lunes, 13 de mayo de 2013

Pensamientos después de comer una naranja en la alta montaña


Era durante la caminata estupenda a las lagunas de Fasgueo cuando aproveché una pausa para pelar la naranja que había traído hacia tanta altura. Uno de los excursionistas me dijo: ‘¡Qué apropiada: una naranja!’ No entendí muy bien el porqué de este comentario y respondí: ‘Si, desde luego, en España se debe comer naranjas, ¿verdad?’ Me explicó que se refería al color naranja de la familia real en Holanda. ‘Ah, claro ….,’ respondí vergonzosamente por mi lentitud de entender. Mientras descendimos hacia Las Brañas de Susañe no pude evitar pensar en las familias reales de mis dos queridos países.

En mi opinión un cargo importante se debe ganar por méritos y no por herencia genética. Pues, en principio soy un republicano. Ya desde hace mucho. En el año 1980, cuando había la coronación de la reina Beatrix en Ámsterdam, estuve en la manifestación en contra de la celebración. La manifestación consistía sobre todo de okupas y anarquistas; el código de vestimenta era negro. En el momento el que apareció la policía muchos de los manifestantes se volvieron completamente locos y empezaron con un espantoso fanatismo a tirar piedras a las cabezas de los policías. Aquel día perdí por completo la confianza de que de una revolución violenta pudiera llegar algo bueno.

Durante los años después la popularidad de la reina Beatrix en Holanda iba en aumento, sobre todo porque no había demasiados rollos. No había casos de corrupción. Ella ni su marido tenían amantes secretos. El asunto de una nuera que en su juventud había tenido una relación con un jefe de un cartel de drogas se solucionó con quitarle los derechos al trono al segundo hijo. El asunto del padre de Máxima, que había sido un ministro del sangriento régimen de Videla en Argentina, se solucionó con prohibir que los suegros del que sería rey asistieran a la boda y a la entronización. Las críticas más duras que recibió Beatrix vinieron de los partidos populistas de extrema derecha, porque la reina se atrevía en sus charlas de Navidad hablar sobre la tolerancia y la riqueza de la diversidad cultural. Por lo demás Beatrix era una reina respetada por casi todos los holandeses, incluidos los republicanos como yo.

¡Qué diferencia con la casa real de España! Aquí la monarquía parece perder cada vez más su apoyo en la sociedad. La famosa foto de Juan Carlos con el elefante muerto generó muchos comentarios críticos, sobre todo porque el viaje a África en medio de la crisis había costado una fortuna. Peor, obviamente, es el caso de corrupción de yerno del rey y la Infanta Cristina. Ahora los jueces han decido que la infanta misma no va a ser perseguida por el caso Nóos, lo que no hace exactamente crecer la popularidad de la familia real. Muchos españoles creen que la infanta está protegida por su padre u otras instituciones. Hasta ahora el Príncipe de Asturias no está involucrado en el caso Nóos. Parece que ya están preparando a la gente para una futura sucesión. Para mi sorpresa vi en las noticias de TVE1 un discurso en inglés de Felipe para algún fórum internacional con subtítulos, pues sin que sonara esta voz superpuesta en castellano, como suelen hacer con oradores en inglés menos talentosos como Obama o Cameron.

Son las vueltas de la historia. Holanda, este país que en el siglo 16 se reveló contra ‘el rey de España’, el país que en los siglos 17 y 18 era una de las pocas repúblicas del mundo, el país que hace poco tenía el nombre de ser un modelo de progresividad, ahora se ha envuelto en el cursi color naranja de su familia real. Mientras en España la casa real parece hacer todo lo posible para conducir hacia la tercera república.
La bandera de la república en una manifestación

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