martes, 5 de mayo de 2020

La conmemoración de los muertos

Hoy es el cuatro de mayo. Todavía no he decidido lo que voy a hacer esta tarde a las ocho. Dos tradiciones chocan. Como suele pasar en la vida de un inmigrante.

¿Aplaudiré en la terraza? Lo estamos haciendo cada tarde durante las últimas siete semanas. Ya es una tradición. Es mostrar gratitud a toda la gente que sigue trabajando en estos tiempos revueltos. Pero también es un ritual para estar juntos con los vecinos. Nos saludamos con la mano y a veces tenemos cortas conversaciones encima de los aplausos y la música amplificada de las canciones de esta crisis: Resistiré, I will survive e Y Viva España. Desde hace poco podemos salir un poco más, pero esta tradición se mantiene unas semanas más, creo.

¿O voy a respetar los dos minutos de silencio? Es algo que ya he hecho toda mi vida. El cuatro de mayo a las ocho hay en Los Países Bajos dos minutos de silencio para conmemorar los caídos de la segunda guerra mundial, seguido el 5 de mayo por el día de la liberación. Algunas veces fui a las conmemoraciones oficiales. En la Plaza Dam en Amsterdam, por ejemplo. Es impresionante cuando una multitud de personas mantiene un silencio absoluto. De pronto se oye en medio de la ciudad a los mirlos cantar. También fui de vez en cuando a la conmemoración de mi barrio, De Jordaan, en un sitio donde fue proclamada la huelga de los trenes en 1941 contra las deportaciones. Allí las conmemoraciones solían ser más íntimas pero al menos tan emotivas. La mayoría de las veces conmemoré con unos minutos de silencio en casa o en el lugar donde por casualidad estuviera. Este año la Plaza Dam estará casi vacía; la conmemoración será sobre todo virtual. Espero que la tradición de dos minutos de silencio se mantenga, aunque la generación que vivía durante la guerra está desapareciendo, y también la segunda generación, a la cual pertenezco, ya se pone bastante mayor.

Muchas veces me había preguntado porque en España nunca se celebra una conmemoración de los caídos de la Guerra Civil. Pero desde que vivo aquí, conozco la respuesta. Una conmemoración de la guerra civil sería imposible, porque inmediatamente habría discusiones, reproches y acusaciones entre los de la izquierda y los de la derecha. En este sentido la guerra nunca fue superada. Hasta en las sesiones en el Congreso sobre la coronacrisis la guerra civil desempeña un papel importante.

La crispación ya era visible en las conmemoraciones separadas para las víctimas del atentado de 11-M. Y transcurrió mucho tiempo hasta que el estado español tomó una medida contra el monumento del franquismo en El Valle de los Caídos. Había muchas protestas desde el lado de la derecha. Para un guiri esto es increíble. No se puede imaginar a Merkel defendiendo un monumento para Hitler, por ejemplo. En mi opinión tendría que haber sido el gobierno de Rajoy que quitara la tumba de Franco de El Valle de los Caídos. Así Rajoy hubiera mostrado que el PP es un partido conservador que ya no tiene nada que ver con el franquismo y hubiera evitado protestas tanto de la derecha como de la izquierda. Pero todavía no era el momento adecuado.

En esta crisis la falta de unidad es más embarazosa que nunca. En la mayoría de los países casi todos los partidos apoyan las medidas de su gobierno. Aquí nada de eso. Muchos políticos parecen pensar que la coronacrisis es una campaña electoral.

Mientras tanto ya casi son las ocho.¿Sabes qué? A las ocho voy a la terraza para mis dos minutos de silencio. Después aplaudiré como un loco para compensar. En el punto medio, eso es donde quiero estar.

Plaza Dam, 4 de mayo 2020 

jueves, 30 de abril de 2020

Amanecer

El canto del mirlo me despierta. ¿Esto ya ocurría de vez en cuando antes del confinamiento? No lo creo. No se le ocurriría a la pareja de mirlos nidificar abajo en la calle. Había demasiada gente que iba desde muy pronto por la mañana hasta muy tarde en la noche a sus obligaciones y sus diversiones, la mayoría de las cuales ahora oficialmente son declaradas no esenciales. También es posible que los mirlos ya siempre criaban allí abajo, pero que los sonidos matinales de los vecinos con obligaciones tempranas cubría el canto del mirlo macho.

‘Tengo que evitar que voy a apreciar el confinamiento demasiado,’ pienso, mientras pongo el café en la máquina. Por la ventana de la cocina veo como el amanecer poco a poco devuelve a la montaña sus colores. Ahora debe ser maravilloso allí arriba. Un ligero resplandor morado revela que en los Montes Aquilianos el brezo ya lleva flor. Y en El Pajariel los animales deben celebrar una fiesta, así sin gente. De pronto suena el despertador de mi móvil. Con un cierto orgullo que esta vez derroté a la máquina, lo apago. El silencio puede ser tan hermoso. Abajo, el mirlo tiene otra opinión.

En lo que queda del día dependo de los aparatos modernos. Esta mañana tengo una clase temprana por Skype. Durante las últimos siete semanas solamente he trabajado online y la verdad es que también este aspecto de la coronacrisis me gusta bastante. Casi cada mañana doy clase a un chino que vive en La Haya y tiene que hacer un examen de integración, que sobre todo se trata de la lengua neerlandesa. A menudo termino la clase preguntándole que va a hacer este día. ‘Voy a correr en el parque,’ siempre contesta. No estoy seguro si es verdad o si lo dice porque sabe que esta frase no contiene ningún error. En todo caso me da cierta envidia. Aquí correr o dar un paseo todavía está prohibido. Pero hoy le voy a contestar: ‘Quizás voy a hacer lo mismo el sábado.’ Será casi extraño poder caminar sin bolsa de compras en la mano.

Mientras tanto, Ana también se ha despertado. ‘¿Todavía hay café?’, me pregunta con cara de sueño. Sin decir nada echo el café en su tasa. Ana también tiene que trabajar desde casa. Tenemos días agradables juntos, cada uno con sus tareas, pero con suficiente tiempo para un cafetín y una charla, lo que a veces resulta en cosas bonitas. El ligero aburrimiento del confinamiento estimula la creatividad. Cada sábado gastamos bastante tiempo en elegir la música para nuestra Zoom Fiesta para bailar con los amigos, para verlos y para mover el culo. Y participamos en Lecturas desde el confinamiento, el iniciativo estupendo de nuestro vecino Vecino (efectivamente su apellido es así) y grabábamos una lectura de un fragmento de La Cándida Eréndira de García Márquez (aquí). Para la página de Facebook de Camino Artivista grabamos un poema de García Lorca con música de guitara: Pequeño vals vienés (aquí). Y espero que los vecinos me perdonen las canciones que grababa en la terraza, como No me aburro. Una cosa, vecinos, si a veces suena como si canto un poco fuera de tono, eso es porque este mirlo abajo chilla todo el tiempo y las campanas tampoco están afinadas.

¿Cómo será la vida cuando se acaba todo esto? ¿La gente irán a las oficinas en vez de trabajar desde casa? ¿Continuaremos nosotros mismos con nuestros pequeños proyectos creativos sin pretensiones? ¿Seguirá Ponferrada siendo tan tranquila y limpia? ¿Volverá el mirlo cada año para cantar? Mientras desayunamos, estas son las cuestiones de las cuales hablamos.


domingo, 29 de marzo de 2020

Wopke

Otra vez un ministro de hacienda de los Países Bajos hizo la vida de un guiri neerlandés más dificil con un comentario tonto en un momento delicado. Esta vez el ministro se llama Wopke Hoekstra (se pronuncia como hukstra). Ahora, que en la UE todos los países tienen que ponerse de acuerdo sobre un paquete de medidas para suavizar los efectos de la crisis económica, que sin ninguna duda nos espera, Wopke lo consideraba necesario decir que la Comisión de la UE tenía que hacer un informe sobre las razones por las cuales algunos países han construido reservas financieras (como los Países Bajos y Alemania) y otros no (como Italia y España).  No era exactamente el momento adecuado para abrir esta discusión, ahora que muchos países han paralizado su economía completamente y se necesita unos estímulos fiscales de la economía inmediatamente, por ejemplo financiados por eurobonos  (que son bonos emitidos por la UE para evitar especulación contra los bonos de algunos países como ocurrió en la última crisis). Quizás el comentario de Wopke estaba dirigido sobre todo al consumo en los Países Bajos, donde los partidos de la derecha del gobierno neerlandés (él es de los demócratas cristianos) sienten el aliento de los populistas en la nuca, pero para llegar a un acuerdo europeo era muy contraproducente. Vale, si sirve para algo será para disminuir la crispación política en España porque ahora hay un enemigo en común.

A mí me parecen los ‘coronabonos’ una necesitad en el corto plazo porque algunos países, Italia y España sobre todo, necesitan una manera de financiar sus gastos para salvar sus sistemas sanitarios y económicas, sin tener que pagar una tasa de interés alta. Por cierto, también en el largo plazo estoy en favor de los eurobonos como manera de financiar los déficits públicos de los estados europeos, aunque sobre este tema sí tenemos primero que hacer una investigación sobre las consecuencias. Y efectivamente, en el largo plazo tenemos que averiguar porque algunos estados europeos tienen más reservas financieras que otros, o sea, porque hay tantas diferencias en niveles de desempleo, déficits públicos  y productividad entre el norte y el sur de la UE. Es una cuestión importantísima para mañana, pero para hoy, lo primero que tenemos que hacer es buscar una manera de salir de la crisis todos juntos. Ya.


lunes, 23 de marzo de 2020

Amor en tiempos de covid-19

Nosotros también lo hacemos. Cada tarde a las 8 vamos a nuestra terraza para aplaudir. Una vez cantamos la canción Resistiré, vale, mi mujer la cantó y yo toqué la guitara. La verdad es que es agradable hacer estas cosas, como muestra de solidaridad con la gente trabajando en la sanidad, el transporte, las tiendas u otros sectores de importancia. Nos da la sensación de pertenecer a ésta amplia parte de la población de Ponferrada, El Bierzo, España, Europa y el mundo que quiere hacer lo que sea necesario para evitar un desastre sanitario, que es quedarnos en casa.

Dese luego hablamos mucho del virus. Estamos todo el día juntos en casa, mi mujer Ana y yo, pues ya sabemos exactamente lo que la otra persona hace y ha hecho. La única caminata posible es hacia el supermercado, pero conversaciones largas sobre este tema ya no tenemos, ahora que estamos acostumbrados a las colas largas afuera de las tiendas. Incluso el papel higiénico no es un tema; ya hay suficiente en los estantes y los peores días de acaparar se acabaron.

Entonces, un tema importante de la conversación durante la cena o la comida es lo que hemos leído en los medios sociales y los periódicos digitales. Lo que muestra esta crisis otra vez, es que nosotros, la gente de este mundo, a pesar de la diversidad cultural y política, nos parecemos mucho. Pero no todo el mundo es capaz de olvidar las diferencias de opinión en tiempos de covina-19. Aunque cada vez hay menos personas que niegan el problema, hay, desde luego, los compatriotas indignados que quieren dar la culpa a los otros, que pueden ser los inmigrantes, los capitalistas, las feministas, los neoliberales, los servicios secretos de China, los servicios secretos del EEUU, el gobierno actual, el gobierno anterior, el rey de España, Pablo Iglesias o Batman.
La crispación política parece en España más presente que en los Países Bajos*, como muestran las discusiones feroces entre el gobierno de Madrid y el gobierno central. Una cacerolada como hubo aquí cuando habló el rey en la televisión sería en los Países Bajos inconcebible en tiempos de covid-19.

Lo que a veces me da envidia son los mensajes y las fotos que mis amigos neerlandeses me envían. Aunque allí cerraron los sitios de ocio y las escuelas, todavía no hay un ‘lock down’ completo. Las autoridades médicas neerlandesas piensan que si todo el mundo se quede en casa y casi nadie se contagie, nunca se creerá una inmunidad del grupo, que en el futuro debe proteger a todos. Por eso, el primer domingo de la primavera mis amigos estaban afuera, caminando, o yendo con bici, disfrutando el buen tiempo. Desde luego los neerlandeses deberían mantener una distancia el uno al otro, pero no siempre todos lo hacían. A veces los humanos nos parecemos a las ovejas. Siempre vamos donde los otros van. Sin la disciplina de mantener las distancias allí también tendrán que imponer medidas más drásticas.

La gran pregunta es: ¿qué pasará después de la crisis sanitaria? Espero que esta vez la crisis no da alas al radicalismo o nacionalismo como tantas veces pasaba en la historia. Unidas tenemos que buscar soluciones sanitarias y para la crisis económica que sin ninguna duda nos espera. Hay mucho para hacer y tenemos que hacerlo en colaboración. Tenemos que compartir experiencia, conocimiento y riqueza. Con solidaridad. Y con amor.

PS Justamente el 23 de marzo, cuando publiqué esta entrada, los Países Bajos entraron en un casi lock down. Todavía se puede ir por un paseo, pero debe ser solito (o con tu hijo o perro).

*Ya no se habla de Holanda, que es la parte del oeste del país, sino de los Países Bajos. En vez de holandés utilizaré neerlandés.


domingo, 15 de marzo de 2020

Pensamientos pandémicos en El Pajariel

Es el viernes trece. Hoy han proclamado la pandemia. Por eso decidí hacer esta caminata tan pronto por la mañana. Pues, los murciélagos ya han ido a sus camitas, mientras la mayoría de los humanos todavía están en cama o tomando el desayuno. La probabilidad de un contagio es mínima. Además, con mis 61 añitos ya empiezo a ser un miembro de un grupo de riesgo. Nada mejor para mantener los pulmones sanos que subir una montaña. Todavía no hay absolutamente nadie. Aquí abajo al lado del río Sil solamente pían los pajaritos. Reconozco el verdecillo y el ruiseñor bastardo, que son en Holanda bastante raros, pero que aquí en El Bierzo se hacen cargo de la música de fondo primaveral. Por suerte la naturaleza nunca se cierra, haya o no haya una pandemia.

Lentamente subo El Pajariel por la pista. Ya tengo una vista maravillosa sobre El Bierzo bajo. Como tantas veces hay una ligera niebla de humedad y contaminación encima del valle. A ver si todas las medidas contra el virus van a tener un efecto positivo sobre la calidad del aire y las emisiones de CO2. Parece que la economía se va a parar por unas semanas. No tenemos que olvidar esta otra crisis: la del cambio climático. Los últimos días eran bastante calurosos. Hoy también. La flor de los almendros ya ha pasado su momento supremo, parece.

Tal vez una de las consecuencias de la pandemia será que la gente se acostumbra a trabajar desde casa. Yo mismo ya doy cada vez más clases por internet y la verdad es que me gusta. Por mi sorpresa es posible construir una relación personal con estudiantes que nunca he visto en persona. Se trata sobre todo de las clases de lengua y no tantas de las asignaturas que solía dar en Holanda: economía y estadísticas. 

Hablando de estadísticas. Sobre el virus circulan en los medios sociales mensajes extraños en los cuales la gente hacen comparaciones con cifras absolutas, donde porcentajes serían mas adecuados. Si, hay más víctimas mortales por la gripe normal que por el corona virus, pero eso es porque hay muchísima más gente que tenían una gripe normal.* Hasta ahora la mortalidad del coronavirus parece ser alrededor de 2 o 3%, una cifra que significaría un desastre con muchos víctimas y el colapso del sistema sanitario, si el virus se difundiera como la gripe normal. Puede ser que la mortalidad es más baja por infectados no registrados, pero tenemos que tener mucho cuidado.

La rara cosa es que hoy día el escepticismo sobre la ciencia no solamente viene de la gente muy religiosa, sino de la gente alternativa. Su odio a la industria farmacéutica es tan grande, que compran por mucho dinero medicinas homeopatías que son tan diluidos que no contienen nada de la substancia que supuestamente cure la enfermedad. Algunos niegan a sus hijos las vacunas. Y algunos piensen que todo del coronavirus es otra manipulación de los medios de comunicación mano a mano con las farmacéuticas.

Mientras tanto he llegado a mi senda favorita, que serpentea hacia arriba por un paisaje con robles y encinas. Por un rato olvido completamente el virus. Este es un lugar donde hay muchos animales. Al lado de la senda los jabalíes han removido la tierra en busca de las raíces. En el canchal donde el año pasado vi tantas veces corzos, ando tan silenciosamente como posible. Qué lástima, nada. De vez en cuando oigo un animalito crujir por la hierba y un animal más grande corriendo por los arbustos. No los veo, pero seguramente me han visto a mí. De pronto, cuando ya no lo espero, dos corzos saltan sobre la senda y bajan entre los robles. Cojo mi móvil para hacer una foto, pero ya desaparecieron. Vale, no es importante registrar el momento, sino disfrutarlo. Abajo en la ciudad las campanas en la Calle del Reloj tocan las nueve. En 15 minutos abren los supermercados. Por suerte todavía tenemos suficiente papel higiénico en casa.

* El domingo 15 de marzo el mismísimo Mario Vargas Llosa hace el mismo error, cuando quiere indicar que las medidas son exageradas: 
'Es por gusto que las estadísticas oficiales digan que, hasta el 11 de marzo, hay apenas 47 muertos por culpa de la pandemia y que, por ejemplo la simple gripe es más asesina que ella, pues causa por lo menos seiscientos muertos anuales...'
Señor Vargas Llosa, por favor, utiliza porcentajes para indicar el peligro de una enfermedad contagiosa. ¡Hay muchísima gente que tiene una simple gripe cada año, pero el coronavirus acabó de empezar!
Le puedo ofrecer clases de estadísticas por internet, en las cuales le enseñaré, entre otras cosas, porcentajes, análisis de la tendencia por extrapolación y calculaciones de probabilidad.


Los corzos ya desaparecieron



jueves, 20 de febrero de 2020

Vótame

Cuando Vox ganó tantos escaños en las elecciones en Andalucía en 2018, Radio SER El Bierzo, donde de vez en cuando me dejan ventilar unas opiniones de un guiri, me llamaron a venir para hablar sobre este tema. Esto demuestra como se ha deteriorado la imagen de los holandeses. Antes me hubieran invitado para una entrevista sobre como Holanda ganó terreno al mar, la política de la tolerancia hacia las drogas blandas o la bicicleta como medio de transporte urbano, pero hoy día dan por supuesto que un holandés es un especialista de los partidos de la ultra-derecha.

Es verdad que en Holanda ya tenemos muchos años de experiencia con varios partidos de la derecha populista, mientras en la democracia española se trata de un fenómeno nuevo. Pero desde hace poco la variante española desempeña un papel importante. El separatismo catalán parece ser un catalizador importante de Vox. La España de las banderas, como se dice. También aquí en Ponferrada todavía cuelgan algunas banderas desteñidas de las ventanas.

El programa político de Vox tiene mucho en común con los populistas holandeses. También en España agitan contra de la inmigración, ‘la élite’ y la unión europea. También en España pretenden hablar en nombre de ‘El Pueblo’. Pero la diferencia es que Vox parece ser muy católico, mientras los partidos populistas holandeses no son religiosos. En este sentido Vox se parece más al partido que gobierna Polonia. Vox es muy crítico con los movimientos de las mujeres o LGTB. Los partidos populistas holandeses defienden los derechos de las mujeres y de los homosexuales, aunque tal vez a regañadientes, porque ven sobre todo en el islamismo el gran peligro de la cultura occidental, por lo cual no se pueden permitir tener las mismas opiniones sobre la emancipación de las mujeres o la aceptación de los homosexuales que los imanes en las mezquitas.

Un ejemplo de la diferencia es el pin parental. No creo que los populistas holandeses defenderían el pin parental, porque serían sobre todo los padres musulmanes los que se aprovecharían de esta oportunidad de proteger sus hijos de una educación occidental.
Por cierto, hay algo curioso que Geert Wilders, el líder del partido de la ultra-derecha más grande en Holanda, y Javier Ortega Smith, el número dos de Vox, tienen en común.

Es que me extraña que alguien con el apellido Smith está siempre tan en contra de los ingleses. Justamente Mr Ortega Smith planta una bandera española en Gibraltar y escribe un tweet en lo cual describe a los soldados argentinos que lucharon contra los ingleses en Las Malvinas como héroes (foto abajo). ¿Será que se han burlado de él cuando era niño de su apellido inglés y su aspecto, que es más guiri que el mío? La verdad es que comparado con él parezco un bailaor de flamenco andaluz.     
Y con Geert Wilders pasa algo parecido. No tiene este pelo tan rubio por naturaleza. Tal vez es para esconder un aspecto más asiático, lo que viene de su madre, quien, como tantos holandeses, tiene parcialmente una procedencia de Indonesia. Justamente Indonesia es el país con más musulmanes del mundo, por lo cual es muy probable que Wilders tiene musulmanes en su familia de allí.

Pues bien, alguien con un apellido inglés que se resiste contra los ingleses, alguien con una procedencia de musulmanes que se resiste contra los inmigrantes musulmanes; creo que voy a constituir un partido que se resiste contra los hombres calvos mayores. Esta casta de calvos tiene la culpa de todos los problemas. ¡Votáme!
Guiri Knoppe


Y el tweet de Mr Ortega Smith:
El tweet de Mr Ortega Smith


martes, 21 de enero de 2020

No tan Greta

En el tren de Ponferrada a Irún
Es el miércoles 11 de diciembre de 2019. Estoy en el tren de Ponferrada a Irún. La idea es que dormiré en Irún en una pequeña pensión baratísima y viajaré mañana con el TGV (el tren de alta velocidad) a París y después con otro tren de alta velocidad a Ámsterdam. Un viaje largo, tal vez, pero lleno de romanticismo y con pocas emisiones de CO2. De todos los holandeses mayores de 60 que vive en El Bierzo, soy sin ninguna duda el más Greta.

En si mismo me gusta viajar en tren. Se puede leer, mirar por la ventana, echar un sueñito y de vez en cuando pasear en el tren y mientras tanto pedir en el bar una cervecita. De momento miro por la ventana. El terreno montañoso de El Bierzo ha hecho sitio a la meseta con una luz casi holandesa. Hay muchas rapaces aquí. Ya vi varios milanos y busardos.

Ya desde muy joven el tren desempañaba un papel importante en mi vida. Porque mis padres no tenían coche, íbamos en los veranos con tren a la costa en el oeste o a los bosques en el este de Holanda. Después venían las vacaciones de Interrail con los amigos del instituto. Viajamos por Yugoslavia desde Ámsterdam a Atenas y de vuelta por Italia. También íbamos varias veces por Francia hacia España. En uno de eses viajes encontré en Galicia a una chica joven de El Bierzo, que unos 30 años más tarde sería mi esposa.

En Holanda solía viajar en tren al trabajo. Como profesor de economía resultó ser bastante eficiente trabajar para un business school con departamentos en varias ciudades holandeses. Así podía dar exactamente las mismas clases con exactamente las mismas bromas a estudiantes en Ámsterdam, Róterdam, Utrecht y Arnhem. Aunque en Holanda quejarse de los trenes es un deporte nacional, casi nunca llegué demasiado tarde para mis clases. Solamente de vez en cuando tuve que cancelar clases, por ejemplo por una tormenta o una huelga.

La palabra huelga en este curso de pensamientos me hace coger mi móvil. A ver si hay noticias sobre la huelga de los trenes en Francia. Nada. Todo parece normal.

En Irún
Estoy en Irún en mi habitación. Cuando llegué, la lluvia caía con estrépito del cielo. Rápidamente corrí por las calles mojadas en busca de la pequeña pensión baratísima. Gracias a Google maps en el móvil casi nunca se puede perder, lo que es quizás menos romántico pero mucho más práctica. La pequeña pensión baratísima resultaba ser estupenda. Una cama, una habitación fea pero limpia y una ducha. En un bar cercano comí un plato de pasta mientras veía un partido de fútbol en la inevitable televisión. Me voy a acostar pronto.

En el tren de Irún a Ponferrada
Es el jueves, 12 de diciembre. Estoy otra vez en el tren, pero en la dirección opuesta. El día empezó tan bien, a pesar de la lluvia. Tuve un desayuno en Irún con tostadas con aceite, cogí un tren regional para pasar la frontera hacia Hendaya, seguido por una caminata corta para ir a la estación de los trenes de larga distancia. Allí casi no había nadie. Una pancarta grande colgaba en una pared con un texto lleno de palabras como huelga, pensiones y solidaridad. Desde luego sabía que podría haber problemas, pero para hoy no habían anunciado nada. Llamé a la compañía ferrocarril holandésa, dónde había comprado mi billete. Tampoco tenían una solución, pero me ofrecieron de volverme el dinero. Busqué alternativos. Con autobús, por ejemplo. Casi imposible. Busqué vuelos, por si acaso. Había uno muy barato desde Santiago de Compostela el lunes. Y este solamente por 45 euros, la mitad del precio de mi billete de Irún a Ámsterdam.

Y ahora estoy en el tren de vuelta a Ponferrada. Voy a pasar un fin de semana en casa. El lunes a volar. Tal vez no sea tan Greta como pensaba.
Irún, el 12 de diciembre muy pronto por la mañana

lunes, 2 de diciembre de 2019

Diez años Facebook y todavía no radicalizado

Cuando todavía vivía en el piso con mis padres en Ámsterdam, teníamos en cierto momento una computadora de ajedrez en casa. Mi padre se puso en frente del ordenador con las piezas blancas y abrió con una jugada que nos siempre había desaconsejado a los hijos. Le miré asombrado. ‘Con esta jugada inesperada confundo a la máquina,’ me explicó. Me parecía una teoría absurda. ‘No puedes confundir a un ordenador, solamente a personas,’ argumenté. Con una sonrisa orgullosa mi padre ganó su partida, lo que atribuí al nivel bajo del programa que solamente miraba una jugada adelante. 
Pero con los años cada vez más me parezco a mi padre. Hoy día yo también intento derrotar a los algoritmos con jugadas inesperadas.

Facebook me envió la semana pasada un video para celebrar que ya era diez años un miembro del club. El video era feísimo, con colores infantiles y figuras de lego que se movían entre unas de mis fotos que había publicado durante este periodo. No publiqué el video, por supuesta, pero todo me hacía reflexionar sobre el medio y reconsiderar mi afiliación. Es que hoy día Facebook es controvertido. Utiliza la matemática de alto nivel para estudiar tus preferencias y seleccionar los mensajes, anuncios y propaganda que ves, que siempre están confirmando las opiniones y prejuicios que ya tienes. Radicalización es un peligro real.

Al principio yo también me dejé llevar por mis opiniones y preferencias. Bloqueé inmediatamente a gente que compartían mensajes que para mi eran repugnantes o claramente falsos. Después tenía un periodo en el cual probaba corregir bulos obvios por vía de comentarios. A un amigo de Facebook que distribuyó una noticia que musulmanes en Holanda hacían imposible la celebración de la semana santa en las escuelas expliqué que en Holanda en todo caso casi nadie celebra la semana santa (AQUÍ). A otro amigo, que publicó una perorata populista que supuestamente venía de la mano de Arturo Pérez-Reverte, le apunté que no era exactamente escrito en el estilo de este novelista tan bueno. Esto después de haber verificado yo mismo si no de veras el texto tan desequilibrado era de su mano; nunca se sabe (AQUÍ). ¿Pero porque no lo hacemos siempre: verificar la fuente antes de compartir algo?

Ya dejé de hacer semejantes comentarios, porque no ganas nada de popularidad y, sobre todo, porque Facebook también los lee y los analiza. Hoy día leo los bulos y eslóganes más extraños sin ningún comentario. De sta manera echo un vistazo al mundo de los prójimos más radicalizados y confundo a los algoritmos. Que esta estrategia tiene éxito, comprobé cuando quería ver un resumen de un partido de Ajax en Youtube y primero me mostraban uno de estos anuncios terribles, supuestamente basado en mis preferencias. Un entrenador personal me explicaba en alemán como podía perder peso. ¡No tenían ningún idea quien estaba mirando! ¡El humano derrotó la máquina!

Mientras tanto sigo creyendo en cosas como democracia, consenso, deliberación, paso por paso mejorar el mundo y ‘quien mucho corre pronto para’.
Si, queridas lectoras y lectores. Estoy diez años en Facebook y todavía no me he radicalizado. ¡¡Esto merece un aplauso, me parece a mí!! 👏👏👏


miércoles, 13 de noviembre de 2019

Confundido

El domingo pasado era el 10 de noviembre 2019. En aquel día de las elecciones nacionales elegí mal. Me confundí.

Después de la comida anduvimos mi mujer Ana y yo en la dirección de la escuela donde nuestro barrio siempre tiene su local de votación. El Campo de los Judíos, se llama la escuela, un nombre que puede confundir a un guiri del centro de Europa. Es que campo puede significar dos cosas: un campo como en campo de concentración, o un campo para cultivar hortalizas. Por suerte el nombre tiene solamente que ver con la última significación. Nuestro barrio se llama el barrio judío, lo que de veras era en la Edad Media, y donde está la escuela estaban entonces las tierras de cultivo.

En frente de la escuela hay algunos contenedores para el reciclaje de la basura: uno para el papel, otro para el vidrio y uno para el aceite de la cocina. En una bolsa de compras llevaba unas botellas vacías y una botellita de plástico llena de restos del aceite. Era allí donde me confundí. Desatraído por nuestra conversación sobre la política, tiré la botellita con el aceite en el contenedor del vidrio. Lentamente me daba cuenta del tamaño del desastre ambiental. A pesar de ser tan pequeña, esta botellita de plástico había tardado mucho tiempo para rellenarse con aceite utilizado. Es que no freímos tanto en la cocina y muchas veces utilizamos el aceite de las latas de pescado para aliñar la ensalada. Pero lo consideré una tarea importante rascar los sartenes con una espátula encima de un embudo que estaba en la botellita para no perder nada del aceite. Y ahora había arruinado tantos meses de separar basura en un instante de despiste.

Es que aquel domingo no era mi día. Tal vez fuera una suerte que, por ser extranjero, en las elecciones no podía votar. Quién sabe que partido habría votado, si otra vez hubiera sido despistado, justamente ahora, cuando la política española parece ser dominada por sentimientos nacionalistas, tanto de los partidos separatistas como de los partidos nacionales que luchan por tener el discurso más patriótico. El partido más temible es, sin ninguna duda, Vox. Además de un discurso implacable sobre inmigrantes y su énfasis sobre la unidad de España, quieren proteger la identidad española, en la cual no reconozco nada de la gente que conozco aquí en El Bierzo o en otros lugares del país. La mayoría de la gente es moderna. En sus vidas los toros, la caza, la familia nuclear, el catolicismo y el Viva España no desempeña un papel importante, como Vox quiere hacernos creer. Partes de su programa parecen ser escritos por un guiri mayor con muchos estereotipos sobre los españoles. Solamente faltan las tapas y la siesta.

En el colegio electoral no había mucha gente. Mientras Ana votaba, me ofrecieron un huevito de chocolate como consuelo por no poder votar. Después fuimos hacia afuera. El sol se asomaba entre las nubes de lluvia que habían reinado toda la mañana. Decidimos dar un paseo por el centro de la ciudad. Elegimos bien.


martes, 29 de octubre de 2019

En Holanda se hace mucho focking

Cada vez más me estoy convirtiendo en un profesor de holandés online. Por un lado es cómodo enseñar la propia lengua, pero a veces es difícil explicar porque dices algo de una cierta manera si toda la vida lo has dicho así sin pensar.

Cuando daba mis primeras clases de holandés, todavía no online, noté que las reglas de la ortografía son más fáciles de explicar que las de inglés. El inglés tiene mala fama, en este sentido, sobre todo por las vocales, como en las palabras break y beat. ¿Cómo se pronuncia la combinación de letras ea? En el holandés también existen estas combinaciones de vocales, pero cada combinación tiene su propia pronunciación. A mis estudiantes españoles les podía explicar que la combinación oe se pronuncia siempre como en español la letra u, como en la palabra koe (vaca). ‘Y es fácil de recordar,’ expliqué, ‘porque es lo que dice la vaca: boe’. Sorprendido mis alumnos me miraron. ‘La vaca española dice mu,’ me dijeron. ‘Exactamente, con el sonido uuuuu,’ respondí. Pero el sonido de otros vocales, como el ‘ui’ ‘ei’ o ‘au’ en holandés no parecen existir en español. (Para ver mi video sobre los vocales holandeses haz click AQUÍ)

El holandés se pone muy difícil, cuando voy a explicar la gramática, como por ejemplo el orden de las palabras que es muy diferente de español o el inglés. Pues bien, si los alumnos se ponen cansados de mis explicaciones, empiezo de hablar sobre fenómenos curiosos o graciosos de mi lengua. Por ejemplo, importamos muchas palabras de inglés, pero la rara cosa es que las sometimos a las reglas de la gramática holandesa. Ya desde hace mucho existe el verbo ‘racen’ que se pronuncia de manera inglesa, come en race y significa ir muy rápido. El presente es ik race (voy muy rápido), el pasado ik racete (iba muy rápido) y el presente perfecto ik heb geraced (he ido muy rápido). Lo mismo hicimos con, por ejemplo, downloaden (bajar desde el internet), computeren (trabajar en el ordenador) y muchos verbos más. En español una conversación en una oficina holandesa sonaría así:
- Voy a downloadir el archivo, ahora que estoy computerando.
- No hace falte, ya lo he downloadido yo.  
Normalmente esta explicación hace sonreír a mis estudiantes y es conocido: con una sonrisa se aprende mejor.

Pero cuando el aburrimiento y cansancio por esta lengua tan difícil de pronunciar está al tope, no hay otra solución: para hacer la clase soportable voy a introducir el verbo fokken, tan claramente un amigo falso para gente que ya domina el inglés. Les explica que muchos apellidos en Holanda, como en tantos otros países, tienen sus orígenes en profesiones. Hay apellidos como Bakker (panadero), Molenaar (molinero), Schoenmaker (zapatero) y Fokker, porque ser un fokker es una ocupación muy normal en Holanda. Fokken significa criar o seleccionar animales y los holandeses tienen bastante fama por sus vacas que son responsables de la superproducción de la leche: las frisonas. La primera compañía de aviación holandesa se llamaba Fokker, lo que para hablantes ingleses debe haber sido un nombre extraño. Para mis estudiantes invento el diálogo:
- ¿Con qué compañía vuelas?
- Fokker.
- ¿Perdóneme?
Y si esto no da el resultado esperado, una sonrisa para aprender mejor, les cuento el anecdota sobre este granjero que iba a una conferencia de agricultura en los EEUU y dijo: ‘Hi everybody,  I’m Jan, a cow fokker from The Netherlands'

Pues bien, este tarde quiero explicar a una estudiante la forma pasivo en holandés. Un asunto difícil, que necesita el verbo fokken para hacerlo más ligero. Ya sé que hacer. Voy a empezar con la frase: In Nederland wordt er veel gefokt o sea: En Holanda se hace mucho focking.

El famoso bar de licores en Ámsterdam:
Wynand Fockink


miércoles, 18 de septiembre de 2019

100

A mi padre le parecía su fecha de nacimiento graciosa. Diecinueve de septiembre de mil novecientos diecinueve, o sea 19-09-1919. Pero si bien se mira, era una fecha de nacimiento que en Europa no predecía nada bueno. Cuando él ya estaba jubilado, probé de investigar cuantos años había estado en el servicio militar, porque si fuera más de cinco años (creo), le darían una compensación financiera por tanto sufrimiento y la pérdida de los años de juventud. Por eso fui a El Instituto Neerlandés de la Documentación de la Guerra, el NIOD* por sus siglas en neerlandés (abajo una descripción, con una opinión de un guiri). No llegó a estos 5 años, porque no incluyeron los años en el Arbeitseinsatz, el trabajo forzado en Alemania.

Entró en servicio militar en 1937, pero después de su servicio normal había una movilización general por la amenaza de la guerra. Cuando ésta se estalló, estaba en la linea de defensa del río IJssel, en el este del país. Los holandeses pensaban poder frenar a los alemanes utilizando el agua como linea de defensa: los ríos y los terrenos inundados, como en el pasado siempre habían hecho. Los alemanes pasaban la linea de IJssel sin mucha lucha, y hacían de mi padre un prisionero de guerra. No mucho tiempo después tenía que ir a Alemania, cerca de Düsseldorf, como mano de obra forzada. Cuando una herida se infectaba, le enviaron a casa para curarsela. Hasta el fin de la guerra se quedó escondido en La Haya para evitar tener que volver a Alemania. 

No le gustaba hablar sobre aquel episodio de su vida, pero de vez en cuando, después de una copita, nos contaba algo. Sobre como vio los aviones alemanes cruzar el río IJssel, lo que significaba el principio de la guerra. Después vió como volaron un puente. Cuando no llegaron más ordenes, anduvo a la ciudad de Zutphen, dónde los soldados alemanes ya estaban arreglando el tráfico. Otro relato que recuerdo de él era sobre su estancia en Düsseldorf. Durante los bombardeos algunos trabajadores forzados (entre ellos mi padre) hacían sabotaje y descarrilaban trenes. En el último invierno de la guerra ya casi no había comida y combustible en Holanda, por lo cual tenía que ir a las dunas para buscar leña. Allí vio como los soldados alemanes lanzaban los V2’s, cohetes de larga distancia, en la dirección de Inglaterra.

Como niño pequeño le pregunté una vez con cierta entusiasma si había pegado un tiro a un enemigo, Sin duda habíamos visto unas de estas películas de la guerra que alaban la violencia. ‘Por suerte nunca,’ respondió. Sus años en la guerra me parecían llenos de aventuras, bastante diferente de la vida sosegada que teníamos allí en aquel barrio en las afueras de Amsterdam en los años sesenta. Pero siempre contaba sobre la guerra sin ningún afán de sensación y con desgana, como tantos otros de su generación.

Su vida mejoró mucho después de la guerra. Encontró trabajo, se casó con mi madre, tenían tres hijos, una casa de alquiler y todo con lo que solamente había soñado durante los años de la guerra: una vida con creciente bienestar y seguridad, aunque tenía que trabajar mucho. A veces, sobre todo bajo la influencia de sus tres hijos, cambió en el niño que una vez era. Eso pasaba cuando rodaba un balón de fútbol sobre el césped del parque, cuando anduvimos con el perro o cuando estuvimos de vacaciones en los bosques en el este del país. Después de su muerte fui a este último lugar para conmemorar a mi padre: los bosques alrededor del camping del pueblo Garderen. Probé encontrar el lugar donde cada mañana vimos serpientes calentándose en la arena, el matorral que cruzamos sin seguir una senda en la esperanza de ver un corzo o un jabalí, y este césped abierto en el bosque donde vimos un día muy pronto por la mañana una cierva con un joven ciervito; qué maravilloso era eso.

Que era un hombre muy solícito, lo noté una vez más en sus últimos días. A pesar de su sufrimiento se preocupó sobre todo de nuestra madre, que tendría que continuar sin él. Era un hombre bueno, nuestro padre. Hoy cumpliría cien años.

*NIOD, Nederlands Instituut voor de Oorlogsdocumentatie, Instituto Neerlandés para la documentación de la guerra ((para ver información en inglés, haz click AQUÍ).
Este instituto se encuentra en el Herengracht en Amsterdam. Allí se pueden encontrar documentos sobre la guerra, el Holocausto y, hoy día, otros genocidios. El instituto desempeñaba un papel importante para asimilar las heridas que dejaba la segunda guerra mundial en Holanda. Tanto como posible archivaron documentos oficiales, fotos, relatos de los testigos presenciales sobre los actos de la resistencia, los actos de los traidores, las víctimas de persecución, y otros testimonios.

En mi opinión (de un guiri) hace falta un instituto como éste en España, aunque sea tal vez un poco tarde, para sellar las heridas de la guerra civil y la represión de la dictadura. Dería ser un instituto sin ideología política, o tal vez algunos institutos regionales, donde cualquier persona puede buscar e investigar información y documentos de los años 1936-1976, por ejemplo.

El año pasado fuimos a una presentación de una investigación histórica sobre los políticos bercianos que fueron ejecutados durante y después de la guerra. Los historiadoras dijeron que a menudo encontraban los documentos en muy mal estado en los sótanos de los ayuntamientos. Se debe evitar que se pierda material histórico tan importante, creo yo.

La familia Knoppe en 1958



domingo, 11 de agosto de 2019

El viaje de Ponferrada a Amsterdam

Fragmentos de un diario de viaje (6 y 7 de junio)

14:20 el tren de Ponferrada a Vitoria

Estoy en el tren de Ponferrada a Vitoria después de la despedida de mi mujer Ana en la estación. Siempre un momento emocional aunque ya no es como antes, cuando viví en Amsterdam. Ahora es solamente para dos semanas. Hasta ahora el viaje es muy agradable. Leer, a veces escribir, a veces una mirada por la ventana. La meseta ya está seca. Una rapaz vuela encima del campo de rastrojo. Un aguilucho cenizo, creo.

15:30 el tren de Ponferrada a Vitoria
A ver si me va a gustar esta manera de viajar. Ya hace tanto tiempo que fui con tren o autocar a Holanda. Es que estoy harto de tanto volar. Vergüenza de volar, se llama hoy día. Ya no lo podemos negar. El comportamiento humano, y sobre todo de los occidentales, ha provocado un cambio climático global. Yo mismo, sobre todo desde mi emigración a España y mi necesidad de volver a Holanda al menos dos veces al año, he contribuido bastante. Además, no me gusta volar. Los aeropuertos son lugares desagradables. Y volar siempre da un poco de miedo, sobre todo el despegar y el aterrizar.

19:00 Vitoria
Vitoria es una ciudad agradable. Muchos carriles de bicis, parques verdes y espacio para peatones. Este último me convenía, porque la estación de los trenes está bastante lejos de la estación de los autobuses. Pero después de la caminata estoy aquí tranquilamente sentado en una terraza con una caña, esperando hasta el momento de coger el autobús a San Sebastián. Muy agradable tener tanto tiempo para cambiar de medio de transporte. A Vitoria tengo que volver.

22:00 San Sebastián
También en San Sebastián estoy sentado en una terraza. Y casi cae la noche. Estoy tomando un Txakoli y, desde luego, un pintxo. Así estoy todo preparado para la etapa más larga de este viaje. El autocar desde San Sebastián a Bruselas. Qué lástima que los trenes de largo trayecto son tan caros. Viajar con tren es tanto más confortable que con autobús. En el tren se sienta más cómodamente, se puede leer, de vez en cuando andar un poco. Pero el autobús era barato; tal vez me daba una reducción por tener sesenta años.

02:00 el autocar de San Sebastián a Bruselas
¡Qué comienzo más intranquilo del viaje con autobús. Un empleado de Alsa, la compañía de autobuses, hacía un rollo tremendo. A cada uno que entraba en el bus dijo en un tono de enfadado que no se podía llevar tanto equipaje de mano, incluso cuando, como in mi caso, se trataba solamente de una pequeña mochila con un libro y un neceser. Algunos pasajeros se ponían enfadados, pero me quedé estoico. Me parecía estupendo que Alsa había contratado como asistente de viaje a este hombre con problemas mentales. Tuve un susto enorme cuando el mismo hombre se sentaba detrás del volante. Aunque no conducía mal, sentí alivio cuando bajó ya antes de Burdeos. Su colega que le sustituye como chófer parece más estable, pero tiene en contra que acaba de leer sus mensajes en su móvil.

07:35 el autocar de San Sebastián a Bruselas
La parada anterior era puro romanticismo de viaje. Un restaurante feo al lado de una gasolinera en algún sitio entre Tours y Orleans. Los pasajeros que andan atontados por el restaurante vacío y ya cerrado y al final compran una botella de agua y unas nueces en una máquina. A pesar de la hora tan tarde hacía calor. Afuera, en la terraza del restaurante, los pasajeros empiezan conversaciones. Una chica me cuenta que va a trabajar como voluntaria en un campo de refugiados en Calais. ¡Una heroína! Ahora vamos a parar para un desayuno.

11:30 el autocar de Ponferrada a Bruselas
!París! Son las once de la mañana. Me gustaría hacer una foto de uno de los edificios característicos, la Torre de Eiffel si es posible, pero no pasamos por el centro. Es una foto fea de una estación de los trenes al lado de la Sena que envío a Ana.
Hubiera sido estupendo coger el Thalys, el tren de alta velocidad, desde París a Amsterdam, pero esto es impagable si no reservas con mucha antelación. Me espera otro largo trayecto en autocar hasta la llegada en Bruselas. Pues bien, leer y dormir.

17:30 el tren de Bruselas a Amsterdam
Por suerte el bus paró muy cerca de la estación Du Midi en Bruselas. Compré mi billete en la taquilla. Ya era familiar cuando pude hacerlo hablando holandés. Busqué un rato en aquella estación tan grande un sitio para sentarme a comer, pero al final me compré unos sándwiches que comí afuera en el andén. Ahora la última etapa a Amsterdam.

19:00 el tren de Bruselas a Amsterdam
Casi estoy. Afuera el paisaje de praderas que conozco tan bien. En la estación tengo que cambiar a un bus urbano y después andar a la casa de mi hermano. El viaje era largo, fatigoso tal vez, pero también bonito. No será la última vez.

Detalles técnicos del viaje
Compañía
desde
a
precio
Renfe
11: 28 Ponferrada
16:25 Vitoria
€   12,20
Alsa Bus
20:10 Vitoria
21:25 San Sebastián
€     7,00
Alsa Bus internacional
22:30 San Sebastián
14:40 Bruselas (pero por retraso a las 16:00)
€   75,00
NS (compañia de trenes holandesa)
16:50 Bruselas du Midi
19:38 Amsterdam
€   36,60


Total
€ 130,80
Desventajas
Mucho tiempo
Dormir en una silla
Cansancio
Ventajas
Leer libro y prensa internacional
Comer y beber en varios países
¡Esto es viajar!








jueves, 18 de julio de 2019

Sobre Lenguado Picasso y otros apoteosis culinarios

La opinión de mi mujer Ana sobre la cocina holandesa bajó hacia un mínimo absoluto el viernes pasado, cuando le expliqué lo que era lenguado Picasso. El motivo era nuestra cena, de la cual a menudo hacemos una pequeña fiesta, sobre todo los fines de semana. Después de los mariscos Ana hacía aparecer una piña para cortar el postre, cuando tuve la desgraciada idea de describir el plato lenguado Picasso: un lenguado frito, normalmente en filete, acompañado por unas lonchas de piña y a veces trozos de otra fruta. ‘¡Qué asco!’ era su reacción.

La verdad es que no hay muchos holandeses que preparan lenguado Picasso en casa. Se trata de comida de restaurante, como los omnipresentes platos combinados con patatas fritas con mayonesa, unas hojas marchitas de lechuga y un filete de carne o pescado frito. No creo que haya mucho futuro para el turismo culinario en Holanda. Cuando alguien planea un viaje a mi país y me pregunta por sitios para comer, recomiendo normalmente un restaurante indonesia o, cuando le gusta el pescado, comer un arenque en un puesto en la calle. En general, los restaurantes de calidad son caros. Los holandeses comemos los platos típicos solamente en casa, mientras los restaurantes son en gran mayoría de otros países o son cafés donde se sirven platos combinados.

Mi manera de cocinar ha cambiado bastante desde que vivo en El Bierzo. Por ejemplo, aprendí a tener siempre una cazuelita con agua caliente sobre el fuego, para poner allí espinas, huesitos, cabezas de langostinos, trozos de cebolla o puerro y una hoja de laurel. En este caldo preparo el arroz, la pasta o las patatas. Mientras estoy así trabajando en la cocina, a veces tengo que suprimir la fantasía macabra que si cortara mi dedo, lo pondría automáticamente en el caldo.

Desde luego, de vez en cuando echo de menos los platos típicos de Holanda. Por suerte noté que durante los diez años que vivo aquí, más y más ingredientes para estos platos aparecían en las tiendas o en el mercado. Se puede encontrar endivias, por ejemplo, en casi todos los supermercados. Ansiosamente compré algunas para preparar uno de los platos estrella de mi madre: endivias con queso y jamón. Desde hace unos años cada primavera hay espárragos blancos frescos en algunos supermercados y en el mercado. En el mismo mercado encontré guisantes secos partidos y el bulbo de apio, dos ingredientes fundamentales para la sopa de guisantes. Incluso encontré choucroute en una tienda biológica. A veces se me ocurría que todos estos productos se venden en Ponferrada por mi presencia. Por cierto, nunca en mi vida he visto a un español preparar endivias, espárragos blancos frescos o algo con guisantes secos o el bulbo de apio. Y choucroute se considera la comida del diablo, creo.

El sábado pasado fuimos al mercado, Ana y yo. Había en algunos puestos mi verdura favorita de Holanda, boerenkool (la col de los campesinos, literalmente). En algunas cajas había un cartel con la palabra Kale. No me pude controlar más. ‘¡Mira Ana, se vende boerenkool solamente porque estoy aquí!´ ´No seas tan tonto,’ respondió. Pero continué: ´Pero este nombre, Kale, solamente puede ser para mí, ¿verdad? ¿No recuerdas que a veces me llamaban Kale a mí?’ Esto era verdad. Kale significa en holandés calvo. Sobre todo los oponentes en un partido de fútbol me llamaban así de vez en cuando abiertamente: ‘Dek die kale!’ (‘¡Marca a este calvo!’). Con paciencia Ana me explicó que kale era el nombre de esta col y que el hecho que se vendía tanto era porque en algunas revistas le describieron como muy sana. Kale es el nuevo superalimento.

Entonces, compramos unos manojos de kale y los preparamos en casa con patatas machacadas como solíamos hacer en Holanda. Y efectivamente. El sabor era súper!

lenguado Picasso

Kale en el mercado de Ponferrada


domingo, 30 de junio de 2019

Una vuelta nostálgica con la bici por Ámsterdam

Domingo, el 9 de junio de 2019. Me despierto temprano en Ámsterdam. Ya hay tanta luz por las mañanas y sobre todo hoy, cuando el solito ya brilla. Hasta las tres de esta tarde no tengo compromisos. ¿Sabes qué? Voy a hacer una excursión con la bici. Una vuelta nostálgica por todos los sitios donde viví en Ámsterdam. Después puedo escribir sobre todo esto en mi blog. Porque hay una diferencia grande entre España y Holanda si se trata de cómo vive la gente. En España casi no hay viviendas sociales para alquilar. Mucha gente, también la que se considera nada próspera, compra una casa. Los hijos se quedan a vivir con los padres hasta que puedan pagar una hipoteca. Y si en España alquilan un piso, es casi siempre amueblado. En Holanda alquilar es muy normal. Nunca consideré comprar nada. Los holandeses alquilamos los pisos sin muebles, lo que significa que antes de mudar tenemos que pintar, empapelar y comprar cosas. El día de la mudanza solía ser un evento especial; con los amigos y la familia arreglar una furgoneta o a veces una bicicleta con caja, y una polea con maroma para izar las cosas hacia el piso. Y después cervezas y patatas fritas con mayonesa. ¡Qué recuerdos! Ya tengo ganas de la excusión y voy afuera donde mi fiel bici me espera.

La primera parada: Jacob van Arteveldestraat 7, tercer piso
.¡Cómo ha cambiado todo aquí! En los años cincuenta mis padres venían a vivir en este barrio en el oeste de la ciudad que entonces era completamente nuevo. Eran muy felices con su piso. En una habitación dormíamos los tres hijos, pero el alquiler era pagable y el entorno ideal para los niños con tantos parques. Sin embargo, se trataba de mala construcción, hecho con demasiada prisa para alojar a las familias que produjeron el babyboom después de la secunda guerra mundial. Ahora, despues de 60 años, ya han construido nuevos edificios. Allí arriba, más o menos, viví mi infancia y adolescencia.

La segunda parada: Planciusstraat 10, tercer piso
Aquí viví la primera mitad de los años 80 en un piso de una habitación. Pagué 80 florines al mes, lo que son unos 34 euros. Ahora los alquileres son más altos, pero todo el edificio fue renovado. Se trata de un monumento por ser unos de los primeros complejos de viviendas sociales del siglo 19.

La tercera parada: Houtmanstraat 13, primer piso
Se trata del mismo edificio que en el de la Planciusstraat, pero este portal tiene la entrada en esta calle tranquila. El piso era para mi familia de mi madre muy especial. Cuando mi abuelo se fue a la bancarrota en la crisis de los años 30, se veía forzado a vender su barco en el cual trabajaba y vivía la familia. Venían a Ámsterdam y se alojaron en este piso. Increíble que vivieron en este piso de dos habitaciones con toda la familia con cuatro hijos. Después de la muerte de mis abuelos mi tío Jaap se quedaba a vivir aquí y cuando él quería mudarse, arreglamos con la cooperartiva de las viviendas sociales que me podía mudarme a este piso, que era el doble de tamaño que el antieror. Pensaba que nunca iba a mudarme otra vez, pero una renovación del edificio grande me forzaba a buscar otro piso. Cuando tienes que mudarte por una renovación, tienes prioridad en las listas de espera, por lo cual ya encontré rápidamente algo.

La cuarta parada: Tuinstraat 142, segundo piso
La única decepción durante la mudanza era que tal vez se trataba de la única casa en el centro de Ámsterdam sin gancho para colgar la polea. Teníamos que subir todos los muebles por las escaleras. Aquí en De Jordaan, el barrio más emblemático de la ciudad, viví mis últimos años en Ámsterdam, desde 2005 hasta 2009, y el último año ya juntos con mi futura esposa. Después nos fuimos a Ponferrada, yo al principio por un año para probar que tal iba. Subalquilé mi piso por vía de la cooperativa por un año. Después me daban una prolongación de un año más, pero en 2011 tuve que decidir. Sin mucha duda elegí por Ponferrada. Desde entonces De Jordaan se volvió más turístico, aunque sigue siendo un barrio muy atractivo. Pero el número de viviendas sociales ha disminuido, temo. Me han dicho que cada vez es más difícil encontrar un piso en la ciudad. Es una lástima. ¡Vivan las viviendas sociales!

Tomo una foto de mi último piso y decido que ya es suficiente con tanta nostalgia. Es la hora de una caña en una terraza. Voy a mi bar de toda la vida, Scharrebier.




jueves, 30 de mayo de 2019

Vi dos osos untar bocadillos

Quizás, mi primera fascinación por los osos venía de la literatura. Cuando tenía unos nueve años, leí el libro infantil Bolke el Oso. Lo devoré. Después tenía que leer todos los otros libros de la serie: El Hijo de Bolke, Bolke en América y unos más. Pues bien, solamente hay osos en Holanda en las circunstancias tan tristes de los zoos por lo cual gradualmente desaparecían de mi percepción para ser sustituidos por los animales que de veras viven en estado salvaje en mi país tan llano y mojado.

Pero cuando empezaba a pasar cada vez más tiempo en España, volvió mi esperanza de poder observar un oso en estado salvaje. La verdad es que durante mis caminatas por la montaña nunca vi ninguno, aunque estoy seguro de que ellos me vieron a mí. Al menos una vez estuve muy cerca. Era cuando pasé un fin de semana en un pueblito cerca de los Picos de Europa con unos amigos holandeses. Cuando caía la noche notamos que las ovejas se acercaban mucho a las casas mientras daban balidos. A la mañana siguiente, cuando salí para dar un paseo, el campesino estaba al lado de un cerezo caído sobre el suelo. ‘Esto lo ha hecho el oso,’ me explicó moviendo la cabeza. Llegué de este fin de semana a casa con unas garrapatas en mis piernas y no podía descartar que se trataba de unas garrapatas de un oso. Con orgullo me daba cuenta de que en este caso tendría un oso como hermano de sangre. 

Mi primera observación de un oso salvaje tuvo lugar hace dos semanas. Con mi mujer Ana, mi sobrina Merel y su marido Henk Jan estuvimos aquel fin de semana en el albergue estupendo de Salentinos, La Cabana del Trasgu, aquí en la montaña al norte de Ponferrada. También allí hay osos, a veces cerca del pueblo, pero a estos, desgraciadamente, no los habíamos visto el viernes cuando anduvimos por la nieve desde Colinas a Salentinos por el pico majestuoso de El Catoute. Como consuelo el dueño del albergue nos invitó el sábado a buscar los osos con su cuatro por cuatro. Paramos en dos sitios en El Bierzo. Ningún oso a la vista. Paramos en un sitio en Asturias donde había una señal de la carretera que avisaba de osos cruzandola. Pensé que se trataba de una broma, hasta de pronto Ana susurró: ‘Mira allí.’ Al otro lado del río vimos como un oso subía lentamente la ladera de la montaña. ¡Una sensación maravillosa! Más tarde aquel día vimos, en otro lugar, un segundo oso. A la vuelta hacia el albergue los holandeses empezaron espontáneamente a contar la conocida canción holandesa ‘Vi dos osos untar bocadillos, era un milagro...' (AQUÍ la versión en holandés y en castellano), lo que, después de la traducción, hizo los a los bercianos concluir que se debe tratar de osos holandeses en la canción. Los osos españoles no untan bocadillos. ¡Comen el menú del día!