martes, 16 de julio de 2013

Marca España

Últimamente se habla mucho de La Marca España. La idea es que la imagen de España necesita ser mejorada, sobre todo en el extranjero. Proviene de la impresión que los extranjeros (o los del norte) están juzgando a los españoles de manera de negativa. La abreviación PIGS para los países en problemas económicas fortalecía esta impresión. Y, desde luego, la declaración de Merkel que los españoles deben la crisis a demasiado siesta no sentaba muy bien. Creo que la idea de no pertenecer a Europa ya viene de antes, de la época de Franco, seguramente, cuando España no participó en el desarrollo de la democracia, el bienestar y la sociedad civil moderna, aunque desde los años ochenta el país lo recuperó en un ritmo acelerado.

Dudo que la fama de España sea tan mala como muchos españoles piensan. En Holanda, en todo caso, nunca noté algo de sentimientos negativos sobre España. Al contrario. Existe la idea que los españoles en general son amables, espontáneos y abiertos. Cuando digo a mis estudiantes en Holanda que normalmente vivo en España veo que los ojos van a brillar. Desde luego: piensan en vacaciones, paella, vino, playas, discotecas, fiestas, que bailamos por la noche flamenco sobre la mesa y, sobre todo, que siempre brilla el sol. A veces tengo que hacer llamadas a instancias oficiales holandesas en las cuales debo explicar mi domicilio. A menuda la reacción es: ‘¡Qué suerte tiene usted! Aquí en Holanda hace tanto frío.’ Lo que no saben es que en El Bierzo el frío puede ser insoportable. La primavera pasada estaba tan terrible que, cuando al fin llegaron los primeros signos del verano, lo celebré ampliamente. El primer vencejo en el cielo recibió un aplauso desde nuestra pequeña terraza. Las primeras moscas que entraban por la ventana abierta convidé con la palabra ‘Bienvenida’ escrita en letras de miel sobre la mesa. Cuando en una noche de junio el primer mosquito hacía sonar su normalmente tan pesado sonido puse mi culo al aire gritando: ‘¡Tómalo, es tuyo!’ Sois también un pueblo bastante espontáneo,’ era la reacción asombrada de mi mujer. 
En breve, creo que las opiniones de los holandeses no serían tan positivas si hubieran tenido malas experiencias en España o con los  españoles.

La rara cosa es que justamente las personas que tanto hablan de la Marca España son las que hacen más daño a la fama de España. Los políticos corruptos que nunca dimiten, que nunca dicen: lo siento que había esta corrupción en mi partido y pido perdón al pueblo español. En la prensa internacional todavía no había tanto énfasis en la corrupción en España. En los periódicos holandeses leí más artículos sobre los caprichos de Berlusconi que sobre los casos Gürtel, de los ERE, o Noós. Esto debe ser porque Berlusconi con sus fiestas de Bunga Bunga genera artículos más sabrosos que el aburrido Rajoy que cada mes recibía (presuntamente) un sobre con unos billetes de 500 euros.

Aunque no creo que la fama de España sea tan mala, tengo un propósito para el nombramiento de ‘Mascarón de Proa de La Marca España’. Son dos personas: una mujer y un hombre, como debe ser. Hacen su trabajo sabiendo que no siempre es bien para la carrera actuar contra los intereses de los grandes partidos. El hombre es el juez Ruz, quien parece hacer lo que debe hacer en el caso Bárcenas. La heroína que propongo es la jueza Alaya, mi favorita de las noticias. Su maletín sobre ruedos debe aparecer en las pesadillas más pesadas de muchos socialistas andaluces con la conciencia sucia. Formarían una formidable estatua sobre las plazas mayores de España. Los dos capturados en el momento que andan a un palacio de justicia, él con su cartera debajo de su brazo, ella tirando de su maletita sobre ruedos, los dos con una peluca blanca de la caca de las ‘ratas voladoras’.

lunes, 8 de julio de 2013

Antigots

La semana pasada estuvimos en Menorca. Un pequeño paraíso. Allí la costa no está estropeada por el turismo masivo. Casi no se ve los grandes hoteles que determinan el panorama de tantas otras costas. Para llegar a las calas más bonitas se debe andar desde un aparcamiento por un paisaje silvestre hasta llegar al mar de color azul turquesa. Las ciudades y los pueblos tienen una mezcla agradable de mucho ambiente y mucha tranquilidad. No vimos mendigos, tiendas cerradas u otras señales de la crisis pendiente. Vale, encontramos un Compro Oro en el capital Maó, es verdad, pero este tenía que combinar este negocio con la compraventa de coches de segunda mano. Se vive bien en Menorca, está claro.

Los últimos días nos quedamos en una granja en el Parque Natural en el este de la isla. El granjero nos dio una llave para abrir la cadena que cerró una verja hacia unos caminos. Nos indicó dónde ir. ‘Hacia allí caminas al mar y a unas calas vírgenes,’ dijo, ‘en esa dirección está la albufera y detrás de la granja del vecino están los antigots (palabra basada en antic: antiguo).’ El día después nos dirigimos por la mañana antes de todo hacia los antigots. Ya habíamos visto algunos, estos restos de la cultura prerromana que dominaba Menorca hace unos 3000 años. Pero esta vez era más especial, quizás por la exclusividad de la visita, o por la suave luz de la mañana. No había nadie. Y probablemente todo el día no habría nadie. Con respeto contemplamos la taule, una enorme piedra erigida que sostiene otra piedra horizontal encima. Los habitantes de entonces utilizaban esta construcción para sostener un techo de una tumba o de un templo quizás. Nos impresionó la construcción sencilla, que nos llenaba de sentimientos espirituales, casi religiosos. Susurrábamos unos comentarios de admiración. ‘Pero se llaman antigots’, dije estropeando el ambiente espiritual, ‘lo que en holandés o inglés parece a la palabra anti-dioses.’ Lentamente llegamos a la conclusión que, aunque fuera la intención de honrar a los dioses, muchos edificios religiosos muestran lo contrario: el poder de los humanos. Lo que nos impresiona de las pirámides, las catedrales medievales y los antigots es que la gente ya entonces era capaz de construirlos con las técnicas tan primitivas. Eran trabajos de muchos años, mucho esfuerzo, mucha dureza. Y esto para obras sin utilidad directa para la vida cotidiana. ¿Qué pensarán las generaciones futuras de las construcciones de hoy día? ¿Qué pensarían, por ejemplo, de la Torre de la Rosaleda en Ponferrada en el caso improbable que el edificio sobreviviera tantos años?

Nuestros comentarios habían llevado nuestros pensamientos de vuelta hacia el Bierzo prematuramente, tres días antes de terminar estas vacaciones demasiado cortas. Efectivamente, la Torre de la Rosaleda tiene algo en común con la taule que estuvimos contemplando. Erguido, apuntando al cielo. Además, justamente como en el caso de las taules, El Torre de la Rosaleda no parece tener ninguna utilidad directa. La tasa de crecimiento de la población no indica ninguna necesidad de tantos metros cuadrados de apartamentos. Los visitantes futuros de la ruina pensarán que debía haber algún motivo religioso. Quizás habrá una pareja que, después de la contemplación inicial llena de sentimientos espirituales, casi religiosos, llega a la conclusión que el edificio es sobre todo una muestra del poder humano en vez de los poderes divinos. Y la pareja futura tendrá razón. El Torre de la Rosaleda quizás tiene este mensaje. Muy impresionantes estos montes, estos ríos, el sol, el mar, que son las obras de la naturaleza, de la casualidad, del dios, los dioses o las diosas  ¡Pero mira lo que podemos hacer nosotros! ¡Mira qué edificio sin ninguna razón hemos construido, solamente por el dinero. Es el símbolo profano por excelencia. Un dedo erguido hacia el cielo.


 La Taule cerca de Sa Torre Blanca en Menorca

La torre de la Rosaleda en Ponferrada

lunes, 24 de junio de 2013

Sumergido

Estamos en el Chelsea Bar, como ya casi es tradición los jueves. Hablamos inglés. Desde luego. Estamos entre guiris bercianos. Aunque sea así, el inevitable tema de la conversación es la crisis. El desempleo. El déficit del estado. Uno de mis compañeros tiene una posible explicación de algunos problemas presupuestarios en España. Dice: ‘Hay demasiada gente que trabaja en la economía sumergida. Sin pagar impuestos. ¿Nunca fuiste a un dentista? ¿O a una consulta privada de un especialista médica? ¿Una vez te han dado un recibo?’ Todos negamos con la cabeza. Cuando fui a un dentista para un tratamiento un poco más amplio me costó exactamente cien euros. Una cifra demasiado redonda para no ser sospechosa. Desde luego no recibí ninguna factura. ‘También es que los desempleados aquí casi están forzados a trabajar en la economía sumergida con subsidios tan bajos,’ dice otro. ‘Una familia no puede vivir de 400 euros.’ Hacemos una comparación de nuestros respectivos países para ver dónde los subsidios mínimos son los más bajos. España gana contundentemente esta competición negativa. Después de unas cervezas nuestra conversación gradualmente se desvía a los aspectos más agradables de la vida en El Bierzo: la naturaleza, las rutas en la montaña y, desde luego, la comida.

El próximo día voy a una tienda de ropa para buscar dos prendas para alguien que vive afuera de Ponferrada. ‘¿Quieres una factura?’ me pregunta la propietaria después de recibir el dinero. ‘Si, por favor,’ respondo. Por cierto, las prendas no son para mí. La mujer coge una tarjeta de presentación de su tienda y escribe sobre el reverso los precios. Nada más. No sello de la empresa. No calculación del IVA. Firma solamente con su nombre. Otra vez formo parte de una transacción en el circuito informal.

Los ejemplos de la vida cotidiana son los peces pequeños en el gran mar de la economía sumergida. Sobre los peces grandes leo diariamente en los periódicos, que llenan muchas páginas sobre estos asuntos. El tamaño de la economía sumergida en España se estima en un 20% del PIB. Para comparar: el de Holanda se estima en un 10%. Desde luego estas estadísticas no son exactas: la cantidad de dinero que circula ilegalmente es difícil de medir. Está claro que la economía informal está por todas partes.
  
Creo que en Holanda sobre todo los ‘sospechosos usuales’ están activos en el sector informal: los circuitos de las drogas y prostitución, la construcción, la limpieza. Aquí en España son los políticos mismos que participan ampliamente en transacciones ilegales. Es casi increíble que el extesorero del partido político que predica la austeridad tenga € 47 millones en bancos de Suiza. Debe haber acumulado todo esto dinero mientras trabajaba para el partido. También eran asombrosas las noticias de que Jordi Pujol (hijo del famoso político catalán) regularmente llevaba bolsas llenas de billetes de 500 euros a bancos en Andorra. Corren rumores que tanto Bárcenas como la familia Pujol no pagaban impuestos sobre estos ingresos.

No sé si fue por este último caso, pero desde el ambiente político hay propuestas de retirar los billetes de 500 euro de la circulación para frenar así la corrupción y la economía sumergida. Pobres corruptos. Tendrán que llevar bolsas cinco veces más grandes, llenas de billetes de cien euros, a los sitios seguros. Bárcenas no sería capaz de poner todo su dinero en las por cierto no tan pequeñas cajas fuertes de los bancos suizas. En una calle de Andorra podremos ver a la familia Pujol empujando desesperadamente una inmensa bolsa que es demasiado gorda para poder pasar la entrada de un edificio bancario. ¡Muy bien! ¡Así se debe tratar a los criminales! ¿Quién dijo que desde la política nunca venían soluciones? Mientras tanto tengo una gran ocupación. Vi en la televisión que los imputados de corrupción casi siempre llevan gafas de sol cuando entran o salen de las salas de justicia. Espero esto no signifique que también decidirán prohibir las gafas de sol, justamente ahora cuando acabo de acostumbrarme a mis gafas con cristales oscuros. 

miércoles, 12 de junio de 2013

El paseo

Es un sábado, alrededor de las siete de la tarde. Debería ser la hora en la cual las calles se llenan de gente para hacer shopping. Pero nada de eso. La mayoría de las tiendas está cerrada. Unas tienen los escaparates vacíos. ‘Se vende’ o ‘se alquila’ está escrito en los posters pegados en las ventanas. En los cristales de las tiendas que ya se habían cerrado desde hace mucho estos posters recibían compañía de otros: llamamientos para una manifestación, anuncios de clases privadas o de cosas de segunda mano, y el inevitable ‘Compro Oro’. Pero también las tiendas que todavía funcionan, cierran hoy día las puertas los sábados por la tarde. No hay suficiente clientela. La crisis se nota. Y, desde luego, el hecho que mucha gente prefiere ir al centro comercial cubierto con sus aparcamientos y la protección contra los caprichos del tiempo.

Con cierto sentido de nostalgia recuerdo como en los años ochenta en España las calles de pronto se solían llenar de gente callejeando. El Paseo, se llamaba este fenómeno. En una hora de la tarde determinada todo el mundo salía a la calle, paseando tan lento como posible y saludando a tantos conocidos como posible. Pasaba en todas las ciudades y pueblos, desde Las Ramblas y las calles alrededor en Barcelona hasta en las pocas calles de un pueblito pirineo. Una vez estuve unos días en uno de los barrios más feos en las afueras de Madrid dónde absolutamente no parecía pasar nada, hasta también aquí como si por encanto los vecinos salieron a las calles para ver y ser vistos. A nosotros, joven interrailers, nos encantó el Paseo y nos mezclamos entusiasmados entre la gente deambulando. Desgraciadamente nuestros cuerpos jóvenes llenos de energía no eran capaces de adaptarse a una velocidad de moverse tan exasperantemente lenta, por lo cual antes de nada ya habíamos recorrido todas las calles ida y vuelta varias veces. Después nos parecía más cómodo sentarnos en una terraza contigua para contemplar el fenómeno desde allí con una caña en la mano y dar puntos para elegir el mejor paseante, una competición que sin excepción fue ganado por una chica graciosa con la mirada oscura.


Ahora, mientras deambulo por las calles vacías de Ponferrada, echo de menos el Paseo. Sí, me pongo viejo, y esto parece significar que vas a tener la idea que antes todo era mejor o, en todo caso, todo era más agradable. Quizás tengo ahora la edad en la cual me pudiera adaptar a la velocidad de moverse como en el Paseo. Voy a probarlo; ¿por qué no?; no hay nadie que me ve. Tan lento como posible ando por la calle desierta. Una ventaja es que así tengo la oportunidad de mirar los escaparates y leer los posters y anuncios. Pero no, no puedo soportar andar tan despacio. Además, casi no hay nadie que hoy día se mueve a este ritmo. La moda prescribe hacer footing. Por la tarde se ve en los parques y los caminos alrededor de la ciudad pequeños grupos de personas, sobre todo de mujeres, que andan en un ritmo rápido mientras mueven los brazos de una manera exagerada. Cuando los veo no puedo evitar pensar: ‘Hop, hop, hop’. A ver si esta manera de desplazarse me va mejor que pasear lentamente. Hop, hop, hop. ¡Me gusta! ¿Dónde iré? ¿Al centro comercial cubierto? No, la gente allí se sorprendería ver un guiri moverse por las galerías en este ritmo. ¿Sabes qué? Voy por el Parque del Temple al río Sil y después por el puente al monte Pajariel. Así disfrutaré el paisaje primaveral. Es sano, agradable y gratis. Hop, hop, hop. 


viernes, 31 de mayo de 2013

Recordando a Carmen

Por un momento miro atontado a mi móvil. Las lágrimas crecen en mis ojos. Ana, que estaba escuchando la conversación, viene a mí y me abraza. Lloramos juntos. La que acabó de llamarme era Vicky de Barcelona. Cuando su nombre aparecía en la pantallita de mi móvil ya supe cuál sería el mensaje. Ya hace unas semanas Carmen estaba moribunda. Entonces, ahora la muerte había llegado. Vicky y yo rememoramos recuerdos. Tan buena amiga. Una mujer con un corazón muy grande. Con una actitud ante la vida tan positiva. Tan fuerte. Para siempre vivirá en nuestra memoria.  

Más tarde voy a mi laptop en lo enciendo. También en Holanda Carmen tenía muchos amigos. Mi primer mensaje va a Wybe y Marcel. La semana pasada estaba en Holanda y nos encontramos los tres en un bar. Allí brindamos por Carmen, ya sabiendo que su muerte prematura sería inevitable. Después seguían más cervezas con cada vez más recuerdos y anécdotas. Nos habíamos encontrado en el camping de Florence en 1980, cuatro chicos holandeses y cuatro chicas españolas, todos en un viaje de interrail. Las visitas mutuas. Nuestros bares preferidos. El Pastís en Barcelona donde el camarero siempre ponía Le Port d’Amsterdam cuando entramos. Café De Sproeier (el regadero) en Ámsterdam. Excursiones nocturnas con bicicleta por las calles de Ámsterdam con las chicas en risas detrás sobre el trasportín. Caminatas largas por los pubs, las discotecas y los teatros obscuros de Barcelona, las cuales solamente el día después con la luz del día y un mapa de la ciudad pudimos reconstruir.

Mi segundo email va a los otros amigos y amigas que quieran a Carmen. Son muchos. Se conocieron en Ámsterdam o en Barcelona. Los amigos de fútbol teníamos la tradición de organizar excursiones de varios días a Los Pirineos, con una visita a Barcelona después de tanta naturaleza. También mis amigos experimentaban la hospitalidad y vitalidad alegre de Carmen. Más de uno se enamoró de ella. Carmen hacía que Barcelona era la ciudad más hermosa del mundo. Algunas veces ella venía con nosotros. El imponente silencio de la alta montaña la impresionó mucho. No tenía mucha experiencia en montañismo, pero a pesar de esto subió, aunque fuera soltando tacos, los picos más altos como el Pedraforca y el Pic de L’Infern. Después de tanto ejercicio ella solía ser en el refugio el centro brillante de la atención de los barbudos alpinistas. La facilidad con la cual ella se relacionaba con otra gente era envidiable. Sin prejuicios. Desde hippies hasta gente de negocios. Desde punkers hasta los más pijos.

Este verano la vi por última vez. La situación era diferente. Ella estaba casada con Michel. Yo venía con mi mujer Ana. Pero además nada parecía haber cambiado. Estaba feliz. A pesar de un dolor en la espalda. Esto resultó ser una señal de la inminente desgracia.

No creo en el más allá o en la vida después de la muerte. Pero de una cosa estoy seguro. Carmen estará conmigo cuando deambulo por el Barrio Chino, cuando estoy de excursión en los pirineos catalanes o cuando hago una ruta con bici por los campos de Holanda, como a ella le gustaba tanto hacerla. La oiré hablar y reír.


Carmen en el Pedraforca con algunos amigos de Ámsterdam

lunes, 13 de mayo de 2013

Pensamientos después de comer una naranja en la alta montaña


Era durante la caminata estupenda a las lagunas de Fasgueo cuando aproveché una pausa para pelar la naranja que había traído hacia tanta altura. Uno de los excursionistas me dijo: ‘¡Qué apropiada: una naranja!’ No entendí muy bien el porqué de este comentario y respondí: ‘Si, desde luego, en España se debe comer naranjas, ¿verdad?’ Me explicó que se refería al color naranja de la familia real en Holanda. ‘Ah, claro ….,’ respondí vergonzosamente por mi lentitud de entender. Mientras descendimos hacia Las Brañas de Susañe no pude evitar pensar en las familias reales de mis dos queridos países.

En mi opinión un cargo importante se debe ganar por méritos y no por herencia genética. Pues, en principio soy un republicano. Ya desde hace mucho. En el año 1980, cuando había la coronación de la reina Beatrix en Ámsterdam, estuve en la manifestación en contra de la celebración. La manifestación consistía sobre todo de okupas y anarquistas; el código de vestimenta era negro. En el momento el que apareció la policía muchos de los manifestantes se volvieron completamente locos y empezaron con un espantoso fanatismo a tirar piedras a las cabezas de los policías. Aquel día perdí por completo la confianza de que de una revolución violenta pudiera llegar algo bueno.

Durante los años después la popularidad de la reina Beatrix en Holanda iba en aumento, sobre todo porque no había demasiados rollos. No había casos de corrupción. Ella ni su marido tenían amantes secretos. El asunto de una nuera que en su juventud había tenido una relación con un jefe de un cartel de drogas se solucionó con quitarle los derechos al trono al segundo hijo. El asunto del padre de Máxima, que había sido un ministro del sangriento régimen de Videla en Argentina, se solucionó con prohibir que los suegros del que sería rey asistieran a la boda y a la entronización. Las críticas más duras que recibió Beatrix vinieron de los partidos populistas de extrema derecha, porque la reina se atrevía en sus charlas de Navidad hablar sobre la tolerancia y la riqueza de la diversidad cultural. Por lo demás Beatrix era una reina respetada por casi todos los holandeses, incluidos los republicanos como yo.

¡Qué diferencia con la casa real de España! Aquí la monarquía parece perder cada vez más su apoyo en la sociedad. La famosa foto de Juan Carlos con el elefante muerto generó muchos comentarios críticos, sobre todo porque el viaje a África en medio de la crisis había costado una fortuna. Peor, obviamente, es el caso de corrupción de yerno del rey y la Infanta Cristina. Ahora los jueces han decido que la infanta misma no va a ser perseguida por el caso Nóos, lo que no hace exactamente crecer la popularidad de la familia real. Muchos españoles creen que la infanta está protegida por su padre u otras instituciones. Hasta ahora el Príncipe de Asturias no está involucrado en el caso Nóos. Parece que ya están preparando a la gente para una futura sucesión. Para mi sorpresa vi en las noticias de TVE1 un discurso en inglés de Felipe para algún fórum internacional con subtítulos, pues sin que sonara esta voz superpuesta en castellano, como suelen hacer con oradores en inglés menos talentosos como Obama o Cameron.

Son las vueltas de la historia. Holanda, este país que en el siglo 16 se reveló contra ‘el rey de España’, el país que en los siglos 17 y 18 era una de las pocas repúblicas del mundo, el país que hace poco tenía el nombre de ser un modelo de progresividad, ahora se ha envuelto en el cursi color naranja de su familia real. Mientras en España la casa real parece hacer todo lo posible para conducir hacia la tercera república.
La bandera de la república en una manifestación

domingo, 28 de abril de 2013

Los alemanes


Es martes, las ocho menos cuarto. Mi clase de alemán se está acabando. De vez en cuando mi alumno de doce años mira impacientemente a su reloj. ‘¿Y ahora ponemos la música?’ me pregunta. Las pocas clases que hasta ahora le he dado siempre acabé con un video de Youtube con música de pop alemán. Sobre todo la música heavy del grupo Rammstein sabe este alumno apreciar. Pero esta vez él toma la iniciativa y busca en mi portátil un video. Suenan gritos de un gran público seguido por el himno de Bayern München. Porque la letra en la pantalla va sincronizada con la música podemos cantar con el coro: ‘FC Bayern, Stern des Südens, du wirst niemals untergehen' (FC Bayern, estrella del sur, nunca te hundirás). Hoy habrá el primer partido de la semifinal entre Bayern y Barcelona. Mi alumno es obviamente de Madrid.

Los horarios de la Champions no están adaptados al ritmo de las comidas en España. En algún momento entre las nueve menos cuarto y las diez y medio de un día laboral se debe cenar. En la pausa del partido devoro con prisa una ensalada mixta en la cocina. ‘¿El partido es bueno?’ me pregunta Ana, claramente más interesada en mi estado de ánimo que en el partido mismo. ‘Bayern es el mejor equipo; Barcelona juega mal,’ respondo. De pronto suenan gritos de alegría de los vecinos abajo. ¿Marcó el Barça? Masticando un trocito de tomate corro a la sala para encender la televisión. También los vecinos son obviamente de Madrid.

El día después estoy en café Gijón para ver el partido de Dortmund contra Real Madrid. Este partido se puede solamente ver en la televisión de pago, lo que no está mal para el volumen de ventas de los cafés. A pesar de esto, hay menos clientes que otras veces. Los fans de Barcelona se habían quedado en casa, seguramente para evitar un sinfín de burlas por la derrota aplastante de ayer. Una vez, cuando  Madrid eliminó Barça de la Copa del Rey, algunos de Madrid habían gritado: ‘¡Viva España!’, seguido desde luego por un ¡Viva Portugal! de los de Barcelona.  

Esta vez Real Madrid pierde. Mientras en la pantalla Madrid lucha contra su destino adverso, oigo detrás de mí los comentarios de los parroquianos. ‘¡Los alemanes tienen todo el dinero!’ opina uno. ‘Por cierto, Lewandowski y Blazczykowski no pueden ser alemanes, ¿verdad?’ dice otro. Pienso notar en el tono de los comentarios algo de los sentimientos anti-alemanes, que parecen ganar terreno en España. En la prensa se escriba ampliamente sobre una encuesta que mostraba que muchos alemanes piensan que España sea un país corrupto. También el comentario de Hoeness, el presidente de Bayern, que dijo que los grandes clubs españoles compran jugadores con sus deudas, no caía muy bien aquí. Con mucho gusto escribieron los periódicos sobre las cuentas secretas de Hoeness en Suiza para evitar los impuestos.

Cuando Dortmund marca gol número cuatro pruebo no vitorear. En principio soy un espectador neutral. Un aficionado al fútbol mismo. Pero que gane un club relativamente pequeño de un club de estrellas me hace gracia. Y anti-alemán nunca he sido. Mi padre, que en la guerra mundial había visto y sufrido mucha miseria, primero como soldado y prisionero de guerra y después como obrero en un campo de trabajo en Alemania, nos enseñó que muchos alemanes no eran nazis. Que nazis había de muchas nacionalidades. 
A pesar de todo esto, ahora no me parece el momento adecuado de pasar por un alemán. Mantengo una postura neutral hasta el fin del partido. Cuando me levanto para ir a casa un hombre me pregunta si en mi opinión uno de los equipos españoles tiene una posibilidad de llegar al final de la liga. ‘Vale, quizás Madrid,’ respondo diplomáticamente. El hombre niega con la cabeza. ‘¡Que no! ¡Ninguna posibilidad tienen! ¡Va a ser Alemania – Alemania!’, dice riendo. 



miércoles, 17 de abril de 2013

Tres restaurantes bercianos


1. Restaurante El Castro en Carucedo
Estamos sentados en una gran mesa redonda, mis amigos catalanes y yo. Acabamos de hacer una caminata alrededor de Las Médulas, sin duda uno de los monumentos más espectaculares del Bierzo. Empezamos con lluvia, pero al final el sol se asomó. Discutimos lo que vamos a pedir. De todo, decidimos. Varios primeros platos, varios segundos platos. Todo para compartir, hasta el caldo berciano y el botillo, cómo conviene entre amigos de toda la vida. Mientras tomamos como aperitivo un vinito con jamón serrano hablamos sobre las diferencias entre los restaurantes en Holanda y España. De los restaurantes holandeses mis amigos no tienen una opinión muy alta, claramente. Quizás porque en Ámsterdam siempre buscamos los restaurantes más baratos con patatas fritas, mucha mayonesa, ensalada y un trocito de carne o filete de pescado. Y también llevamos nuestros amigos a los restaurantes chinos o las pizzerías. Sin embargo, me siento obligado a defender la comida holandesa. Pues, de vez en cuando echo de menos los platos de chucrut, sopa de guisantes, arengues, o espárragos frescos. ‘Los holandeses comemos en restaurantes platos diferentes que en casa,’ digo. ‘Patatas machacadas podemos hacer fácilmente nosotros mismos; cuando vamos a un restaurante queremos algo diferente; comemos chino, thai, greco, etíope; buscamos la aventura. ¡Pero os juro: comida holandesa puede ser deliciosa!’ En este momento la hija del propietario del restaurante pone los primeros platos sobre la mesa. Esto me hace callar.

2.  Restaurante El Lagar de Montejos en San Andrés de Montejos.
Hace calor. Quizás ya unos treinta grados. Anduvimos desde Ponferrada hacia San Andrés de Montejos. Una horita, si no haces fotos o quieres determinar pajaritos, como nosotros. Vi un mosquitero ibérico. No una observación excepcional, quizás, pero nunca antes lo había visto. San Andrés de Montejos es un pueblo extremadamente caótico, como tantos otros pueblos bercianos. Casas modernas, ruinas, casas señoriales restauradas, huertas descuidadas, una iglesia, una ermita completamente inclinada, todo en un conjunto poco coherente. Muchas veces pasé el pueblo con mi MTB, pero nunca había visto el mesón. Después de preguntar un paisano lo encontramos. Una sorpresa agradable. En el interior del lagar todavía la viga de castaño ocupa un lugar prominente. Nos sentamos al lado de una ventanita. El calor de afuera no puede entrar por los gruesos muros. El camarero viene a nosotros para decirnos lo que hay. Elegimos revuelto con erizos, una ensalada y carrilleras de ternera para compartir. ‘Fueron las mejores carrilleras de mi vida’, digo al camarero después de la comida, cuando estamos a punto de salir. El hace un gesto a su esposa que está recogiendo las mesas. ‘Allí está la cocinera,’ dice orgullosamente.

3. Bar-restaurante El Pinar en Ponferrada
Andamos con todos los actores y sus acompañantes desde la universidad en la dirección del centro de Ponferrada. El ambiente es eufórico. Acabamos de hacer una lectura dramatizada de la obra Farsa de Xohana de Avignon (peli). Todo salió bastante bien, al menos para nosotros. Y el público parecía compartir esta opinión. Después de la obra muchos nos felicitaban y nos agradecieron. Mi papel era de un peregrino inglés cachondo. Un buen casting, se puede decir. ‘Vamos a aquel bar con los pinchos de setas,’ propone Miquel, el iniciador del proyecto. Todos entramos en un bar en el cual una televisión esta puesta a todo volumen. Tomamos cañas acompañadas de un potaje de varias setas. Delicioso, es la opinión general. Después nos despedimos. Ya son casi las diez, la hora de la cena. Ana y yo nos quedamos para hablar con el tabernero sobre las setas. Las busca él mismo en la montaña, nos cuenta orgullosamente. Sin ir con coche, siempre andando, añade. Movemos las cabezas afirmativamente. Anda a un poster en la pared e indica las diferentes setas que hay en El Bierzo en esta temporada. ‘Entonces, ¿ahora tienes setas silvestres?’ preguntamos. ‘¡Efectivamente!’ Nos miramos Ana y yo. Unos instantes más tarde estamos sentados en el comedor pequeño disfrutando dos platos exclusivos de setas silvestres, mientras en el bar la televisión todavía emita un concurso ruidoso a todo volumen. ‘Esto solamente es posible en El Bierzo,’ digo a Ana.

El lagar de Montejos

domingo, 24 de marzo de 2013

El primer día de la primavera


Es miércoles, el 20 de marzo. El primer día de la primavera. Miro por la ventana y veo el sol matinal brillar sobre los picos nevados de los Montes Aquilianos. Este va a ser un día ideal para hacer una excursión allí en los montes. Pero estaré bastante ocupado hoy. Por la mañana doy clase en casa de un estudiante. Por la tarde tendré como cada miércoles tres grupos de niños. Cómo si se tratara de telepatía recibo un SMS en mi móvil. ‘Desgraciadamente no puedo esta mañana, pero mañana por mañana en todo caso’. A un lado una lástima. Creo que nunca antes en mi larga carrera en la enseñanza tuve un alumno más entusiasmado. Pero su ausencia me da una mañana libre llena de posibilidades. Me pongo mis zapatos deportivos, cojo mis prismáticos y salgo de la casa.

Porque el río Sil por las mañanas está al lado de la sombra del monte El Pajariel, aquí la temperatura no es tan agradable como me prometía la vista por la ventana esta mañana. El caminito al lado del río está parcialmente inundado. Había mucha lluvia, este invierno. Mientras me sujeto a las ramas de los sauces me busco un camino entre la cuesta pendiente y la corriente rápida. De vez en cuando paro para poder escuchar los numerosos pajaritos que cantan y pían. Ellos también celebran este primer día de la primavera con mucho gusto.

Cuando al volver a casa paso el Café Gijón miro hacia dentro si hay mucha gente. Que no. Abro la puerta, cojo El Diario de León de la barra y me siento en una mesita. La camarera me acerca con una sonrisa y un café con leche. Pedir no es necesario aquí. Nos conocemos. En la ventana, al lado de la puerta, ya por meses cuelga nuestro anuncio: English for All. De vez en cuando tomando un sorbito de café empiezo a leer el periódico.

Son las noticias de cada día. La crisis económica y los casos de corrupción. Todo el rollo alrededor del nueve alcalde de Ponferrada ya parece haber disminuido. Empiezo a leer un artículo sobre el caso Bárcenas. Otra vez no entiendo porque todavía nadie dimitió por este caso. Ya mentir sobre la relación laboral del PP con Bárcenas debería ser suficiente razón para terminar una carrera política. Y si es verdad que Rajoy mismo recibiera su sobresueldo en un sobre sería el colmo. En España no hay exactamente una falta de bancos. Entonces, recibir un sobresueldo en moneda es muy sospechoso. Aunque la verdad es que yo también recibo de mis alumnos dinero en moneda. Y a veces en un sobre. Cuando me lo entregan referencias graciosas al caso Bárcenas son inevitables.

Leo el artículo por la mitad y después pongo el diario en la mesa. Ya estoy harto de tantas noticias malas. Por dios, es primavera. Con la mirada perdida pienso en las clases que tengo que dar este tarde a los niños. La verdad es que trata más de jugar que de enseñar. Con una sonrisa pienso en la clase de la semana pasada al grupo en la edad de 12 años. Hicimos creer a los niños que no puedo hablar castellano, para que se esfuercen en comunicarse en inglés. Desde luego esto genera problemas y ahora este grupo de cuatro niñas listas quiere enseñarme castellano para facilitar la comunicación. ‘¡Hello es Hola!’ me dijeron la semana pasada, ‘¡¡Hola!!’ Me hacía el tonto y dije: ‘Ah, yes, ¡Helado!’. Referí a la marca Ola de helados, pero esto se les escapaba a las niñas. ‘¡Qué no, qué no, not helado. ¡¡Hola!! ¡¡Hola!!’. Para la desesperación de las chicas traduje cada vez ‘Hello’ con ‘Helado’ o variantes como ‘Holado’. Hoy empezaré la clase con las palabras ‘¡Helado, chicas!’ Si en un futuro lejano El Bierzo tendrá fama de ser una comarca donde se saluda con una palabra que parece a helado, significará que en todo caso dejé una huella permanente aquí. Con este pensamiento positivo me levanto de mi silla, pongo un euro en la barra y salgo del bar con un saludo que no parece en nada a helado o cualquier otro comestible. 

martes, 12 de marzo de 2013

Érase una vez en Ponferrada ....


Si es verdad que las malas noticias son mejores que ninguna noticia, Ponferrada lo hizo muy bien el fin de semana pasada. La ciudad llegó a la primera página de todos los grandes periódicos nacionales. Además, al menos dos páginas en cada periódico estaban dedicadas a nuestra ciudad, que significa que, cuando se trata del número de páginas, llegó al tercer puesto, a poco distancia de las noticias sobre Venezuela después de la muerte de Hugo Chávez y la elección del nuevo Papa en Roma. No mal para una ciudad provincial de medio tamaño. ¿Pero qué pasó exactamente?

Volvemos a los años noventa del siglo pasado. Ismael Álvarez del Partido Popular es alcalde. La joven hija de un empresario que está vinculado al PP obtiene el cargo de concejal, un enchufismo habitual. Los dos empiezan una relación emocional, hasta el momento que Nevenka Fernandez la termina. El alcalde sigue molestándola con llamadas, cartas, emails e mucha intimidación. Hay un juicio y una condena por acoso. El alcalde tiene que dimitir y está sucedido por su alumno político, López Riesco. Mientras tanto, al exalcalde Ismael, no le va económicamente nada mal en los negocios y abre algunos hoteles.

Ismael decide volver en la política en las elecciones de 2011. El PP no acepta su candidatura e Ismael viene con su propia lista. En este momento el PSOE está perdiendo mucho apoyo por la crisis económica y la gestión del gobierno Zapatero, pero porque Ismael sabe atraer 6000 votos de gente que considera de poca importancia su pasado de acosador, el PP no logra tener la mayoría absoluta. López Riesco sigue siendo alcalde, pero depende de los otros partidos en el concejo.

En febrero 2013 aparecen noticias en los periódicos locales. El PSOE y la lista Ismael querían hacer una moción de censura contra el alcalde del PP. El líder del PSOE municipal, Samuel Folgueral, sería el nuevo alcalde con el apoyo de los de Ismael. Convenido era que Ismael mismo tendría que dimitir como concejal. Desde luego hay protestas. Para nuestro asombro vimos en la televisión de Ponferrada unos miembros jóvenes del PP declarar que Ismael solamente quería tener más poder político para que sus empresas puedan aprovecharse del mundial del ciclismo que habrá en 2014 en Ponferrada. También decían que era ridículo que el nuevo alcalde dependía del apoyo de un acosador condenado. Tenían razón estos jóvenes, desde luego, pero olvidaron decir que era el PP el que siempre defendía a Ismael, tanto su clientelismo como durante el proceso.
También en las filas del PSOE había protestas, sobre todo de los miembros femeninos  que odian al Ismael. Se firma una petición; circulan mensajes por twitter.

El viernes pasado el cambio de poder tuvo lugar. Si se trataba de salir en la publicidad la sincronización era perfecta: el 8 de marzo era el día internacional de la mujer. En el pleno del ayuntamiento había una votación sobre el cambio del alcalde en la cual Ismael participaba. El sábado después dimitiría como concejal. Esto era para la cúpula del PSOE el motivo de probar parar todo el ejercicio. Ellos sentían la presión de la prensa y los miembros críticos. Rubalcaba opinó que el nuevo alcalde inmediatamente tendría que dimitir. Samuel Folgueral y sus siete otros concejales se negaban. El PSOE amenazó con expulsión del partido. Los concejales y alcalde insistían y salían del partido.

Y así tenemos una situación única en Ponferrada. Hay un alcalde y siete concejales sin partido. Además, este alcalde tiene el apoyo de un partido alrededor de una persona, Ismael, pero él mismo no estará en la corporación. El PP va a ser un grande partido de oposición utilizando argumentos y vocabulario que deberían salir de las bocas de los socialistas. Rubalcaba, mientras tanto, mantiene que no sabía de los pormenores de toda la operación. Una mentira, me parece, y como es sabido, políticos que mienten deben dimitir.

Lo que falta por completo en este triste relato es una motivación política. ¿Por qué el nuevo alcalde quería ser alcalde? ¿Con que programa puede legitimar su compromiso con un exalcalde condenado por acoso y famoso por su clientelismo? Quizás nunca lo sabremos. Pero una cosa es segura: no le hemos podido pillar con ideas concretas sobre cómo salir de la crisis o incrementar la justicia social.

Pero quién sabe, quizás esta comedia triste tendrá un fin feliz. Quizás una vez en los libros de historia se escribirá que en Ponferrada en marzo 2013 empezó la segunda transición de España. Era en Ponferrada donde unos miembros jóvenes del PP empezaron un discurso contra el clientelismo, corrupción y enchufismo e iniciaron un movimiento para limpiar las filas de su partido. Era por los acontecimientos en Ponferrada en marzo 2013 que toda la cúpula del PSOE tenía que dimitir para ser substituidos por miembros críticos que no querían tener las manos sucias. Desde marzo de 2013 la población estaba tan harta de manipulaciones sucias que nunca más votarían partidos con corruptos, políticos mentirosos o caciques machistas en sus filas. Y todos vivían felices para siempre.

El nuevo alcalde está instalado

domingo, 24 de febrero de 2013

Todos somos gente


El humor es un método probado de digerir noticias malas. En estos tiempos revueltos circula en internet una abundancia de películas y fotos con subtítulos humorísticos sobre la crisis y los casos de corrupción. Una de mis favoritas es una foto del aterrizaje en Marte con el texto: Marte – aeropuerto de Castellón 1 – 0. Pero hace poco recibí por email una película que me escandalizó un poco, lo que no ocurre fácilmente. Se  trata de una parodia de los señores Rajoy y Montoro que vemos en un balcón gritando al pueblo que redistribuyen el dinero muy eficazmente por robarlo de los pobres y darlo a los ricos y corruptos. No está mal. Ya casi termina la película cuando Rajoy apunta a la distancia y dice algo como: ‘Y allí viene Eurovegas’ después de lo cual el pueblo canta y baila: ‘¡Señor judío, le recibimos con alegría!’ (La peli se puede ver AQUI)

¿Por qué me escandalizó esta canción? En mi opinión se puede bromear con casi todo y sobre todo con personas que se toman demasiado en serio a si mismas. En esta categoría también caen los creyentes, los nacionalistas o gente de cualquier otra convicción. Es que yo no sabía que este Adelson, el hombre detrás de Eurovegas, era judío. Entonces, ver a un grupo de personas cantar sobre un judío en un programa satírico sobre la corrupción en España (dónde casi no hay judíos) era para mí una sorpresa. Y aunque hubiera sabido que Adelson era judío,  tampoco me habría gustado mucho la canción. Un texto como ‘Bienvenido americano’ quizás pasaría inadvertido a mi atención. Pero si Adelson fuera un negro, tampoco me hubiera gustado una canción como ‘bienvenido negro.’ Y algo como: ‘bienvenido homosexual’ tampoco. La raza, religión o preferencia sexual de Adelson no me parece de importancia en este asunto. Vincular judíos a un negocio sucio es un prejuicio que ya oí ventilar demasiadas veces en mi vida.

Puede ser que acerca del tema del antisemitismo soy hipersensible. En la juventud de mis padres los nazis deportaban y asesinaron a más que 100.000 de judíos de Holanda. Esto generaba en Holanda y tantos otros países una vergüenza y un sentido de culpabilidad.  Aquí en España la memoria de la segunda guerra mundial vive mucho menos, porque España era oficialmente neutral. Las persecuciones de judíos en España por la inquisición ya pertenecen a un tiempo tan remoto que hoy día no generan sentimientos de vergüenza o remordimiento.  Por eso aquí se habla tranquilamente de ‘matar a un judío’ cuando se toma una limonada durante la semana santa, lo que para un guiri holandés es algo increíble. También es en España donde encontré por la primera vez en mi vida a personas que en serio negaban el holocausto. Vale, por suerte, estas ideas también aquí son muy excepcionales.  Otra cosa que me extrañaba bastante era que en el Diario de León llamaban a un soldado que estaba con la División Azul en Rusia un ‘héroe de guerra’. Había también bastantes voluntarios holandeses en el frente del este combatiendo al lado de los alemanes, pero nunca llamaríamos a aquellas personas ‘héroes de guerra’ sino más bien traidores, fascistas o  simplemente holandeses falsos. (El artículo se puede leer AQUI)

Lo sorprendente es que los sentimientos de antisemitismo en España no solamente se pueden encontrar en las filas de la extrema derecha, donde tienen su ámbito natural, sino también entre gente que pretenden ser de la izquierda. En este caso la solidaridad con los palestinos llega a confundir el estado Israel (o los lobbies pro-israelí en los EEUU) con los judíos en general. Así hacen el mismo error que los sionistas que ven en cualquier crítica a Israel una forma de antisemitismo.  

Una vez un español me pregunto: ‘¿Y qué opinas tú de los judíos?’ Respondí un poco confuso: ‘¿Los judíos? ¿Todos? Ahora ya vivo en España desde más hace tres años, y ni siquiera tengo una opinión sobre todos los españoles.’ 


lunes, 4 de febrero de 2013

Mi carrera de cantante


De pequeño ya quería ser cantante. Eran los años sesenta del siglo pasado. Mi hermano mayor tenía algunos discos de los Beatles y también en la radio se oía mucho las canciones del grupo inglés. Sin entender nada del contenido murmuraba los textos cuando sonaban las canciones. Un día el gran momento había llegado. Cogí el sacudidor de alfombras de mi madre y salí a la calle. Ya había elegido el sitio. Al principio de la calle, cerca del canal, había una boca de agua donde los bomberos pueden enchufar la manguera en caso de fuego. La boca sería mi micrófono. Cogí el sacudidor como si fuera una guitara, miré una última vez a los dos bloques de casas a ambos lados de la calle donde me imaginaba tribunas llenas de público y empecé mi concierto. Espero que sonaba un poco como ‘She loves you, yeah, yeay.' Quizás también di una imitación de ‘Help, I need somebody’. Para mi sorpresa de veras atraía público. En los balcones de las casas aparecían vecinos para ver porque este chiquito de unos seis años estaba gritando en la calle con un sacudidor de alfombras en sus manos.

Creo que di algunas actuaciones simulares. Después la timidez ganó al entusiasmo infantil. Solo en mi habitación unía mi voz a la de Lennon y McCartney. Más tarde en mi vida también canté con mis propios discos: The Who, Pink Floyd, Yes, si, hasta Frank Zappa. No sonaba nada mal, en mi opinión. Cuando tenía unos diecinueve años compré una guitara y me aprendí los acordes. Los Beatles volvieron a mi repertorio. A veces sorprendía a un amigo o familiar con una interpretación de una canción. La mayoría de las veces esto resultó en miradas evasivas. Pocas veces alguien dijo: ‘Vale, ya aprendiste a tocar la guitara bien, ¿verdad?’ Solamente unos pocos me dijeron sin rodeos: ‘¡Hombre, cantas completamente fuera del tono!’ Grabé una canción en mi casete y después lo podía oír también. Mi camino hacia la fama estaría sembrado de espinas.

En los años ochenta creábamos con unos amigos un grupo de música. Se llamaba ´t Weiland, La Pradera, con canciones alegres en holandés, lo que era completamente afuera de la moda en aquel período de Punk y New Wave. Algunas veces probé a cantar la segunda o tercera voz hasta mis amigos me avisaron con insistencia de dejarlo. Solamente una canción era para mí. Normalmente era la última de la actuación. No fritura, se llamaba, lo que era un juego de palabras con No Future, el lema sombrío de la juventud de entonces. En el número algunos borrachos entran en un snackbar y piden, patatas fritas y croquetas, aunque ya es la hora de cierre. Yo soy el empleado. Me enfado y canto en gritos: ‘¡No fritura! ¡Entonces no patatas! ¡No, tampoco hay croquetas! ¡Ya estamos cerrados!’ Solamente para eso valían mis capacidades vocales: para dar un toque cómico al concierto.

Cuando me instalé definitivamente en Ponferrada compré una guitara acústica. No hay nada más relajante que puntear la guitara. A veces canté. Lentamente se formó una canción llena de nostalgia y anhelo. Cuando la canté para Ana, vi aparecer unas lágrimas en sus ojos. Entusiasmado hice un videoclip y lo puse en Youtube. La gente de Estado Público.com, un medio de comunicación online, descubrió por casualidad mi blog Opiniones de un guiri. Para mi asombro no solamente querían publicar mis blogs, sino también mi videoclip. Mi carrera como cantante había llegado a su etapa decisiva.

Ahora a ver cuándo llegará el momento de mi triunfo. Por vía del Festival de Eurovisión, tal vez. Como representante de España o de Holanda, esto no me importa tanto; mis pasodobles tienen casi la misma cualidad que mis baladas holandesas. En todo caso, cuando llegue el momento de la entrega de los premios, mis agradecimientos serán para todas las personas que habían contribuido en la realización de mi sueño: todos los colaboradores de Estado Público.com por su buen criterio musical, mi mujer Ana por su apoyo incondicional, mis camaradas del grupo La Pradera por la colaboración creativa, y mi madre por su sacudidor de alfombras.

Para ver el videoclip en Estado Público.com, haz click AQUÍ

't Weiland (La Pradera) en los ochenta

lunes, 28 de enero de 2013

¡La vida no es un cabaret, viejo amigo!


Una de mis películas favoritas es Cabaret, con Liza Minnelli como cantante americana en un club nocturno y Michael York como Bryan, un joven escritor inglés que gana su vida como profesor de inglés a particulares en el Berlín de los años veinte y treinta. Cuando la película salió en Holanda en los años setenta la vi en el cine al menos tres veces, creo. Normalmente musicales no son mis pelis favoritas; que los personajes en los momentos más dramáticos de pronto estallan en cantar siempre tiene un efecto cómico. Pero esto no es el caso en Cabaret. La mayoría de las canciones son performances en el club nocturno de Liza Minnelli en su papel de Sally Bowles. Extremamente funcional y fantástico.

Me daba alegría encontrar en Ponferrada en la colección de DVD’s también el de Cabaret. Ya dos veces lo vi. Una vez con visitantes de Holanda en la versión original. Una vez la versión española con la familia berciana. La versión española quiere desde luego decir: con sincronización, el medio más eficaz para amargarle la vida a un guiri cuando está viendo una película extranjera. También Cabaret sufre mucho bajo esta costumbre. En la canción magnífica ‘If they could see her through my eyes’ (si pudieran verla a través de mis ojos) la parte cantada está en versión original, por suerte. Pero en las partes habladas la voz española otra vez toma el poder. El resultado es un personaje con una doble personalidad bilingüe. Una obra de arte está destruida.

También resulta que el régimen franquista (o posfranquista) utilizaba la sincronización para censurar textos demasiados libertarios. Una de las escenas claves es cuando Sally y Bryan discutan sobre sus relaciones con el tan rico como decadente Maximiliam. ‘Screw Maximiliam’ (que se jode Maximiliam), dice Bryan. ‘Yo ya lo hago’, contesta Sally, después de lo cual Bryan admita: ‘Yo también.’  Para mi desconcierto oía al Bryan español decir: ‘¡Al diablo con Maximiliam!’ ‘A mí me quiere,’ dice la Sally española. ‘Y mí también,’ la censura permite a Bryan admitir en los años setenta. También hay una escena en la cual Sally desanima a un cliente del club nocturno diciendo que ella tiene un poquetín de sífilis. La Sally española dice al cliente que la mata la muela de juicio. Por qué este mensaje provoca una cara de espanto al alemán debe ser un enigma para los espectadores españoles.

Cuando estaba en Holanda este invierno me compré los dos libros del escritor Christopher Isherwood en los cuales Cabaret está basado: Mr Norris changes trains y Goodbye to Berlin. Libros que dan una impresión de Alemania de los años veinte y treinta, justamente antes de la toma del poder de Hitler. Isherwood describe la crisis económica, la pobreza, la violencia política, la decadencia. Y todo esto visto por los ojos de un extranjero en Berlín que da clases inglés a particulares.

Un momento, por favor. También en España hay una crisis profunda. Cada día hay protestas contra el gobierno. La decadencia de la política es omnipresente. Algunos radicales de la derecha y de la izquierda salen de sus huecos oscuros para ofrecer sus soluciones totalitarias. Y yo doy clases inglés a particulares. ¡Qué aquí se acaben los paralelismos! Por cierto, no me muevo en círculos de ricos con poca conciencia ética, aunque seguramente estos no faltan en España. Tampoco visita a menudo clubs nocturnos donde cantantes sensuales están acompañadas por una orquesta formada casi únicamente por mujeres semidesnudas (porque estos bares si faltan en Ponferrada). Y esta crisis no terminará en una orgía de odio y violencia como la de los años treinta. Porque vamos a hacer todo lo posible para evitarlo.

'Me mata la muela de juício'

jueves, 17 de enero de 2013

El Rosal


¿Era la almeja podrida o el centro comercial? No lo sé. Pero seguro es que no me sentía bien el pasado sábado.

Como siempre habíamos comido estupendamente. El Bierzo pertenece oficialmente a la provincia León, pero muchas piensan que debería ser parte de Galicia. También hay influencias de Asturias, al menos en nuestra cocina. A veces comemos holandés,  normalmente español en lo cual podemos elegir entre la cocina berciana, leonesa, gallega o asturiana.

El sábado comimos asturiano. Fabas con almejas. Comida de cuchara, como se dice. Comida para devorar, diría yo. Acompañábamos las fabas con una cidra, desde luego. Cuando sorbí una almeja de su concha noté un sabor podrido. Puede pasar. Escupí el animalito en el wáter y enjuagué la boca con agua del grifo. Después seguí devorando las fabas, pero una vocecita en mi cerebro me decía: ‘Espero que no termine mal.’

La tarde fuimos a hacer shopping. Como casi toda Ponferrada. Era el primer día de Las Rebajas y estas se celebran en España ampliamente. No creo que en Holanda las rebajas salen como unas de las más importantes noticias en la televisión. Aquí las noticias  muestran especialistas que te avisan no hacer compras impulsivas, porque al final lo barato sale caro, sobre todo cuando no lees bien las condiciones de la compra y no puedes cambiar la ropa que compraste.

Nos dirigimos al centro comercial de Ponferrada llamado El Rosal. La verdad es que la última asociación que tendría de este edificio es con rosas. Aparcamos en el garaje de dos pisos abajo del edificio. Había muchos coches. Desde luego. Sábado. Un día de lluvia. Rebajas. Donde no había sitio para aparcar había empleados que nos indicaban continuar más allá. Un trabajo terrible esto debe ser. No luz del día. Muchos gases de escape. Aparcamos en el piso más abajo en las coordenadas H-10. Esto tienes que memorizar porque si no estás en un apuro.  Escaleras mecánicas nos llevaban hacia arriba. Mientras estábamos subiendo pude ver en una pantalla enorme en la pared el partido importantísima de este tarde: Español-Celta de Vigo. Repitieron todo el tiempo un gol de Español. Después anduvimos por una galería llena de gente a lo largo de muchas tiendas. ¡Qué ajetreo! Muchas tiendas en el centro de Ponferrada cierran los sábados por la tarde. Por falta de clientes, seguramente. Unas de las tiendas más importantes ya se mudaban al centro comercial, qué con la facilidad de aparcar y una temperatura constante, gana la competición sin ningún problema. Pasamos las mismas tiendas que hay en cualquier centro comercial: H&M, Zara, Springfield. De pronto me sentía raro. Me apareció aquella almeja en mi mente. Noté el sabor. Y vi toda esta gente en las escaleras mecánicas. Esta pantalla enorme con la repetición del gol de Español. Esta música de fondo demasiado alto. ‘No me siento bien,’ susurré.  Solo una hora después recuperé, cuando estaba en casa sentado en el sofá tomando una manzanilla, la bebida de brujas para cualquier molestia de estómago.

La cosa extraña es que el próximo día otra vez fuimos al Rosal. Esta vez para ver una película en la compañía de mi suegra. Aparcamos en el primer piso en las coordinadas A-5. En el centro comercial había mucho menos jaleo que el día anterior. La mayoría de las tiendas están cerradas los domingos. Pero mucha gente parecía utilizar el Rosal para un paseo techado. Quizás iban al MacDonalds, a un döner kebab o al único cine de Ponferrada, como nosotros. Los cines ya no pertenecen al paisaje urbano. La película Blancanieves era en blanco y negro y sin sonido. Recreaba con mucho amor el ambiente de los años veinte.  Me hacía olvidar completamente el centro comercial alrededor de mí y, por suerte, tampoco el bacalo al pil pil que había cocinado mi suegra tan riquísima, no me daba ninguna molestia. 




lunes, 31 de diciembre de 2012

El segundo día de Navidad


¿Por qué en Holanda siempre se celebra dos días de las fiestas cristianas? El segundo día de Navidad, el lunes de Pascuas, el lunes de Pentecostés. Todos festivos. La verdad es que ni siquiera sé exactamente lo que estamos celebrando con Pentecostés, pero sí, siempre acepté el lunes libre agradecidamente.
En España hoy es un día  de trabajo. Pues, también en Holanda el segundo día de navidad pierde importancia. Creo que esta tarde puedo sin problemas hacer unas compras en los supermercados. Por suerte esto ha cambiado. Para parejas tiene su sentido tener dos días de Navidad. Un día para ir a la familia de la pareja, un día para ir a la propia familia. Pero nuestras familias viven bastante lejos la una de la otra. Este año celebramos Navidad separados.

Por suerte existen los medias de comunicación modernos. Por sms y videochat me enteré de lo que perdí en El Bierzo. Dos comidas muy amplias en un periodo muy corto. En España se celebra sobre todo la Noche Buena. Con una cena amplísima, desde luego. Con celos escuché el menú. No era poco. Muchos animales del mar fueron sacrificados. El día después le tocaba a un corderito. Esta noticia ya recibí con menos envidia, aunque el cordero al horno de mis suegros tiene fama entre la familia. Pero por favor, después de haber cenado hasta las doce de la noche con el necesario vino, turrones, licores y qué sé yo, es bastante difícil desarrollar suficiente apetito para una comida de fiesta con aperitivas y postres a las dos del día siguiente.

Mi propia comida de ayer tampoco despertaba muchos celos en El Bierzo. Dos sándwiches con queso y un vaso de leche fría. ‘Pero por la tarde cenamos como reyes,’ acabo de decir en una larga sesión de videochat culinario. ‘Fuimos al restaurante chino para traer comida para toda la familia.’ A pesar de la mala conexión pude distinguir claramente dos cejas bercianas levantadas. En navidad se debe estar cocinando todo el día. ‘Pero fuimos al chino bueno, ¿sabes?’, me expliqué rápidamente. Aquí cerca hay dos restaurantes chinos. Uno barato sencillo y uno más caro de buenísima cualidad. ‘¿Con pato de Beijing?’ Al fin sonaba algo de anhelo a una comida en Holanda en su voz. ‘Con muchísimo pato de Beijing,’ dije exagerando bastante.

A pesar de las sombrías noticias sobre crisis y pobreza, otra vez comida formaba el tema principal de nuestra conversación. ‘Cuando estás aquí la próxima semana te preparé col verde con patatas machacadas’ dije. (Tengo el don de poder entusiasmar a las mujeres.) ‘Y desayunamos con pan de navidad (con pases y relleno con pasta de almendra), o quizás te compro unos oliebollen calientes’ (buñuelos redondos que se come en año nuevo), seguí. ‘Y yo te traigo turrones, y quizás una botellita de cuturrús,’ respondió. Mi cara interrogativa sabía vencer la mala conexión. ‘¿No lo recuerdes? Es el licor del pueblo Las Médulas que hace poco nos ofrecieron en aquel restaurante.’ El recuerdo de este día estupendo me daba por un momento una fuerte nostalgia al Bierzo. ‘Y para noche vieja compraré las uvas,’ dije. Una de las ventajas de España sobre Holanda es la costumbre de comer uvas para celebrar el nuevo año, mientras en Holanda todo el mundo sale a la calle para encender fuegos artificiales. Aunque no sin peligro de atragantarse la costumbre española es menos peligrosa, hace menos ruido y es mucho más barata.

Y así decidimos celebrar noche vieja con una combinación de nuestras dos culturas. Oliebollen y uvas. ¡Viva la integración europea! Con este bueno propósito cerramos la conexión. Pues, ya eran las cinco de la tarde; la hora de los aperitivos en Holanda mientras en El Bierzo se necesitaba una siesta.


viernes, 7 de diciembre de 2012

La muerte de un juez de línea


No lo vi yo mismo porque estaba en un café cercano mirando el partido Real Madrid – Ajax. Además no había mucho interés por el partido. La gente estaba conversando con voces altos sobre otras cosas y solamente se molestaba mirar la pantalla para ver las repeticiones de los goles de Real Madrid. ‘¡Pero que paso de Moldric!’, gritaba alguien por un momento entusiasmado. En el descanso me fui a casa. Ya eran las nueve y media; casi la hora de la cena. Los horarios de la Liga de los Campeones no están armonizados con el ritmo español. Cuando llegué Ana me dijo: ‘Holanda salió en las noticias.’ ‘¿Oh?’ Ya me estaba preocupándome. Normalmente no noticias son las mejores noticias. ‘Han matado a un arbitro de línea a patadas y ahora todo el país parece estar en un estado de choque’ continuó Ana.

El próximo día, cuando estuve online, leí en la prensa holandesa lo que había pasado. Se trataba de un padre de un jugador del club De Buitenboys, que era el juez de línea en los partidos del equipo de su hijo. Unos adversarios de 15, 16 años pensaban que no era imparcial y le daban patadas mientras estaba en el suelo. El día después murió en el hospital.

Estas noticias impresionaban mucho en Holanda. En Facebook vi pasar muchos comentarios. También recibí un mail del líder de mi viejo equipo que este fin de semana no habría un partido. La federación había cancelado todos los partidos de los aficionados por el acontecimiento tan grave. El próximo fin de semana debe ser un momento de reflexión. También mi viejo club Taba participará en esto. En su página web apareció una noticia en que se llamaba a todos los miembros, amigos y familia de venir el domingo a la cantina para hablar y pensar sobre fútbol y violencia. Lo mismo pasará en muchas cantinas en Holanda este fin de semana.

Había una cosa en todo eso que me extrañó. ¿Por qué solamente cancelaban los partidos de los aficionados y no los de los profesionales? ¿Los profesionales también podrían mostrar su solidaridad. Cancelar los partidos de la primera liga de Holanda hubiera dado más impacto. Pero no, el fútbol profesional es demasiado importante. Se trata de dinero. Y no poco. El fútbol profesional seguramente contribuye a la agresividad en los partidos de los aficionados. Dan el ejemplo malo con sus faltas duras, con siempre tirar y empujar cuando hay un córner, con siempre reclamar la pelota cuando hay un saque de línea, la agresividad verbal, entrenadores que culpan los árbitros. Los niños lo imitan. Hasta los veteranos lo imitan; lo se por experiencia. Este fin de semana los niños no tienen partidos pero el domingo pueden ver las faltas profesionales en el programa de deportes en la tele.

Desde luego también nuestro populista Geert Wilders se mezclaba en la discusión. Los chicos detenidos son todos de origen marroquí. Entonces él dijo que no se tratara de un problema de fútbol, sino de un problema de marroquíes. La verdad es que lo uno no está en contradicción con lo otro. Un deporte popular como el fútbol es un reflejo de la sociedad con todos los problemas sociales. Pero demasiadas veces jugué contra personas absolutamente locas para pensar que el fútbol no tenga un problema con la agresividad. Unas veces yo mismo era árbitro. Por la misma razón de este juez de línea, me parece, porque un equipo de mi club no tenía un árbitro y la federación solamente apunta árbitros oficiales a los partidos de altos niveles. Entonces pasé unos de los momentos de más soledad de mi vida. Algunas personas cambian en seres irrazonables cuando se fatigan y alguien toma decisiones en contra sus intereses directos. Como árbitro te insultan, te amenazan y tienes que hacer mucha esfuerza para que no escale la violencia.

¿Y en España hay menos agresividad en el fútbol? La verdad es que no lo se. Los partidos entre Barcelona y Real Madrid pueden caldear los ánimos bastante. Por ejemplo, mi propio suegro está tan en contra de Real Madrid, que en comparación Mourinho parece ser un hombre muy razonable. Unas veces fui a ver un partido aquí en Ponferrada, también para ver si acaso habría un equipo de mi nivel. De esto nada. Parece que en España no se puede jugar mal al fútbol. Mientras jugar mal al fútbol puede ser tan agradable, si todos aceptamos que jugamos muy mal. Lo que me llamaba la atención es que el fútbol parecía bastante civilizado. Se aceptaba las decisiones de los árbitros. Desde luego Ponferrada es una ciudad pequeña en un ambiente muy rural. Quizás incomparable con Ámsterdam o cualquier otra ciudad en Holanda.

Esperamos que la muerte del juez de línea en Holanda cambie algo y que el fútbol otra vez puede ser lo que deba ser: todos a correr detrás de una pelota. Entonces, durante mis visitas a Holanda participaré con mucho gusto en los partidos de los veteranos de Taba.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Ida y vuelta otra vez


Ayer tarde llegué al aeropuerto Schiphol. Estaba vestido de invierno. Un abrigo largo, una bufanda gorda. Pero los vestidos resultaban exagerados. En Ámsterdam no hacía más frío que en Ponferrada. Tal vez la temperatura era más alta, pero con más viento.
Un autobús me traía a la casa de mi bueno viejo tío Yaap. Un reencuentro agradable, aunque no hacía mucho que nos vimos. Tomamos una ginebra  y hablamos de los acontecimientos recientes. La familia. La economía en España y Holanda. Las elecciones en los EEUU. El nuevo gobierno de Holanda. En muchas cosas estuvimos de acuerdo, lo cual nos daba una buena sensación. Tomamos otra ginebra.
Hoy me desperté un poco confuso. ¿Dónde estaba? Ah, si, en Holanda. Por suerte todavía no tenía que trabajar. Un día para aclimatarse. Desayunar con  un bocadillo integral con melaza de manzana. Después un bizcocho rellenado con manjar. Quizás tenía razón una amiga holandesa que la última vez que nos vimos exclamó: ‘¡La verdad es que tu eres tan holandés!’ Para la comida compré unos arenques en la pescadería. El pescadero me reconoció. Es curioso. Que tanto el pescadero en Holanda como la pescadera en Ponferrada me saludan como un buen conocido.

No es que en El Bierzo echo mucho de menos la comida holandesa. Pues bien, algunos alimentos no se pueden obtener en Ponferrada: choucroute, col verde holandés, salchicha ahumada, arenque, anguila ahumada, melaza de manzana. Estas cosas como como un loco cuando estoy aquí. Lo que es mejor en Holanda es agua del grifo y leche. Pero la verdad es que la mayoría de los alimentos en El Bierzo son de una cualidad más alta que en Holanda. Y hay más variedad. Por ejemplo: la pescadería. En Ponferrada mi pescadera trabaja en el supermercado del barrio, pero ella tiene un surtido como en Holanda solamente se puede encontrar en tiendas muy especializadas o en el mercado internacional en la Calle de Albert Cuyp. Lo que parecía faltar en Ponferrada era anguila viva. Toda la anguila que había era ´tan muerta como una pierda, como solía decir mi madre cuando no quería comprar la anguila. Pero por casualidad descubrí este año en el mercado de abastos un puesto con anguila viva. La compré inmediatamente, pues anguila estofada es una de mis favoritas. La pescadera berciana claramente tenía menos experiencia en matar una anguila que el pescadero en Ámsterdam. El animal escapó de sus manos y se arrastraba con la cabeza erigida sobre los muertos pescados. Con mucha esfuerza la pescadera sabía coger el animal resbaladizo,  lo ponía sobre el tajo y cortaba con peligro de sus propias manos la cabeza. La sangre salpicó sobre su delantal. ‘¿Cuantas quieres?’ me preguntó. ‘Solamente tres,’ dije casi disculpándome. Después la escena se repitió dos veces más. Pues bien, la anguila en salsa verde no sabía nada menos por todo esto.

En el mismo mercado en Ponferrada se puede encontrar las casquerías con cosas que en Holanda no mucha gente comiera en su forma reconocible: cabezas, patas, tripas, lenguas, orejas, pulmones, cerebros, cojones, corazones, riñones, mollejas, en fin, todo lo que se puede imaginar. Allí compro el hígado de ternera o rabo de toro. También de vez en cuando mollejas, pero no demasiado porque, como decía la propietaria de la casquería misma, no son muy sanas. Allí una vez mi pareja (de hecho) compro una vez un sábado algo muy especial para mí. ‘¡Mira, una sorpresa!, dijo, mientras abrió el papel y mostró una cabeza de  un corderito cortado en dos mitades. Cerebro, ojos, orejas, lengüita; por suerte no había pelos. ‘¿Qué vas a hacer con esto?’ la pregunté con una mezcla de horror y curiosidad. ‘¡Tu vas a ver!’ respondió. Ponía las dos mitades de la cabeza en un adobo de aceite, ajo y perejil. Después de unas horas las ponía en el horno. ¡Muy rica!

De tanto escribir sobre comida me hace hambriento. Mira encima de mi laptop a mi tío Yaap y pregunto: ‘¿Yaap, ya pongo el col verde y las patatas al fuego?’ ‘Buen idea’, responde.



martes, 30 de octubre de 2012

Gangas


Un wok, un cascanueces, un pantalón de esquí, dos rollos de cinta adhesiva, una caja de velas, cordones. Estos son, creo, los artículos que compré en una tienda china desde que vivo en Ponferrada. Hay muchas de estas tiendas en España. En Ponferrada unas docenas. Venden de todo y muy barato. Y para decir la verdad, de baja cualidad. El cascanueces, por ejemplo, ya quebró cuando lo probé en una primera almendra. En el wok, al otro lado, todavía cocina de vez en cuando comidas con un toque asiático. El pantalón de esquí no he utilizado mucho, pero no me frenaba nada cuando bajé las pistas azules y rojas de la estación de esquí Leitariegos. La verdad es que pudiera haber comprado más ropa en las tiendas china si no fuera por mi fija consejera de vestuario que, como ella decía, tenía que protegerme contra mi mismo y me lo desaconsejó tanto comprar la ropa barata que parecía una prohibición.

En Holanda no conocemos el fenómeno de la tienda china barata. Cuando digo que voy al chino piensan que se trata de un restaurante chino. De estos hay un montón allí, muy baratos normalmente, aunque crece el número de los más lujos restaurantes chinos con la cocina auténtica. Las tiendas chinas en los barrios chinos de las grandes ciudades holandeses son incomparables con las tiendas en España. Venden porcelana china y palillos con dibujos bonitos. Allí los chinos mismos son los clientes principales. En las tiendas en España vienen sobre todo los españoles y algún guiri que buscan gangas. 

Como tantos bercianos muchas veces me había preguntado como era posible que las tiendas chinas tuvieran suficiente ganancias para poder comprar estos locales tan amplios en las calles de compras principales. Desde luego, los costos laborales deben ser bajos. Los dependientes parecen trabajar todo el día sin pausas. Se puede dudar si reciban el salario mínimo (que por cierto en España es solamente €641,40; la evidencia que un sueldo mínimo muy bajo no significa un mejor funcionamiento del mercado laboral). También las tiendas chinas saben utilizar el espacio muy eficientemente, aunque todo está puesto bastante caóticamente. No obstante, ¿de dónde vendrían las ganancias? Había rumores sobre blanquear dinero. Que no pagaban impuestos. Y desde luego que hacen caso omiso a las leyes laborales.

Al menos esto de blanquear dinero parece ser verdad. Hace poco había una redada en la empresa de hasta ahora respetado hombre de negocios Gao Ping, apodado El Emperador. La policía encontró cajas con billetes por valor de varios millones. Se revelaba que esta mafia forzaba con violencia a los propietarios de las tiendas chinas  pagar las deudas. Los artículos baratos eran importados clandestinamente. Un negocio sucio tras otro. También empresas españolas estaban implicadas. Si pagaban una comisión podían blanquear su dinero.

Quedan muchas preguntas. ¿Por qué la banda operaba en España y podía hacer sus negocios sucios por tanto tiempo? ¿Cómo afecta este caso a la imagen de los chinos en España?* ¿Qué pasará con las tiendas en Ponferrada? Y sobre todo con las personas trabajando en ellas. Pienso por ejemplo en la chica a quién pagué mis dos rollos de cinta adhesiva. Cuando volvió los 20 céntimos de vuelta le dije en mi mejor mandarín: ‘xie xie.’ Gracias. Su cara cansada se alumbró inmediatamente y me dijo algo en mandarín que, desde luego, no entendí. Respondí con las únicas otras palabras que me quedaban de un viaje a China de hace mucho: ‘Zai jian.’ Adiós. ‘¡Zai  jian!’ respondió entusiasmada y después: ‘¡Y muchas gracias!’. ¿Qué será de ella?

*La imagen de los chinos ya parece ser bastante baja. Véase por ejemplo este alucinante discurso de un catedrático de una universidad española: http://www.youtube.com/watch?v=zbbhNGNLDRg


sábado, 20 de octubre de 2012

Echar la culpa


Al principio de octubre volví al Bierzo. Los ánimos no se habían alegrado mucho. Cuando saludas a alguien en la calle con ‘¿Qué tal?’, casi nunca responden con: ‘¡Bien! ¿Y tú?’ Cada vez más las respuestas son palabras como: ‘Aquí estamos’ o ‘Vamos tirando.’ Después, la conversación inevitablemente desemboca en La Crisis. Es un tema que ya en los medios de comunicación reinaba gloriosamente, y que ahora también ha tomado posesión de las conversaciones en los bares y las calles. Una vez oía decir a un político cuando presentaba un grupo de música en una fiesta: ‘Los tiempos son duros, pero espero que la música de este grupo puede hacernos olvidar la crisis y sus consecuencias.’ Después de estas palabras pocas estimulantes el ambiente no se ponía muy festivo.

El pesimismo que aprieta al país también influye en el comportamiento de los consumidores. Si, también en el mío. Noto que quiero gastar menos. Nada de una semanita a las Canarias, aunque sería posible. Porque nunca se sabe, quizás todo terminará mal y necesitaremos el dinero en un futuro próximo. Y así piensan muchos. Se puede notar en la escena callejera. Cada vez más tiendas cierran. Las únicas que parecen florecer son las tiendas donde puedes vender algo. ‘Compro Oro’ se puede leer por todos lados. Hay docenas de estas tiendas en Ponferrada. Con las ventanas blindadas para que la gente pueda vender sus joyas anónimamente.

El efecto multiplicador, explico a menudo a mis estudiantes, hace que los recortes no sean muy eficaces para disminuir el déficit del Estado. Si no voy de vacaciones., la casa rural en Las Canarias tiene menos clientes y compra menos sábanas. La fábrica de sábanas tiene que despedir empleados. Así se recorta la economía misma. Si pones más dinero en el sistema, el efecto multiplicador tendrá un efecto positivo. ¡De vacaciones! La casa rural está completa. La fábrica de sábanas contrata más obreros.

¿Pero de dónde tiene que venir el dinero para estimular la economía? Pedir prestado a los alemanes, por ejemplo. Porque ellos mismos pueden obtener dinero barato. Pero los alemanes no tienen confianza. Angela Merkel cuida los impuestos alemanes. Hay gente en los países del sur de Europa que la dan la culpa de todos los problemas económicos a ella. Pero Merkel sabe que una gran parte de sus votantes culpan a los gobiernos de los países del sur. Y que el próximo año habrá elecciones en Alemania.  

Hay más sospechosos habituales para culpar. Los banqueros, por ejemplo. Estos daban de manera irresponsable créditos y aunque todo iba mal sabían enriquecerse muchísimo. Desde luego debían haber sido controlado mejor por los políticos. Entonces, son los políticos los que tienen la culpa. Pero también los políticos quieren echar la culpa a alguien. Los del PP a los del PSOE y vice versa. Los políticos catalanes dan la culpa a los políticos castellanos. Y el gobierno echa la culpa de la disminución de la confianza en España a los catalanes por su discurso sobre la independencia. Como tantas veces antes en la historia el nacionalismo florece abundantemente en esta crisis.

Esto echar la culpa a otros a veces me hace sentir inseguro. Quizás habrá un día en lo cual alguien en la calle me gritará: ‘¡Mira! ¡Un alemán! ¡Estos tienen la culpa de todo!’ (Por suerte no parezco a un banquero o político) ¿Qué tengo que decir? ¿Scheveningen? Es el nombre de una ciudad en Holanda que se utilizaba durante la ocupación de los nazis como contraseña porque era imposible de pronunciar por un alemán: Sjefeningen. Pero los españoles no lo saben. Y aunque lo supieran, ¿Cuál sería la diferencia? Esta vez Holanda está en el campo de Alemania. Tendré que decir: ‘Lo siento. Tampoco no entiendo nada. Soy un guiri inocente. No tengo la culpa.’