lunes, 11 de junio de 2012

¡Fiesta!


Me pongo el pantalón negro holgado sobre mi vaquero. ¿Y estos zapatos? Van bien, ¿por qué no? Marrón, de cuero . No  de veras de aquellos tiempos, desde luego, pero tampoco desentonan. Encima mi camiseta me echo una chaqueta púrpura. Y ahora el toquel final: una cota de malla. Y un casco de guerrero . ¡Qué incomodo! Con este casco no puedo llevar mis gafas. Entonces, me las tengo que quitar. En aquella época la gente tampoco podía llevar gafas, ¿verdad? No solamente voy a parecer un soldado medieval, pero también voy a mirar como un medieval. Con mi cabeza inclinada hacia detrás por el tamaño, un poquitín demasiado grande, del casco entro el cuarto de estar. Suenan gritos entusiasmados  de mi pareja y de mi cuñada. Mi sobrina me mira un poco impresionada. Entonces, estoy listo para mi primera fiesta medieval.

¿Qué es lo que atrae tanto de la época medieval a los españoles? Hay un montón de fiestas, mercados, comidas y cenas medievales. Desde luego, los cascos históricos de los pueblos y ciudades españolas son muy apropiados para crear un ambiente medieval. Iglesias románicas, monasterios, portezuelas. El sonido de las voces y pasos siempre resuenan tranquilizadoramente en las calles estrechas. Para los hippies que rehabilitaban algunos pueblos abandonados en la montaña las fiestas medievales significan una oportunidad excelente para ganar dinero y reconocimiento social. A menudo ellos desempeñan el papel de acróbatas, trovadores, músicos, tragafuegos  y vendedores de joyas de piedras naturales.

Hasta ahora sabía evitar los festines medievales. Una vez teníamos el plan de participar en una cena medieval en el cercano monasterio de Santa María de Carracedo. Por eso nos dirigimos a una tienda de ropa. La pregunta de si tenían ropa medieval no causó ninguna sorpresa. Deberías probarlo en Ámsterdam. A mi querida pareja le parecía que yo tenía que ir como un monje. No, yo tampoco sé lo que quería decir con esto. Para mi alivio no tenían un hábito. Lo que si tenían era un traje de un trovador, pero el panty, que es parte imprescindible del traje, no nos convencía. Al final  decidimos, sobre todo por mi insistencia, ir a cenar en un restaurante agradable en el centro de Ponferrada.
Una vez, cuando estuvimos en el bonito pueblo de Espinoso de Compludo, el dueño del restaurante La Taberna nos dijo entusiasmado que cada primer domingo del mes organizaba cenas medievales con muchos espectáculos. ‘Puedes comer con tus manos,’ dijo con un resplandor travieso en sus ojos. Porque es una de las atracciones de las comidas medievales. La verdad es que ya a menudo utilizo mis manos cuando como. Decidimos comer en su restaurante un domingo normal en combinación con una caminata por el hermoso monte.
Durante la Noche de losTemplarios todo el casco histórico de Ponferrrada se transforma en una ciudad medieval. Todo el mundo lleva un traje templario con una capa y túnica blanca. Pero yo no. ¿Una capa blanca? ¡Nunca en mi vida!

Pero esta fiesta en la aldea de Carpio Bernardo va a ser mi iniciación. Tiene que ver con el hecho de que mi cuñada y cuñado son unos de los organizadores de la fiesta en honor de Bernardo delCarpio. Entonces, con mi hermosa dama andamos por la calle en dirección del terreno de la fiesta. Suena música de un salterio medieval. Hay una competición de arco. Y después de una bebida medieval, noto que estoy lentamente creciendo en mi papel del caballero miope. 



jueves, 24 de mayo de 2012

Corralito


‘¿Qué piensas tú, vamos a tener un corralito en España?’ me preguntó Ana después de que habíamos mirado las noticias preocupantes en la televisión. La miré extrañado. ¿Corralito? ¿Qué será? Lo de Argentina. En el año 2001 Argentina desvinculó el peso del dólar y bloqueó todas las cuentas para evitar un huido del capital. Entonces, estuvimos hablando de algo que hasta ahora parecía increíble: que España salga del euro. De estas cosas yo, como profesor de economía, tendría que tener algunas ideas muy claras.  

Pues bien, la ciencia económica. Una ciencia de conducta, suelo explicar a mis estudiantes. Claramente no una ciencia exacta. Porque al final, el comportamiento de la gente es impredecible. Sobre todo si el investigador forma parte de lo que está investigando. Por ejemplo, para un ser humano es posible investigar el comportamiento de los conejos de una manera bastante objetiva. Pero imagínate que un conejo investigue el comportamiento de los conejos. Si él mismo poseyera muchas zanahorias, el conejo llegaría a la conclusión que para la población de los conejos será el mejor que los débiles mueran y los fuertes tengan muchas zanahorias y se reproduzcan. Si el conejo no poseyera muchas zanahorias sería más verosímil que venga con una teoría de una distribución más equitativa de las zanahorias y de la reproducción. Normalmente mis estudiantes reaccionan de manera confusa cuando les explico esto. ‘¿Qué idiota tenemos ahora en frente de la clase?’ parecen pensar.

No, en la economía no hay verdades absolutas. Aunque se oye mucho. Por ejemplo que ‘el mercado’ siempre tuviese razón. Una bobada absoluta, como demuestra la crisis pendiente, en la cual los mercados financieros nos parecen llevar al borde del abismo. Ya pasó en el siglo 17 en Holanda durante la tulipanmanía, cuando especuladores pagaban capitales para unos tulipanes, hasta que esta burbuja se pinchó. Como ahora el mercado inmobiliario. Los mercados muestran que a veces todos corremos en la misma dirección, aunque sea claro que es la dirección equivocada. ‘Estamos en guerra con los mercados,’ es otra verdad que a veces oigo. Una afirmación extraña. Probablemente piensan en los jugadores grandes en los mercados financieros. La gente quiere echar la culpa a alguien. A los banqueros, por ejemplo. O a las agencias de calificación. Standard & Poor´s, Moody´s y Fitch seguramente pertenecen a los institutos más odiados de España. Parcialmente parece injusto. Matar al mensajero de las malas noticias. No hace falta ser un economista genial para concluir que un país con un paro de 24% y muchas deudas internas sea menos solvente, sobre todo cuando el tabú sobre salir la zona euro ha desaparecido. Pero las agencias de calificación no solamente dan calificaciones de solvencia (en las cuales en el pasado han hecho errores casi criminales), sino también dan consejos a la política. Y lo hacen desde una cierta teoría económica. La del conejo con muchas zanahorias. Debe haber recortes (hasta en la educación, hablando de pensar en corto plazo), despedidos, privatizaciones. Y cuando el gobierno de ahora lo hace y no obtiene el resultado querido, bien, otra vez bajan la calificación de España. Desde luego no juzgan de veras la gestión política; miran al resultado: el desempleo, los déficits, las deudas.

Esta noche, después de ver las noticias, conversamos sobre la economía. ¿España afuera del euro? ¿Es posible? ¿Volver a la peseta? ¿Y después algo mejorará? Las exportaciones serían más baratas, pero el poder adquisitivo empeoraría. ¿Y Holanda? ¿Euros o volver al florín? ¿Y qué significaría todo esto para nosotros? Un cierto miedo hacia el futuro tomó posesión de nuestras mentes y palabras.

jueves, 10 de mayo de 2012

Cómo reunirse eficazmente


‘¿Vamos?’ preguntó Ana. Con pocas ganas cerré mi libro sobre la mesa y puse mis zapatos. Siempre he odiado reuniones. Si fueran reuniones en las escuelas donde trabajé o las asambleas del club de fútbol, siempre probaba evitarlas. Y para mi esta reunión sería difícil de seguir. Con muchas detallas técnicas y financieras. La reunión de la comunidad de los vecinos. En Holanda nunca tuve que asistir a una. Siempre viví en casas de alquiler. Casas que pertenecían a cooperativas de viviendas sociales. Era muy práctico. La subida anual del alquiler era fijada por el gobierno. Si algo no funcionaba bien podía llamar al servicio técnico de la cooperativa. En España este sistema de viviendas sociales existe menos. La mayoría de la gente compra su casa. Esto causó problemas cuando estalló la crisis. Muchas familias no podían pagar su hipoteca y llegaban a tener una deuda grande mientras el valor de la casa disminuía. Una deuda de alquiler sube menos rápido. Puede ser que el amplio sector de viviendas alquiladas suavizara el efecto de la crisis de crédito en Holanda.

‘¿Dónde vamos a reunirnos?’ pregunté cuando estuvimos en el ascensor. ‘Abajo,’ respondió Ana. Pulsó el botón con el menos y después el botón con el uno. El ascensor se movía hacia abajo. ‘¿Por qué yo no voy a hacer compras mientras tú vas a la reunión? Puedo comprar cecina, ¿no te apetece?’ intenté. ‘Esto podemos hacer después de la reunión,’ era la respuesta corta. Salimos del ascensor y entramos en el garaje. Para mi asombro allí estaban ya los vecinos de pie en un círculo. ¿De veras íbamos a reunirnos en el garaje?

De veras íbamos a reunirnos en el garaje. No hacía calor. La mayoría de nosotros llevábamos un abrigo. Hablamos de mantenimiento, limpieza, reparaciones, las finanzas y otras cosas de las cuales se debe hablar si se tiene espacios en común. Pero el sitio no era muy bien elegido. De vez en cuando el círculo debía ser roto porque un coche entraba para aparcar, después de lo cual la persona salía del coche y tenía que pasar todo el grupo en la dirección del ascensor con una mirada un poco culpable, no sé si por la manera torpe de aparcar o por ser tan claro que estaba ausente en una reunión tan importante. Una reunión de pie en un sitio frio, con coches entrando y saliendo, y de vez en cuando con el ruido de agua pasando por las tuberías después de una visita de uno de los vecinos arriba al wáter tiene una gran ventaja: a nadie se le ocurre hacer preguntas innecesarias. ‘Vale, no era tan terrible, ¿verdad?’ me preguntó Ana cuando después de la reunión estábamos esperando nuestro turno en la sección de los embutidos del supermercado.

Quizás esta anécdota de la reunión nunca habría llegada a ser nombrada en este blog, si no hubiéramos estado unas semanas después con el coche en una calle en una ciudad, Salamanca creo que era, esperando un semáforo rojo y se abriera en el edificio al lado la puerta del garaje mostrando un círculo de personas hablando. ‘Mira, una reunión de una comunidad de los vecinos’ dijo Ana. Le miré sorprendido. ‘¿Quieres decir que estás reuniones siempre están organizadas en garajes?’ ‘No sé, creo que si.’ Todavía no estuve completamente convencido de que se tratara de algo ‘típico español’ hasta que, otra vez unas semanas después, estuve viendo las noticias en la televisión. Había un reportaje sobre los problemas que tienen comunidades de vecinos de cobrar las cuotas de la comunidad de los residentes en paro, lo que causaba retrasos en el mantenimiento de los edificios. Mientras la voz en off daba esta información triste la pantalla mostraba un grupo de personas hablando en un círculo en un garaje.
Ahora estaba casi seguro. Reunirse con la comunidad de vecinos en el garaje es un fenómeno típico en España. Y algo hasta que yo sé no existe en Holanda. Pero quizás los tulipanes deben imitarlo. ¿Quieres tener una reunión corta y eficaz? ¡Hazla en el garaje!


 El reportaje completo se puede ver AQUI (dese minuto 34.50)

domingo, 29 de abril de 2012

Arrogancia antes de la caída


Emigrar no es lo que solía ser. Gracias a internet puedo leer los periódicos holandeses, ver programas de la televisión aunque sea el día después, enviar emails, hacer videochat, en otras palabras, normalmente estoy bien informado sobre lo que pasa en Holanda, y todo esto sin tener una parabólica en la fachada de la casa. Pero el fin de semana pasado estuve offline. Estuvimos con toda la familia española en un pueblín cerca de Salamanca. El domingo por la mañana fuimos los dos, Ana y yo, a Alba de Tormes, la villa donde una vez el en Holanda tan notorio Duque de Alba residía. Allí compramos pan fresco y El País y, desde luego, tomamos un aperitivo en un bar. Allí estábamos tranquilamente sentados en una mesita con nuestro vinito y pincho ojeando cada uno un trozo del gordo periódico de domingo. Di un grito de alegría. Unos hombros volvieron la vista de la televisión donde estaba puesto una vuelta de la fórmula 1. ‘¿Qué pasa? ¿Mourinho se ha despedido?’ me preguntó Ana. ‘Mejor aun,’ respondí, ‘cayó el gobierno de Holanda.’ Entusiasmado le leí el capítulo del artículo. ¿Y estas son buenas noticias?´ preguntó.

‘Si, muchas veces el gobierno de Holanda me daba vergüenza. Un gobierno minoritario de liberales y cristianodemócratas dependiente del apoyo de los populistas. ¿Quién ha inventado esto? Muy bien que el descontento con la sociedad multicultural tiene su voz en el parlamento, pero dar tanto poder a un partido tan radical me parece un mal idea. A veces el partido populista parecía xenófobo. Estamos en guerra con los musulmanes, era el análisis de su líder Geert Wilders. Pero últimamente no hablaba tanto de los musulmanes sino más de la dictadura de Bruselas. ¿Acaso se acabó aquella guerra? ¿O se trababa de eslóganes vacíos? Lo que también me extraña es que los pensamientos de partidos xenófobos siempre están asociados con ‘El Pueblo’. Una de las palabras de las que más se ha abusado a lo largo de la historia. ¿Por qué la gente razonable nunca pertenece a este ‘Pueblo’? La mayoría de la población no quiere tener nada que ver con el odio extremista.

Pero también la arrogancia abierta que Holanda emitía en Europa me repugnaba cada vez más. Que se dijeran cosas como: ‘Al fin el gobierno greco despidió tantos miles de funcionarios.’ Sé que los gobiernos de Grecia cometieron errores, pero esto no puede ser una excusa para celebrar el despido de personas que tienen ninguna culpa. No me extraña que los otros europeos sientan cierta alegría por el mal ajeno cuando Holanda entraba en recesión. De pronto para Holanda con toda su riqueza era muy difícil recortar, lo que antes se había exigido de manera tan pedante a los países del sur de Europa.

Esperamos que Holanda vaya a tener un gobierno razonable, social, realista, pro-europeo, que no solamente quiere cortar sino también reformar e estimular. Porque lo que se desarrolló en Europa desde la guerra mundial es único. Nunca antes en la historia el bienestar general era tan elevado, y esto lo logramos sin perder libertades. Merece la pena probar mantener este sistema de capitalismo controlado, si fuera solo porque desde el bienestar se mantiene suficiente espacio para poder pensar al futuro, el medio ambiente, el agotamiento de los recursos naturales, lo que no se hace cuando no hay suficiente para comer. Este proyecto único europeo debe ser salvado. Desde la izquierda y de la derecha los radicales salen de sus rincones oscuros para ofrecer sus soluciones, las cuales en la historia siempre terminaban en dictadura y guerra.’

Hice una pausa un para tomar un sorbito de vino. ‘Tengo aquí el trozo del periódico con los deportes; ¿quieres intercambiar?’ me preguntó Ana. Ansioso dije que sí y empecé a leer el artículo sobre el partido de Barcelona contra Real Madrid, mientras al fondo sonaba el sonido de los coches de la formula 1 desde la televisión.

Holandés arrogante enfrente del castillo del Duque de Alba

viernes, 20 de abril de 2012

La Política


En los años ochenta estudié ciencias políticas en la Universidad de Ámsterdam. Todavía considero a algunos compañeros de entonces como mis mejores amigos. Ninguno de ellos se ha convertido en un político, aunque no faltan partidos políticos en Holanda. En Holanda no conozco personalmente a alcaldes, concejales o parlamentarios. Utilizamos lo que aprendimos en la universidad sobre todo para largas discusiones sin sentido en las cantinas de fútbol, bares y restaurantes y pretendíamos ser demasiado libre de mente para conformarnos con ninguno partido o ideología. Dejamos la política activa a los de veras idealistas de y a los políticos de carrera y constatamos que muchos de los primeros terminaban siendo políticos de carrera.

En España conozco personalmente a muchas personas activas en la política. Por ejemplo, conozco a dos alcaldes. Tiene que ver con la pequeña escala del sistema administrativa en España. Todos los pueblos tienen su alcalde y concejales, que hacen sus tareas para su pueblo al lado de su trabajo normal. Los hay de todas clases. Hay desde los notorios caciques que no quieren cambiar nada hasta los entusiasmados que de veras hacen todo lo posible para el interés de su pueblo. Un ejemplo de esta última categoría veíamos durante la bien organizada fiesta de San Juan en el pueblo Balboa. El alcalde excéntrico subió en media noche la escena en un buen estado festivo para hacer un discurso extraño, lo que finalizó repitiendo rítmicamente: ‘Animal, mineral, vegetal; animal, mineral, vegetal’.

Pero también en una ciudad como Ponferrada hay mucha gente activa en la política. Hay los que estaban en una lista de un partido porque se lo pidió un amigo para llegar al número mínimo de candidatos. Seguramente también debe haber personas que por ideales están activas en un partido. Pero en la mayoría de los casos tengo la impresión que el motivo principal para ser miembro es el puro interés propio. Para empresarios pequeños puede ayudar mucho si tienen amigos o familiares en un partido. Puestos de trabajo en empresas (casi) estatales como los museos, los Paradores, La Telefónica y las cajas de ahorros son más fácilmente obtenibles para los amigos de los políticos. Hasta hay una palabra especial para este fenómeno: el enchufe. Y para los empleados de la administración su puesto está más seguro si son miembros de un partido o un sindicato, lo que sobre todo se nota hoy día con todos los recortes que tienen lugar. Lo extraño es que la animosidad normal entre los dos partidos parece desaparecer en estos casos; se sabe que la próxima vez el otro partido puede reinar, entonces, mejor quedar amigos. A veces España parece un poco a un país comunista; ser miembro del partido es fundamental para la carrera. Por suerte hay varios partidos, no estamos viviendo en una dictadura. Pero lo que si pasa cuando estamos hablando en un bar sobre el clientelismo, los enchufes y la corrupción, es que el volumen de las voces baja y a veces se mira alrededor para ver si no alguien está escuchando. Es sorprendente.

Casi no hay españoles que están de acuerdo con la cultura de enchufes y clientelismo. En las encuestas donde se debe indicar lo que es la mayor preocupación ‘la clase política’ sale como número tres, solamente vencido por ‘desempleo’ y ‘problemas económicos’. Es muy difícil cambiar una cultura. A veces es una cuestión de participar o ser vencido. ¿No tenemos que actuar? ¿Probar de cambiar los partidos por dentro? Ay, no me apetece nada. La verdad es que prefiero dar mis opiniones desde la barrera sin conformarme con ningún programa o ideología. ¿Quizás el lector está más idealista?


martes, 10 de abril de 2012

Alcohol


Quizás la expresión holandesa más incorrecta es: Nunca nadie murió de trabajar demasiado duro. En Ámsterdam solíamos alardear la conversación con variantes cínicas como. ¿Cigarrillo? Gracias, de fumar demasiado nunca nadie murió. ¿Comemos hoy en el snackbar? ¿Por qué no? Nunca nadie murió de comer demasiada grasa. Y el variante que utilizamos más frecuentemente era: ¿Tomamos una última? Desde luego, de demasiado alcohol nunca nadie murió.

Es verdad, en Ámsterdam bebía bastante alcohol. Porque tenía tantos malos amigos, desde luego. En el equipo de fútbol, por ejemplo. Cuando otra vez perdimos el partido contra WVHEDW 13 o Wartburgia 8,  solíamos compensar la derrota de manera adecuada con cervezas en la cantina. Cuando mis compañeros del equipo iban a sus casas donde les esperaban sus mujeres y niños, siempre había en la cantina malos amigos de los otros equipos con quienes compartir la tristeza futbolera. Pero bien, todo lo bonito también tiene su fin, y llegaba la hora que tenía que subir en mi bicicleta para ir a casa, esperando que en la ruta pudiera encontrar otro malo amigo para tomar la última-última cerveza.

En España mi comportamiento como bebedor ha cambiado. Desde luego tiene que ver con convivir en pareja. El alcohol es el lubrificante social de un soltero. Pero también tiene que ver con la otra cultura de alcohol que existe en España a la cual tenía que acostumbrarme. Cuando en Ponferrada tomamos algo con un grupo, la gente toma solamente una bebida que se bebe fastidiosamente lento, mientras después de unos minutos ya estoy jugando intranquilamente con mi vaso vacío. A veces se decide tomar otra bebida por la cual siempre tenemos que ir a otro bar. Esto genera una larga discusión sobre cual bar tiene los mejores pinchos. Después cada uno coge so cartera y surge otra larga discusión sobre quién tiene esta vez el derecho de pagar la cuenta. Y cuando al fin nos vamos, de veras hay gente que es capaz de dejar un vaso medio lleno de cerveza o vino en la mesa. El colmo de abuso de alcohol.

En Holanda, en todo caso en los círculos en que yo me movía, el comportamiento es diferente. Nos sentamos alrededor de una mesa de la cual en las próximas horas nadie nos puede echar. Después uno por uno pedimos una ronda. Cuando el tamaño del grupo no es demasiado grande, puede pasar que alguien pide por la secunda vez una ronda y empieza el ciclo de nuevo.

Otra diferencia es que en España se empieza más pronto en el día con beber. Ya a la una se puede tomar un aperitivo. Después sigue la comida con vino. Dura hasta más o menas las ocho de la tarde cuando los bares se llenan otra vez para las bebidas con los pinchos. Durante la noche, vale, hay mucho ambiente en los discos y bares, como en Holanda, pero yo, como cincuentón letárgico, desde luego no participo en la vida nocturna.

Los holandeses empezamos más tarde en el día, pero normalmente logramos recuperar el retraso sin esfuerzo. Hay borreltijd,  la hora de los aperitivos, entre las cinco y las siete. Después sigue la cena amplia, muchas veces con vino. Antes de dormir otra vez aparecen las botellas en la mesa para una copita de dormir.

Creo que la mala fama que tienen los holandeses en España con alcohol tiene su origen en la costumbre de mezclar las dos culturas durante las vacaciones. Por respeto a la cultura ibérica tomamos un aperitivo a la una, después comemos una paella que dejamos nadar en mucho vino blanco mientras voceamos elogios a la cocina mediterránea. Después sigue un café con coñac, desde luego. Y a las cinco gritamos: ‘¡Borreltijd!’ Porque en España está prohibido cenar antes de las nueve, borreltijd dura justamente un poquitín demasiado tiempo para poder llegar a hora de cenar decentemente.

Al fin y al cabo he aprendido no mezclar las dos culturas. En España respeto los horarios españoles y en Holanda lo hago con los horarios holandeses. ¡Pero mira! ¡Ya es la una! La hora de un aperitivo. ¡Que no! Estoy esta semana en Holanda. ¡Camarero, un vaso de leche, por favor! 

jueves, 15 de marzo de 2012

Criminalidad


Un día entramos una mercería en La Calle Ancha de Ponferrada. La dependiente estaba claramente desconcertada. ‘Qué susto, qué susto’, murmuraba. Preocupados preguntamos qué le había pasado. ‘Había un asalto violento a una tienda’ dijo. Asustados la miramos. ‘¿Dónde? ¿Aquí?’ la preguntamos asombrados. Movía la cabeza que no. ‘Estaba en Tarragona’, nos explicó. Por un momento pensé que no la había entendido bien. ‘¿En Tarragona, Catalunya?’, pregunté. Movía la cabeza afirmativa. ‘Si, acabé de oírlo en la radio. ¡Pero qué susto!’ Para mayor claridad: Tarragona es una ciudad a unos mil kilómetros de distancia de Ponferrada. No exactamente a la vuelta de la esquina. Esto era claramente un ejemplo de como las omnipresentes noticias sobre violencia en el mundo pueden provocar un sentimiento de miedo afuera de lugar, era nuestra conclusión cuando un momento más tarde tomamos una cervecita por el susto en una terraza en el sol.

Ponferrada no tiene fama por ser una ciudad criminal. En Holanda Ámsterdam si tiene esta fama. En este sentido mejoró mi seguridad personal. Aunque la verdad es que en Ámsterdam nunca me pasó nada grave. Nunca entraban con fuerza en mi casa. Nunca me asaltaron. La sola cosa que puedo nombrar es que me robaron bicicletas. Sobre todo en mi juventud. El momento que decidí invertir dinero en unas cerraduras robustas nunca más me robaron mi bicicleta. Además, la cantidad de los yonquis con su choriceo disminuyó bastante en los últimos años. Ser yonqui no está de moda. En el metro de Barcelona una vez me robaban mi cartera. Y el metro de Madrid es de veras una vergüenza. Conozco a mucha gente que robaron o han intentado robarles. A mi mismo incluido. Me abrieron mi mochila, sin encontrar algo de valor. No la misma suerte tenía mi cuñada. Le robaron la cartera. También probaron una vez robar la cartera de mi querida pareja, lo que yo de una manera heroica evité con gritar ‘¡Oye!’ cuando lo vi. Después, el ladrón ni siquiera se marchó. Se ponía pontificalmente en el andén en busca de otras víctimas. Es sobre todo a los turistas a quienes consideran como una pieza de caza ofrecida. En Holanda también. El tren entre el aeropuerto Schiphol y Ámsterdam tiene mala fama.

¿Y qué tal los delitos de sangre en los dos países? Ámsterdam tiene fama de ser la ciudad de los ajustes de cuentas de la criminalidad organizada. Tristemente, temo que esto es algo de todas las grandes ciudades. Cuando veo en España las noticias, sorprende que hay un tipo de criminalidad que está mencionado muchísimo: la violencia de género (o violencia doméstica, en este discusión no me meto). En Holanda se habla menos sobre este asunto. ¿Será porque existe menos en Holanda? ¿O es porque en Holanda no quieren poner tanto énfasis sobre el tema por miedo de emulación? Se lo pregunté una vez a una amiga holandesa que trabaja en una casa de mujeres maltratadas si en Holanda la violencia familiar también tenía tantas víctimas mortales. ‘Casi nunca’, respondió bastante segura. Vale, una respuesta así también me darían en Ponferrada. Y quizás también en Madrid o Barcelona. Las noticias de la televisión no dan una visión completa. Muestran la excepción y no la tranquila vida cotidiana.

Mientras tanto me siento en mis dos ciudades queridas bastante seguro. Mi vieja bicicleta en Ámsterdam lleva dos cerraduras fuertes. Para mi MTB en Ponferrada compré una pequeñina cerradura simbólica. Y cuando viajo en el metro de Madrid siempre llevo visible El País en un bolsillo de mi abrigo. Esto desaminará los delincuentes. Aquí no va un turista. Aquí va un español, si, con los ojos azules, ¿y qué?

viernes, 2 de marzo de 2012

Fregar los platos


Cada día tener que fregar los platos no es un placer. No tenemos un lavaplatos. No hay suficiente sitio. Y además tengo la impresión que para dos personas un lavaplatos no es eficaz. Se necesita tener muchos platos y cubiertos para poder  llenar la máquina. Entonces, lavo los platos a mano. Como solía hacer en Holanda. Pero también de manera diferente.

En Holanda solía fregar en agua jabonosa. Primero quitaba la peor suciedad con agua, después ponía un poquetín de detergente en el fregadero y llenaba el fregadero con agua caliente con burbujas. Y después al trabajo con un cepillo de fregar. ‘¡Qué asco!’, era la reacción de los visitantes de España. ‘¿Pones los platos a escurrir  sin aclararlos? ¡Esto no es higiénico!’

Es que en España se lava los platos de otra manera. Nada de cepillo de fregar. Siempre utilizan una esponja. Primero se quita la peor suciedad, como en Holanda. Después se enjabona los platos con la esponja y limpian bajo el choro de grifo uno por uno los platos con agua caliente. La verdad es que me he acostumbrado tanto a esta manera de fregar, que cuando estoy en Holanda friego los platos a lo español.

Pero hay un aspecto acerca de fregar, o más bien de trabajar en la cocina española en general, al cual no logro acostumbrarme. Es más. Si una vez decidiera decepcionado dar la espalda a España para nunca más volver será por esta razón: las encimeras de España no tienen un borde elevado. No tienen un umbral. Es peor aún. Lo que si tiene un borde elevado es el fregadero. ¡Exactamente donde debe ir el agua! Como se puede imaginar esto hace la integración de un guiri en la sociedad española bastante difícil.

Al principio pensé que esta diferencia tenía que ver con la larga tradición de la ingeniería hidráulica de la cual los holandeses siempre nos mostramos tan orgullosos. Los pólderes del siglo 16, los grandes diques que defienden Holanda contra el mar. Entonces, lógico que en Holanda tenemos cocinas donde el agua va donde tiene que ir lo que es en la dirección del fregadero. Pero la verdad es que he visto aquí obras hidráulicas de las cuales los holandeses podemos aprender algo. Presas imponentes que  mantienen la presión de largos pantanos.

Cuando en Holanda todavía estábamos viviendo en las marismas, aquí en El Bierzo los romanos construyeron una obra hidráulica impresionante. Cientos de kilómetros de pequeños canales llevaban agua desde la montaña alta a un monte lleno de oro para arrastrar la tierra y filtrar el oro. Ahora los restos de tierra roja de este monte forman el monumento más espectacular de todo El Bierzo, aunque la verdad es que no lo puedo mirar sin que mi placer está estropeado por el pensamiento: ¿Si esto ya era posible en el año cero, por qué ahora no construyen encimeras con el borde elevado?

Será difícil, pero tengo que aprender vivir con todo esto. Estás lavando la ensalada. Pones el colador sobre la encimera. Toda el agua corre directamente al suelo. O estás fregando una cazuela grande. Demasiado grande para el escurreplatos. Entonces pones la cazuela boca abajo en la encimera. Desde luego.  Otro charco de agua en el suelo. Antes de fregar los platos siempre construyo un pequeño dique de trapos de cocina entre el fregadero y el borde de la encimera. Y siento un orgullo patriótico por esta construcción en la rica tradición hidráulica holandesa.

Véase también La película.

martes, 14 de febrero de 2012

De vuelta a Baiona


Llueve. Es normal. Estamos en Galicia. A pesar de las gotas salimos del coche. Por suerte no hace frío. Pero sí hay un viento fuerte. Desde luego. Estamos en la costa Atlántica. Y es invierno. Andamos hacia la puerta de la entrada. Para nuestra sorpresa el camping está abierto. ‘¿Podemos entrar?’ preguntamos al hombre que está en la casita de la recepción. El también muestra sorpresa. ¿Qué queréis hacer?’ ‘Nada, solamente mirar.’ Indiferente mueva la cabeza afirmativamente y continua leyendo su periódico.

Reconocemos la cantina del camping. No ha cambiado nada. La piscina sí ha cambiado. Han puesto un tobogán con colores llamativos. ‘¿Recuerdas donde estaba vuestra tienda?’ pregunto. ‘No lo recuerdo exactamente; estuve aquí varias veces, también después de nuestro encuentro. ¿Y dónde estaba vuestra tienda?’ ‘Recuerdo que estuvimos en un campo sin árboles. Debe haber sido allí, a la entrada del camping.’ Lentamente seguimos caminando. La verdad es que el camping es casi ideal. A tres lados hay agua. A la izquierda la playa. A la derecha el estuario de la ría. Al frente un cabo. Volvemos en la dirección del coche. Ahora tenemos el viento de cara, que hace la llovizna más desagradable. ‘Vamos allí para ver la playa,’ propongo. Andamos entre dos bungalós y vemos la playa que en una larga curva se extiende hacia el puerto de Baiona.  Allí, en algún sitio, debe haber sido. La fogata. Hace tanto tiempo. El verano de 1983.  

Todavía tan joven. Tan ingenuo. Estuvimos de vacaciones con Interrail, mi amigo Wybe y yo. Un mes podíamos viajar ilimitadamente con tren por Europa. Habíamos estado en Barcelona. Después fuimos a la fiesta de San Fermín en Pamplona. Y al fin llegamos a la costa occidental de Galicia. Un camping agradable. Descansar en la playa. Pero después de unos días la intranquilidad ya tomó posesión de nuestros cuerpos tan jóvenes. Si tienes derecho de viajar ilimitadamente, tienes que hacerlo. En la estación de Vigo compramos dos reservas para un tren a algún lugar lejano. Como despedido cenamos pulpo en Baiona y nos acostamos pronto en nuestros sacos de dormir. El tren saldría pronto por la mañana. A las doce de la noche unas voces nos despertaron. Eran las chicas de Asturias de la tienda roja en frente de la nuestra. ‘¡Hay una fiesta en la playa! ¿Queréis venir? ¡Y llevad vuestra guitara!’ Nos vestimos rápidamente. En la playa el fuego de la fogata pintaba la arena roja. Nos sentamos y empecé  una conversación con una chica del Bierzo. ¿El Bierzo? Más tarde esta noche saqué las dos billetes del tren de mi cartera y dije: ‘Wybe, voy a tirar ahora los tickets en el fuego, ¿vale?’ Wybe interrumpió un momento tocar la guitara para responder: ‘Me parece muy buena idea.’ Era un gesto de la muñeca casi indiferente con lo cual hacía que los billetes revoloteaban de mala gana hacia el fuego. Un acto muy sencillo que, casi 25 años más tarde, daría un giro inesperado a mi vida. Desde luego también había otros momentos decisivos. La decisión de llevar la pesada guitara por toda Europa, por ejemplo. Sin guitara nunca habríamos sido invitados a la fiesta en la playa. Y la decisión de venir a España. La decisión de ir a acampar aquí en este camping, en esta costa tan desconocida. La decisión de  …..

Ana me sacude el brazo. ‘¿Qué? ¿Sigas mirando la playa para siempre? ¡Vamos! ¡Comemos mariscos en Baiona!’ Abrazados salimos del camping.


Originalmente escrito en holandés en diciembre 2009, ahora traducido para celebrar San Valentín de 2012


jueves, 9 de febrero de 2012

Parecidos y prejuicios


En 1992 trabajé un verano en el camping Can Banal en los pirineos de Catalunya. Era (y todavía es) un camping en el que tanto la plantilla como la clientela eran completamente holandesas. En julio y agosto venían las familias holandesas para disfrutar las vacaciones de verano en este camping tan hermoso, verde y espacioso. Durante los otros meses apenas había gente; para frustración de los dueños los españoles (catalanes en este caso) preferían ir a los campings rebosantes de sus compatriotas en la región. En el último fin de semana de agosto venía un grupo de españoles a acampar. Ponían sus tiendas y después se sentaban en la terraza para pedir bebidas y algunas bolsas de patatas fritas y pipas. Consumieron todo hablando con voces muy altas y después se fueron a dar un paseo. Dejaban la terraza cambiada. Las bolsas vacías estaban en el suelo, por todos lados había las cascaras de las pipas, las mesas estaban sucias de coca cola y los restos de las patatas fritas. Nosotros de la plantilla estaban mirando el desastre un rato con asombro y después nos poníamos a limpiar todo. ‘¡Espere un momento!’, nos rogó un turista holandés. Corrió a su tienda y volvió armado de una camera. ´Un recuerdo para casa’, nos explicó mientras hacía fotos de la terraza tan maltratada.

¿Por qué vengo ahora con esta anécdota? Este domingo leí una columna de Rosa Montero en El País Semanal en que escribió: ‘Somos el país que más piratea del mundo occidental, un récord penoso que creo que tiene su origen, al menos, en la falta de cultura social y colectiva de nuestro país, en la nula valoración de lo común, en nuestra dificultad para respetar al prójimo y nuestro individualismo exacerbado.’ Si todo esto fuera verdad, debería llamar la atención a un guiri viviendo en España. Desde luego hay diferencias. Pero también hay muchos prejuicios. La verdad es que las diferencias en España misma entre las diferentes capas de la sociedad son más grandes que las diferencias entre españoles y holandeses de la misma capa social. Se trataba en el camping de un grupo de jóvenes, y no me gustaría asumir la responsabilidad de los joven holandeses en las costas españolas. Pero en este blog lo veo como mi tarea de describir las cosas que me sorprenden en El Bierzo y esto son sobre todo las diferencias, aunque de vez en cuando exagero un poco (esto del turista con la camera, vale, lo admito, lo inventé para añadir un efecto dramático, pero esto entre paréntesis).

Para ver algunas diferencias entre la cultural social y colectiva en Holanda y España vamos al espacio público por excelencia: un bar. En España es normal tirar cosas al suelo en los cafés, aunque ya está desapareciendo esta costumbre. Estoy en favor de que los suelos de los bares españoles tradicionales sean reconocidos como patrimonio mundial por el UNESCO. Veo una diferencia en la tolerancia a los móviles. Utilizar el móvil en compañía parece ser totalmente aceptado. Hasta en las mesas de un restaurante se puede ver personas hablando en voz alta con el pariente o amigo que por mala suerte justamente tenía que llamar cuando servían la comida. Creo que en Holanda es más costumbre de ir afuera para contestar una llamada. Vale, en Holanda también se habla mucho con móvil, en el transporte público por ejemplo. Por esto hay en los trenes algunos Stiltecoupés (vagones de silencio) para gente que quiere leer, estudiar o dormir durante el viaje. Seguramente que en un futuro lejano el Vagón de Silencio va a ser parte del patrimonio mundial del UNESCO. Una gran diferencia veo con la aceptación de la ley antitabaco. En España está respetada completamente. En Holanda cada vez hay más bares dónde se fuma, sobre todo por la noche. Entonces, en este caso se ve en Holanda más falta de cultura social, digo yo. Además veo sobre todo semejanzas. La gente bebe algo, lee el periódico, habla, ríe y quiere ser feliz. ¡Que aburrido! La próxima vez voy a buscar más diferencias y exagerarlas un poquetín, ¿vale?

Ahora a pagar. Me levanto de mi mesa con el vaso vacío en mi mano que pongo en la barra, como suelo hacer en Holanda. La camarera me mira como si quiera robarla el puesto de trabajo.

lunes, 30 de enero de 2012

El barco de mi abuelo


Al fin los hemos colgado en la pared. Las pinturas y los dibujos de mi abuelo. Cinco pequeñas obras enmarcadas. Y todas están relacionadas con agua. Todas muestran al menos un barco. Pues, mi abuelo era capitán de un barco.

Nunca conocía a mi abuelo conscientemente. Murió cuando yo era bebe. Desde luego conozco los relatos. Mis abuelos tenían un barco de velas. Un tjalk, se llama este tipo de barco. Sobre todo cruzaba el mar interior que había en el centro de Holanda, el Mar del Sur (Zuiderzee). Debía haber sido un cambio con gran impacto cuando cerraron en 1933 este mar con un dique, cambiando el mar en lago y el nombre en IJsselmeer. La carga principal era la turba. Toda la familia vivía en el barco: mis abuelos, mis tías Hennie y Greta, mi madre y mi tío Jaap. Debe haber  sido una vida dura. Los niños iban a las escuelas  donde estaba el barco, cada vez en otro grupo. Mi madre me contó sobre el miedo que pasaba cuando había un viento fuerte y mi abuelo estaba en un dique mirando las olas para ver si el mar era navegable para un barco lleno de mercancía. Ella solía insistir: ‘Hay demasiado viento, ¿verdad? ¡Las olas son demasiado grandes!’ Pero siempre venía el momento que mi abuelo tomaba la decisión necesaria y el barco cruzaba tambaleándose en el mar.

En los años treinta mi abuelo vendió el tjalk y compró un barco de motor. Una inversión atrevida en el momento más importuno.  La crisis estrelló con toda fuerza. Mi abuelo fue a la bancarrota. La familia tenía que venir a Amsterdam para vivir en un piso de una habitación. Las chicas buscaban trabajo como sirvientas en casas de familias con más suerte, mientras mi tío, que era más joven, seguía yendo a la escuela.  Cada día mi abuelo tenía que hacer cola para cobrar el paro. Después llegaron los cinco años tristes de la ocupación por los nazis. Mi abuelo nunca más encontró trabajo.

Cuando me mudaba a mi vivienda en el barrio De Jordaan en Amsterdam, mi tío consideraba que había llegado el momento de darme algunos de los dibujos y pinturas de mi abuelo. Me mostró una colección amplia. Parte eran copias de pinturas de barcos de viejos maestros del siglo 17. Creo que mi abuelo las copiaba de fotos, aunque es posible que de vez en cuando fuera al Rijksmuseum con un bloc de dibujo. Otra parte de su obra mostraba una Holanda pintoresca vista con los ojos de un capitán de un barco. Estos eran mis favoritos. Pudo elegir cinco obras. Y ahora están en nuestra sala en Ponferrada. En momentos de nostalgia los admiro. El dibujo soñador de una lancha en una orilla llena de caña y la red para pescar anguilas secando en el viento. El dibujo de uno de los grandes ríos en el sur de Holanda. El dibujo de un ‘botter’, un barco de los pescadores, quizás hecho en Volendam o Spakenburg. Un dibujo a carboncillo de los pescadores saliendo del puerto en la penumbra. Y lo más bonito en mi opinión: la pintura casi naif de su propio barco de velas. El barco es pequeño, el canal es recto y el cielo es inmenso.







sábado, 24 de diciembre de 2011

Mi vieja bicicleta

 Hoy pasó algo extraordinario. Ponía mi vieja bicicleta en frente del supermercado Albert Heijn en Osdorp (un barrio en el oeste de Ámsterdam). Después hacía compras. Vinos para la cena de Navidad con mi familia en Holanda. Y cosas para llevar a España: boerenkool (un col de invierno  que no hay en España), rookworst (salchicha ahumada), stroopwafels (galletas grandes muy ricas). Si, les voy a dar un banquete allí. Con mi bolsa de compras llena salí hacia afuera, colgué la bolsa en el manillar de mi bici y busqué mi llave en mis bolsillos. No la tenía. De pronto estaba seguro de haber olvidado mi llave en la cerradura. Y alguien me lo cerró. Algún pillo, seguramente. Después pasó lo extraordinario. No me enfadé. Ni siquiera estaba decepcionado. Tomé la bolsa de compras y andaba tranquilamente por la orilla del lago a la casa de mi tío. Esta notable resignación a pesar de tanta mala suerte tenía una razón: mi bicicleta es del pasado. Casi inutilizable. Desgastada. Corroída. Hacia ruidos preocupantes. Solamente la utilizaba para hacer unas compras por poder colgar una bolsa en el manillar.

Andando por la orilla del lago ya empezaba a echar de menos a mi vieja bici, aunque sólo fuera por el peso de la bolsa en mi mano. Recuerdos surgían. ¿Cuando la compré? Ni idea. Hace mucho. En esta tienda en la Calle de Haarlem. Una bicicleta nueva. Por primera vez en mi vida. Antes siempre las tenía de secunda mano o las que me construía de los restos de las viejas bicicletas que encontraba en la calle. Por estar siempre afuera mis bicis sufrían por la lluvia y a veces por un robo. A pesar de esto lo probé con esta nueva. Con tres cerraduras: dos grandes cadenas y un pequeño integrado en la bici.

Era la mejor bicicleta hasta aquel momento. Hacía largos recorridos, solamente por placer. En la primavera a las praderas al norte de Ámsterdam para ver las avefrías y las agujas collinegras, en el verano a las dunas y el mar y en septiembre a los brezales en el este cuando se visten de flores moradas. Los sábados mi bici me llevaba a los terrenos de futbol en los alrededores de Ámsterdam. También me llevaba al trabajo con excepción de los lunes cuando trabajaba en Rotterdam a unos cien kilómetros. Demasiado lejos para mi bici. Un lunes oía por la mañana en la radio que habría un viento fuerte viniendo del sur. Tan feliz como un niño llevaba mi bici en el tren, daba mis clases rápidamente y volví viento en popa, a toda vela. Maravilloso.

Por el uso intensivo noté lentamente el deterioro. La bici perdió velocidad y se volvía más y más en una vieja bicicleta de la ciudad como tantas hay. Cuando  se rompió la llave de una de las cerraduras, no hacía falta comprar una nueva: dos cerraduras eran suficientes. Disminuyeron las distancias que cubría. Una reparación urgente a la rueda de la cadena hacía mi bici definitivamente más lenta. El día de la mudanza a Ponferrada mi bici llevó las últimas piezas del hogar en dos bolsas al manillar y una maleta detrás al trastero de mi tío en Osdorp.

Así, lleno de recuerdos, llegué en la casa de mi tío ya seguro que no podía dejar mi vieja compañera allí tan sola y triste en frente del supermercado. Volví y la llevé a un taller de bicicletas. Allí aserraron la cerradura. La bici ahora está otra vez en el trastero, esperando fielmente hasta su dueño la vuelve a visitar.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

Elegir


El 20 de noviembre, cuando había las elecciones en España, estaba en Holanda para trabajar. Como remigrante temporal, se puede decir. No perdí mucho, creo. Como extranjero no tengo derecho de votar en España. Además, no tenía ni idea a qué partido votar. Ya era seguro que el PSOE iba a perder. La sola cuestión era si el PP obtendría la mayoría absoluta. Pues, lo logró. Para un guiri es difícil de entender porque tantos votantes son tan masoquistas de votar completamente voluntariamente a un partido que está mezclado en tantos casos de corrupción como el PP. Será que los españoles se han vuelto cínicos: no importa a quien votamos, la corrupción siempre te sale gratis. Aunque, ¿gratis? En mi opinión el conglomerado de políticos corruptos,  oscuros empresarios y las cajas de ahorros en manos de los mismos políticos es una de las causas de la implosión de la economía de España

Estaba todavía en España cuando hubo el debate entre Rajoy y Rubalcaba en la televisión. Hablaban de muchas cosas: la política dudosa del PSOE antes y durante la crisis, la falta del programa del PP, pero las palabras corrupción y enchufismo no las utilizaron ni una sola vez. Tenían sus razones. Porque si hubieran acusados el uno al otro a todos los casos de corrupción en que los partidos están mezclados, el público podría pensar: estos dos tíos tienen razón, no voy a dar mi voto a ellos. Pero en España no cada voto tiene el mismo peso. Hay un sistema de distritos de lo cual se benefician, además de los partidos regionales como el PNV, CiU y el Amaiur, los dos grandes partidos nacionales. Por esto, mucha gente vota, aunque sin muchas ganas, al mal menor entre los dos.

Así es como que la hegemonía de los dos se mantiene. Y siguen distribuyendo los puestos de trabajo a los amigos del partido. En España hasta los jueces están vinculados a uno de los dos partidos grandes. Hace poco estábamos comiendo en un parador en la sierra de Gredos, cuando me contaban que los paradores son una empresa del estado y que el directivo de los paradores es un amigo de Zapatero. Casi perdí el apetito oyendo esto.

¿Pero funciona en Holanda la democracia mejor? Hay muchos partidos en el parlamento con muy diferentes ideas: izquierda, derecha, conservadora, progresista, abierto al mundo, proteccionista. Este menú amplio es una ventaja. Llegar a una coalición puede durar mucho tiempo en Holanda. Se necesita al menos tres partidos. Una desventaja, quizás. Hay partidos un poco extraño. El partido de los animales, por ejemplo. O el populista Partido de la Libertad, que entre otras cosas, quiere introducir un impuesto especial a los velos de las mujeres musulmanas y prohibir a estas mujeres de viajar con transporte público con velo. No es nada más que fastidiar a un cierto grupo minoritario, me parece a mí. Y en este momento el Partido de la Libertad es uno de los grandes partidos en Holanda. El gobierno minoritario de este momento depende de su apoyo. Es absolutamente una vergüenza. Casi razón suficiente para cambiar de nacionalidad.

Entonces, tengo una propuesta. Si uno de los grandes partidos en España viene con un programa reformista de veras: una reforma del sistema de votar para que cada voto valga el mismo, una separación completa de justicia de la política y una tolerancia cero a corrupción, clientelismo y enchufismo, yo prometo pedir la nacionalidad española para poder votar este partido. ¿Qué? ¿Hacemos un trato?

lunes, 21 de noviembre de 2011

Carbón


Es un día otoñal en Ponferrada. Ando al lado del río Sil hacia el Museo Nacional de la Energía. Los últimos meses he visto como este edificio descuidado con todas las ventanas rotas se transformaba en un museo moderno.  La organización que gestiona el museo, la CIUDEN  (La Ciudad de la Energía), también desarrolla e investiga maneras de generar energía de una manera sostenible, de las cuales la captura y almacenamiento de co2 es la más importante. Este proyecto costoso del Gobierno Zapatero no era sin controversias. Por ejemplo, todos los puestos importantes fueron dados a miembros del PSOE. El enchufismo es una enfermedad en España. 

Hoy se organiza un filandón en el museo. El filandón es una tradición vieja de los pueblos de León. Después de la cena la gente se reunía alrededor de un fuego para contar relatos. Hoy se hablará sobre la minería de carbón. Es un asunto que me interesa mucho, porque confluyen muchos temas que suelo explicar a mis estudiantes en mis clases de economía: empleo, crecimiento económico, desarrollo local, globalización, el medio ambiente, el cambio del clima, las consecuencias de subsidios a empresas.

Probablemente soy el único en todo el Bierzo que está en contra de los subsidios a las empresas productoras del carbón. Seguramente, con subsidios se puede mantener el sector del carbón vivo. Pero con subsidios se puede mantener vivo hasta una empresa que lleva agua al mar.* Las empresas del carbón en El Bierzo son adictas a los subsidios, por lo cual no hacen el esfuerzo de competir con innovación e inversiones. Hace dos años, cuando Europa querría poner freno a los subsidios, las empresas reaccionaron con dejar de pagar los sueldos de los mineros.  Seguidamente hubo  manifestaciones. Los mineros bloqueaban las autopistas y los trenes. ´Los empresarios utilizan los obreros como fuerzas de choque para asegurar sus beneficios,´ era entonces mi conclusión amarga cuando estaba en un autobús que iba con retraso.

Cuando entro en la sala del museo, veo que han puesto sillas en un círculo alrededor de un fuego artificial eléctrico. Todo esto para crear el ambiente de un filandón. En las sillas están sentados sobre todo viejos hombres, algunos acompañados por sus esposas. Una presentadora elocuente toma la palabra y pregunta a los hombres, todos  mineros feroces,  que tal fue la vida en las minas. Un momento estoy decepcionado. No habrá una discusión sobre los pros y contras de la explotación del carbón, como había esperado. Pero cuando los hombres uno por uno empiezan a relatar, crece mi interés. Cuentan sobre el trabajo duro, la oscuridad, el peligro de sofocarse, la pobreza, la explotación por los empresarios, la solidaridad cuando había huelgas. Un minero dice que tiene miedo que no haya futuro para las minas y que tenemos que defender esta posibilidad de empleo para los hijos. Me extraño lo que dice. El trabajo en las minas no es nada agradable, me parece. Y dudo que haya mucho futuro en el carbón. Pero no expreso esta opinión de un guiri. Miro  las llamas eléctricas mientras escucho las voces sonoras de los mineros.


* Llevar agua al mar es una expresión holandesa para indicar una tarea inútil. Lo raro es que justamente Holanda es el único país donde llevar agua al mar es necesario porque está abajo del nivel del mar.

miércoles, 19 de octubre de 2011

De vuelta


Estoy de vuelta en Ponferrada después de haber trabajado casi siete semanas en Holanda. Todavía me siento un poco desconcertado, este lunes por la mañana. Oigo desde la calle gritos y petardos. Todavía hay la diaria manifestación de los empleados de una compañía. Porque no recibieron su sueldo. Ya desde hace meses. ¿Esto sería posible en Holanda? Allí llevarían la empresa a un juez, me parece. Miro hacia afuera por la ventana. Los Montes Aquilianos bañados por el sol. Hoy va a haber al menos 30 grados. ¡Y es octubre! Qué diferencia con los chubascos que azotan Holanda. Voy a aprovecharlo. Hacer compras y después a buscar una terraza para un cafetín y un periódico.

Hay tranquilidad en la calle. Por todos lados hay coches mal aparcados. En medio del paso de cebra, al lado izquierdo de un carril, hasta en la rotonda en frente de correos alguien ha puesto su coche. Ponferrada: el sueño mojado de un guardia de tráfico holandés. Voy a La Cuesta. Un pequeño bar donde me traen el café sin que tenga que pedirlo. Con un churro. Nada ha cambiado. Me siento a gusto. Después iré a comprar a la frutería. Y a cocinar para la comida amplia a las tres. Tendré que acostumbrarme otra vez al ritmo de las comidas de España.

Estamos estirados en el sofá. Vemos la novela, que oficialmente se llama Amar en tiempos revueltos. La serie de nunca acabar sobre los años cincuenta en Madrid. Con buenísimos actores. Tengo dificultad de seguir el relato. ¿Ya habrá empeorado mi castellano? O será por todos los nuevos personajes y desarrollos. Suena la melodía que marca el final de este episodio. ´¡Vamos a pasear!´ propone Ana. Descendemos por la escalera. El portal está lleno de periódicos publicitarios de todos los supermercados que hay. En España no existen las pegatinas de ¡NO! que puedes poner en tu buzón para parar la avalancha de publicidad.

Paseamos al lado del río Sil enfrente de nuestra casa. Unas personas mayores están trabajando en sus huertas. Llamamos a una señora. ´¿Usted sabe si es posible alquilar un trocito de terreno aquí?´ Nos envía a un cobertizo. ´Tenéis que preguntar a Maruja.´ Nos paramos en la entrada del cobertizo oscuro. Una vieja mujer con la ropa sucia está sentada sobre un taburete en medio de una montaña de pimientos rojos que está limpiando de simiente y tallo. ´La próxima semana los voy a asar y conservar,´ explica. Le contamos que queremos también un trocito de tierra. ´¿Un trocito de terreno?´, dice, ´hoy día la gente no sabe lo que es trabajar en el campo; en mi juventud era diferente; y ahora hay tanto desempleo, ¿pero hay alguien que viene a ayudarme?, ¡nadie!, ni siquiera saben cuánto veneno hay que poner para matar los bichos, lo dejan todo caer en abandono y …..´

Mientras continua su lamentación me doy cuenta de que se ha desinflado una ilusión mía. Tantas veces les expliqué orgullosamente a mis compatriotas que en el mercado de Ponferrada la vieja gente de la región vende las verduras ecológicas sin llamarlas ecológicas.  Pero ahora oigo que ponen veneno sin entender mucho de la materia. La próxima vez lavaré la verdura extra. Oigo que Ana se despide de la señora. Salimos del cobertizo oscuro.  La puesta del sol pinta el cielo de rojo. Un ruiseñor bastardo silba en un árbol al lado del río. Reina una tranquilidad benéfica.

miércoles, 5 de octubre de 2011

¡Al trabajo!


Es una mañana gris en Rotterdam. Estoy explicando a un grupo de estudiantes la teoría de los rendimientos marginales decrecientes. ´¿Entendéis? Entonces, cuanto más se produce más eficaz se puede hacer, hasta un cierto punto en que más producción va a ser menos eficaz.´ Con mis manos estoy imitando la ondulada curva que tengo proyectada en la pared detrás de mí. Los estudiantes me miran cansados. No parecen estar muy interesados en la teoría de los rendimientos marginales decrecientes. ¡Mientras es tan importante para los costes marginales! ¡Increíble! Aparentemente tuvieron un fin de semana duro. Porque salir lo hacen bastante estos estudiantes. No les falta dinero. Casi todos tienen algún trabajo temporal. Casi no les sobra tiempo para estudiar, es la queja general de los docentes. Un estudiante levanta su mano. Muy bien, una pregunta. ´¿Usted vive en España, no? ¿Es verdad que la crisis es tan grave allí?´ No era exactamente lo que estuve explicando. Obviamente un intento de distraerme de este asunto tan tenaz. Pero bien, una muestra de interés debe ser premiada.

´El desempleo en España es muy alto,´ explico. ‘Hasta el 20%, y desde luego, también se nota en la ciudad donde vivo: Ponferrada. Por ejemplo, cada día hay una manifestación en nuestra calle de los empleados de una empresa, porque ya desde hace meses no recibieron sueldo. Y tampoco reciben un subsidio de desempleo porque no los han despedido. Se nota que hay más mendigos que antes. Y otro tipo de mendigos. De vez en cuando parecen personas que podrían haber trabajado en una oficina.´

´¿Y por qué España tiene tanto desempleo?´ pregunta el mismo estudiante. Los otros ya no escuchan más. Empiezan a hablar entre ellos. Explico que en España, por la tasa de interés tan baja, el sector de construcción creció demasiado, hasta el momento que la burbuja inmobiliaria explotó, lo que aniquiló mucho empleo y capital. Ahora también el estudiante de las preguntas no tiene más interés. Seguramente esperaba una respuesta un poco más jugosa como: A los españoles les gustan más la paella, la siesta y la sangría que trabajar. Porque de esta manera se oye hablar sobre el sur de Europa en Holanda. Sobre todo a los populistas. Estos ya han cambiado los musulmanes por los grecos para dar la culpa de la crisis. Perezosos, poco fiables y corruptos, los llaman. ¿Pero Holanda es tanto mejor? ¿No puede ser que la próxima vez le toca a Holanda ser el país que está en problemas? Quizás en un futuro no muy lejano tendré que explicar: ‘Pues, en Holanda había demasiada gente con una jubilación anticipada. La educación estaba descuidada. Además, existía un amplio circuito de dinero negro del narcotráfico, lo que tenía un efecto paralizante sobre la economía. Y Holanda, tan dependiente del comercio internacional, más y más se cerraba a otros países y culturas.´

Ahora todos los estudiantes están hablando entre ellos. La economía de España no es un requisito en el examen. Les pido atención. Después muestro un nuevo gráfico y digo: ‘¡Mirad! Esto es el resultado de la teoría de los rendimientos marginales decrecientes sobre las curvas de los costes. ¿Quién de vosotros puede explicarme cual será el precio en que este monopolista tiene su beneficio máximo? Silenciosos los estudiantes me miran.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Difícil de conseguir

Buscando trabajo siempre he seguido una estrategia que en inglés se llama tan bonito: playing hard to get (simulando ser difícil de conseguir). Gracias a esta estrategia llegué, después de muchas vueltas con puestos temporales en oficinas, guía de bicicleta, profesor de economía, a ser un estimado amo de casa en Ponferrada. Cuando, hace más de dos años ya, vine a vivir a El Bierzo, pensé que no tardaría mucho hasta encontrar trabajo. Desde luego, ya había crisis. Y justamente España tenía el paro más alto de Europa. Por cierto, en estas circunstancias no se puede imaginar algo más útil que un profesor de economía que pueda explicar en inglés con acento holandés la teoría de los rendimientos marginales decreciendo.

Resultó ser más difícil de lo que pensaba. Por ejemplo, en Ponferrada no hay ninguna agencia de trabajo temporal, mientras en Holanda son casi características para la escena callejera. Compré El País del domingo para leer los anuncios de trabajo. Al fin y al cabo la mayoría de mis puestos de trabajo en la educación en Holanda los había encontrado en los periódicos. Solamente había algunos anuncios para empleo como manager en grandes empresas cerca de Madrid. De alguna manera tuve la impresión que mi larga experiencia como team manager de un equipo de fútbol que juega en la 5ª división de la liga de las reservas de la región Amsterdam no sería considerada como relevante. Compré El Diario de León para buscar trabajo más cerca de casa. Sobre todo anuncios para limpiadores, cuidadores de gente mayor, o chapuceros. Nada para alguien con dos ´manos izquierdas´, como se dice en Holanda.

Envié las primeras solicitudes. Escribí a escuelas, bodegas, hostales y a otras empresas que pudieran necesitar alguien con conocimiento de idiomas. Me extrañó que casi nunca me respondieran. Ni siquiera un mensaje estándar, como: Apreciamos mucho el interés que mostraba por nuestra compañía, pero lamentablemente en este momento no necesitamos a nadie con su perfil. Cuando pregunté a Ana porque no había respuestas, contestó: ´No vale solamente enviar un email; así no funcionan las cosas aquí, tienes que llamar, ir allí, presentarte, hacer amigos.´ ´Pero mi estrategia es playing hard to get,´ respondí rezongando. ´¡Por favor, no digas tonterías!´

¿Cuándo empezó a crecer este idea de una propia empresa? No lo sé. El Bierzo es una región hermosa con naturaleza pura y muchos monumentos culturales. Y casi virginal. Allí debía haber posibilidades. Para alguien sin trabajo invertir tiempo es gratis. Empecé pensando en una ruta de varios días. Desde Ponferrada. Hacia la montaña siguiendo caminitos al lado de arroyos. Dormir en casas rurales en pueblos remotos. Debe haber un mercado para esto, ¿verdad? Por vía del Consejo Comarcal del Bierzo seguí un curso: cómo escribir un plan de empresa. Allí hablamos de cosas como marketing mix y marketing estrategia. Que tienes que dar énfasis al propio carácter de la empresa. Que es altamente recomendable utilizar los nuevos medios. Facebook, twitter, youtube, blogs. ¿Blogs? ¡Qué suerte! Entonces. Si hay lectores que quieren hacer una ruta en esta región maravillosa y casi desconocida, vale, puedo ver si todavía hay sitio en la montaña, aquí. Pero no todos al mismo tiempo, ¿vale? Tenemos que cuidar el carácter propio del Bierzo.

miércoles, 22 de junio de 2011

Avería

Emigrar significa empezar a contar de nuevo. El primer libro de la biblioteca de Ponferrada, la primera cena en un restaurante china, la primera garza real (en Holanda casi una plaga), la primera vez votar, por la primera vez al dentista, la primera vez que estás de veras escuchando una tertulia en la radio, la primera vez que comes botillo y piensas: ´no está mal´, la primera vez que puedes seguir una película argentina, el primer severo ataque de nostalgia, el primer sueño en castellano. El domingo pasado he dado un paso importante en el proceso hacia la integración total en la sociedad berciana. Tuve mi primer pinchazo.

Aquel mañana salí en dirección de Bembibre. Regularmente los domingos comemos en la casa de mis suegros. En El Bierzo esto significa que ya a las dos tienes que presentarte a la mesa. Si el tiempo lo permite voy con la bicicleta. La ruta es bella y en esta manera provoco un poco de hambre para la normalmente muy nutritiva comida. Dos pájaros de un tiro (o, como en Holanda decimos: dos mosquitos de un manotazo). Hay algunas subidas fuertes en la ruta. Sudar es inevitable. Por suerte mi amable mujer siempre está prepuesta de traerme ropa limpia en el coche.

El Bierzo es ideal para ir con el mountain bike. Si quieres puedes hacer rutas largas sin tocar el asfalto. Las carreteras pueden ser peligrosas. Los coches van muy rápidos y afuera de la población nunca hay carriles para bicis. A menuda la gente aquí me avisa por el comportamiento de los automovilistas. No tienen respeto para las bicis, dicen. Mi impresión es diferente. En general pasan en una amplia curva al ciclista.

Ocurrió cuando volvía a casa. Justamente había descubierto un atajo bonito, con muchas piedras sueltas, esto sí, y bastante pendiente, y bajé a la presa del río Sil. Allí reposaba un ratín y bebí las últimas gotas de agua tibia que restaban en mi botella. Con entusiasmo quería empezar la última subida cuando noté un movimiento raro en mi rueda detrás. ¿Qué es eso? Bajé y constaté: un pinchazo.

Por experiencia sé que nunca se debe empezar una ruta con bicicleta sin preparación. Bomba, desmontadores de neumáticos, goma, un neumático de reserva, todas estas cosas pertenecen al equipamiento estándar para mis recorridos de bici en Holanda. Pero en Holanda mi bici tenía un portaequipajes detrás para poner mis cosas. Aquí llevo todo en una mochilita empapada de sudor. Por suerte la tienda de deporte tenía un aerosol muy práctico. Stop and Go, prometía la etiqueta. Entonces, no necesitaría traer una bomba y equipamiento para reparar un pinchazo.

Allí estaba con mi bici sobre la presa. La vista era maravillosa. Pero en este momento eso no me interesaba en absoluto. Bajo el sol todavía brillante logré leer las pequeñas letras de las instrucciones del espray. Sacudir, conectar con la válvula y presionar el botón. Fácil. Las válvulas de mountain bikes echan aire cuando hay una presión. Esto ocurrió justamente al momento que la espuma salió del aerosol. El resultado era que mi rueda por detrás estaba cubierta de la espuma pegajosa y mi neumático todavía estaba plano. Esto significaba andar. Al menos una hora, estimé. En el calor. Por una carretera estrecha con bastante tráfico. Sin carril para bici o vía peatonal. A dos lados zarzales espinosos. Pero con unas vistas de veras maravillosas.

Por todo eso, el próximo día estaba en la calle reparando la bicicleta. Como había hecho tantas veces en Holanda. Qué fácil es cambiar una cámara de un mountain bike. La rueda puedes bajar con un sencillo clic. En Holanda ya quitar la protección de la cadena significaba blasfemar. Después tenía que soltar el freno de contrapedal, despegar las tensoras de la cadena y quitar la cadena. Mi bici siempre salía bastante averiada de mis reparaciones y después yacía la protección de la cadena hecha jirones en la basura. Y siempre debía pasar algún anciano crítico con un comentario como: ´Esto en mi juventud lo hacíamos muy diferente.´ Aquí en la calle, nada de eso. A lo más unas miradas sorprendidas. Mira, alguien está reparando su bicicleta. Debe ser un extranjero.

martes, 7 de junio de 2011

Fútbol y Política

Es sábado el 28 de mayo. Barcelona acaba de ganar la Copa de Europa. Era una fiesta de fútbol. Estoy en casa viendo la televisión. Todo el tiempo los comentaristas subrayan que Barcelona es un representante del fútbol de toda España. Y no solamente de Catalunya, quieren decir. Últimamente oí muchos aficionados de Madrid quejándose sobre los éxitos de Barcelona, sin ser capaces de disfrutar del fútbol más hermoso que nunca se ha visto. No, Barcelona siempre tiene los árbitros a su lado. La victoria de Barcelona sobre Real Madrid en la semifinal era un robo. Están copiando las opiniones de Mourinho.

No todo el mundo en El Bierzo está a favor de Real Madrid. Aquí al otro lado de la calle hay un café de Real Madrid, pero en el bar al lado los clientes llevan camisetas de Barcelona. He notado que mucha gente de la izquierda está a favor de Atlético. Me extraña. Atlético tenía como presidente una figura tan siniestra como Gil, un empresario y político completamente corrupto. Real Madrid sobre todo está asociado con el centralismo de España. Hay personas que vinculan Real Madrid con el Partido Popular.

Es verdad que hay una semejanza notable entre las teorías de comploto de Mourinho y las de cierto miembros del PP. Cuando políticos del PP están acusados de corrupción (lo que pasa bastante a menudo), ellos lo llaman manipulaciones del gobierno socialista del aparato judicial. Más extraño son las teorías de comploto alrededor del atentado en el Atocha en Madrid en 2004. El gobierno de Aznar querría culpabilizar a ETA (nadie sabe exactamente por qué), aunque todas las pruebas indicaban que era un atentado de musulmanes extremistas. Un error increíble que hacía que el PSOE ganaba las elecciones. Hasta ahora hay muchos miembros del PP que creen que toda la evidencia sobre el atentado es una manipulación de los socialistas. También he oído personas sostener que los socialistas mismos maquinaban el atentado para ganar las elecciones. Después de la muerte de Osama Bin Laden la reacción de Esperanza Aguirre era que Al Queda nunca ha reivindicado el atentado de Atocha. Lo decía riendo alusivamente. En España no es costumbre que periodistas después siguen preguntando: ´¿Qué es exactamente lo que quiere usted decir?´ Dejan a los políticos lanzar sus globos sonda. Cuando había el homenaje del equipo de Madrid por ganar la Copa del Rey, Aguirre y Mourinho parecían bastante a gusto juntos.

Pero se tiene que tener cuidado con comparaciones demasiadas fáciles entre fútbol y política. Recuerdo que antes de caer el muro los equipos del este de Europa siempre estaban descritos en términos como ´ciega obediencia´ y ´falta de creatividad´, muchas veces completamente injustamente. En los años setenta se atribuía los éxitos de los equipos holandeses con sus jugadores con pelo largo a la ´progresía y modernismo´ de Holanda. Pero teníamos como seleccionador a Rinus Michels, que tenía como credo el casi fascista: Fútbol es Guerra. En el equipo nacional holandés había jugadores que sin escrúpulos desajustaban el juego del otro equipo. Los partidos entre Holanda y Alemania siempre estaban vinculados (por los holandeses) a la segunda guerra mundial. El colmo fue en 1988 cuando Ronald Koeman, en un acto de resistencia por desgracia 43 años demasiado tarde, se limpió el culo con la camiseta que acababa de intercambiar con un adversario alemán. El éxito de Ajax en 1995 con todos sus jugadores de Surinam se atribuía a la fuerza de la sociedad multicultural. El estilo agresivo y defensivo del equipo holandés en el último mundial se atribuía a la estrechez de miras vinculado con el creciente populismo de la extrema derecha.

Mientras tanto, en la televisión empiezan las conferencias de la prensa. Veo como Guardiola responde una pregunta en catalán, lo que seguramente molesta a muchos españolas. Después hay la conferencia de Ferguson, el entrenador de Manchester. En inglés, lo que forma un gran problema para la televisión pública que quiere negar tanto como es posible lenguas extranjeras. José Reina, que es presente como comentarista por ser portero de Liverpool, tiene el susto de su vida cuando le preguntan de traducir en directo. Justamente puedo oír como Ferguson, un gentleman inglés, elogia el juego de Barcelona antes que Reina empieza su traducción improvisada. Los otros comentaristas no tienen la paciencia de escuchar y le hacen el trabajo imposible con comentarios innecesarios. Es un caos completo. Apago la televisión. Por el momento suficiente fútbol.

viernes, 27 de mayo de 2011

¡A las barricadas!


Participé en una manifestación. Aquí en Ponferrada. Y había motivo. Se trataba de la protección del medio ambiente. ¿Qué es el caso?
En el pueblo Toral de los Vados está una cementera llamada Cosmos. Esta fábrica ha obtenido del gobierno de Castilla y León un permiso de empezar una incineración de residuos. Al principio se trataba de quemar cualquier tipo de basura. Pero toda la atención en la prensa y protestas ya tenían su primer efecto. Cosmos oficialmente ha declarado que solamente quemará biomasa. No hay nadie que lo cree, esto es una lástima. Y además, por alguna razón neumáticos también están considerados de pertenecer a biomasa.

Toral de los Vados está situado al lado oeste del valle fértil en el centro del Bierzo. Es la región donde se cultivan las uvas de la variedad mencía para los vinos tan buenos del Bierzo. También otras especialidades del Bierzo, como las manzanas reneta, las peras conferencia, las cerezas y los pimientos provienen de este valle. En los montes alrededor crecen las famosas castañas. Todos estos productos de calidad sufrirían por la contaminación de la incineración. Por eso, el protesto no solamente venía de los civiles angustiados y de los grupos ecologistas sino también de empresarios influyentes de la agricultura local.

El sábado por la tarde nos reunimos en la Plaza de Lazúrtegui. Había mucha gente, allí alrededor de la fuente. Un público muy diverso. Familias con niños, gente mayor, ecologistas con barbas, guiris, en una palabra, el protesto tenía un apoyo amplio. Después de un discurso breve sonaban las inevitables gaitas y se ponía en marcha la manifestación. Había sol. El ambiente era festivo. Nadie gritaba eslóganes. Casi nunca me he sentido tan a gusto durante una manifestación.

La verdad es que no es mi actividad favorita, ir a manifestaciones. No me faltan opiniones claras, esto no es el problema. Por ejemplo, estoy muy a favor de una economía del mercado libre con un estado fuerte y democrático que interviene cuando el mecanismo del mercado llega a grandes concentraciones de poder, desigualdades en riqueza y oportunidad, o daño ambiental. Un socialdemócrata liberal, si usted quiere. Pero eso no es suficiente razón para gritar con los puños en el aire. En todo caso no aquí en la Europa occidental. Además, prueba gritar a la vez con un grupo de personas: ´´¡EXIGIMOS UNA ECONOMÍA DEL MERCADO LIBRE CON UN ESTADO FUERTE Y DEMOCRÁTICO QUE INTERVIENE DONDE EL MECANISMO DEL MERCADO LLEGA A DEMASIADO CONCENTRACIÓN DE PODER, DESIGUALDAD EN RIQUEZA Y OPORTUNIDAD O DAÑO AMBIENTAL!´ Será un caos.

¿Cuando era la última vez que fui a una manifestación? Debe haber sido en 2003. Contra la guerra en Iraq. En Holanda una manifestación siempre va acompañada con juegos de palabras en las pancartas. REAGAN, ESTÁS MAL DE LA CABEZA ATÓMICA, me recuerdo de hace mucho. Y también NO INVASIÓN SINO INVERSION. Aquí en Ponferrada nada de esto, por suerte. Seguramente en Holanda alguien hubiera escrito: MÁS BIEN CORZOS QUE COSMOS. Aquí leí NO INCINERACIÓN, POR UN BIERZO SOSTENIBLE y CONTAMINACIÓN NO.

Lo que si es igual a Holanda es que siempre hay grupos radicales que secuestran la manifestación. Durante la manifestación contra la invasión en Iraq me fastidiaban las personas que llevaban pancartas con HAMAS o un retrato de Che Guevara. Aquí en Ponferrada había dos personas que llevaban una enorme bandera roja con las letras AUTONOMÍA. Al principio pensé que era dos vascos que perdieron la ruta completamente, pero no, hablaban castellano entre ellos. Faltaba más información. ¿Querían independencia del Bierzo? ¿O quizás que León se separa de Castilla? ¿Que España sale de UE? ¿O que al fin la tierra sea un poco más independiente del sol? No lo sé.

La manifestación terminó al lado del castillo, lo que resultó en muchas fotos bonitas. Había algunos discursos de unos organizadores. A uno de ellos, un muy famoso viticultor berciano, se le fue un poco la olla cuando dijo que la gente en El Bierzo merecía pagar menos para la luz que otros españoles porque hay un central térmico en la región. Para mi sorpresa había bastante gente que le vitoreaban. Era el momento de dejar la multitud y buscar una mesita libre en una terraza en la Plaza de Encina. Manifestarse es, por desgracia, a veces necesario, pero da mucha sed.

viernes, 6 de mayo de 2011

En busca del abejaruco


Aquí más o menos debe haber sido. Bajo de mi mountain bike y quito mi casco para poder oír mejor. A la izquierda tengo una vista maravillosa sobre el valle del Bierzo. Más lejos puedo ver las montañas nebulosas que marcan la frontera con Galicia y Asturias. A la derecha una cuesta pendiente llena de roble joven. Oigo ruiseñores. Por ellos no estoy aquí. Oigo un petirrojo. Tampoco es exactamente lo que estoy buscando.

Ayer estuve aquí también. Un recorrido con bici al lado del pantano del río Sil y volviendo por estas colinas. Y de pronto lo oía. Un sonido de un gran grupo de pájaros, murmurando agradablemente entre ellos. Pero no veía nada. Me quedé escuchando un rato. Después volví rápidamente a casa, donde inmediatamente ponía el ordenador. Busqué y encontré. Mi teoría resultaba ser correcta. Abejarucos. ¡Abejarucos en El Bierzo!

Ver los pájaros. Una afición para la que no tengo mucho talento. Pero esto no me impedía nunca nada. Es por mi vista limitada. Prismáticos y gafas, una combinación infeliz. Por suerte, muchos pájaros hacen sonidos. Sobre todo estos malditos pequeños pajaritos cantores que se parecen tanto. ¿Pero cómo saber qué sonido pertenece a qué pajarito?
Al principio dependía de mi guía. Por ejemplo, en la descripción del abejaruco se puede leer: ´Sonido: tonos bajos, delicados, fácilmente reconocibles. Prup, prup´*. Esto no convence, ¿verdad? ¿Y cómo puede ser fácilmente reconocible si nunca has visto el animalito?
Un paso adelante era el descubrimiento de casetes con sonidos de pájaros. Una voz seca de una mujer anunciaba el pájaro: ´El reyezuelo.´ Después el pajarito se soltó a cantar: ´sidli-i-sidli-i-sidl-iu.´ Una vez, en mi fiesta de mi treinta cumpleaños, puse este casette, arrostrando las miradas de burla de mis amigos de fútbol. No sabían nada de esta afición mía. ´Ha salido del armario´, concluyó uno. ´O debemos decir de la jaula de pájaros´, añadió otro. Sus risas a carcajadas ahogaban las notas alargadas del zorzal común.

Emigrar significa acostumbrarse. Otra lengua, otra comida, otro horario, otros sonidos de pájaros. En mi barrio en Amsterdam, El Jordaan, me despertaba el rukuruku de las palomas torcaces en mi terraza, se oía por el día el sonido mecánico de los carboneros en los árboles en el jardín y el triste canto del mirlo anunciaba el crepúsculo. Aquí en Ponferrada canta un colirrojo tizón sobre la chimenea de la casa al otro lado de la calle y en los pinos se oye el nervioso canto de los verdecillos. Casi me ponía loco un sonido fuerte que se puede oír tanto en verano como en invierno al lado del río: ´tschi, tchewi, tchewetschewetchchechuewewe.´ No podía averiguar que pájaro era. Parecía un poco un ruiseñor indispuesto. Al fin encontré el sonido en internet. ¡El ruiseñor bastardo! Desde luego.

Mientras tanto, los abejarucos no se muestran. Me pongo mi casco en subo a la bici. Lentamente voy en dirección de Ponferrada. Mis pensamientos vuelven a mi infancia. Mi amigo Henny y yo estamos hojeando la guía de pájaros que me regaló mi tío cuando cumplí diez años. Qué si, era el petirrojo lo que hemos visto en el parque. Hojeamos más la guía. Vemos la ilustración de un abejaruco. ¡Qué bonito! Un pájaro de un sueño. Ojalá que una vez pudiéramos verlo.

* Las transcripciones de los sonidos de pájaros vienen de Aves de Europa de Capitool.

jueves, 14 de abril de 2011

Votar

´¿Inscribirse para votar? ¿Para las elecciones de mayo? No, para eso usted es demasiado tarde.´ ´Pero señora, he tenido contacto con el INE. Me enviaron un mail que decía que era posible inscribirse hasta hoy´ ´Vale, voy a preguntar.´ Poco después vuelve. ´¿Usted está seguro que está inscrito en Ponferrada?´ ´Que sí, tengo un número de identidad.´ Le muestro un papel verde en que se puede leer: ´España. Certificado de Ciudadano de la Unión´ Esto le convence. Me da un formulario. ´Tiene que rellenar este formulario y entregarlo con copias de su ID español y del pasaporte de su país.´ Relleno el complicado formulario. Después voy afuera.

La Plaza del Ayuntamiento está en pleno sol. Por todos lados están escolares. Ando hacia la librería en la Calle Ancha. Allí tienen una fotocopiadora. Una larga cola de escolares. ¿Por qué es la hora del recreo justamente en este momento? Al fin me toca a mí. ´Este papel una vez y esta página de mi pasaporte también una vez.´ La dependiente mueve la cabeza afirmativamente y empieza de copiar. Vuelvo al ayuntamiento. Los escolares en la plaza han desaparecido. La mujer detrás del mostrador indica con su dedo otro mostrador. ´Allí tiene que entregar todo.´ Por suerte no hay cola. La mujer detrás del otro mostrador recibe mis papeles. ´No estoy seguro si he rellenado todo bien,´ explico, ´era bastante complicado.´ ´Estoy seguro que todo está bien,´ dice sin mirar el formulario. Grapa los papeles y los pone en una cajita. ´Eso es todo,´ me dice con voz seca. La saludo y salgo. Todavía un tiempo maravilloso. Y podré votar. Espero.

En la esquina de la plaza me llama una terraza. Me siento y pido un café con leche. Lo sirven con una torrija. ¿Qué voy a votar el 22 de mayo? Sobran problemas en España. Un desempleo de 20%. El resultado del colapso de la burbuja inmobiliaria. También en Ponferrada construyeren muchísimo. Veíamos aparecer muchos barios nueves y nos preguntamos: ´¿Quién va a vivir allí?´ Pues, nadie. Pero la madre de muchos problemas económicos es la corrupción. ¿Sería una buena idea empezar una campaña en facebook?

¡No votes a los corruptos! ¡No votes el PP en Valencia, aunque seas de la derecha! ¡No votes el PSOE en Andalusía aunque seas de la izquierda! ¡El problema de corrupción está por encima de las contradicciones políticas! ¡Un corrupto no tiene convicción! ¡Un corrupto miente!

Quizás será el principio de un gran movimiento. Me imagino la plaza llena de una multitud de gente. Hay pancartas con: AFUERA CORRUPTOS. Y también: VIVA NUESTRO SUPERGUIRI. Subo las escaleras del ayuntamiento y doy un discurso apasionado. Después se oye vitoreos y la multitud aclama: ´¡Superguiri! ¡Superguiri!´ Después, el partido El Bierzo Holandés Ya desde luego ganará las elecciones. Seré alcalde. Puedo traer a mis amigos y familia de Holanda para ocupar puestos de trabajo en la administración. Dar proyectos públicos a empresas que me pagan un cierto corretaje. Un inmigrante tiene que adaptarse, ¿verdad? Si, esto sería bonito.

La campana del monasterio toca las doce. Me despierto de mis pensamientos. Ay, qué tarde ya. Pago el café y ando al Gadis. Allí siempre tienen pescado fresco.

martes, 5 de abril de 2011

Volver

Estrecho la mano de mi tío y digo: ´Jaap, muchas gracias por la hospitalidad; era muy agradable estar aquí otra vez.´ El mueve la cabeza afirmativamente, mientras dice: ´El placer era reciproco.´ Ando hacia el ascensor. Alzo mi maleta grande porque las ruedas hacen demasiado ruido en el ondulado suelo de la galería. Una vez afuera la pongo sobre el suelo y ando por el carril de bicicletas hacia la parada del autobús. Brilla un rayito de sol primaveral.

Allí está la calle donde el mes pasado hacía tantas veces las compras. Una variedad de tiendas. Hasta cuatro panaderías. Tres islámicas y una holandesa. ¿Cómo es posible que pueden sobrevivir con tanta competencia? Será que cada una tiene su propia clientela. La gente autóctona del barrio Osdorp compra su pan y dulces en la panadería holandesa. Cada sábado se formaba una cola hasta la calle. Yo solía ir a una panadería turca. Croissants y pan fresco que se pone rápidamente seco. Como el pan en España. Mi bolsa de comida para hoy contiene pan integral holandés con queso curado de Gouda.
En la misma calle hay tres supermercados turcos con la verdura y fruta presentada abundantemente en la calle y dentro una carnecería con algunos productos que reconocía del mercado de Ponferrada: rabo de ternera, cabeza de cordero, mollejas, hígado y riñones. No carne de cerdo, desde luego. Para comprar mi salchicha ahumada tenía que ir a una tienda holandesa.

Llega el autobús. Pago con una tarjeta chip del transporte público. Muy práctica. Vale en toda Holanda. En las sillas en frente de mí una vieja mujer holandesa habla animadamente con una velada chica musulmana. Están sonriendo y los ojos casi brillan de orgullo. Como si quieren decir: ´Mira, así también puede ser.´ Una conversación amable como un acto político. Es extraño que de pronto tantos holandeses estén en contra de la tolerancia y el relativismo cultural. Miedo hacia el mundo exterior. Miedo hacia los tiempos modernos. Parecen a los musulmanes ortodoxos que ellos mismos detestan tanto. En España no he notado mucho odio contra la religión islámica. ¿Por qué será? ¿Por los raíces árabes de España? ¿Por ser hace poco un país de emigrantes España misma? ¿O solamente porque todavía no hay un partido político que sabe movilizar el descontento?

El tren desde Estación Lelylaan a Schiphol solamente tarde diez minutos. Justamente suficiente tiempo para comer mi naranja. No la puedo llevar en el avión. También mi manzana tengo que comer ahora. Por la ventana veo la orilla de un lago. Una barrita de naturaleza en Holanda que está tan lleno. Ayer estuve allí con mi bicicleta. No vi ningún martín pescador. Pero si muchos hombres en busca de sexo anónimo. Cuando hablé ayer tarde con mi Tío Jaap sobre esto, él se mostraba como tantas otras veces muy tolerante. ´No molestan a nadie; que hagan lo que quieran.´ ´Vale, si no tiren los condones por todos lados,´ respondí. La naturaleza siempre la llevo en mi corazón. Después hablamos del medio ambiente, energía atómica y el cambio climático. Mi última conversación en holandés por ahora. ¡Que agradable es poder expresarse con precisión!

Lentamente el avión se mueve hacia la pista de despegue. ¿He aprovechado suficientemente mi visita a Holanda? Trabajé. Vi muchos amigos y familia. Toqué música. Hablé holandés. Comí arenques y choucrout. Jugué fútbol hasta que un dolor en mi pierna me paró. Y me faltaba tiempo. Como siempre. Y ahora a casita. Siento como el avión está acelerando. Se suelta de la tierra.