miércoles, 20 de julio de 2022

Todo esto es culpa de la gente

Es martes 19 de julio. Por fin hace menos calor. Pero todavía hay humo en el aire. No tengo clases hoy. Mis alumnos cancelaron las pocas clases de holandés que estaban programadas. Será porque la ola de calor ahora ha llegado a Holanda, donde vive la mayoría de ellos. La temperatura puede llegar a los 40 grados allí. Increíble. 

Cuando llego a la Avenida de América con la bolsa de las compras en mi mano, decido sentarme en la terraza del café Gijón a tomar un café. ¡Eso fue hace mucho! Hacía demasiado calor durante tanto tiempo. Carmen, una de las dos propietarias, sale del café con un trapo, quejándose un poco. ‘Acabo de limpiar las mesas, pero ahora están sucias otra vez. Eso es por la ceniza que sigue cayendo.’ Por un momento me preocupa la salud de mis pulmones, ahora que tengo una tos post-covid tan persistente.

Pero sigo disfrutando de sentarme aquí en la calle tomando mi café y leyendo periódicos. Hay muchos artículos sobre los incendios forestales y, por supuesto, sobre la cuestión de quién tiene culpa. En El Diario de León leo una opinión extraña de alguien que piensa que es culpa de los ecologistas, porque de alguna manera estos hicieron desaparecer a las cabras de las montañas (AQUI se puede leer esta opinión). El Mundo sugiere que el presidente Sánchez culpa al cambio climático para no hablar de sus malas políticas de mantenimiento de las montañas (AQUI). Lo curioso es que en los medios de la izquierda es precisamente el gobierno de derecha del estado de Castilla-León el que está siendo criticado por ser el responsable de prevenir y combatir los incendios.

Yo también siento la necesidad de culpar a alguien. Eso es difícil, porque esta vez el fuego no fue encendido a propósito, ni fue resultado de un descuido ganadero (como la última vez en Los Montes Aquilianos). Vimos como empezó. Eso fue el pasado domingo, cuando por la tarde, tras un breve baño en una de las playas fluviales del Bierzo, fuimos a tomar algo en una terraza alta entre los viñedos de Cacabelos. Empezó a tronar, pero apenas a llover. Esta tormenta seca representaba una amenaza, como mostró una columna de humo saliendo de los Montes Aquilianos. Eso fue perturbador. Más tarde, después de la cena, Ana tomó esta foto desde nuestro balcón. ¡Más perturbador aún!
Pero, ¿a quién puedo culpar por estos incendios forestales, que son tan claramente el resultado del cambio climático? En mi mente dejo pasar a los sospechosos habituales. Las grandes empresas de energía fósil suelen citarse como los principales culpables. Y las ganaderías intensivas. O el capitalismo, un término tan general y abarcador que puedes explicar tu pasividad con él. Sí, pero no te olvides de los chinos, dicen otros, aunque la verdad es que un chino produce de media menos CO2 que un europeo. ¿Y toda esa gente que se opone a la instalación de turbinos de viento y paneles solares? ¿No tienen culpa? ¿O tal vez debería buscar la culpabilidad más cerca. Yo mismo he volado bastante en los últimos años. Y desde que vivo en España, también voy muy a menudo en coche, aunque sea como copiloto. Pero claramente el problema es más grande. Todos nosotros, sobre todo en el mundo occidental, hemos contribuido con nuestro consumo y nuestra producción al cambio climático.

Mis pensamientos vuelven a la noche del sábado. Estuvimos en el festival de pop en Ponferrada: Planeta Sound 2022. Por suerte, la banda Lori Meyers actuaba por la noche, cuando la temperatura era más o menos soportable. Todos bailábamos, sudando y cantando con la banda: ‘Todo esto es culpa de la gente, yeah, yeah. Todo esto es culpa de la gente, yeah, yeah.'

AQUÍ se puede escuchar la canción.





viernes, 8 de julio de 2022

El interrailer positivo

Lentamente veo aparecer dos líneas rojas en el dispositivo de lectura. Positivo. Eso ya pensaba. Esa tos cosquilleante aún podría ser solo un resfriado, pero ese dolor en los músculos indicaba una gripe o covid. ¿Dónde habría contraído el virus? En el tren, probablemente.

¡Fue estupendo! Bueno, es un largo viaje en tren de Ponferrada a Ámsterdam, dos días de ida y dos de regreso, dos veces con una noche en una pensión. Pero al menos te das cuenta de que estás en camino. Además, evita todos esos aeropuertos demasiado concurridos y, por supuesto, tiene menos impacto al medio ambiente. Al igual que en los años 80, viajé con Interrail. ¡Pura nostalgia! Pero muchas cosas han cambiado. Por ejemplo, la tarjeta de Interrail ahora es digital. Así que no más sellos en un librito que se puede conservar. Y hoy en día, ya no se puede así llegar a un lugar para buscar tranquilamente una pensión. Para evitar problemas hay que reservar con antelación, que suele ser lo más cómodo a través de esa odiosa booking.com. Lo que ha quedado: buena lectura en el tren, dormitar de vez en cuando, mirar por la ventana y caminar hasta el vagón restaurante para tomar algo.

Para mi sorpresa, las mascarillas en el transporte público no eran obligatorias en Francia y Bélgica. Al principio me sentía casi desnudo, pero todavía me dolía detrás de las orejas por el largo viaje desde Ponferrada hasta la frontera del día anterior y además: ¿Quién soy yo para comportarme de manera diferente a la mayoría de los compañeros de viaje franceses? La mascarilla se desprendió. Como mucho me lo ponía cuando alguien cerca de mí estaba tosiendo demasiado fuerte y en el metro de París tan abarrotado. Sí, ese también se ha quedado, el cambio en París de un gare a otro si viajas entre el norte y el sur de Europa.
Gare du Montparnasse en París  

De todos modos, después de una estancia muy agradable en Ámsterdam y sus alrededores, volví, a menudo en trenes llenos de compañeros de viaje con tos y estornudos. Empecé a enfadarme un poco. ¿Por qué esas personas viajaron cuando claramente no estaban sanas? Eso no es responsable. ¡La mayoría de ellos solo para un viaje de vacaciones! Que sí, mi propio viaje era, desde luego, de una importancia esencial. Después de todo, tenía una fiesta de cumpleaños de amigos para celebrar, un torneo de fútbol para jugar, una sesión de música con Flanders Fields (mi grupo de música en Ámsterdam) para tocar y tantos amigos y familiares para visitar.

Y ahora pago el precio de tanto viajar. Por la primera vez tengo covid. Decido compartir una foto del resultado de la prueba en las redes sociales. Un poco más tarde recibo un mensaje de la familia en Ámsterdam. Algunos de ellos tienen corona o lo han tenido, probablemente desde aquel fin de semana que pasamos juntos. Pues, puede ser que ya estaba infectado antes del viaje de regreso. Así que tal vez los compañeros de viaje no fueran un peligro para mí, sino yo para ellos. Trazo una línea de Ámsterdam a Ponferrada en un mapa imaginario de Europa y trato de estimar cuántos virus he sembrado allí. Luego trazo líneas desde esta línea principal a lugares donde mis compañeros de viaje pueden haber viajado y, a su vez, propagado el virus. El mapa de Europa occidental se está volviendo negro lentamente. Estoy empezando a sudar. Pero eso parece ser bastante común si tienes corona.





domingo, 15 de mayo de 2022

La temporada de los fuegos

El verano ha comenzado temprano este año. Todavía estamos a principios de mayo, pero las temperaturas empiezan a subir por encima de los 30 grados. Eso promete algo para el resto del verano. Ya hemos vivido de cerca el primer incendio forestal. Eso fue el martes pasado, cuando nos sobresaltó el sonido de un helicóptero que volaba sobre nosotros cuando estábamos comiendo en casa. Un vistazo por la ventana nos dijo que el fuego estaba cerca, en las afueras de Ponferrada. El helicóptero volaba de un lado a otro entre el río El Sil y la columna de humo. Afortunadamente, pudieron extinguir el fuego con bastante rapidez. Pero también este año, las altas temperaturas y los períodos de sequía volverán a estar acompañados de incendios forestales, sin ninguna duda.
El fuego me recordó los comentarios de Trump hace unos años. Había muchos incendios forestales en California en ese momento y Trump, que en todo caso no quería hablar del cambio climático, sostenía que había escuchado al presidente finlandés que la mejor manera de prevenir incendios forestales es rastrillar y limpiar el bosque con regularidad. (AQUÍ )

Eso causó bastante hilaridad, especialmente en Finlandia, donde el presidente negó haberle dicho tal cosa a Trump. Los finlandeses publicaron imágenes divertidas en las redes sociales de ellos limpiando el bosque, como esta con el texto: Un día cualquiera en el bosque finlandés.

Para ser honesto, comencé a sospechar que Trump no había hablado con un finlandés, sino con un español, porque todos esos países europeos, bueno, quién puede distinguirlos. Aquí en España, mantener las montañas limpias se considera un medio eficaz para prevenir los incendios forestales. Incluso culpan en parte de los incendios forestales a la despoblación de tantos pueblos de montaña, lo que hace que ya no se recoja la leña. Esa madera muerta se incendia fácilmente, especialmente si un granjero local es tan descuidado como para quemar un trozo de tierra cuando hay demasiado viento, o si algún loco piensa que las montañas en llamas son hermosas. El hecho es, por supuesto, que los bosques españoles son mucho más secos que los finlandeses, por lo que aquí la eliminación de la madera muerta puede ser más necesaria.

También es una idea extraña para los holandeses que la naturaleza tenga que ser limpiada. En los Países Bajos, anteriormente el país más rastrillado de toda Europa, hemos aprendido a dejar árboles y ramas muertas en los bosques para que los hongos, las setas y los insectos puedan darse un festín con la madera. Pero los veranos en los Países Bajos también se están volviendo más cálidos y secos. Allí también aumentará el riesgo de incendio.

Al día siguiente fui a ver dónde había estado el fuego. No estaba tan mal con la cantidad de terreno que se había quemado, pero el pánico se debió principalmente a que había estado muy cerca de la ciudad. Parecía haber comenzado en el camino junto al río Boeza. Encendido intencionadamente, parecía. Afectado por un acto tan sin sentido, caminé de regreso a casa.


PD La verdad es que la primera foto, que sí tomé desde nuestro balcón, es de un incendio hace unos años cuando alguien prendió fuego al Pajariel. Pero el martes pasado la vista era casi igual.

domingo, 27 de marzo de 2022

El copiloto contento

Es domingo por la tarde. Volvemos a casa tras un fin de semana estupendo en la ciudad de Ferrol. Buena comida, paseos por la ciudad y un soplo de aire fresco por la hermosa costa gallega. Necesitamos una taza de café. Veo en el mapa que podemos entrar en el pueblo de Villalba sin desviarnos demasiado.

Esto no fue una buena idea. Los policías están por todas partes dirigiendo el tráfico. Más adelante vemos el desfile de carnaval recorriendo las calles. Ana baja la ventanilla a uno de los oficiales y pregunta: “¿Podemos llegar a El Parador?” El oficial niega con la cabeza con simpatía. "Absolutamente imposible, lo siento. Todo el centro está cerrado.” Ana logra girar el coche en la calle tan estrecha y regresamos a la carretera. Es realmente una lástima. Porque poco a poco nos hemos hecho aficionados de los Paradores, esa cadena de hoteles en edificios a menudo monumentales donde también es agradable tomar algo.

Hay muchos coches parados en la rotonda a la salida de la ciudad. La guardia civil de tráfico detiene todos para un control alcoholemia. Los conductores deben salir. Nosotros también estamos detenidos. El agente mira hacia nuestro auto y le dice a Ana: "No ha bebido, ¿verdad?". "¡Así es!", dice Ana con alivio. Con un gesto de saludo nos da permiso para seguir conduciendo.

Seguimos un rato en silencio por la autopista, mientras escuchamos nuestro programa de radio favorito, Alguien debería prohibir los domingos por la tarde, presentado por la cineasta Isabel Coixet, cuya voz baja un poco sensual siempre me recuerda a la de Tosca Hoogduin, que tenía hace años en Holanda el programa Easy Listening en la noche (AQUÍ están las dos voces para comparar). Entonces Ana dice: “No revisó mi porcentaje de alcohol porque soy mujer.” A pesar de su alivio de antes, su voz ahora suena un poco de reproche. "Creo que tienes razón", le digo.

Nos quedamos en silencio de nuevo. Luego añado: “Pero fue principalmente porque yo era el copiloto. Deben haber pensado que yo había bebido y que por eso estabas conduciendo tú.” Continuamos hablando sobre el hecho de que cuando un hombre y una mujer van juntos en un coche, casi siempre es el hombre quien conduce. Esto se aplica tanto en España como en los Países Bajos, y probablemente en todo el mundo. Los hombres creemos que somos mejores en eso, nos ponemos muy nerviosos cuando la mujer conduce y las mujeres simplemente se resignan a ello para evitar discusiones. Algo parecido pasa en la política, por cierto, a veces con resultados desastrosos como estamos comprobando en la actualidad. Solo hay dos razones válidas para que los hombres dejen conducir a una mujer: alcohol o no tener una licencia de conducir. Esta vez sólo esto último fue el caso.

Dejamos la idea de una taza de café y seguimos rumbo a El Bierzo. Noto que de alguna manera me complace la idea que haya al menos una persona en este mundo, un agente cerca de Villalba, que piensa que soy sensato con el alcohol. Me recuesto cómodamente en el asiento del copiloto y escucho la música melancólica que resuena por encima del sonido monótono del motor. La vida de un copiloto no es nada mala.

El copiloto contento en Ferrol


jueves, 3 de marzo de 2022

Ira impotente

Hay llovizna. Eso es una pequeña molestia, ahora que estamos aquí con tanta gente reunida en esta plaza. Por otro lado, la lluvia era muy necesaria. Había sequía durante tanto tiempo. Incluso ya ha habido algunos incendios forestales. Los niveles de agua de los embalses están en su punto más bajo, lo que podría causar problemas más adelante en el año.

Sacudo la cabeza para disipar estos pensamientos. Nos preocupa algo mucho más importante aquí. La guerra en Ucrania. Fue una buena idea del municipio organizar esto. Mucha gente comparte la ira por la invasión rusa. La violencia sin sentido. El nacionalismo estúpido, la megalomanía. Tenemos que lidiar con nuestra ira impotente. Una manifestación no va a salvar a Ucrania. Tampoco firmar la enésima petición digital. Aún así, sentimos que deberíamos estar aquí ahora, en la Plaza del Ayuntamiento de Ponferrada.

La unanimidad es grande. Veo gente de diferentes edades, con diferentes opiniones políticas, creo. Reconozco a la chica rusa que trabajaba en uno de mis bares favoritos. Hay jugadores de la Deportiva Ponferradina. Creo que hay pocas personas que no condenen la invasión. En Holanda es sólo la extrema derecha la que justifica. Lógico. Reconocen en Putin a alguien con la misma ideología. El nacionalismo ciego. Creer en la supremacía de la propia cultura. Curiosamente, noto que en España son principalmente las personas de izquierda las que restan importancia a la invasión. Están de acuerdo con el argumento de Putin. OTAN también se expandió hacia el este. Rusia se sintió amenazada por esto. Hay muchos nazis en Ucrania. Y otras razones sin sentido para enviar gente a la muerte. La extrema derecha y la extrema izquierda simplemente comparten su preferencia mórbida por los machos alfas dictatoriales.

A través de mis clases de holandés online conocí a muchas personas de Europa del Este. Pienso en una de mis primeras alumnas, una chica de Ucrania. Ella tiene la familia allí. ¿Cómo les irá? Y luego está mi estudiante ruso que ahora vive en Holanda. Durante la última clase estuvo completamente deprimido, porque se avergonzaba de su país. Habló sobre cómo los medios en Rusia están librando una guerra de propaganda para que la población apoye la invasión. Usan exactamente los mismos argumentos que la extrema derecha y izquierda de nuestros países.

Así que también estoy aquí para estas personas. Mi estudiante ucraniana. Mis alumnos rusos. Mis alumnos de Bielorrusia y Azerbaiyán. Todos sienten personalmente las consecuencias de esta guerra. Todos sufren del poder de Putin.

Se anuncia un minuto de silencio por los caídos en la guerra. Siempre un momento impresionante. El silencio a menudo dice más que los gritos fuertes.




jueves, 3 de febrero de 2022

Carne

 Es un miércoles por la tarde.
“¿Qué quieres cenar esta noche?”, le pregunto a Ana. Ella levanta la vista de su libro.
"¡Algo rico!", responde.
Con esta indicación un poco vaga me dirijo al supermercado Gadis. Allí siempre hay cosas ricas para encontrar. Deliciosos vinos y sobre todo muchos productos de Galicia.

Unos momentos después estoy dudando entre los estantes. ¿Será algo con pescado? ¿Con mariscos? Ya comimos eso en la comida. Camino al departamento de los embutidos. Mi mirada cae en un paquete de jamón y leo:
‘Jamón curado reserva, de cerdos celtas criados en libertad, alimentados con castañas, sin gluten, sin lactosa.’
Pero es carne. ¿Está moralmente permitido consumir eso?

Porque de repente hay mucho debate sobre la carne en España. Eso tiene que ver con la entrevista que el ministro de consumo Alberto Garzón concedió a The Guardian (AQUÍ). Esto probablemente hubiera pasado desapercibido si el Partido Popular, el mayor partido gobernante en nuestra comunidad autónoma Castilla y León, no hubiera utilizado la entrevista con fines de campaña. Al fin y al cabo, las elecciones de Castilla y León están a la vuelta de la esquina.

Garzón fue casi acusado de traición por atreverse a insinuar en la entrevista que en España se consume demasiada carne y que en las megagranjas se produce carne de mala calidad en condiciones infra-animales. Parecen unos comentarios poco sorprendentes. Después de todo, se puede decir lo mismo de casi todos los países ricos, quizás con los Países Bajos a la cabeza. El resultado de las críticas a las declaraciones del ministro es precisamente lo que no se pretendía: ahora ha surgido una discusión seria sobre cómo se produce la carne y cuáles son las consecuencias para el medio ambiente y la salud.

Menos mal que aquí en el Bierzo no tenemos megagranjas, que yo sepa. Pero no hace mucho había una gran granja de cerdos, en las colinas cercanas al encantador pueblo de Molinaseca. En uno de mis paseos en bicicleta de montaña, una vez tomé un giro equivocado y pasé por allí por accidente. Fue horrible. Había una peste terrible. El suelo estaba contaminado con mierda y sentí náuseas todo el día después. Los chuletones de cerdo de las granjas intensivas desaparecieron definitivamente de nuestro menú.

Si tiene que ser carne de cerdo, preferimos la de cerdo ibérico. Los animales son de color negro, creo que siempre están afuera y algunos llevan una dieta de bellotas, lo que resulta en un producto muy sabroso, pero algo caro. El jamón de los cerdos celtas de Galicia que comen castañas es un intento de competir con el jamón ibérico de la meseta.

De hecho, este producto también podría elaborarse aquí en El Bierzo. Hay tantos castaños en la zona, que muchas veces la gente no sabe qué hacer con las castañas. En muchos pueblos, por ejemplo, se celebran en otoño los magostos, fiestas populares en las cuales se hace un fuego en un sitio bonito para asar las castañas. Bastante sabroso, pero después todavía quedan muchas. Su uso como alimento para cerdos puede resultar en una pieza de carne de alta calidad aunque sea un poco más cara. Pues bien, comeremos menos carne. Y no es necesario talar selvas tropicales para cultivar soja para alimentar a nuestros animales. Una situación de ganar-ganar.

Tranquilizado por todos estos pensamientos, tomo el paquete de jamón sin gluten y sin lactosa de cerdos celtas criados en libertad alimentados con castañas y lo tiro con un ruido sordo en mi carrito de compras. Luego me dirijo al departamento de vinos. Allí la elección es más sencilla: un vino joven berciano de la uva mencía.



jueves, 6 de enero de 2022

Wopke Hoekstra tiene que marcharse

Desde que vivo aquí en España, casi miro todo lo que sucede en Holanda con ojos ajenos. No hace falta decir que trato de estar al tanto de los acontecimientos políticos y sociales, aunque sólo sea porque mi derecho a votar en las elecciones nacionales sigue siendo válido únicamente en los Países Bajos. Y para ser honesto, muchas cosas que están pasando en mi país natal no me gustan nada. Por la instalación del nuevo gabinete el 10 de enero, me limitaré a los desarrollos parlamentarios y no hablaré de todos los informes inquietantes sobre los violentos disturbios de los aficionados al fútbol, los entusiastas de los fuegos artificiales y los negacionistas de virus. Después de todo, lo que se decide en la política holandesa, a través de la Unión Europea, también tiene una influencia sustancial en la vida cotidiana en España. Quiero hablar en particular de Wopke Hoekstra, el ministro de Finanzas saliente y el futuro ministro de Relaciones Exteriores en el nuevo gabinete.

Se hizo particularmente impopular, aquí en España y en el sur de Europa en general, cuando mostró poca empatía durante la primera ola de Covid e intentó con todas sus fuerzas evitar que los fondos europeos se utilizaran para ayudar a los países que entonces estaban muy afectados. Mientras hubo un estado de emergencia en Italia y partes de España, sintió que tenía que señalar que estos países mismos deberían haber ahorrado más en los años anteriores. Fue, por decirlo suavemente, un comentario desafortunado en un momento poco adecuado.

Era un símbolo de algo que había estado sucediendo durante algún tiempo. Los demócratas cristianos estaban perdiendo cada vez más su rostro social. Esto se hizo aún más claro durante el asunto del supuesto fraude con las ayudas sociales. Muchas familias fueron acusadas erróneamente y tenían que devolver todo el dinero que habían recibido en los años anteriores. Por el uso de algoritmos se trataba sobre todo de las familias con los apellidos extranjeros. Esto, por supuesto, fue ampliamente cubierto en la prensa española, también porque la abogada de origen español Eva González Pérez jugó un papel importante en sacar a la luz los abusos. Al final, el gobierno holandés cayó a causa del asunto, pero de manera milagrosa regresarán muchos de los involucrados en el nuevo gobierno, incluido el propio Mark Rutte y también Wopke Hoekstra. 

Cuando leí informes en los medios de comunicación españoles y holandeses de que se mencionaba a Hoekstra en los Pandora Papers, porque tenía acciones en una empresa de buzones en las Islas Vírgenes Británicas, asumí que sus días políticos estaban contados. Después de todo, antes de la caída está la soberbia. Nada resultaba menos cierto. Pero, ¿cómo va a explicar el gobierno holandés a los países del sur de Europa que su ministro de asuntos exteriores, que tanto criticaba la falta de disciplina financiera de los países del sur de Europa, evitaba pagar impuestos por vía de un paraíso fiscal? 

En mi opinión, aquí está en juego la integridad de la política holandesa. Un ministro de Hacienda y también un ministro de Asuntos Exteriores sólo tiene el derecho moral de hablar y juzgar dentro de la Unión Europea si esta persona tiene una conducta impecable. En mi opinión, Wopke Hoekstra no puede, por tanto, convertirse en el nuevo Ministro de Asuntos Exteriores de los Países Bajos.

¿Estás de acuerdo? Entonces firme mi petición (enlace: https://chng.it/P9Ggpf2F2V) dirigida a los parlamentarios holandeses para votar en contra del nombramiento de Wopke Hoekstra. Sí, sé muy bien que esto en realidad no tiene posibilidades de éxito, pero es que vivo en el país de Don Quijote.



sábado, 25 de diciembre de 2021

Niebla y Sol

En una mañana fría de un lunes en diciembre decidí subir una montaña para llegar encima de la niebla. Esta niebla tan persistente que no parecía desaparecer nunca. Allí arriba esperaba tener una vista amplia sobre la manta lanosa que cubría Ponferrada, con en la distancia los picos nevados de las montañas que rodean El Bierzo. Pero no funcionó. También encima de la montaña la niebla reinaba. Como máximo el sol lograba acariciar las copas de los pinos.

Un poco aterido por el sudor frío en mi espalda empecé el descenso. Mis pensamientos volvieron a los acontecimientos del año pasado. 

Ser sombrío no está en mi naturaleza, me atrevo a decir. Incluso de la pandemia veía, además de los inconvenientes obvios, también los beneficios. A mí me parecía extraordinario que tantas autoridades y personas estuvieran dispuestas a parar la vida económica para salvar a los vulnerables. ¿Quién hubiera imaginado eso? Pero todo duró tanto tiempo. Nuestros anticuerpos naturales o inyectados resultaban tener una validez limitada debida a la evolución tan rápida de los virus. Un número cada vez mayor de gente parecía incapaz de aceptar la realidad y abrazaba las explicaciones dudosas que circulaban por el internet. Y encima había acontecimientos dramáticos a nivel personal. Mis dos hermanos fallecieron en un periodo muy corto. En ambos casos la despedida fue cálida y hermosa, pero lo que queda es el vacío. No, este año no fue nada agradable. 

Llegué al puente sobre el río Sil. Sobre el cemento a la entrada del puente alguien había escrito muy grande: VACUNA = VENENO

Esto me recordó que ya habían pasado más de tres meses desde que recibí mi segunda vacuna AstraZeneca. Tal vez podría tener mi tercera antes de las fiestas. Esto tendría que averiguar. Con paso acelerado, caminé a lo largo del río hacia casa. 

Y así ocurrió que una semana después estuve esperando en una larga cola en frente del edificio de las piscinas climatizadas, que de nuevo era habilitado como punto de vacunación. Nadie se quejó. Nadie se coló. Todos mantuvimos distancia y llevamos las mascarillas. Los asistentes iban y venían con sillas de ruedas para la gente mayor. Aquí y allá surgieron conversaciones amables, sobre todo sobre el tiempo tan templado. De vez en cuando incluso brillaba el sol. Y eso sucedió unos días antes de navidad.



viernes, 19 de noviembre de 2021

La mascarilla perdida

¿Qué me hizo subir El Pajariel el sábado pasado por la tarde? Pues, no es difícil de contestar: el tiempo maravilloso. Toda la mañana Ponferrada había estado cubierta por una niebla espesa, por lo cual la temperatura permanecía ridículamente baja. Solo a mediodía el sol se mostró. Después de la comida, con el estómago demasiado lleno, decidí salir.

Fue realmente estupendo. Varias veces me detuve para hacer fotos del paisaje a contraluz con el sol ya tan bajo. Eso resulta a veces en efectos bonitos a pesar de la baja calidad de la cámara de mi móvil. 
Cuando al regresar ya casi había llegado al puente sobre el río Sil, me di cuenta: ¡Había perdido mi mascarilla! Era mi mascarilla vieja de color morado, que suelo llevar conmigo cuando voy a hacer deporte, para ponérmela por si acaso tengo que ir por una calle transitada o voy a tomar algo en un bar.
 
Es sorprendente que mascarillas nunca han desaparecido del paisaje urbano, ni siquiera cuando ya no era obligatorio llevarlas. Quizás era porque seguían obligatorias para entrar en las tiendas o por el miedo que había provocado la primera ola, pero el hecho es que una gran mayoría de los españoles decidieron llevar mascarillas en casi todas las circunstancias para limitar al máximo la propagación del virus. Y con éxito, hasta ahora, aunque no sabemos lo que puede pasar este invierno.

Que en Holanda la mascarilla tenía muy poca popularidad, notamos el verano pasado cuando entramos con la nariz y la boca cubiertos en un supermercado en Ámsterdam y un dependiente nos informó amablemente que ya no eran obligatorias. Al aire libre el gobierno neerlandés nunca imponía mascarillas, porque pensaban que la gente podría perder la prudencia y olvidar de mantener la distancia. Si en Holanda se toma ese tipo de argumentos en serio, también voy a utilizarlos, por ejemplo, cuando ando por la noche con mi bici por Ámsterdam sin luz, porque otra vez la batería se ha agotado. ‘Pero oficial, ¿no sabes que andar en bici con luces puede provocar una confianza falsa? ¡Eso es muy peligroso!’

Desde luego, tener que llevar una mascarilla no es nada agradable, sobre todo para gente con gafas. Puedo elegir entre no ver nada por los cristales empañados o no ver nada por defecto ocular de -5. Y además hay la contaminación. Las calles y los senderos están llenos de mascarillas perdidas. A menudo me molestaba la gente con tanta negligencia.

Pero ahora yo mismo era uno de ellos. ¿Cuándo había sucedido? En este último sendero empinado donde había quitado la chaqueta, tal vez. La mascarilla estaba alrededor de mi brazo y debe haber caído allí. O quizás después, cuando de vez en cuando cambié la chaqueta de una mano a otra. En mi imaginación pude ver la mascarilla allí tirada, tan solita en este sendero poco frecuentado. Ya era demasiado tarde para volver. Por suerte tenía, como siempre, una reserva conmigo por si se rompía el elástico, como ya me había pasado una vez. Pero eso fue la primera vez que de veras perdí una.
 
Así que el domingo después, pronto por la mañana, volví a subir El Pajariel. Lo más que me distancié de Ponferrada, lo más densa era la niebla. De vez en cuando un sol pálido se mostraba. Desde cerca oí el susurro de los animales en la maleza. Hasta los eucaliptos, por algunos tan odiados por no ser autóctonos, adquirieron en la luz tan borrosa una belleza misteriosa. 
Donde me había quitado mi chaqueta el día anterior no encontré nada. Tenía que buscar un poco más allá, donde había elegido este caminito hacia abajo. Y allí estaba en el suelo mojado, luciendo muy morado. Afortunadamente, esta mascarilla terminaría en la basura, como debería. Satisfecho conmigo mismo, regresé a nuestro hogar cálido.


domingo, 17 de octubre de 2021

Llamamiento a las dueñas y los dueños de los bares de Ponferrada

Siempre era tan agradable. Salir a cierto momento de la mañana de la casa para ir a uno de los muchos bares que hay en Ponferrada para hojear allí el periódico, de vez en cuando leer un artículo, todo mientras disfrutas de un café con leche a un precio que es, por criterios holandeses, increíblemente bajo y casi siempre viene acompañado por bizcocho, un churro o un trocito de tortilla con pan. Ya antes de la pandemia se hundió un poco la costumbre. El País, el periódico que más me gusta leer, ya había desaparecido de la mayoría de los bares. Pero todavía podía elegir entre los refunfuños al gobierno de El Mundo, las noticias locales de El Diario de León y las omnipresentes revistas de fútbol.

Cuando después del confinamiento todos podíamos volver a salir de nuestras casas e incluso sentarnos en las terrazas, todos los periódicos de los cafés habían desaparecido. La teoría era que los contagios podrían ser transmitidos por los periódicos compartidos. Más tarde aprendimos que el virus no viajaba tanto a través de las superficies y las manos sino principalmente por el aire. Aun así, los periódicos volvían solamente escasamente. Creo que la mayoría de los dueños de los bares no querían volver a la situación anterior. Habían perdido ingresos en ese periodo difícil y las suscripciones a los periódicos cuestan dinero, por supuesto. Pero mi comportamiento cambió. ¿No periódico? Pues, tampoco voy a tomar un café afuera cuando estoy solito. No voy a mirar mi teléfono para leer las noticias mientras tomo mi café. Ya estoy todo el día mirando pantallas cuando doy mis clases online, escribo o me expongo a los algoritmos perniciosos en las redes sociales. Prefiero comprarme un periódico en uno de los escasos kioscos que todavía existen y hacerme un café en casa.

En este momento conozco, para ser exacto, dos bares con periódicos de papel. No voy a revelar cuales son, para evitar que todo el mundo vaya allí; ya ahora resulta bastante difícil conseguir un periódico libre. Queridos dueños y dueñas de los bares, por favor, pongan una pila de periódicos en la ventana. En ese caso, este guiri está dispuesto a pagar nada menos que 10 centavos más por una taza de café con un pincho.

Uno de los pocos bares con periódicos

 

jueves, 23 de septiembre de 2021

Alegría en la librería de Óbidos

Habíamos entrado en la localidad portuguesa de Óbidos en una larga fila de coches. Afortunadamente, esta vez aparcar no daba ningún problema. Óbidos estaba habilitado para recibir grandes flujos de turistas. Afuera de los muros medievales se había creado un aparcamiento enorme y las calles eran de dirección única para caminantes. En todas partes había pequeños establecimientos donde vendían el licor local y, desde luego, las inevitables gorras, camisetas y tazas con inscripciones. El sitio era hermoso, pero el ambiente me recordaba a las trampas turísticas como Volendam en Holanda. Y de pronto llegamos a una iglesia que se había transformado en una librería. Una librería maravillosa con libros en castellano e inglés. ¡Qué riqueza!

En Ponferrada no hay muchas librerías y casi ninguna con libros en inglés. Bueno, hay una sucursal de la cadena Casa del Libro en el centro comercial donde hay unos, pero las visitas a los centros comerciales se debe evitar tanto como sea posible, en mi opinión. Son tiempos difíciles para las librerías por la competición de la compra online de Amazon y el hecho que la gente hoy día casi no lee libros. Se prefiere textos cortos en el internet, preferiblemente con fotos, y sobre todo los videos graciosos son muy populares. Bah, quizás me estoy poniendo viejo.

Como niño iba a menudo a una librería bastante lejos de mi casa familiar en Ámsterdam. Cuando llegaba allí, iba directamente a la sección de los libros sobre la naturaleza: las guías de los pájaros y los libros con fotos sobre parques naturales. Allí me sentaba largo tiempo de rodillas hojeando los libros y fantaseando con viajes a estos paisajes tan lejanos. Todavía puedo situar esa sección: al final de la librería, al lado derecho, abajo. Casi nunca compré nada. No tenía dinero. Las novelas que leía las saqué de la biblioteca.

Esto seguía haciendo cuando me independicé. En mi estante muy modesto había como mucho algunos diccionarios y las novelas que había recibido por mis últimos cumpleaños que, después de leer, vendía a una tienda de libros de segunda mano. Consideraba la posesión de los libros en mi pequeño piso de alquiler social como un lujo innecesario y solamente compré libros para regalar. Cada dos semanas iba con la bicicleta a la biblioteca pública, que desde 2007 está localizada al lado de la estación central. Si alguien va de visita a Ámsterdam, recomiendo ir a este edificio con libros en muchos idiomas, un departamento de libros juveniles fantástico y en el piso arriba una terraza con vistas sobre gran parte del casco histórico y el puerto antiguo. Como ahora vivo en Ponferrada, compro literatura holandesa o inglesa cada vez que voy a los Países Bajos. Las estanterías de nuestra casa ya comienzan a abultarse. 

Nuestra alegría con la librería de Óbidos con toques internacionales era grande. Por bastante tiempo nos quedamos allí andando entre los estantes, de vez en cuando tomándonos un libro en la mano para hojearlo. Finalmente, compramos dos libros. Una vez afuera nos sentamos en una terraza. La mayoría de los turistas ya se habían ido. Pedimos dos cafés con leche y hablamos sobre nuestra impresión de que Portugal es un país mucho más internacional que España. Se habla mejor inglés y hay prensa y literatura internacional. Mi opinión era que eso tenía que ver con el tamaño. ‘Cuanto más grande un país, más orgulloso la gente está de su propio idioma,’ proclamé. Ana respondió que aunque Portugal es pequeño, el portugués es un idioma verdaderamente global. Quizás tenía más que ver con el carácter marítimo de un país. Luego cogimos nuestros libros y leímos en silencio, hasta que la gerente de la cafetería empezó a recoger con insistencia las sillas y mesas a nuestro alrededor. 



sábado, 21 de agosto de 2021

Buscando enfriamiento

Estamos sentados en la terraza del hostal donde nos alojamos este fin de semana. Ya hace bastante frío. Llevamos pantalones largos y suéteres. ¡Estupendo!. Debajo de nosotros escuchamos el murmullo del mar y vemos las altas olas blancas rodando sobre la playa envuelta en oscuridad. Todos los surfistas se han ido. Ahora están comiendo frente a sus furgonetas campers, sospechamos. Estamos aquí en Asturias, que en mi opinión tiene la costa más hermosa de España y quizás de toda Europa. Pero estamos aquí principalmente para refrescarnos. Porque allá, al otro lado de la Cordillera Cantábrica, hay una ola de calor.

Ana me cuenta que los asturianos solían venir a menudo a la provincia de León para secarse, como decían. Asturias es muy verde y eso tiene todo que ver con las lluvias abundantes. Pero ahora el flujo de refugiados climáticos claramente va en la otra dirección. No somos los únicos que quieren huir del calor. Casi todos los hostales y los restaurantes estaban completos. Teníamos mucha suerte con este lugar, un restaurante de la playa que también alquila habitaciones básicas con vista a la Playa de Peñarronda.

Antes de nuestra escapada, el ambiente en Ponferrada era casi siniestro. Además del calor y la atmósfera polvorienta del verano, también había varios incendios forestales. El jueves, cuando cenamos en la terraza fantástica del restaurante La Estrategia del Caracol en el pueblo de Santalla del Bierzo, la camarera tenía de vez en cuando que limpiar nuestra mesa porque nevaba cenizas. Eso fue por un incendio forestal  en el oeste, tal vez en Galicia. El viernes siguiente, hubo un incendio más cerca; un helicóptero volaba de ida y vuelta entre el río El Sil y el fuego para apagarlo.

Además del descuido y la mala intención humana, estos incendios forestales también se deben a las condiciones climáticas, que están cambiando. España se está poniendo más caliente. Grandes partes de la meseta española parecen cada vez más un desierto. Y una vez que llueve, a menudo es tan violentamente, que el agua arrastra trozos de tierra y casas.

La gente se refresca, si es posible, a lo largo de la costa en el norte u oeste. O se cierran en las casas, con las persianas cerradas y el aire acondicionado a tope. Esto último también se está volviendo cada vez más difícil. El precio de la electricidad nunca ha sido tan alto como este verano. La causa de esto puede ser, entre otras cosas, la alta demanda de energía por todos esos dispositivos para refrescar la casa. Pero en realidad es una vergüenza. En un país soleado como España, la electricidad podría ser muy barata en un verano caluroso, si se hubiera invertido más en energía solar. Por alguna razón, eso nunca se ponía en marcha. Hay gente que está en contra de las fuentes de energía alternativas porque arruinarían el paisaje. También en El Bierzo hubo manifestaciones contra los parques eólicos. Pero al igual que los paneles solares, las turbinas eólicas son necesarias. Hay muchos lugares, donde se puede generar energía renovable sin que el paisaje o la naturaleza sufra demasiado. Mejor los paneles solares que las centrales eléctricas de carbón. Mejor las turbinas eólicas que los petroleros.

Mientras tanto, hace demasiado frío en nuestra terraza sobre la playa! Decidimos irnos a la cama. Debajo de las mantas gordas. ¡Fantástico!

La playa de Peñarronda, 
dibujo de Ana Fernández


miércoles, 28 de julio de 2021

Adiós a mi hermano mayor

Todo sucedió tan rápido. Nos habíamos visto en abril en el funeral de nuestro hermano Willem. Entonces no parecía que le pasara mucho. Quizás un poco pálido y flojo, pero eso no fue tan extraño en un evento tan dramático como la muerte de un hermano y eso además en medio de una pandemia.

Pero en junio recibimos el primer mensaje inquietante de WhatsApp. ‘Hola Ana y Roland, ¿cómo estáis? Yo, no tan bien. Puede que tenga un tumor en el páncreas.’  Eso era efectivamente lo que tenía y maligno además.

Mi hermano estaba decidido. No quería la larga agonía con la radiación, las hospitalizaciones, el dolor y otras molestias físicas sólo para prolongar la vida un poco. Durante una conversación por Skype, ya nos dijo: ‘Si la cirugía no es posible, quiero la eutanasia.’ Ya lo había hablado con su médica de cabecera. Después de muchas investigaciones, la cirugía resultó imposible. También encontraron un gran tumor en su esófago. Ya no podía comer alimentos sólidos.

Cuando llegamos a los Países Bajos, todavía le quedaban tres días de vida. Fueron los días más intensos de mi vida. Ana y yo estábamos allí a menudo junto con Anton, sus dos hijos Marcel y Linda y su esposa Leen en la sala de estar. Todavía no tenía ningún dolor. Estaba cansado pero también muy conversador. Contó muchos recuerdos. Bromeó para tranquilizarnos y continuó asegurándonos que no le tenía miedo a la muerte. En gran parte organizó su propio funeral. Eligió la música y el texto para la tarjeta del funeral. Su hijo Marcel incluso grabó un video de él, que se iba a reproducir en el funeral, con la apertura: 'Bienvenidos amigos, vecinos, familiares y conocidos, les doy la bienvenida a todos. Qué especial es dar tu propio discurso en tu propio funeral.’

El viernes 2 de julio, a la hora acordada, a la una y media, las dos médicas llegaron a la casa. Le preguntaron si todavía estaba convencido de su decisión. Lo estaba. Luego se le administró sedación. Todos estuvimos presentes en el fallecimiento de Anton: Lenie, Linda, Marcel, Ana y yo. Cuando el sedante comenzó a hacer efecto, Anton dijo: ‘Ahí voy’ y se quedó profundamente dormido. Luego, la médica le administró el relajante muscular que detendría el corazón. Más tarde hablé con la médica por un tiempo. Me pareció muy natural tener una conversación amistosa con la mujer que acababa de ayudar a mi hermano a morir. Ella me dijo que estaba de acuerdo con Anton en su decisión. Era asombroso que todavía no tuviera dolor, pero el gran sufrimiento seguramente habría llegado pronto.

De todas las muertes que he presenciado de cerca, esta fue sin duda la más dramática, pero al mismo tiempo la más serena. Murió tranquilamente en casa, rodeado de sus seres queridos, con tiempo de sobra para despedirse y tranquilizarnos a todos. Estaba tan orgulloso de mi hermano mayor como cuando era pequeño. Aprendí mucho de él hasta el último momento.

Los tres hermanos en 1959
En orden de edad: Anton, Willem y Roland




sábado, 29 de mayo de 2021

Viaje al centro del mundo

Es sábado, 22 de mayo. El andén 1 de la estación de Ponferrada está muy transitado. Normalmente, lo considero una buena señal. Al menos la gente todavía viaja en tren. Pero ahora, en estos tiempos de Covid-19, las multitudes siempre preocupan. Bueno, hace dos semanas tuve mi primera vacuna. Pero el turno de Ana es la próxima semana. Por cierto, una vacuna no crea inmunidad completa, según los expertos. Con solo unos minutos de retraso, el tren de Vigo entra en la estación y se detiene con un chirrido. Subimos.

De hecho, el compartimento está muy ocupado. Mientras colocamos nuestras maletas en el portaequipajes, el tren se pone lentamente en marcha. Nos sentamos y miramos por la ventana. Sabemos por experiencia que la primera parte del viaje será muy bonita. Primero por el profundo cañón del río El Boeza hasta Bembibre. Entonces comienza la larga subida para salir de El Bierzo. Aquí el tren incluso tiene que hacer un lazo completo para ganar altura. La vista del empinado cauce del río da paso a laderas de pedregal negro. Son las cicatrices que ha dejado la minería del carbón. "Ahora bien, si hubiera una inversión en un nuevo túnel recto, este viaje sería mucho más corto", le digo a Ana. Con un breve asentimiento, me da la razón. Es uno de mis temas favoritos.

Una vez que llegamos a la meseta, la mayoría de los viajeros pierden interés en la vista. Pero en el tren soy un verdadero espectador por la ventana. Encuentro fascinante el inmenso vacío del paisaje. Aquí se cultiva el grano español, la remolacha azucarera y otros cultivos herbáceos. También hay mucha tierra en barbecho. No va muy bien con todos los agricultores en España. Al igual que en los Países Bajos, a veces vienen a las ciudades con sus tractores para manifestarse contra lo que ven como precios injustos para sus cultivos. Exigen precios mínimos y mantener sus subsidios.

En una vida pasada, les expliqué a mis alumnos durante mis clases de economía que los precios garantizados no suelen ser una buena idea. Luego dibujé una cruz en la pizarra que representaba la oferta y la demanda y con una línea horizontal sobre la intersección indicaría el efecto de un precio mínimo. Un exceso de oferta. Este dibujo debería explicar el estanque de leche europeo, la montaña de mantequilla y el estanque de aceite de oliva. Una situación en la que todos pierden. Uso inútil de la tierra y mano de obra para un producto que no se vende.

Pero es precisamente aquí, en esta meseta vacía, donde hay posibilidades. Se puede cambiar los subsidios de los productos agrícolas a las energías renovables, que sí están demandadas. Gran parte de esta tierra vacía podría usarse para parques solares o eólicos. Casi nadie se molestaría aquí, excepto un solo guiri que siempre mira hacia afuera por la ventana de un tren. La naturaleza podría volverse aún más rica, si los paneles solares se colocaran a una buena distancia entre sí, de modo que también puedan crecer pastos, flores y arbustos. Y si se producen menos productos agrícolas, sus precios también aumentarán. Una situación en la que todos ganamos, en mi opinión.

Cuando llegamos a Palencia, bajamos. Pasaremos la noche aquí para ver las diversas exposiciones fotográficas. Nuestra mirada recae en el tablero con los horarios de llegada y salida. Comparada con Ponferrada, esta estación es el centro del mundo. Hay trenes a Cataluña, Galicia, País Vasco, Asturias, Cantabria y Madrid. "Si hubiera una conexión rápida entre Ponferrada y León, también estaríamos conectados a esta red", le digo a Ana. Pero no me oye. Ya está de camino a la salida de la estación.





viernes, 30 de abril de 2021

Mi hermano Willem

Mis dos hermanos mayores y yo crecimos juntos en un barrio popular en el oeste de Ámsterdam. Entonces era un barrio típico de la posguerra, muchas familias con niños, una incubadora de la generación del baby boom. Los tres dormíamos juntos en un dormitorio pequeño, a menudo juntos con el perro Rakker.

 Cuando mi hermano mayor Anton se casó con Lenie, Willem y yo nos quedamos  los dos en esa pequeña habitación, él tenía 15 años y yo 10. Naturalmente, él se convirtió en mi gran ejemplo. A veces me resistí y grité: "¡Esto no es música!", cuando ponía los discos de  Soft Machine o Frank Zappa. Pero unos meses después, gracias a la persuasión de Willem y la constante repetición de la música, puse yo mismo los LP de mi hermano y traté de convencer a mis amigos con el mismo entusiasmo que Willem de que eran geniales.

 Algo parecido sucedió con la literatura. Philip Roth, Joseph Heller, Dostojewski, tomaba los libros de estos escritores de la estantería de Willem, los leía y tenía la fuerte sensación de que compartimos algo juntos. Eso también pasó cuando hablábamos de política. Gracias a él, di los primeros pasos hacia la conciencia política desde muy joven.

 Jugábamos mucho al ajedrez en casa. Una de las partidas entre Willem y yo fue anotada y comentada en la revista de calidad Wirant, una revista semanal producida por Willem y Roland. Además de la sección de ajedrez, contenía cuentos, cómics e incluso una sección de recetas. Desafortunadamente, el semanario solo se publicó dos veces y ambas copias se perdieron con el tiempo.

 Como él jugaba béisbol, empecé a jugar en el mismo club. Me gustaría compartir una anécdota que creo que dice algo sobre Willem, su especial sentido del humor y nuestra relación en ese momento.

 Jugamos béisbol en el club Blauwwit (Azulblanco), que tenía su base a unos 25 minutos en bicicleta desde nuestra casa. Willem solía llevarme allí, porque mi padre trabajaba los sábados y mi madre estaba ocupada con las tareas domésticas. Ese día tenía un juego temprano, pero menos temprano de lo que pensaba. Le había comunicado a mi madre la hora de inicio incorrecta. Cuando llegamos al club después de 25 minutos pedaleando, nos quedó claro que estábamos más de una hora demasiado temprano. Willem pensó que mi madre había cometido el error; sabiamente mantuve la boca cerrada. Volvimos en bicicleta en silencio, unos 25 minutos, pero nuestra madre estaba haciendo las compras. Willem tomó una hoja grande de papel, escribió con rotulador en letras grandes: "¡Gracias!" y ponía el papel sobre la mesa en el salón. En unos 25 minutos regresamos en bicicleta a nuestro club, donde jugué mi partido. Nuestra madre nos dijo por la noche que, cuando había llegado a casa, realmente no había entendido nada. Los chicos estaban en el club, ¿verdad? Pero, ¿por qué está ese mensaje misterioso sobre la mesa? Afortunadamente, pudo reírse de eso.

Después de que Willem se fue de casa a vivir con su actual esposa Els, nuestro vínculo cambió, desde luego. Desarrollé mis propias preferencias musicales, literarias y políticas, pero seguimos compartiendo mucho. Vacaciones o excursiones, también con los niños. Celebrando las noches de San Nicolás con la familia y la última vez incluso con sus dos nietas a través de Zoom. Mi esposa Ana y yo a menudo encontrábamos una acogida hospitalaria en la casa de Willem y Els. En los últimos años ha estado plagado de problemas físicos. Sin embargo, el final llegó de forma inesperada y demasiado pronto. Había todavía tantas obras musicales para escuchar, libros para leer, películas para ver y temas para discutir. Dejas un vacío, Willem, te echaremos mucho de menos.

 

Más o menos mi discurso en el funeral de mi hermano Willem, el martes 20 de abril de 2021

Willem, yo y el perro Rakker debajo del árbol de Navidad


domingo, 28 de marzo de 2021

¿Qué nada allí?

Justamente afuera de la zona urbanizada de Ponferrada, donde El Boeza desemboca en El Sil, el paisaje casi se puede llamar holandés. Los caprichos de los ríos a veces hacen que el agua es turbulenta, pero con falta de lluvia o agua de deshielo, el río parece parado, aunque esto nunca es completamente el caso. A lo largo de la orilla sur, justo debajo de El Pajariel, mi montaña de senderismo preferida, crece la caña y se puede escuchar el canto de los pájaros en la primavera. A veces hay una garza real en la orilla o cormoranes pescando en la parte más profunda del agua.

Hace dos semanas, cuando pasé la confluencia después de una larga caminata, mis ojos vagaron como suelen hacer sobre la superficie del agua. Algo oscuro se movía rápidamente por el agua hacia los juncos del otro lado. Pensé en una focha, una polla de agua o tal vez un cormorán. Ya estaba a punto de continuar mi marcha hacia casa, cuando el animal regresó y se sumergió varias veces. Cogí mis pequeños binoculares. Un mamífero. Una marta. ¿Era una nutria? ¡Esa era una nutria! ¡Mi primera nutria! Mi corazón empezó a latir más rápido.

Al día siguiente volví al mismo lugar. Caminé dos veces por la orilla y, maldita sea, allí estaba de nuevo, pescando nerviosamente. Esta vez logré hacer un video con mi teléfono móvil que tiene, lamentablemente, una cámara muy limitada. Vea el resultado pobre aquí:

La verdad es que las nutrias en España son más comunes que en los Países Bajos. Recuerdo una clase de inglés con mi alumno David en la cual hablamos sobre las nutrias. Él había visto muchas en un río cerca de La Bañeza y estaba preocupado por las truchas allí. Le dije que soltamos nutrias en los Países Bajos, porque estos animales se extinguieron en la década de los sesenta debido al uso excesivo de venenos agrícolas. Cuando le expliqué que a veces equipamos a los pobres animales con un transmisor para rastrearlos, se rio y dijo: "Bueno, será mejor que vengáis a atraparlas aquí".

Por supuesto, no estaba muy seguro de si había visto una nutria. ¿Viven realmente tan cerca de una ciudad de tamaño mediano? El término de búsqueda nutrias en Ponferrada en el internet me llevó a la cuenta de Twitter de la policía local, donde hubo una animada discusión sobre un animal visto a lo largo del río. (AQUÍ) La policía pensó en un hurón que se había escapado, pero otros estaban seguros que fue una nutria. También hubo una discusión sobre si era prudente compartir este mensaje. Después de todo, si mucha gente fuera a mirar, la nutria pronto desaparecería.

Un hurón me parecía poco probable, porque no es un buceador tan ávido. Lo que no podía descartar, sin embargo, fue que se trataba de un visón americano. Al igual que en los Países Bajos, en ocasiones se han escapado y su comportamiento se parece al de la nutria. Por casualidad yo, o mejor dicho mi sobrina española Ana, había visto uno en Salamanca. Era cuando traté de entusiasmarla con el noble arte de la observación de aves. Después de haber visto un verdadero martín pescador desde el puente medieval sobre el Tormes, mi sobrina de repente dejó escapar un grito y señaló hacia abajo. Una marta negra andaba sigilosamente por la orilla del río. Un visón americano.

Realmente no soy un enemigo de los animales o plantas que no son nativas. La naturaleza es dinámica. Por ejemplo, en mi opinión, el eucalipto es bastante hermoso, mientras que muchos ambientalistas aquí parecen haber convertido este árbol importado en el enemigo público número uno. Por supuesto, no se deben juntar demasiados, como sucedió en Galicia. Pero aún así, ver un visón americano en lugar de una nutria es como ver una cotorra en el parque del Retiro mientras crees que se trate de un pito real.

Los últimos días pasé unas cuantas veces más por delante del lugar de la nutria, a veces armado con el iPhone de mi esposa, que tiene una cámara mucho mejor. Desafortunadamente, no he vuelto a ver a la nutria nunca más. Se ha ido.


sábado, 27 de febrero de 2021

Caca o sangre

Es un día lluvioso en febrero. Estoy esperando afuera del centro médico en la Calle Ancha en El Barrio Alto de Ponferrada.  Al menos esos son nombres fáciles de recordar para un guiri. No todos los nombres de las calles son tan descriptivos. Ojalá. Muchos llevan el nombre de españoles famosos de los que nunca he oído hablar: la Calle Luciana Fernández, la Calle Isidro Rueda o la Avenida Pérez Colino.  ¿Quiénes diablos son esas personas? Pero esta calle es bastante ancha, Calle Ancha,  un nombre adecuado.

Mi profundo hilo de pensamientos es interrumpido por la enfermera que sale y lee en voz alta algunos nombres. Todavía no es mi turno de entregar mis muestras de heces. En España, los rastros de sangre en las heces se controlan cada dos años en personas mayores de 55 años. Una medida estupenda. Verifico que de hecho estoy esperando en el momento adecuado y saco el volante de mi bolsillo. Sí, las 8.55, estoy bien a tiempo. Entonces mi mirada se posa en las manchas en el volante. Me sobresalto. E incluso huelo al papel. ¡Díme que no es verdad! Efectivamente, fue bastante complicado tomar la muestra esta mañana. El día anterior, la enfermera me lo había explicado. ‘Utilice el palito recolector para pinchar las heces cinco veces en diferentes lugares.’ Incluso me había explicado cómo evitar que toda la caca se metiera en el agua por cubrir el interior del váter con mucho papel higiénico. En España siempre hay inodoros en los cuales la caca cae inmediatamente en el agua y casi nunca inodoros con una bandeja como en los Países Bajos son comunes (véase foto abajo).  Al final, todo parece que todo fue bien y felizmente enrosqué el palo en la pequeña botella de plástico. Pero, ¿cuándo aparecieron estas manchas en el volante?

Entonces recuerdo mi dedo sangrante de ayer. Eso sucedió cuando saqué el volante del bolsillo de mi chaqueta. Resultó tener un borde tan afilado que me corté el dedo. ¿Pero cómo puedo explicar eso en el mostrador de una manera convincente? Otra vez, mis habilidades para hablar español se están poniendo a prueba. Empiezo a practicar las frases en mi mente. ‘No es caca, es sangre, pero no salió de mi ano.’ Afortunadamente, con esta torpe explicación podré mostrar mi dedo con el corte todavía claramente visible . 

La enfermera sale en la calle y lee con dificultad en voz alta mi nombre. Espero para ella que nunca haya una calle que lleve mi nombre en Ponferrada.



sábado, 16 de enero de 2021

Encontrarse a sí mismo

Ocurrió en El Pajariel la semana pasada. Durante una hermosa caminata invernal llegué a un bosque de pinos donde una bandada de mitos, estos pajaritos tan bonitos con las colas largas, volaban charlando entre los árboles. Un corredor sudoroso subió corriendo, enviando a los mitos a las ramas más altas. El corredor no se dio cuenta de esto; la vista sobre el infinito y la mente en blanco. Confieso que en ese momento pensé: "¡Qué idiota!"

Inmediatamente comencé a razonar esta línea de pensamiento tan negativa. ‘Ese tío es ciego a la naturaleza que le rodea; no puede ser sano jadear tanto.’ Pero, para ser honesto, fue solo hace unos años que yo mismo corría cuesta arriba en El Pajariel, mientras los caminantes tranquilos me miraban moviendo la cabeza despectivamente.

Por cierto, no quiero ser como el apóstata que, una vez liberado de su religión o ideología, no hace nada más que denunciar lo que él mismo ha profesado con tanta diligencia. O alguien que, después de años de fumar o beber alcohol, de repente se convierte en un predicador fundamentalista del estilo de vida saludable. Correr por la montaña es maravilloso. El esfuerzo físico disipa los pensamientos negativos. A veces en la cadencia de los pasos se llega a conocimientos profundos. Construyes perseverancia. Aprendes a conocer tus límites.Te encuentras a tí mismo.

Pero ya no haré nunca más trail running, como se llama correr por senderos de montaña hoy día. Como máximo correré un poco en el parque junto al río, tan pronto como los caminantes puedan volver a salir sin llevar mascarilla y no me sienta tan culpable mientras hago eslalon entre ellos con la cara descubierta, jadeando y sudando.

Fue la lesión de rodilla seguida por el largo período de inactividad forzada durante el confinamiento lo que terminó con mi carrera como trailrunner. Una pena, porque quizás era el único deporte para el que parecía tener algo de talento. Pero hay muchas otras cosas que hacer. Afortunadamente, la falta de talento nunca me ha impedido hacer nada.

Eso significa que en 2019 participé en mi última carrera de montaña. Era el del hermoso pueblo de Balboa en Los Ancares, la sierra al noroeste de El Bierzo. Magnífico. Corrimos a través de bosques, a lo largo de arroyos, a veces a través del lodo de tal arroyo. Pero el trayecto siguió yendo cuesta arriba y cuesta abajo. Cuando llegué a la penúltima parada, exhausto y ya con el dolor en la rodilla derecha, pensé que casi había llegado. Pero la gente que daba las bebidas a los corredores me indicaron con el dedo cómo proceder. Empinada hacia arriba. Bebí algo de un vaso de plástico preparado que resultó contener Aquarius muy dulce y helado en lugar de agua. Personalmente, creo que esa fue la causa de mis náuseas posteriores. Mis amigos dicen que fue el trayecto, que, al fin y al cabo, era demasiado largo y duro para mí, y que no debería haber celebrado mi llegada con unas cervezas. Cuando hicimos fila con todos los demás corredores para una porción de paella preparada en una enorme paellera, vomité dos veces seguidas. Y en el camino de regreso, cuando mi amigo Simon tuvo que repostar, unas cuantas veces más al lado de la gasolinera. Cuando llegué a casa, me fui a la cama y duró unas horas hasta que era capaz de comer algo. Sin embargo, fue un día fantástico. Pero también fue el día en el cual, sin saberlo, me despedí de correr por la montaña. Creo.



martes, 22 de diciembre de 2020

El tiempo pasado de pepino

Faltan unos días para Navidad. Esta mañana Ponferrada está envuelta en la niebla, como suele ser el caso en esta época del año. Esta vez no iré muy lejos para las compras. La Plaza, el supermercado, aquí mismo en la calle. Allí tienen de todo y también un gran personal que te hará sentir como en casa. La cajera Eva me saluda en voz alta tan pronto como entro. ‘¡Hola Rolán!’ ‘¡Hola Eva!’, respondo, pronunciando la letra v con una f fuerte, para mantener mi imagen del guiri del barrio.

Me pongo los guantes y los desinfecto con el gel que cuelga de la pared. Después, me pongo las gafas que hoy en día no llevo afuera porque se empañan en combinación con la mascarilla, especialmente con este tiempo neblinoso. Con un carrito de compras pequeño camino hacia el departamento de las verduras. ‘Pepino holandés’, leo. 

¡Qué extraño! Nadie aquí los come, ¿verdad? ¿Fueron colocados aquí especialmente para mí? Leo el origen en la etiqueta. España. La verdad es que me gusta más el tipo de pepinos que comemos en Holanda que los pepinos secos del variante español. La ensalada de pepino que solíamos comer en la casa de mis padres, con cebolla picada y un poco de vinagre, aceite y pimienta, es deliciosa. Por motivos nostálgicos pongo el pepino en el carrito.

Una vez en casa decido buscar algo más de información sobre los pepinos holandeses del suelo español.  En Google las palabras pepinos holandeses me llevan a varios artículos sobre las protestas de los agricultores andaluces contra los bajos precios de, entre otras productos, los pepinos holandeses cultivados en España. Una foto muestra a los agricultores furiosos que arrojan los pepinos a la calle.

Una de las causas de los bajos precios son los invernaderos ultramodernos de los Países Bajos. Hoy día, allí se producen pepinos durante todo el año, contra lo cual los agricultores andaluces, con sus invernaderos menos sofisticados de plástico, no pueden competir. Las exportaciones hacia los Países Bajos y Alemania se han estancado. Esto, por supuesto, explica por qué los pepinos aparecen de repente en un supermercado del barrio en Ponferrada.

Lentamente se me ocurre por qué puede haber aparecido el artículo tan extenso en El País titulado: 'Los Países Bajos: hacia el liderazgo y la difusión mundial de la agricultura circular', que es sobre todo un elogio de los métodos de producción agrícola en los invernaderos holandeses , donde se están llevando a cabo una agricultura completamente circular. (AQUÍ se puede leer el artículo)



Encima del artículo estaba escrito: Publicidad. ¿Será que el gobierno holandés financia una campaña para dar a conocer esta iniciativa en España? ¿Y por qué será eso? ¿Quizás para pulir la imagen de Holanda, que ya ha recibido bastantes mordiscos en los últimos años y ahora sufre de las protestas de los agricultores contra los productores holandeses? Pero en este caso no deberían usar la palabra liderazgo, que no muestra mucha modestia.

Decido buscar en google el escritor español del artículo publicitario. Lo encuentro en Facebook y le hago esta pregunta a través del chat: ‘¿Por qué el gobierno holandés quiere que los lectores de El País sepan que Holanda jugará un papel de liderazgo en la innovación de la agricultura?’ Para mi sorpresa, responde casi de inmediato. ‘Se trata de un ejemplo de cómo se pueden hacer cosas bien hechas en esta materia y colaborar entre países. Ese es el objetivo.’ Todavía sin saber mucho, le agradezco por su rápida respuesta. Entro en la cocina y empiezo a preparar una ensalada de pepino holandés. Justo como antes. Y no puedo evitar pensar en aquel divertido acertijo de mi infancia: ¿Cuál es el tiempo pasado de pepino? ¡Pues, pepiné!*


*En holandés el juego de palabras es diferente, desde luego. La palabra para pepino es komkommer, que se parece al verbo komen (venir). El tiempo pasado de komkommer (vengovenedor), es kwamkwammer, vinovinodor. Vale, se pierde algo en la traducción.


domingo, 29 de noviembre de 2020

Todo va tan rápido

Hoy en día mucha gente parece ser adicta a su móvil. Yo mismo puedo decir que lo uso con moderación; sólo como un teléfono, remitente y receptor de textos, agenda, calendario, libreta de notas, despertador, reloj, cámara de fotos, cámara de película, grabadora, periódico, mapa de carreteras, diccionario, enciclopedia, pantalla de vídeo, radio, archivo de documentos, álbum de fotos, linterna, espejo, afinador para mi guitarra, dinero digital, identificador del canto de los pájaros, mapa de la ciudad, mapa de montaña, covid-radar, escáner de menús y calculadora.

Durante los primeros 45 años de mi vida, solamente tenía un teléfono fijo normal. Siempre tenía una agenda de bolsillo conmigo, donde guardé todas mis citas y números de teléfono en caso de que quisiera llamar a alguien en el trabajo o en un pub. No fue hasta que ya no era posible explicar a mis estudiantes por qué no llamaba cuando iba a llegar tarde a la escuela debido a un retraso del  tren, que decidí comprar el teléfono móvil, en aquel momento sólo adecuado para llamar y enviar mensajes de texto. Ya tenía un ordenador en ese momento. A finales de la década de 1990 no pude evitar tenerlo. Y ahora, la forma de comunicarnos, trabajar y relajarnos ha cambiado para siempre por los medios sociales. 

A veces me pregunto si para mi generación los cambios sociales y tecnológicos habían sido mayores que para la generación de mis padres. En las décadas posteriores a esos miserables años de guerra la sociedad se desarrollaba rápidamente. En nuestra familia de posguerra en este barrio nuevo en el oeste de Amsterdam hicieron su entrada la televisión, la estufa de gas, la nevera y la lavadora. La calles se llenaban de coches, la gente viajaba cada vez más al extranjero, más tarde también en avión. La manera de vivir y pensar cambiaba; hubo la revolución sexual, así como la emancipación de las mujeres y, por supuesto, la creciente laicización y la protección del estado de bienestar. Amsterdam se volvió multicultural rápidamente. Al final de sus vidas, mis padres se mudaron a esa ciudad completamente nueva llamada Almère, construida donde antes había el mar por el cual mi abuelo había navegado con su barco de velas. A veces mi madre decía, moviendo la cabeza, "Creo que el mundo entero se ha vuelto loco estos días". Esto en sí mismo fue sorprendente, porque si hubo un período en el cual el mundo entero, o al menos Europa, parecía haberse vuelto loco, fue en su juventud en los años 1930 y 1940.

Ahora hay otra ola de cambio en el camino, acelerado por el virus. Antes de abril daba casi todas mis clases de idiomas aquí en Ponferrada a los estudiantes que estaban físicamente presentes, pero ahora me he convertido en un cien por ciento online profesor de idiomas, y esto a mi edad. Creo que después de este período difícil nuestra sociedad habrá cambiado estructuralmente. Trabajaremos más desde casa, haremos aún más contacto a través de la pantalla, tal vez viajaremos menos, y daremos menos besos a desconocidos a los que te presentan (aunque este último es principalmente una cosita española). Pronto se llevará a cabo un experimento importante. Las Fiestas online con la familia. Empezamos con Sinterklaas (San Nicolás), la fiesta holandesa de 5 de ciciembre con los regalos para los niños y regalitos con poemas para los mayores. Los paquetes serán entregados por las empresas de pedidos por correo. Los poemas los leeremos por Zoom. Sinterklaas mismo, que vive en Madrid según la tradición, se puede quedar en su palacio.  

Un poema adecuado que describe los sentimientos que podemos tener frente a los cambios, ya cantábamos con el grupo de música ‘t Weiland (El Pasto) en los años ochenta. Escúchalo haciendo click en la foto. Tiene subtítulos en castellano.