoces a mi mujer.’ Hablamos. Llamo a Ana para decirle que venga a Villar para recoger las botellas de vino que todavía nos esperan en la bodega de Nicolás por participar en el crowdfunding del festival del año pasado.

Cuando Ana ha llegado, entramos en la casa de Nicolás. Abrimos una de las botellas. Brindamos. Nicolás nos explica que el festival sirve para hacer su pueblo más atractivo y más conocido. Porque es una lástima que un lugar tan hermoso tiene tan pocos habitantes y tantas casas vacías. Cada año el festival tiene otro país como tema. Este año será Portugal. Próximo año un país asiático: Japón probablemente. ‘¿Y después tal vez Holanda?’ Mientras dice esto, me mira interrogativamente. ‘Me parece una idea maravillosa,’ respondo. Henny llena las copas otra vez. Brindamos. 

El video promo del Festival de Villar de los Mundos está AQUÍ

Dos guiris en Villar de los Barrios


sábado, 24 de febrero de 2018

Al cine

Estamos un fin de semana en A Coruña. Llueve. Desde luego. No se puede esperar otra cosa en febrero en Galicia. No nos importa. Es una escapada cultural. Ayer fuimos a un espectábulo de baile flamenco impresionante. Hoy vamos al cine. Consultamos en internet la cartelera de películas. ‘Ponen La Librería,’ dice Ana, ‘de Isabel Coixet.’ La miro vacilante. ‘Es una peli en inglés,’ digo, ‘ya sabes que no me gustan los doblajes.’ ‘Está en versión original,’ responde con entusiasmo. Está decidido. La librería, o mejor dicho The Bookshop, va a ser. Ponemos nuestros abrigos, cogemos el paraguas y salimos de la habitación del hotel. Con ayuda de google maps andamos en la dirección del cine.

La semana anterior vimos como La Librería ganó la Goya para la mejor película de 2017. Como en todos los países hay pocos programas más aburridos que ésta gala en la cual la gente del cine agradecen a los miembros de su familia y del equipo por su apoyo. Esta vez era un poco más interesante que normal por las referencias al movimiento MeToo y el feminismo en general. A pesar de esto, era bastante un esfuerzo ver toda la gala hasta el final, cuando entregaron el premio más importante a Coixet. Los que no contribuían nada al placer eran los humoristas que actuaron entre las entregas, porque completamente olvidaron de hacer bromas.

La verdad es que aprecio mucho el cine español. Uno de los pocos programas en la televisión pública que vemos a veces es Historia de Nuestro Cine en la 2. Es increíble la cuantidad y (aunque no siempre) la calidad de las pelis, en todo caso en comparación con el cine holandés. No sería posible hacer un programa semejante en Holanda, porque tendrían que repetir cada 5 semanas las mismas películas. Cuando todavía vivía en Holanda, aproveché cada oportunidad para ver una película española en el cine para mejorar mi castellano (siempre están en versión original en Holanda) y saber más de la cultura dl destino favorito de mis vacaciones.

Esto de aprender de la cultura de un país viendo películas no se debe exagerar, desde luego. Si ves a menudo pelis americanas puedes tener la impresión equivocada que allí la gente siempre se está persiguiendo el uno al otro con coches en alta velocidad. Si ves pelis holandesas puedes tener la ilusión que las mujeres holandesas suelen mostrar sus pechos en los momentos más inoportunos. Y si ves a menudo películas españolas puedes pensar que en los pueblos siempre hay secretos y acontecimientos terribles del pasado que dividen a las familias. Pues bien, este úlitmo puede ser menos equivocado. En todo caso, en el cine The Movies en Amsterdam en mi barrio vi las pelis de Almodóvar y Amenábar, pero sobre todo me impresionó la obra de Julio Medem. Tanto Vacas como La Ardilla Roja fortalecían mi amor por el paisaje, la cultura y la imaginación poética que ya había encontrado durante mis viajes por el norte de España.

Hablando de las pelis que ya vimos o todavía nos faltan para ver andamos por las calles mojadas de A Coruña. ¿Pero dónde está este maldito cine? Consultamos por la enésima vez google maps. Debe estar aquí cerca, pero ¿qué barrio es esto para un cine? Un peaton reconoce nuestra desesperación y pregunta si puede ayudarnos. ‘Buscamos el cine Yelmo,’ explicamos. El hombre apunta hacia el otro lado de la carretera grande, dónde todo parece estar oscuro. ‘Allí en el centro comercial está’, dice. Le damos las gracias y cruzamos la carretera. Abrimos la puerta del centro comercial y nos asalta un olor fuerte de comida rápida y el ruido de los gritos chillones de niños jugando. En los domingos lluviosos las familias utilizan el centro comercial como parque infantil cubierto y para comer pizzas y hamburguesas. Compramos los billetes y nos sentamos en la sala. En susurros digo a Ana que experiencias como éstas me hacen echar de menos mi cine de barrio en Ámsterdam. Me explica que había varios en Ponferrada. Uno muy cerca de nuestra casa, en la Avenida de América: El Hollywood. El local se vende. ¿Sería posible que lo reabren una vez? Tenemos que callar porque empieza The Bookshop, que nos lleva lejos del centro comercial, a un pueblo de los años cincuenta en la costa inglesa, dónde una mujer se tiene que afrontar a muchos problemas para abrir una librería.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Las aventuras de las gafitas de la pequeña Ana

Al final también he empezado a enviar emojis por WhatsApp. A veces es más práctico. Por ejemplo, cuando quieres terminar una conversación o cuando alguien te ha enviado un chiste soso. No encuentras las palabras adecuadas; envías una carita de sol con una sonrisa. O, como hago a menudo, un ramito de flores. Es por pura pereza. El ramito es el primer emoji que me aparece en mi móvil.
Como casi todos los hombres calvos con el alma alegre parezco un poco a un smiley. Esto era sobre todo el caso cuando llevaba unas gafitas de sol con la montura rosa con forma de dos corazones. Era, creo, antes de que el emoji con ojos o gafas con forma de corazones se ponía popular. En secreto tengo la esperanza que fuera yo el modelo. ¿Pero por qué llevé estas gafitas ridículas? Os lo explicaré.

Era hace unos años. Ya vivía en Ponferrada pero ocasionalmente volví a Holanda para trabajar en una Business School en Rotterdam como profesor de economía y estadística. Esta vez viajé con mi mujer a Salamanca el fin de semana antes de irme a Holanda, para visitar mi cuñada, su marido y nuestra sobrina Ana, que tenía entonces unos 6 años, creo. Era diciembre, pero el tiempo era agradable. Mientras mi mujer y su hermana hicieron compras, fui con la pequeña Ana al parque infantil. A pesar del invierno mi sobrina insistió en llevar sus gafitas favoritas con la montura rosa con forma de dos corazones. Ya pronto las gafitas eran una molestia cuando quería subir el aparato de trepa. Me las dio y las puse en el bolsillo de mi abrigo.

Encontré las gafitas el domingo por la mañana cuando controlé mis bolsillos antes de pasar por la aduana en Barajas. ¿Qué hacer ahora? Estuve a punto de enviar un Whatsapp mensaje a los padres para explicar todo, acompañado por un ramito de flores, pero se me ocurrió que sería más divertido enviar un selfie de mi con las gafitas sin ningun texto. Esto le haría gracia a la pequeña Ana. Después decidí hacer más selfies con las gafas en diferentes sitios durante mi estancia en Holanda. Mi inspiración era la película Amélie en la cual roban un gnomo del jardín de un hombre mayor para enviarle fotos del gnomo desde los sitios más espectaculares del mundo. El lunes después hice una foto en el tren de Rotterdam a Amsterdam. La verdad es que, trabajando y viajando entre Amsterdam y Rotterdam cada día, no estuve en tantos sitios espectaculares. Además, en diciembre Holanda oscurece muy temprano. Un amigo mío me hizo una foto cerca de la Estación Central con la famosa Torre del Llanto al fondo, pero el camera de mi móvil no era capaz de captar un escenario nocturno. En cierto momento se acabaron las aventuras de las gafitas, cuando resultaban ser demasiadas pequeñas para mi cabeza adulta. Una de las patas se rompió.

Una vez de vuelta en Ponferrada el selfie en el tren me parecía gracioso, sobre todo por el contraste entre las gafitas de niña y mi cara tan seria, que era porque hacer un selfie requería toda mi atención. Puse la foto en mi perfil en Facebook y otros medios sociales. Las reacciones de mis amigos y familia eran diversas, desde ´Qué foto más positiva´ hasta ´Que cambies pronto tu foto de perfil´. No la cambié y olvidé la existencia de la foto.

Hace unos meses me invitaron por mi sorpresa para una entrevista de empleo. Se trataba de una empresa de exportación en A Coruña que necesitaba alguien que hablaba holandés. A Coruña no está exactamente en el barrio, pero está más cerca que Rotterdam. Mi idea era que, una vez que les había convencido de que yo era el candidato soñado, podría proponer un puesto de tiempo parcial, tal vez en combinación con trabajar desde casa. La entrevista era por Skype. Me afeité y puse una camisa limpia y planchada. Hacía seguro que al fondo se mostraban los libros de economía y estadística más gordos en la biblioteca. En frente del espejo practiqué la pronunciación de las letras Z y C mostrando la lengua: ‘CCCervezzza.’ ¡No se puede dejar nada al azar! La primera pregunta era: ‘Veo una foto de un hombre con la cara muy seria que lleva unas gafitas de sol con una montura rosa en forma de dos corazones. ¿Es usted?’

Después de la entrevista nunca más he oído nada de esta empresa.

Las gafitas en Amsterdam; al fondo la Torre del Llanto

Las gafitas cerca de Leiden



viernes, 25 de agosto de 2017

La Font de Canaletes

En la lista de las ciudades donde me siento en casa Barcelona ocupaba por muchos años la secunda posición. Siento tener que informar a los catalanes que en los últimos años Barcelona bajó a la tercera posición, ahora que Ponferrada lucha con Amsterdam por ser el número uno.

De mi primer viaje a España Barcelona era el destino. ¡Qué ciudad! Era 1982. Por horas pude errar por los barrios antiguos del centro, el Barrio Chino y el Barrio Gótico. Pero también descubrí la atracción del barrio cuadrado, como yo y mis amigos de Amsterdam lo llamábamos. El barrio con los edificios modernistas, con terrazas al borde de las calles tan anchas y rectas dónde la gente estaba tranquilamente tomando sus desayunos y bebidas al lado del tráfico que pasaba zumbando. Nuestros amigos catalanes nos mostraron los sitios que entonces todavía eran pocos conocidos. El barrio de Gràcia, de lo cual recuerdo este restaurante tan popular llamado El Glop para comer butifarra. O el teatro decadente llamado La Bohemia con artistas ya un poco o bastante mayores, muchos de ellos travestitos (véase el documental Yo soy así). En la Sala de Ball La Paloma bailamos sobre la música de una gran orquesta y tuve un susto cuando llamaron por altavoz mi nombre. Era mi cumpliaños. Y esto en medio del verano; no lo sabía. El Cava no sabía menos rico por eso.

Una vez de vuelta en Amsterdam probaba mejorar mi capacidad lectora del castellano con novelas españoles que estaban situados en Barcelona. Leí Nada de Carmen Laforet con el diccionario a mi lado sobre el sofá y el mapa de Barcelona en el suelo para poder seguir la caminata de la protagonista Andrea por la ciudad. Me impresionaban los libros La Ciudad de los Prodigios de Eduardo Mendoza y Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé.

Por muchos años visité frecuentamente la ciudad. Y volveré. Debe ser así. Nuestros amigos catalanes nos llevaron a la fuente en Las Ramblas, La Font de Canaletes, y nos explicaron que quién bebe el agua vuelve a Barcelona. Tomé tantos tragos como pude para asegurarme de muchas visitas a esta ciudad tan hermosa, intensa, vivaz y loca. Era justamente allí, dónde está la fuente, cerca de la Plaza Catalunya, dónde la semana pasada un joven muselman, lleno de odio contra todo lo que significa Barcelona, condujo una furgoneta sobre Las Ramblas. El resultado: trece muertos, muchos heridos, miedo, odio.

Desde luego había reacciones fuertes, sobre todo en los medios sociales. También en España hay los que quieren culpar a grandes grupos de la población por los crímenes de unos individuos. Desde luego había los de la derecha y españoles nacionalistas que querrían culpar a la alcaldesa Ada Colau, porque no había obstrucciones para proteger Las Ramblas. Había los de la izquierda y catalanes nacionalistas que querrían culpar al rey porque había estado de visita oficial en Arabia Saudí. Hasta un ataque terrorista como este se utiliza como un instrumento político, sobre todo ahora, cuando las mentes están tan divididas por las aspiraciones de independencia de Catalunya.

Pero la mayoría de las reacciones que vi me daban esperanza y me sentía orgulloso de mi tercera ciudad. ‘No tenim por’ (no tenemos miedo) escandió la gente en la calle después de un homenaje a las víctimas. Muchos habitantes enfatizaban que Barcelona era una ciudad polifacética, abierta y mundial donde no hay sitio para el odio ni la intolerancia. También los musulmanes de Barcelona se manifestaron en contra del ataque terrorista.

Te vuelvo a visitar pronto, Barcelona, ya hace demasiado tiempo, y apagaré mi sed en La Font de Canaletes.


viernes, 28 de abril de 2017

De viaje con mi tío

No era solamente mi tío. Tío Jaap (pronuncia como Yap) era un amigo y en cierto sentido mi ejemplo. Todavía tengo y utilizo la guía de aves que me dió cuando cumplí diez años, porque yo parecía haber mostrado algún interés en conocer los nombres de los pájaros en los parques de Ámsterdam. Así era tío Jaap; era el miembro de  la familia que nos estimuló a estudiar, leer y viajar. 

A mis padres no les gustaba viajar y menos al extranjero. Mi madre había estado una vez en Bélgica cuando todavía vivía en el barco de mi abuelo y mi padre había pasado un tiempo muy duro como trabajador forzado en Alemania durante la segunda guerra mundial. Desde entonces los bosques en el este de nuestro pequeño país ya estaban suficientemente lejos para mis padres. Era mi tío Jaap quien traía de sus viajes de vez en cuando un pedacito del extranjero a nuestra casa. Nunca olvidaré una cierta noche de San Nicolás, la fiesta de 5 de diciembre cuando es costumbre dar regalos anónimos unos a otros, muchas veces de burla o con un poema. Esta vez mi madre abrió un regalo para ella que contenía una extraña substancia blanca. Yo, cómo chico de 12 años dije: ‘Quizás está un regalito escondido dentro, mama.’ Mi madre empezó a hurgar la substancia hasta que mi tío se despertó de sus pensamientos y gritó: ‘¡Es queso francés!’ 

En el año 1976, cuando tuve 17 años, mi tío opinaba que mi hermano mayor y yo necesitábamos ver más del mundo. Nos llevó con su coche a Francia. Para nosotros era el primer viaje al extranjero. Un mundo se abrió. Tío Jaap nos enseñó como pedir en francés comida, bebidas y la cuenta, tradujo los menús con tantas platos desconocidas y nos explicó el orden en el cual teníamos que comer los quesos franceses de postre: desde suave de sabor hacia más fuerte terminando con el roquefort. Nos enseñó el placer que puede dar el viajar. El pueblo dónde nos quedábamos en el camping municipal se llamaba Salles Curan; me gustaría volver allí una vez; a ver si todavía existe aquella panadería con la tarta de ciruelas.
En Francia en 1976
Muchos años más tarde, en 2001, era yo quien llevaba a mi tío de viaje. Fuimos a China, Beijing. Tió Jaap ya era un poco mayor, casi 71, pero disfrutó del viaje y estaba completamente abierto para esta aventura en esta cultura tan ajena a la nuestra (en la cual nos ayudaba mucho mi amiga Marike, que ya vivía allí desde hacía muchos años). Desde luego visitamos la Gran Muralla y los templos y palacios. Nos reímos mucho cuando alquilamos  en la Ciudad Prohibida unos auriculares con un audio tour en inglés con la voz de Roger Moore. ¡James Bond explicando la cultura china!

En China en 2001
El último viaje que hicimos juntos que quiero recordar aquí fue a El Bierzo. Todavía no vivía aquí, pero lo estuve considerando y pasé todas mis vacaciones en Ponferrada. Sentí la necesidad de oír la opinión de tío Jaap; de tener su aprobación.  A mi mujer Ana ya la conocía: en los años ochenta cuando Ana y yo éramos solamente buenos amigos ya habíamos cenado en la casa de tío Jaap. Desde entonces de vez en cuando me daba el consejo: ‘Si una vez puedes empezar algo con aquella chica española, Roland, hazlo.’

Le llevamos a Las Medulas, desde luego, porque a él, como profesor de historia, le gustaría esta explotación minera de oro romana. Visitamos los puebles más emblemáticos de El Bierzo como Villafranca, Peñalba de Santiago y Molinaseca. En este último pueblo fuimos a nadar en el río aunque el agua era un poquitín demasiado fría para mí tío y las piedras en el río eran demasiadas duras e irregulares para sus viejos pies. Comimos en El Palacio de Canedo y era allí dónde mi tío dijo: ‘Este es el mejor entrecote de mi vida’. Cuando unos días después en la casa de mis suegros probó con mucho gusto el temido botillo berciano, todo era claro: mi tío aprobó al giro que tomará mi vida.
En El Bierzo en 2007

Mi tío murió el jueves 13 de abril en un hospital en Ámsterdam en presencia de mi hermano Willem, su mujer Els, mi mujer Ana y yo.
Su muerte deja un gran hueco en nuestras vidas; por suerte nos quedan los recuerdos tan bonitos.

martes, 30 de septiembre de 2014

Naturaleza construida

Estoy en la casa de mi tío en Osdorp, un barrio al oeste de Ámsterdam. Cuando miro por la ventana hacia afuera veo que hay obras al otro lado del estanque. Desmontan las orillas y en el medio del estanque una pequeña grúa que se tambalea sobre un barquito coloca postes en el barro del fondo del estanque. Ayer fui a leer el cartel que habían puesto para explicar las obras. ‘Aquí Ámsterdam trabaja en la construcción de orillas naturales’ ponía. La idea es que a las ranas, serpientes y aves les gustan más orillas graduales con caña y plantas. Naturaleza construida. Como casi todo en Holanda está construido. Holanda parece a veces un gran jardín. Cuando en algún sitio desaparece naturaleza por un proyecto urbanístico, en otro sitio se construye ‘naturaleza de compensación’. Con orillas desmoronadas, desde luego, y con unos bóvidos primitivos que parecen ser imprescindibles en un parque natural holandés.

La verdad es que la fauna en Holanda está presente de una manera abundante. Cuando miro desde la butaca de mi tío por la ventana veo al menos unas decenas de aves de los cuales muchos ornitólogos españoles se pondrían celosos. En el parque al otro lado casi es imposible andar sin pisar un conejo. Pescadores vienen desde Inglaterra aquí para pescar las carpas grandes que viven en el lago. Una vez, cuando estaba guiando unos turistas por bici en las dunas de Holanda, vi un zorro. Paré para indicar a los turistas esta observación interesante. El zorro venía a nosotros para mendigar comida. Esto es la naturaleza en Holanda.

¡Qué diferencia con El Bierzo! Alrededor de Ponferrada el paisaje es desordenado. La ciudad no tiene una frontera clara, como en Holanda. Lentamente la urbanización cambia en un paisaje salvaje. En caminatas de pie o bicicleta de la montaña de pronto se puede encontrar un basurero ilegal. En puntos con vista sobre el valle que son accesibles por los coches el suelo está sembrado de latas y condones; es dónde la juventud va para una noche romántica. Alejándose más de la ciudad, el paisaje se pone más vacío. Muchas zarzas, brezales, pinos plantados y bosques naturales de encina o roble. Allí viven muchos animales salvajes. Jabalís, corzos, zorros, una vez vimos un tejón. Más allá en la montaña hay osos y lobos. Curioso que tantos animales parecen poder sobrevivir a las cacerías del otoño. La naturaleza en El Bierzo casi no está protegida. Lo que hay abundante no se necesita mantener de una manera forzada. No hay cercos alrededor de los bosques. Se caza los animales; se recoge las setas y las frutas del bosque. En los caminos se hace motociclismo. Un bosque de álamos donde el año pasado oí cantar las oropéndolas este año está talado. El los veranos largos y secos siempre hay algún idiota que, por su placer, pone fuego a la montaña.

La naturaleza del Bierzo es para utilizar. Ya desde siempre. Los romanos ya extraían oro y por eso hacían casi desaparecer a un monte. Las ruinas de este monte y los canales ahora es el monumento cultural más importante de la región. Durante una excursión con la bici entre Molinaseca y Bembibre me perdí y llegué en una cantera de carbón. Un hueco negro en medio de la naturaleza tan verde. No obstante era fascinante y hermoso. Sobre los montes hay muchas turbinas eólicas, la manera moderna de extraer energía de la naturaleza. Había discusiones feroces entre los que quieren proteger la naturaleza y los que están en favor de energía renovable, normalmente aliados, sobre el impacto de las turbinas en el hábitat de los urogallos. En España también crece la conciencia que se debe proteger la naturaleza aunque sea tan abundante.

Miro otra vez por la ventana para ver que tal van las obras de las orillas naturales. Los somormujos, pollas de agua, fochas comunes, porrones moñudos, garzas reales y cormoranes parecen esperar pacientemente hasta por fin estas obras que disturban tanto la tranquilidad se acaben.

Escrito en diciembre 2012

Estoy de vuelta en la casa de mi tío. La naturaleza construida de la isla artificial florece. Y también la calidad de la foto de mi nuevo móvil es un poquetín mejor. ¡Viva el progreso!

Septiembre 2014
 diciembre 2012
  
septiembre 2014




lunes, 4 de febrero de 2013

Mi carrera de cantante


De pequeño ya quería ser cantante. Eran los años sesenta del siglo pasado. Mi hermano mayor tenía algunos discos de los Beatles y también en la radio se oía mucho las canciones del grupo inglés. Sin entender nada del contenido murmuraba los textos cuando sonaban las canciones. Un día el gran momento había llegado. Cogí el sacudidor de alfombras de mi madre y salí a la calle. Ya había elegido el sitio. Al principio de la calle, cerca del canal, había una boca de agua donde los bomberos pueden enchufar la manguera en caso de fuego. La boca sería mi micrófono. Cogí el sacudidor como si fuera una guitara, miré una última vez a los dos bloques de casas a ambos lados de la calle donde me imaginaba tribunas llenas de público y empecé mi concierto. Espero que sonaba un poco como ‘She loves you, yeah, yeay.' Quizás también di una imitación de ‘Help, I need somebody’. Para mi sorpresa de veras atraía público. En los balcones de las casas aparecían vecinos para ver porque este chiquito de unos seis años estaba gritando en la calle con un sacudidor de alfombras en sus manos.

Creo que di algunas actuaciones simulares. Después la timidez ganó al entusiasmo infantil. Solo en mi habitación unía mi voz a la de Lennon y McCartney. Más tarde en mi vida también canté con mis propios discos: The Who, Pink Floyd, Yes, si, hasta Frank Zappa. No sonaba nada mal, en mi opinión. Cuando tenía unos diecinueve años compré una guitara y me aprendí los acordes. Los Beatles volvieron a mi repertorio. A veces sorprendía a un amigo o familiar con una interpretación de una canción. La mayoría de las veces esto resultó en miradas evasivas. Pocas veces alguien dijo: ‘Vale, ya aprendiste a tocar la guitara bien, ¿verdad?’ Solamente unos pocos me dijeron sin rodeos: ‘¡Hombre, cantas completamente fuera del tono!’ Grabé una canción en mi casete y después lo podía oír también. Mi camino hacia la fama estaría sembrado de espinas.

En los años ochenta creábamos con unos amigos un grupo de música. Se llamaba ´t Weiland, La Pradera, con canciones alegres en holandés, lo que era completamente afuera de la moda en aquel período de Punk y New Wave. Algunas veces probé a cantar la segunda o tercera voz hasta mis amigos me avisaron con insistencia de dejarlo. Solamente una canción era para mí. Normalmente era la última de la actuación. No fritura, se llamaba, lo que era un juego de palabras con No Future, el lema sombrío de la juventud de entonces. En el número algunos borrachos entran en un snackbar y piden, patatas fritas y croquetas, aunque ya es la hora de cierre. Yo soy el empleado. Me enfado y canto en gritos: ‘¡No fritura! ¡Entonces no patatas! ¡No, tampoco hay croquetas! ¡Ya estamos cerrados!’ Solamente para eso valían mis capacidades vocales: para dar un toque cómico al concierto.

Cuando me instalé definitivamente en Ponferrada compré una guitara acústica. No hay nada más relajante que puntear la guitara. A veces canté. Lentamente se formó una canción llena de nostalgia y anhelo. Cuando la canté para Ana, vi aparecer unas lágrimas en sus ojos. Entusiasmado hice un videoclip y lo puse en Youtube. La gente de Estado Público.com, un medio de comunicación online, descubrió por casualidad mi blog Opiniones de un guiri. Para mi asombro no solamente querían publicar mis blogs, sino también mi videoclip. Mi carrera como cantante había llegado a su etapa decisiva.

Ahora a ver cuándo llegará el momento de mi triunfo. Por vía del Festival de Eurovisión, tal vez. Como representante de España o de Holanda, esto no me importa tanto; mis pasodobles tienen casi la misma cualidad que mis baladas holandesas. En todo caso, cuando llegue el momento de la entrega de los premios, mis agradecimientos serán para todas las personas que habían contribuido en la realización de mi sueño: todos los colaboradores de Estado Público.com por su buen criterio musical, mi mujer Ana por su apoyo incondicional, mis camaradas del grupo La Pradera por la colaboración creativa, y mi madre por su sacudidor de alfombras.

Para ver el videoclip en Estado Público.com, haz click AQUÍ

't Weiland (La Pradera) en los ochenta

sábado, 29 de septiembre de 2012

ZARA MAN


Es un sábado en septiembre en Ámsterdam. Estoy poniendo mi ropa de fútbol en mi bolsa. Estoy en Holanda para trabajar, pero desde luego aprovecho la oportunidad para jugar un partido con mi viejo equipo. A ver. ¿Cómo era? Pantalón corto, camiseta, espinilleras, zapatos, calcetines, toalla y un slip fresco. Esto debe ser todo. Nada puede evitar un partido espléndido. El tiempo en todo caso es maravilloso. ¡Un momentito! ¡Esto no debo hacer! Con alivio saco el slip de la marca Zara de mi bolsa de deporte y pongo otro de una marca desconocida que una vez compré en el mercado de Ponferrada.

El slip no es mi único vestido de la cadena de Zara. Tengo por ejemplo un bonito jersey roso, un pantalón negro más o menos pijo para trabajar y una camiseta de rayos marón y blanco. Son vestidos bastante estilosos que compré por un precio más que razonable durante las rebajas en Ponferrada. La diferencia en precio entre las rebajas y los otros meses es tan considerable que sería un ladrón de mi propia cartera si comprara ropa afuera de los meses baratos. Y gracias a mi fija consejera de vestuario tengo hoy día un guardarropa lleno de prendas adecuadas para cualquiera ocasión. Por cierto, el slip de Zara hoy no voy a llevar.

No, no es que tengo miedo de críticos sociales de mis camaradas del fútbol. Quizás ni siquiera conozcan a Zara. En España siempre hay mucha crítica desde el lado izquierdo a la compañía gallega. Parcialmente es la envidia que gente con éxito o dinero siempre provoca. Hasta chicos laborosos como Messi y Cristiano Ronaldo no saben escapar de estas críticas. Yo mismo no pertenezco a los que piensan que sea ridícula que alguien gane mucho dinero. Si, por ejemplo, me ofrecieran mucho dinero para poder publicar mi blog, vale, no creo que tendría mucha duda en aceptar la oferta. Porque no molesta a nadie. Al contrario, por vía de impuestos contribuiría a educación para todos y mejoramiento de la infraestructura. Estaría bien, ¿verdad?

Pero también hay una crítica más fundamental sobre Zara. La producción lo hacen por gran parte en países dónde los derechos laborales casi no existen. La compañía está acusada de utilizar trabajo de niños. Una vez he buscado en la página web de Zara para ver lo que dicen ellos mismos de este asunto. No obreros de menos de 16 años, es lo que mantienen. ¿Pero eso es verdad? ¿Y que tal las otras marcas? ¿Son mejores? ¿Estos slips del mercado tan baratos, por ejemplo? Tener ideales y respectarlos a veces sale caro.

Que no quiero llevar hoy mi slip no tiene que ver con las circunstancias laborales. Se trata de las letras que están escrito bastante grande en el cinturón del slip: ZARA MAN. Mi viejo equipo ya juega en la competición de los veteranos, pero esto no significa que han perdido un sentido de humor que es casi infantil. Si vieran el texto estoy seguro que gritarían en coro: ‘Is it a bird? Is it a plane? No, it is ZARA MAN!’ (¿Es un ave? ¿Es un avión? ¡No, es ZARA MAN!). Yo lo haría en todo caso. Pero esto no significa que quiero ser la víctima de este tipo de humor.

Es lunes. Con las piernas todavía tiesas por el partido de sábado que desde luego perdimos estoy explicando a una clase de estudiantes el funcionamiento del mecanismo de oferta y demanda. En la pausa unas chicas chinas vienen a mí. Quieren saber si es verdad que vivo en España. Que si. ¿Y el tiempo allí es tanto mejor que en Holanda? Desde luego. ¿Sería fácil encontrar trabajo en España una vez que terminaban sus estudios? Que no, no sería fácil. Una chica sabe una empresa por la cual le gustaría trabajar. Zara. Les cuento que yo también compro mucha ropa de esta compañía. Dudo un momento antes de dejar caer mi pantalón justamente suficiente para mostrar el texto. El resultado es unas risitas. Pero a ninguna de ellas ocurre decir: ‘Is it a bird? Is it a plane? No, it is ZARA MAN.’